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¿Drones contra hombres?

Por A. Ruiz

Enric Luján (Barcelona, 1991) no pierde el tiempo con palabrería insustancial. Apenas han tomado asiento los asistentes a la presentación de su libro en la librería Katakrak cuando ya habla de programas internacionales de inteligencia, de informes del Comité Invisible y de la perspectiva ontológica del dron. Pero todo puede explicarse. El pasado martes, el joven politólogo y escritor barcelonés presentó en Pamplona su libro Drones: sombras de la guerra contra el terror, un repaso desde un punto de vista social, político y si cabe militar por el dron, una pequeña aeronave no tripulada que puede manejar un operario desde el suelo valiéndose de un joystick (como si se tratase de un helicóptero teledirigido) y a la que se puede acoplar desde cámaras de vídeo hasta misiles.

Un artefacto muy en auge en la actualidad, pero que clava sus raíces en el siglo XIX. “Ya en la guerra franco-rusa de 1821 un ingeniero ruso ideó un artefacto que atravesase todas las líneas del ejército enemigo y acabase con el mismísimo Napoleón. Obviamente, esto no se logró. Pero la idea del dron ya está en el planteamiento del ingeniero ruso”, detalla Enric Luján. El motor que propicia el auge del dron no es otro que ansiar una respuesta limpia y quirúrgica para seguir librando la guerra. “Después de comprobar el profundo rechazo social que suscitaron las campañas de Afganistán e Irak, los gobiernos se apresuraron a pedir a la industria armamentística un método para continuar con las campañas sin un coste humano”.

La respuesta fue la potencialización de las aeronaves no tripuladas, capaces de aplicar los avances tecnológicos más punteros al servicio de las intervenciones militares, que ahora, además, pueden realizarse sin salir de casa. Basta un avión no tripulado, un centro de mando y un operador para eliminar de manera quirúrgica objetivos que están a miles de kilómetros. Es la guerra de verdad hecha videojuego.

auge en occidente Quizá la abolición del coste humano haya provocado que, de unos años a esta parte, varias potencias hayan adquirido aviones no tripulados para desarrollar misiones determinadas. Hasta donde sabe Enric Luján, eran dos los países que se valían de los drones para realizar “asesinatos selectivos”: Estados Unidos e Israel. “Pero, desde hace poco, también se sabe que el Reino Unido se sirvió de drones para matar a tres supuestos propagandistas de origen británico al servicio del ISIS en Siria”.

Pero Estados Unidos, Israel o Reino Unido no son las únicas potencias occidentales que están viendo en el dron una alternativa eficaz y discreta. El Gobierno español también está detrás de la adquisición de varios drones que “podría utilizar en la valla de Melilla”, asegura. Según publicó en 2015 el portal Infodefensa.com, el Ejército del Aire español recibirá sus dos primeros drones tipo Reaper MQ-9 Block 5 en julio de 2017, tras el pago de 158 millones de euros.

Un desembolso nada desdeñable si con él se puede contentar a una opinión pública entregada a lo que Luján, apoyándose en el politólogo Francis Fukuyama, denomina “mundo feliz”: la ciudadanía aborrece las escenas de violencia, y los drones, gracias a sus actuaciones fantasmas, mantienen esa pulcritud necesaria para que la ciudadania no se alarme. Una tesis que remata Enric Luján señalando un punto concreto: “Si nos fijamos, los ataques con drones no los ejecutan militares, sino que han pasado a los servicios de inteligencia. Eso explica la opacidad de las acciones, ya que los espías no tienen que dar explicaciones a nadie”. No obstante, la reflexión final del autor con respecto al auge dron debe abarcar más terreno. “Al final, sería un error cargar las tintas contra los drones, contra la tecnología, y no contra la mano que lo impulsa. En el fondo, la reflexión es antimilitarista, y busca arrojar algo de luz sobre los verdaderos beneficiarios”.

 


 

El libro trata de dar coordenadas reales a algo que parece abstracto

 

Una de las principales batallas que sostiene Enric Luján en su libro trata de desmontar el aura de inocencia que rodea a los drones y sus operaciones.

Ha remarcado un par de veces a lo largo de la presentación que el dron no es algo nuevo.

-El dron, como tal, no es nuevo ni mucho menos. Se usaba en Vietnam, y hay referencias anteriores. Tecnológicamente, no es relevante, y en el libro apenas me detengo en ese análisis. En lo que sí me centro es en el análisis social y político, que es muy interesante.

¿Qué permite el dron hoy en día?

-Es un cambio importante. Después del rechazo social que han generado las campañas militares de Afganistán o Irak, el dron elimina el coste humano de las guerras. Los ejércitos no piden nada a la sociedad. Los soldados ya no vuelven de los lugares de conflicto porque nunca se fueron.

¿Y qué pretende descubrir el libro sobre los drones?

-El libro aborda muchos temas, pero sobre todo trata de dar coordenadas reales a algo que parece abstracto. Como decía, las campañas militares generaban en la población mucho rechazo, pero es curioso comprobar cómo los ataques selectivos de los drones tienen mucho respaldo social. La guerra dron no es que sea invisible, sino que se ha hecho opaca porque ya no son los militares los que ejecutan las acciones, sino los servicios de inteligencia. La idea es bajar del nivel de abstracción en el que se mueven los drones y lo que entendemos por ellos y sus acciones a un nivel real, porque en esencia tiene la misma utilidad que un bombardero: matar.

 

 

Reportaje publicado en Noticias de Navarra, el 25/01/2016

 

 

 


27/01/2016 13:15:08