Una historia de individuos asociados que hacen avanzar la sociedad

Por Julián Vadillo

Hay muchas maneras de contar la historia. Se puede hacer con sesudos trabajos de investigación, buceando en archivos y contrastando fuentes. Así han nacido algunas de las obras más importantes de nuestra historia reciente. Pero también nos podemos aproximar a la historia a través de las voces de aquellos que la vivieron en primera persona. No son historias excluyentes, pero la segunda tiene en muchas ocasiones un componente que no tiene la primera. Este componente es la parte emocional de los acontecimientos.

Algunos libros han marcado una época en este último sentido. Pere López Sánchez ha conseguido montar un libro de historia que está a caballo entre ambas formas, pero partiendo como base de la segunda acepción. Tomar la historia oral para recuperar una historia general sin renunciar a la parte archivística, hemerográfica y documental. Porque Rastros de rostros en un prado rojo (y negro) tiene un poco de eso. Pere López ha recuperado la historia colectiva de un barrio, el de las Casas Baratas de Can Tunis o Prat Vermell en Barcelona. Estas casas, construidas al calor de la Exposición Internacional de Barcelona en 1929, fueron protagonistas del desarrollo del movimiento obrero de la capital catalana. Sobre todo del avance de la CNT como fuerza obrera mayoritaria.

A través de las voces de algunos de sus moradores se rescata cómo llegaron a ese barrio, cómo fundaron el Ateneo Cultural de Defensa Obrera, cómo muchos de sus habitantes eran militantes del anarcosindicalismo desde tiempo atrás. Las luchas obreras del momento, sus reivindicaciones laborales para dignificar la vida de los trabajadores, sus luchas sociales y su implicación en toda una cultura obrera y libertaria. También cuál fue su respuesta ante el golpe de Estado del 18 de julio. Tampoco olvida Pere López Sánchez la represión que sufrió el barrio en la larga noche de la dictadura franquista.

Con este libro, Pere López ha puesto encima de la mesa una cuestión básica en historia. Ésta la componen los individuos. Y éstos, asociados, hacen avanzar la sociedad. Todo en un microcosmos pero con una proyección mucho más extensa que el barrio de Can Tunis.
 

 

Reseña publicada en Diagonal n.º 206, Del 26 de Septiembre de 2013 al 9 de Octubre de 2013

 

 

  Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)


03/10/2013 16:14:00 Versió per imprimir

Algo más que un libro de historia local

Por Jose Luís Gutierrez Molina

Quien quiera conocer el proceso que condujo a que, un caluroso día de julio de 1936, un pronunciamiento militar de los muchos que habían sacudido al país terminara convirtiéndose en una revolución social debe leer este libro. Pocas veces se ha escrito sobre este acontecimiento con tanto cuidado, con una investigación tan detallada, de forma tan comprometida y brillante. Pueden parecer ditirambos excesivos, valga la redundancia, pero no lo son. Desde el sugerente e incisivo prólogo de Tomás Ibáñez hasta los anexos finales. Es algo más que un libro de historia sobre un controvertido barrio barcelonés, su nacimiento y la vida social de sus habitantes desde la década de los treinta del siglo pasado. Por el lector pasan la geografía, la sociología, el urbanismo de un espacio y de quienes lo habitaban destinados desde un principio a ser marginales.

El autor, como el prologuista, deja mucho de sí mismo en lo que no es sino la culminación de un camino la publicación de la investigación– y el comienzo de otro, el momento en que empieza a ser de los lectores. Una ayuda para reflexionar sobre si la desaparición de las personas y el olvido de los acontecimientos, incluso por los mismos que los protagonizaron, significan realmente su muerte absoluta. Algo que, respecto a las ideas anarquistas y en concreto a la Revolución española de 1936, muchos han deseado enterrar bajo una losa de mayor peso que el de la que cubre los restos de uno de los golpistas. Otros tantos han certificado, con la arrogancia del académico, su muerte definitiva. Libros como éste no son hoy un lujo cultural sino una herramienta indispensable tanto para conocer nuestro pasado como para para ser más libres para construir nuestro futuro.

 

Reseña publicada en Periódico CNT n.º 403, agosto-septiembre 2013

 

 

Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)

 


30/09/2013 15:09:50 Versió per imprimir

«La política y la seguridad no se llevan bien»

Por D. Font

Pregunta.- ¿Qué te parece el escarnio al conductor del tren mientras que dirigentes y Gobierno niegan cualquier responsabilidad? 

Rrespuesta.- La magnificación del “factor humano” como causa principal del accidente tiene como objeto disimular el papel del “factor político”. El AVE en Galicia era un compromiso electoral y una decisión política llevada adelante por el gobierno “socialista” y por el actual gobierno “popular”, con el consentimiento y apoyo de los demás partidos, sobre todo a nivel regional. La prisa de las autoridades por ejecutar las obras de un tramo con muchos túneles y puentes salvando complejas y costosas expropiaciones, que siempre generan oposición, fue la causa de que el trazado Ourense-Santiago tuviese una curva impensable en un trazado de alta velocidad, de que un solo maquinista condujese el tren, de que el ancho de la vía no fuese el europeo, y de que se aplicase el sistema de señalización convencional ASFA, que no detiene el tren hasta sobrepasar los 200 km/h. Política y seguridad no se llevan bien. Si bien la Alta Velocidad exige unos sistemas sofisticados de seguridad que han dado lugar a una potente industria, su ejecución está en relación inversa con la Alta Velocidad política. A mayor urgencia política, menor seguridad.

P.- Algunos maquinistas reconocen que el sistema de seguridad da fallos. ¿Quién lo eligió?  

R.- El responsable final es el ministro. Cierto es que la cadena de mando pasa por la dirección del ente administrador Adif y del operador Renfe hasta llegar a los ingenieros y técnicos, sin contar las comisiones de los gobiernos autonómicos, también con sus expertos y técnicos. Éstos informan sobre el trazado y la seguridad, pero es el momento político quien influye en las decisiones. Así pues, la decisión es política; luego, los expertos se encargan de la parte técnica, y es ahí donde surgen problemas, de “encaje”, de “homologación” o de lo que sea, que en este caso llevaron a aparcar el sistema recomendado en Europa, el ERTMS, supuestamente mas eficaz. El director de Adif es quien asumiría la mayor responsabilidad en ese campo.

P.- Tú hablas de 'progreso' en un sentido peyorativo al referirte al TAV, por las consecuencias que genera. En el caso de Galicia, ¿cuales serían?

 

R.- Es común en la clase dirigente española, tanto política como empresarial, identificar infraestructuras, tecnología punta y promoción inmobiliaria con desarrollo y progreso. El TAV seria la guinda de ese pastel desarrollista. Y a pesar de la crisis económica, sigue siéndolo. Como es una ruina económica, los efectos sobre autonomías periféricas como Galicia, serían por ahora menos un aumento de la centralización y de la urbanización, que un aumento de los recortes presupuestarios en lo que concierne a las redes ferroviarias, tanto de largo recorrido como de cercanías. La descapitalización del transporte público obliga al uso intensivo y extensivo del vehículo privado. 

P.- En Galicia se construyen vías de alta velocidad sobre las existentes. Además de suprimir la red de cercanías, ¿puede traer problemas de seguridad?

R.- Los problemas de seguridad se exportan a cercanías y largo recorrido, apenas disimulados tras el mal funcionamiento de los trenes, la saturación de líneas, la falta de planes de evacuación, el mal estado de algunos vagones, el peligro de los pasos a nivel, retrasos, averías, etc.

 

 

  Contra el despotismo de la velocidad


30/09/2013 14:55:44 Versió per imprimir

La guerra del copyright no empezó ayer

 

Por Paula Corroto

La propiedad intelectual siempre ha sido una fuente de conflictos. Cómo se puede transmitir, exhibir y comerciar con la creación cultural forma parte del debate desde mucho antes que estallara Internet y los nuevos modelos de consumo de la era digital. Si acaso, estas transformaciones lo que han hecho es poner la discusión sobre la mesa y llevarla al Parlamento. Esta es la tesis que defiende el libro La tragedia del copyright. Bien común, propiedad intelectual y crisis de la industria cultural, de los profesores Igor Sádaba, Mario Dominguez, Rubén Martínez, Jaron Rowan y el colectivo ZEMOS 98, editado por Virus editorial y que estará a la venta a finales de agosto.

“El interés por la explotación comercial de los saberes ha estado en tensión permanente con el dominio público, el acceso abierto al conocimiento y, en última instancia, con los modelos de cooperación no basados en la competencia”, afirman estos autores en un momento en el que continúa la discusión por la Ley de Propiedad Intelectual que prepara el Gobierno y que aún no ha sido tramitada. Un proceso que está envuelto en una crisis actual de modelo, que según se destaca en este libro viene marcada por tres factores: el paso a un segundo plano de la copia física, la construcción de estructuras de intercambio no basadas en la compra-venta, y la constitución de empresas del procomún, basadas en la  gestión colectiva de la propiedad intelectual y su reconocimiento como bien común. Con estos mimbres se abre un nuevo tablero de juego en el que es necesario cambiar las estrategias hacia los derechos de autor.

Un poco de historia

Pero para llegar a esta situación hay que hacer un poco de historia, puesto que la tragedia del copyright comienza desde la aparición de la Imprenta. Fue entonces cuando surgieron las primeras normas que permitían (o no) la difusión de determinados libros, principalmente basadas en la censura. Por ejemplo, durante la época de la dinastía de los Tudor en Inglaterra quedaron establecidas unas leyes que obligaban a depositar en un registro todo nuevo libro publicado y que diversas asociaciones registraran los textos sospechosos de ser hostiles a la Iglesia o al Gobierno. Desde luego, era una época precapitalista y mucho más regulada que comenzó a desvanecerse a partir de la revolución de 1688 cuando se permitió la impresión libre, sin previa autorización “gracias a las ideas de ciertos pensadores, padres del liberalismo, como John  Locke”, recuerdan estos autores.

Sin embargo, la impresión indiscriminada de libros hizo que surgieran los primeros debates sobre la idea moderna de copyright, que también nació en el estado inglés en 1710 con el Statute fo Anne y que establecía una protección de las obras durante 28 años. Fue la primera ley que introducía el concepto de autor. No obstante, como se indica en este libro, el objetivo no era proteger al autor sino que tanto la Iglesia como el Gobierno pudieran seguir controlando los libros que se imprimían. El copyright se dispuso como una medida de dominio por parte del Estado, puesto que

El poder del autor para con sus obras no vendrá de Gran Bretaña, país aventajado en las teorías liberales, sino de Francia y en plena Ilustración gracias a escritores como Diderot o Beaumarchais, quienes impulsarán el debate de los derechos de autor como parte de los derechos de los trabajadores frente a los privilegios del Antiguo Régimen. Será la Revolución francesa la primera que redefinió los privilegios del autor como “propiedad” lo que articula estos derechos desde una perspectiva laboral y no sólo jurídica. Es el autor el que dispone qué hacer con su obra y qué beneficios extraer de ella.

La tercera concepción del copyright procede de EEUU tras la revolución de 1775. Como señalan los autores en esta ocasión “el copyright ya no filtra los contenidos ni es un puro mecanismo de retribución laboral. Ahora es una concesión de alcance limitado que estimula o alimenta la actividad creadora y artística. La obra intelectual se crea para disfrute y beneficio del cuerpo social. A pesar de que la libertad individual se proclama como principio sagrado sobre todas las cosas, también debe garantizarse el progreso social. Es el triunfo de la concepción contractualista y legalista de los derechos de PI [Propiedad Intelectual]” (…) Se erguía la racionalidad económica de los flamantes estados confederados sobre la moralidad del Viejo Continente”. O lo que es lo mismo, la dura pugna que hasta hoy continúa entre EEUU y Europa y que sigue estando presente en conflictos como los vividos por Google con las leyes antimonopolio de la Unión Europea.

En la actualidad

Tras un arduo repaso a las transformaciones que han sufrido las normas sobre la PI, los autores concluyen con una pincelada sobre la reciente Ley Sinde-Wert que nos acerca a la actualidad. Y su conclusión es bastante negativa: “persigue al que «actúa con ánimo de lucro o haya causado o sea susceptible de causar un daño patrimonial». Con ello se recoge otra demanda de la industria cultural, aquello a lo que se ha llamado el «lucro cesante», esto es, los beneficios que «se dejan de percibir» por efecto del acto denunciado. De este modo, y según esta doctrina, (…) aumenta la trivialidad de la norma haciendo que la práctica totalidad de la población internauta, así como la mayor parte de los servicios de la sociedad de la información, se sitúe en el ilícito sistemático y se genere una inseguridad jurídica absoluta para todo aquel o aquella que utilice la Red”.

Este próximo trimestre está previsto que la nueva LPI llegue finalmente al Parlamento. Un debate que volverá a estar caliente. Este libro ofrece una buena perspectiva para saber que el copyright, sometido a ideas proteccionistas o liberales, con y sin Internet, siempre ha estado en el filo de la tragedia.

 

 

Reseña publicada en eldiario.es, el 15/08/2013

 

 

  La tragedia del copyright


30/09/2013 12:15:21 Versió per imprimir

Relat rigorós i minuciós d'una obreriada

Per Jordi Bonet i Martí

Va haver un temps en aquest país on homes i dones qualsevol van fer una revolució. Malauradament, presoners encara de la llosa de silenci i por amb què el franquisme i la vergonyant transició van segellar la nostra memòria, tendim a oblidar-ho. A aquest oblit, han contribuït a parts iguals, les diferents accepcions de la historiografia: la conservadora, la nacionalista i la pretesament marxista, coincidents totes en infamar i criminalitzar el moviment llibertari, protagonista de les lluites socials que es van desenvolupar a Catalunya durant la primera meitat del segle XX.

La cadena de derrotes representada pels fets de maig de 1937, l’ensulsiada de 1939 i la ferotge repressió que els seguí, va transformar radicalment les formes de socialitat, els discursos i relats que van fer possible aquell curt estiu de l’anarquia. Els seus protagonistes, que no són altres que els nostres avis i àvies, en un determinat moment van decidir callar, apagar les seves veus, convertint la història d’aquest desafiament en un perllongat silenci. El llibre d’en Pere López neix amb la voluntat de posar veus i noms per trencar aquest silenci, perseguint insistentment gravadora en mà els supervivents d'aquella derrota, els seus fills i filles a fi de comprendre qui eren, on i com vivien i per què lluitaven.

És així com a mesura que avança el llibre es va dibuixant un territori que té el seu epicentre a les cases barates de Can Tunis i que posa en qüestió molts dels mites que s’han construït sobre l’anarco-sindicalisme: els incontrolats, els menjacapellans, els analfabets... menjacapellans, els analfabets... El llibre, partint del record dels seus protagonistes, ens ofereix les claus per comprendre no només la revolució de 1936, sinó el pòsit acumulat que la va fer possible: la importància dels barris com a espai de socialitat obrera, les formes d’autoeducació i organització popular, els múltiples abusos a què eren sotmesos i les formes de resistència que van enginyar-se per fer-los front.

La minuciosa recerca empresa per l’autor traspassa doncs l'habitual hagiografia anarquista de figures singulars (Durruti, Ascaso, Garcia Oliver...), per donar veu i rescatar de l’anonimat els homes i dones que conformaven aquest mar de foc subterrani que connecta les mines d’Almeria amb les milícies d’Aragó passant per les barriades populars barcelonines.

Ara bé, no ens trobem només davant d’una obra rigorosament documentada, sinó que l’autor ens ofereix un relat amè i magníficament ben escrit, abandonant conscientment el llast de la retòrica academicista a l’ús, per convidar-nos a seguir narrativament el seu camí de recerca obstinada per rescatar la memòria soterrada de les barriades obreres -les obreriades-.

 

Ressenya publicada a La Veu del Carrer n.º 129, setembre 2013

 

 

 

  Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)


27/09/2013 12:10:55 Versió per imprimir

Rastros de rostros: Un gran libro, espejo de combatividad

Por Frank Mintz

Gran libro es este, un espejo de una combatividad que hace falta hoy por hoy, y un espejo de buena parte de los familiares de los luchadores que reniegan de sus propias raíces, y espejo de las inquietudes del historiador que honra a sus abuelos (lo que se sabe en las últimas páginas) y un largo centenar de sindicalistas y anarquistas desconocidos, en la base siempre y que dejaron sus huesos tanto en la lucha contra el fascismo católico hispano, como en los Hechos de Mayo (organizados por catalanistas y comunistas) y campos de concentración nazi, y uno al salir del gulag leninista (después de que el Ejército rojo lo sacara de un campo nazi), Manuel Bolufer que no aparece en los sitios en ruso.

El autor se vale en este viaje por el pasado de diálogos o monólogos sobre la posibilidad o el interés de tal empresa. Y cita testigos, allegados que prefirieron, como Rosario, replegarse en un «no me acuerdo de nada, ni de mi padre ni de mis tíos». O despedirse, en el caso de Juan, con un «no sé nada de aquellos tiempos ni de ellos». Bastantes optaron por «mejor dejar correr aquellos años», y algunos añadieron un «de qué serviría ahora removerlos». También algunos aludieron a que «es que entonces era un crío» o «nunca quisieron explicar nada». Otros menos se excusaron recurriendo a «lo siento, se equivoca» o «no, no tengo nada que ver»; y, nada más colgar el teléfono, se me disparaban las dudas y anotaba: «no, pero» (p. 380) (1).

De hecho, cuando se lee y hojea el libro, el cúmulo de fotos personales, de cartas, son un aporte directo de muchos familiares para rescatar de la nada a sus antepasados. Y Pere López Sánchez añade tres grandes cualidades: -una selección breve y eficiente de extractos de la prensa de la época, de expedientes policiales, que acompañan muchos capítulos; - una erudición y un conocimiento desde horas y horas en archivos variopintos, hemerotecas, que le ahorran las notas; - el rescate de los anónimos. «Por loanzas de compañeros que compartieron momentos de luchas, reuniones, tertulias o simples charlas, las semblanzas militantes de Miguel Muñoz y Pantaleón Arteaga, al menos, podrán eludir el olvido» (p. 358).

De pasada hay que agradecer a la gente sensata que no quiso participar en la búsqueda del autor. Esta gente confía en un sistema bancario mundial mafioso, en un primer ministro medio delincuente (más rajado que Rajoy), en curas paidófilos y sores secuestradoras de bebés. Por supuesto, no toda la gente de orden es así, hay opusdeístas que se venden a las multinacionales, y la cosmopolita Repsol que manda sicarios para balear a indígenas latinoamericanos que pretenden poseer terreno con yacimientos petrolíferos. Esta estupidez es la misma que la de abuelos o tíos de esta gente que cultiva el olvido. Abuelos que lucharon -contra los sabihondos de la economía empresarial y políticos de las supuestas reformas lentas, seguras y progresivas- en conflictos laborales, luego con las armas en la mano y, bastantes de ellos, continuaron  «con la cabeza bien alta».

Después de este saludo a la gente de orden, un ejemplo que Comisiones Obreras y UGT aplican con creces en 2013.

La empresa Alena pisoteaba los derechos laborales, compañeros del sindicato CNT de la Madera de Barcelona, «plantearon el boicot total a la empresa y reclamaron la solidaridad del Sindicato del Transporte —en especial de los portuarios— para que no descargasen ninguna madera de la Alena, mientras ellos se encargaban de no manipularla en sus talleres y de que no funcionasen las máquinas en la carretera del puerto. La empresa, en su memoria del año siguiente, reconoció el enorme quebranto que le provocó aquel boicot: se estropearon casi 3.000 toneladas de madera en troncos que tenían en existencia y tuvieron que desviar los cargamentos flotantes hacia el puerto de Hamburgo. De poco sirvió que se intentara recurrir a borrar el nombre de Alena de los tableros que se pretendían distribuir o que algún avispado lo sustituyera por el de Susex. El Sindicato reaccionó poniendo en práctica aquel ingenio del label: procederían ellos a marcar con su sello —un triángulo con la inscripción CNT-Ramo de la Madera-Label— los únicos tableros que se podrían emplear para la fabricación de muebles u otros objetos.

»Mediado el mes de agosto, el conflicto y el boicot se dio por zanjado. Aquella compañía todopoderosa —de negreros, decían los obreros— firmó las bases del arreglo donde reconocía al Sindicato, readmitía a todos los obreros, abonaba tres semanas íntegras de jornal atrasado, se comprometía a abonar los gastos de curación y clínica derivados de aquella colisión sangrienta y al delegado —que quedó imposibilitado físicamente tras las graves heridas de aquel día— le daría un trabajo adecuado y se encargaría de cubrir su convalecencia.

»En la memoria de 1932, no en vano, se recogerá que, tras aquellos tropiezos, “actualmente Alena está en excelentes relaciones con todas las agrupaciones obreras y aun podemos afirmar que llegan a ser cordiales, resolviéndose amistosamente cualquier dificultad que se presenta». Bueno, era un decir, porque en junio del 36 los obreros protagonizaron otra enconada huelga que volvieron a ganar: los horarios se redujeron y los jornales se incrementaron considerablemente”» (pp. 153-154).

Otra epopeya fue la huelga de alquileres, con una gran capacidad organizativa. También la de la construcción del Metro. Hubo también muchas derrotas y víctimas entre estos combatientes que a la par anhelaban la cultura y montaron un Ateneo Cultural de Defensa Obrera (p. 91) y una escuela.

Señalar de paso que los intentos de catalanistas o ugetistas de implantarse entre estos trabajadores o fracasaron o apenas existieron. Evidentemente en sus excelsos análisis socioeconómicos de dirección que imponer al proletariado, allí se topaban con un tipo de lumpen imprevisible, insurgente, que había que castigar (Companys, pp. 120, 152). Trabajadorxs que prescinden de intelectuales y partidos guías y se auto organizan era un desafío intolerable para los capitalistas republicanos y los aprendices al servicio de la URSS.

Y desde el 18 de julio de 1936 estuvieron ell@s en todas las luchas horizontales: milicias en Aragón, patrullas de control, autogestión de las empresas, como la ya mentada  «Alena, la fábrica de contrachapados” (pp. 241-242). Con un directivo colectivista de la misma, Francisco Reyes que no dudó en luchar contra catalanistas y comunistas durante los Hechos de Mayo y que fue asesinado. «Para el buen gobierno, al que se adscribía Paco en aquella rutinaria nota, las tareas de despacho y la acción no tenían por qué andar reñidas» (p. 242).
Estos acontecimientos eran el resultado de la transigencia de los dirigentes de CNT y parte de la UGT con los republicanos ineptos para prever, contrarrestar y combatir a los golpistas fascistas católicos y, todavía menos, para resistir la injerencia soviética y sus domésticos hispanos que anunciaban la buena nueva del orden, la disciplina y su singular enfoque de la unidad.

L@s compañer@s de abajo «contra tanta acusación lanzada mediante insidias e improperios, reivindicaron que eran amantes de la disciplina, pero no de esa disciplina cuartelaría o conventual que les pretendían imponer, sino de la disciplina del deber entregada a encauzar la revolución» (p. 253)

«Desmantelar el orden revolucionario era entonces la prioridad, pues era el garante y baluarte último de aquella dinámica. De ahí el acoso a los comités, y por eso Rodríguez Salas fue nombrado comisario general de Orden Público. En su toma de posesión se estrenó con unas declaraciones que anunciaban su cometido principal: estaba dispuesto a acabar con los elementos incontrolados» (p. 256).

La victoria de catalanistas, comunistas y centralistas republicanos era por lo tanto la prevalencia del orden y del disciplinamiento con un ejército dirigido por expertos (soviéticos) por una victoria militar sobre el fascismo.
La paradoja es que ni a fines de 1937 y ni en 1938 nada cambió en la penuria de víveres.

[En] «”Relación de las diferentes opiniones del pueblo de Barcelona ante la situación actual”, el encargado por la Sección de Coordinación e Información relata los ánimos y los rumores que recorren la ciudad durante el mes de abril y los primeros días de mayo [de 1938]. Entre los más repetidos, transcribe lo que se dice en colas, barullos y mercados: muchos militantes de los sindicatos se niegan a ir al frente, pues acudir a la movilización era ir al matadero. Abundan también las muestras de abatimiento y desaliento -“pronto nos quedaremos sin agua y pan”; “es inminente el desembarco de los italianos”; “que entren los facciosos pues al menos comeremos”- y las referencias a las peleas en las colas por la escasez y carestía de los víveres; ésas sí eran el pan de cada día» (p. 272).

[El autor sintetiza informes cenetistas…] «el ambiente era patético, doloroso para ellos, pues una proporción muy considerable del vecindario [de barriadas proletarias] -entre los que se incluyen algunos que alardeaban de militantes de la Organización-, noche sí y noche también, corría a asaltar los campos [y la colectividad agrícola]; también los tiroteos eran sistemáticos y continuaban las borracheras a granel y el desenfrenado juego por las mesas de los bares. “Un desastre”, llegan a pronunciar» (p. 273).

«La escalera que empezaron a subir no llevaba al cielo, conducía al infierno» (p. 274).
La victoria franquista fue natural, añado en la medida en que el año 1938 fue para la URSS el de los tanteos y la puesta a punto de la alianza con la Alemania nazi, con la garantía de buena voluntad de la caída en picado de los envíos de armamentos rusos, sobre todo para la aviación.

Quienes lucharon por la revolución o intentaron sobrevivir cayeron bajo el yugo fascista. No fue el caso de tres compañeros fusilados por los republicanos, y uno de ellos se despidió así: «Recibir de mi parte mis más sinceros y cariñosos saludos que es lo único que puedo ofreceros, vuestro compañero que fue en vida y seguirá viviendo en vuestra mente» ([23.12.1938], p. 340, original de la carta p. 367).

Para l@s vencid@s «La Victoria se escribió con V de venganza y ellos y ellas lo saben, aunque prefieran callarlo, o no vocearlo» (p. 320). «El encarnazimiento -disculpen la erratade los nacionalsocialistas» (p. 339).
Ello no impidió que se lanzaran militantes más jóvenes a luchar en Barcelona en plena clandestinidad. Otros que habían capeado los ataques de fascistas alemanes y franceses, sin olvidar los de los comunistas de la UNE en el sur de Francia (con su peculiar concepto de la unidad que llevaron a cabo en 1936-1939) que el autor cita brevemente.

López Sánchez ha logrado restituir todos los alcances de la lucha por sobrevivir de los  «murcianos” en una zona acotada por los empresarios. Murcianos eran en aquel entonces los emigrantes económicos de cualquier parte de España. Y recibieron la solidaridad obrera del anarcosindicalismo de Barcelona que eligió a mediados de 1936 a un gitano, Mariano R. Vázquez, como secretario regional de Cataluña (como hoy en todos los sindicatos catalanes). Porque lo importante era la conciencia de que el cambio social lo podían emprender los mismos trabajadores, como lo escribió Carlos Marx en 1864 en los estatutos de la AIT.

Por eso, López Sánchez acaba su obra destacando: «Me he aventurado, tan sólo, a recorrer aquel prado rojo y negro que fue y se ha olvidado, ya sea por desidia o por inquina. Ha sido un discurrir en el recuerdo, recordando a los muchos hombres y mujeres que no dudaron en darle vida y por lo que a algunos, incluso, les quitaron la vida. Los perfiles de sus rastros, por peculiares que parezcan, no eran, no han cesado de repetirme, nada excepcionales. En otros tantos lugares, más o menos arrinconados, habitados por gentes en condiciones y situaciones similares, lo acontecido no fue tan diferente» (p. 385).

 


Nota
1 Un factor agravante es etiquetar a los descendientes con sus orígenes. De hecho es la historia desde 1929 hasta los años 1960 de una maniobra de la burguesía barcelonesa, creyente, catalanista, para apartar el barraquismo [las villas miseria] de la metrópoli con una intentona de disciplinamiento. Por su misma avaricia e idiotez, el patronato responsable de un conjunto de unas 500 casitas, denominadas  «Casas Baratas», dejó los habitantes sin alcantarillado decente (inundaciones repetitivas) ni escuela, ni servicio médico adaptado, ni escuela digna. Y ocurrió lo previsible: todo esta población emigrada de distintas provincias de la Península, curtida en la miseria, respondió con una fuerte solidaridad y la acción directa, rasgos consolidados por el anarcosindicalismo, a pesar de los constantes embates de las fuerzas opresoras y de las matones de los empresarios.
 

 

Reseña publicada en Foundation Pierre Besnard, agosto de 2013

 

 

  Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)


06/09/2013 15:04:58 Versió per imprimir

Pere López: «Can Tunis como mercado de la droga es un estereotipo creado por los medios de comunicación»

Por Àlex Gil / Foto Francesc Sans

Las Casas Baratas del Prat Vermell, luego conocidas como Can Tunis, fueron levantadas en 1929 para no ensombrecer el brillo de la Exposición Internacional de 1929 con poblados de barracas en las faldas de Montjuic. Pere López Sánchez, geógrafo y profesor de la Universitat de Barcelona, recupera la memoria de sus primeros vecinos y el recuerdo de una lucha por la dignidad de una parte de la ciudad olvidada tras la fachada de esplendor olímpico en “Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)”, publicada por Virus Editorial.

¿Cómo surge la idea de escribir una historia de Can Tunis?

Este libro es un proyecto que tenía aparcado desde hace tiempo. Siempre he tenido curiosidad por la historia de Barcelona, por la ciudad y cómo se ha vivido en ella. He investigado y he publicado ya algunas cosas sobre esto, por ejemplo, sobre la Semana Trágica, llamada así por la historia oficial, a la que yo prefiero llamar Revolución de Julio de 1909, como la llamaron los obreros de entonces. Quería conocer y explicar cómo la gente del montón, como se definen a mismos muchas veces, los anónimos, en el verano de 1936, que es otra revolución también olvidada, son capaces de llevar a cabo una auténtica revolución social. Cómo esta gente, está preparada y decidida a hacer una revolución. Una revolución que no nace de un día para otro. Es en este punto dónde empieza el libro .Y entonces comienzo a removerlo. Y hay otra historia más personal, claro. Mi padre nació en las barracas de Montjuic y mi madre en la Torrassa, entonces, con este fondo es normal que explique las cosas que explico. Han sido nueve años de trabajo intenso.

 

¿La historia de los barrios obreros de Barcelona es una historia desconocida, ocultada?

 

Me interesan las otras Barcelonas, como las designó Vázquez Montalbán. Detrás de la fachada espléndida que se vende desde el poder político y económico, la ciudad -el aspecto social-, es conocida también por su lucha obrera, por haber sido la Rosa de Fuego a principios del siglo XX. En el imaginario popular obrero, Barcelona ha sido siempre un referente de ebullición social. Desde la primera huelga general que se hace en el estado, en 1855, pasando por la fundación de sindicatos, el bullir anarquista, las revoluciones.... Desde entonces, la ciudad ha tirado por aquí.

 

Hablo de este barrio, pero esto es extrapolable a otras barriadas, por lo general, las más periféricas, como es el caso de las Casas Baratas del Bon Pastor, o en Santa Coloma de Gramenet. Sobre estos lugares, se han explicado las mismas cosas, se han contado historias parecidas.

 

El libro reivindica la memoria de la gente anónima de un barrio marginal. Un barrio que se levanta para erradicar el barraquismo en la ciudad ¿Cómo nace Can Tunis?

 

Hay un problema persistente de barraquismo en Barcelona, un problema que llega hasta la actualidad. Los vecinos de Can Tunis vivían en varios poblados de barracas diseminados por Montjuic. De estas barracas los echan con motivo de las obras por la Exposición Universal de 1929.  Cuando la ciudad quiere recuperar un espacio y mostrar su gran cara, la Barcelona imperial, la cosmopolita, los borrones deben desaparecer, y a partir de aquí nace Can Tunis. Es un proceso constante en Barcelona, y que se ha extendido a la periferia.

 

Intento explicar este proceso, desconocido, y solo explicado desde arriba, por la historia oficial. No hay que olvidar que las “casas baratas”, como se les conocía, son un ejemplo de lo que entendía por política social de la vivienda la dictadura de Primo de Rivera. Y como muestra de esto, que al frente del Patronato encargado de su construcción, se encontraba como comisario regio, el teniente general Milans del Bosch, entonces gobernador civil de Barcelona. En la junta de este Patronato, estaban todas las entidades económicas y empresariales del momento, como la Cámara de Comercio. De hecho no es propiamente una obra municipal, sino privada. Sus impulsores quieren aprovechar las ayudas que se dan al proyecto. Se podría hablar de esto, como un antecedente de la actual especulación inmobiliaria. Al final de una serie de subcontrataciones, los encargados finales de levantar las viviendas serán Fomento de Construcciones y Contratas.

 

Suena actual

 

El primer proyecto, el original, es descomunal, pero se va modificando de manera rápida. De los cinco grupos de viviendas proyectados en su inicio, se acaban construyendo cuatro. Las viviendas se hacen más pequeñas, apenas 36 m2, y sin el huerto original, que acaba siendo un patio. De 491 pasan a más de 600 viviendas, se aprovecha el espacio que tenian en el Prat Vermell y se alza así un grupo de viviendas que ha sido conocido por varios nombres: Can Tunis, Eduardo Aunós, barriada Francisco Ferrer... Hoy día, este barrio está desaparecido. Las viviendas fueron derruidas entre finales de los 80 y principios de los 90.

 

¿Es un barrio para esconder una realidad poco atractiva para el poder?

 

Pienso que si. Se lleva allá a una gente a la que se le llama de todo, desde “murcianos”, que entonces era un insulto semejante al “charnego” de no hace mucho, hasta delincuentes, vagos, maleantes, analfabetos, sucios...Pero ante esta imagen que se tiene, surge otra que tiene que ver muy poco. En abril de 1929, se comienzan a instalar en las casas. En mayo de 1930 se constituye el Ateneo Cultural de Defensa Obrera. Y en abril de 1931, comienza una huelga de alquileres que, incluso, se alargará hasta 1942, con desahucios y con una solidaridad constante entre los vecinos.

 

¿Can Tunis arrastra un estigma de marginalidad desde entonces?

 

Can Tunis carga con el estigma de la droga, de la heroína, es lo que conoce la gente de fuera del barrio, lo que les suena. ¿Qué hay detrás de esto? Intento demostrar que el barrio era un caldo de cultivo de otro tipo de vida. Can Tunis como mercado de la droga es un estereotipo creado por los medios de comunicación. Se crean unos referentes del mal para la ciudad.

 

El entramado asociativo de Can Tunis viene del anarquismo. ¿Ese ideario les señala más ante la Barcelona oficial?

 

El anarquismo es una práctica critica de vida. La ideología son las ideas muertas. La fuerza del anarquismo en España viene de unas prácticas arraigadas en diferentes ámbitos. Ellos, mejor que nadie, saben que es ser obrero y como luchar por su jornal. El anarquismo tiene que ver con la horizontalidad, lo hacemos todo entre todos. La acción directa, entendida de una manera no descarriada, es decir, que no acepto intermediarios.  Por ejemplo, en Can Tunis, se constituyó  una Organización Sanitaria Obrera, una mutua. Llevan a cabo un trabajo sindical y defienden la mejora de las condiciones de vida del barrio. Reivindican un dispensario, una escuela racionalista, no quieren una casa cuartel de la Guardia Civil en el barrio.  Que en ese barrio y en los años 30, tuviesen servicios naturistas y de homeopatía es un logro ahora casi impensable. El barrio es un foco de lucha sindical, es activo. Y no hay que olvidar que aquel tiempo fue un cara a cara terrible contra la patronal y el estado.

 

La CNT, por ejemplo, comparte local con el Ateneo, la mayoría de los vecinos eran militantes del sindicato, aunque también había gente más ligada a la FAI, vecinos que escribían en “Tierra y Libertad”. También de otras opciones, aunque muy pocos. Durante el Bienio negro (1933-1935), muchos optan por entrar en Esquerra Republicana como medio para mantener activa la lucha. Aunque se les tildaba de analfabetos, son capaces de generar una cultura propia.

 

¿Por qué se suele olvidar esto?

 

Porque Barcelona tiene que ser una ciudad competitiva. Ahora el objetivo es el turismo, es una imagen falsa porque las otras Barcelonas son persistentes. No se pueden esconder. Y salen, como pasó en el 36, como en los años 70, o más cercano con el 15M. Es una constante, esta es la riqueza de la ciudad que yo reivindico en el libro. Son otras Barcelonas que son capaces de pensar en otras maneras de vivir el mundo y la ciudad. Todo esto se está repitiendo hasta ahora. Se hicieron las Olimpíadas, se liquida el Camp de la Bota, se hizo el Fòrum, se abre la Diagonal hasta el mar. La historia se repite. Las escalas son diferentes, pero es algo habitual en Barcelona.

Ahora mismo se están creando alternativas en los barrios, de modo cooperativo. Como la experiencia de Can Batlló. El bullir de las otras Barcelonas se mantiene a veces más visible, otras menos. No son otras Barcelonas marginales, son otras ideas de la ciudad, de cómo construirla y de cómo vivir en ella.

 

 

En el libro se da una gran importancia al relato de los propios vecinos, a la historia oral...

 

Aparte de recurrir a los pocos vecinos que aún viven y recuerdan la época anterior a la guerra, las fuentes a las que he recurrido son mucha hemeroteca y archivos. Archivos militares, como el de Ávila, para recuperar las trayectorias de los vecinos que sufrieron consejos de guerra. También a los papeles de Salamanca, o el Instituto de Historia Social, de Amsterdam, dónde están depositados los archivos de la CNT y de la FAI.

 

¿Cómo se ha recibido en el barrio, entre los actuales vecinos, este libro?

 

Había un cierto temor a que se repitiesen los estereotipos habituales, como los reflejados por obras, como las de Paco Candel. Tópicos basados en el tremendismo, en conductas que, en realidad, no se daban. Están contentos que se recupere la memoria del barrio, aunque hayan pasados tantos años. A este miedo a los tópicos, se une el miedo al franquismo, que aún se mantiene. La represión fue feroz, liquida la vida de todo un barrio, pero la memoria de los vecinos se mantiene. Aún así, al principio fue difícil hablar con algunas personas, se resistían a explicar esa historia y preferían mantener su silencio. De todas formas, el balance es positivo, mucha gente se está moviendo ahora para recuperar la historia del barrio y las biografías de sus vecinos.

 

 

¿Seguimos entonces con un olvido interesado?

 

La represión que se produce en Can Tunis comienza de hecho después de mayo de 1937, cuando se liquida el poder anarquista, y en menor medida, el del POUM. A la riqueza de ideas y de actividades que se da durante la segunda parte del 36, le sigue una represión que ya no se para. De las últimas cinco personas fusiladas en Barcelona en diciembre del1938, tres eran de las Casas Baratas de Can Tunis. Unos fusilamientos, que no hay que olvidar, se dan con el visto bueno de Francesc Companys.

 

La proporción de castigo es enorme comparada con otros zonas de Barcelona. Hay 15 fusilados, nueve vecinos del barrio acaban en los campos de concentración nazis. Uno de ellos, incluso, pasa después al gulag soviético, aunque finalmente fue liberado y se estableció en Ucrania. La represión franquista dispersa a muchos vecinos del barrio, que acaban en el exilio. Una veintena de ellos acabaran creando un comité de relaciones en Francia, para mantener el contacto con el interior. También hay maquis en el barrio. Otro de los vecinos es fusilado en 1949, por participar en uno de los intentos anarquistas de acabar con Franco.

 

La Transición, su proceso político, ¿ha contribuido a esto?

 

La Transición intenta esconder la revolución social del 1936, intenta esconder el conflicto. La historia oficial ha olvidado todas estas experiencias, otras ideas de gestionar la ciudad, la economía, los movimientos sociales. Hay una línea de pensamiento, muy seguida y premiada, publicitada por los medios oficiales, que es que en la guerra perdimos todos.  Se crea el mito de una Tercera España, que no tiene nada que ver con el conflicto, con una guerra entre unos revolucionarios y militares fascistas. Se niega la guerra como conflicto social. La mayoría de las novelas históricas pasan muy por alto esto, se pelean dos minorías alejadas de la mayoría y aquí se acaba la historia.

 

¿Deja poso esa lucha por un modelo de ciudad, de sociedad diferente?

 

El afán por una cultura y una educación formativa, todo este poso anarquista persiste y puede revivir en cualquier momento. Es algo que recupera en parte, todo el movimiento 15M, que  a mi personalmente no me gusta demasiado, pero si que hace surgir de nuevo una formas de lucha que parecían desaparecidas. El mercado de las palabras y las palabras del mercado, ese es uno de los debates de lo que está en juego ahora mismo. A mí me gusta recordar las palabras de Anselmo Lorenzo, sobre el “Mar de fuego subterráneo” que se encuentra bajo la ciudad. Lo que esta crisis muestra son ciclos. Mucha gente se creyó el entusiasmo, la bonanza económica, el consumismo, con la crisis vuelve a resurgir todo. Se vuelve a dar valor a la lucha por unas alternativas.

 

Entrevista publicada en Revista R@mbla, en agosto de 2013

 

 

Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)


28/08/2013 13:35:46 Versió per imprimir

Presentación de «Hipótesis democracia»

 

El pasado 23 de julio, en el espacio de Virus editorial, pudimos debatir con Emmanuel Rodríguez sobre algunos de los aspectos fundamentales de la última publicación de Traficantes de Sueños: Hipótesis democracia. Quince tesis para una revolución anunciada.

 

¿Hay que seguir esperando una recuperación económica que nunca llegará?

¿Podemos seguir confiando en una clase política manifiestamente incapaz de la más mínima autonomía respecto a la dictadura de los mercados?

¿Nos sirve todavía la Constitución española?

¿Y la actual Unión Europea?

La presunción de este libro es que hablar hoy de revolución no responde a una opción ideológica radical. La destitución de las actuales oligarquías y del régimen político que las sustenta se ha vuelto imprescindible, al menos si se quiere enfrentar la progresiva degradación institucional, la guerra declarada por el poder financiero o impedir una indeseable salida nacional-populista.

«Definida sobre la prioridad de los intereses financieros y de la insistencia en la ortodoxia neoliberal (léase la forma actual del gobierno de clase), la crisis no tiene solución posible. Dicho de otro modo: mientras el gobierno de la UE esté subordinado al capital financiero, el único horizonte posible es el del pauperismo, la desposesión social y la prolongación de las políticas de austeridad que sólo pueden redundar en una mayor recesión y depresión económica. Dicho de otro modo: el gobierno de los acreedores es hoy el principal impedimento a la recuperación económica, tanto en términos del capitalismo convencional como de otros posibles ordenamientos sociales y económicos.»


13/08/2013 14:49:44 Versió per imprimir

Qualifiquem-nos fins a morir

Per Xavier Diez

Ara fa deu anys, el psicoanalista Jacques-Alain Miller i el filòsof Jean-Claude Milner  van mantenir un interessant diàleg  sota el títol «¿Vols ser avaluat?» Ambdós intel·lectuals francesos, coneguts per la seva condició d’enfants terribles van parar-se a reflexionar sobre un dels aspectes que han envaït la nostra quotidianitat de manera silenciosa, i tanmateix, com els pensadors assenyalaven, esdevenen els principals factors del «malviure» contemporani. De fet, l’avaluació és definida per aquests autors com a “un paradigma de les relacions entre la política i la societat en l’univers modern”, una mena de reducció de l’individu a un seguit de continuum de retre comptes i de sotmetre’s a un sofriment perpetu tot fragilitzant l’individu sense cap causa que justifiqui aquest patiment de qui, en ser en algun graó per sota del cim de la piràmide social, cultural, acadèmica, econòmica, ha de guanyar-se dia rere dia el permís per respirar. Tot plegat, sense el dret a qüestionar-se l’arbitrarietat d’un procés que, com tot procés d’aquestes característiques, sol tenir més de kafkià que de racional.

De fet, aquesta mena de nova «cultura de l’avaluació» sembla la conseqüència, en el plànol individual, del nou totalitarisme de la qualificació, un graó més en el domini de l’individu per part de l’economia globalitària. De fet, descobrim, astorats, com qualsevol àmbit de la nostra existència professional, personal, sentimental, comença a ésser objecte d’anàlisi i qualificació, cada cop més d’acord amb la tradició anglosaxona (fonamentat en la combinació de les cinc primeres lletres de l’abecedari acompanyat de signes positiu i negatiu).

És precisament aquest sistema, indissociable al paradigma contemporani dominant de l’economia financera i especulativa, el que es visibilitza en allò denominat com a Agències de Qualificació.  Aquestes han estat analitzades en un llibre de recent publicació per l’assagista alemany Werner Rügemer (Las agencias de calificación. Una introducción al actual poder del capital, Virus Ed., Barcelona, 2013), en el qual es dedica una intensa recerca amb conclusions sorprenents per a tot aquell no familiaritzat amb el costat fosc del món financer (Bé, el sorprenent, seria trobar-ne algun costat lluminós en aquest sector).  El llibre constitueix una exhaustiva recerca sobre tots els matisos del negre en l’obscura globalització. Des de l’origen de les tres principals agències (Standard & Poors, Moody’s i Fitch) com a assessores dels diversos agents de borsa des del segle XIX, fins a la seva actual capacitat d’actuar com a CIA econòmica d’abast mundial amb la capacitat (malauradament comprovada) de propiciar cops d’estat i fer caure governs democràtics a fi de sotmetre els estats (i per tant, la ciutadania) a les exigències d’una elit transnacional i endogàmica d’hiperrics (convenientment rebatejats com a «mercats».

Deu ser perquè a còpia de bufetades, els que tenim una formació de lletres comencem a entendre els textos d’economia, o simplement perquè, a diferència dels economistes, l’autor pretén presentar-nos la qüestió de manera clara i diàfana, el llibre s’entén molt bé. Massa bé, fins i tot. I la primera notícia que ens ofereix és que precisament l’opacitat i el llenguatge críptic amb què els economistes parlen és per evitar que entenguem l’entrellat d’aquesta història. És ben coneguda l’anècdota de l’antic president de la Reserva Federal, Allan Greenspan : “si m’han entès, és que no m’he explicat prou bé”. Les agències de qualificació serien, així, el motor de la globalització contemporània que resta oculta rere el capó del vehicle, que s’invisibilitza i va farcit de cables i circuits de difícil comprensió, i que tanmateix forma part del bulldozer amb què s’ha esdevingut la globalització. La seva fi és ben clara; assolar tot allò que pugui ésser destruït i colonitzat pel capitalisme especulatiu. I, en tot cas, guarnir-lo amb una aparença de cientificitat.

L’autor, amb una documentació impressionant, bona part de la qual ja ha estat utilitzada per premis Nobel com Stiglitz o en els treballs de Naomi Klein, demostra com aquestes Agències són una mena de “regiment de transmissions” d’aquestes hordes bàrbares autopresentades com a “mercats”, que actuen d’acord amb la lògica d’una “guerra bruta” econòmica. Rügemer, mitjançant l’ús d’informació pública i a l’abast de qui la vulgui examinar, demostra com les agències tenen els mateixos propietaris que els fons d’inversió agressius que dopen uns desregulats mercats financers a fi de poder propiciar aquest procés de feudalització econòmica actual. Així, les qualificacions són, en elles mateixes, un frau monumental, que poden ésser favorables quan es produeixen estafes piramidals com les del “bons escombraria”, o que permeten impressionants guanys quan ataquen (mitjançant qualificacions negatives) els deutes sobirans. Tot plegat, malgrat un llenguatge críptic, malgrat una sofisticació aritmètica, la lògica que segueixen les agències de qualificació no difereixen gaire dels mètodes de persuasió dels Soprano.

La qüestió, tanmateix, és que el món de la qualificació ha ultrapassat les fronteres del món econòmic per passar a colonitzar d’altres espais. La qualificació fraudulenta, per exemple, s’ha imposat en el món acadèmic a l’hora d’establir “carreres docents”, tot indexant revistes on cal publicar (per cert, en mans dels mateixos fons d’inversió i empreses de capital risc de qui controla empreses de serveis, contractistes o finançadors de partits polítics), o dels qui s’obsessionen per aquesta cultura de l’avaluació en el que ha esdevingut un cada vegada més impossible món laboral. I aquí tornem als pensadors francesos de l’inici. Qualsevol individu, per a qualsevol aspecte de la seva vida personal o professional, es veu sotmès a una pressió avaluatòria constant i implacable, sense cap sentit ni lògica més enllà de la perversió sàdica del nou capitalisme. Una avaluació kafkiana que no porta a enlloc més que a un malestar creixent en un individu cada vegada més fràgil, aïllat, i molt especialment, desorientat.

Neil Postman, el 1985 publicà un llibre, Divertim-nos fins morir,  on criticava la societat de l’espectacle, amb reflexions que, aplicades a la nova dictadura, té un gran sentit d’actualitat. Segons Postman, la cultura de l’entreteniment produeix grans quantitats d’informació sense oferir cap context per a la comprensió, la qual cosa comporta la inutilitat d’aquesta informació. Avui, amb un sentit menys lúdic, vivim immersos en una sàdica lògica d’avaluació perpètua, sense cap sentit ni utilitat pràctica, sense cap funció més enllà que assumir la pròpia incapacitat de plantar-nos davant el totalitarisme. Al cap i a la fi, mal que pesi a Hannah Arendt, el món econòmic se’ns ha omplert de milions de personatges com Adolf Eichman, els mateixos que avui per avui, emeten qualificacions per encabir milions d’individus en vagons de bestiar vers un destí que fàcilment podem imaginar.

 

Article publicat a Intocable Digital el 23/07/2013

 

 

  Las agencias de calificación


13/08/2013 14:24:58 Versió per imprimir

Ells i Elles: Nosaltres. La revolució social dels anys 30 a les Cases Barates de Can Tunis


 

Per Marc Dalmau

“Les petjades (els rastres) no són tant sols el que queda quan alguna cosa ha desaparegut, sinó que també poden ser les marques d'un projecte, d'alguna cosa que està a punt de revelar-se”. John Berger

 
Farà cosa d'un mes va entrar a la llibreria un noi que no havia vist mai. Després del bon dia de rigor, em demanà per Rastros de Rostros, l'últim llibre d'en Pere López. Quan ja el tenia entre les mans, m'etzibà: -Yo es que no soy mucho de leer, pero aquí se cuenta la historia de mi abuelo y la de los nuestros. En aquell moment no li vaig donar importància, potser tant sols em vaig sorprendre de la raresa: una persona que no llegeix comprant un llibre per llegir-se'l. Però al cap d'uns dies, vaig caure-hi. L'afegitó «los nuestros», remarcava un imaginari compartit amb el seu avi i un vincle amb els que eren com ell. Un sentiment d'ésser una mateixa cosa i un preguntar-se pels seus orígens, que denotava la relació, la continuïtat generacional i la voluntat de passar a conscient aquest llaç. Una clara mostra, doncs, de consciència de classe, de classe proletària.

La memòria d'aquesta classe constitueix un fil fràgil i trencadís però inquebrantable, que ha sobreviscut malgrat tots els embats del poder per eliminar amb sang, terra o desmemoria qualsevol possible associació que fes ressuscitar el monstre adormit de la consciència antagonista, en aquell moment, netament llibertària. És aquest monstre, ocult però present, potent però invisible, el que precisament vol fer despertar en Pere López amb el seu treball. Aquest és el seu camp de batalla i aquesta frase, aparentment intranscendent, la senyal d'una primera petita victòria al seu favor.

Sigil·losament, poc amic de les estridències, aquest militant social i geògraf porta anys seguint les pistes per tal de reconstruir peça per peça, minuciosament, la història de les cases barates de Can Tunis. Recordar. Reconstruir. Homenatjar. Connectar. Conjugar rostres amb rastres, vindicar revolucionaris desconeguts, rescabalar el pretèrit per orientar el present cap a l'emancipació del futur. Això és el que cerca en Pere, saber que va passar per a què precisament torni a passar. Aixecar la pesada llosa de la història dictada pels qui guanyaren i que s'airegi la veritat dels vençuts. Aprendre'n per a reprendre la seva mateixa lluita. Que ho sàpiguen els descendents, que s'hi identifiquin, que admirin als protagonistes d'una de les revolucions més autèntiques de la història. Una de les poques, -i aquest llibre n'és una clara mostra- que protagonitzaren els de més a baix, els que no tenien res.

El punt de partida de la recerca és la intersecció entre la història i la pròpia biografia de l'autor. Qui si no el seu avi és aquest «Él» que apareix com a títol d'un capítol i durant tot el llibre? Qui si no els seus avis i àvies són aquests Ells i Elles omnipresents? «Él» -sense nom- remet també a aquesta inconsciència devenint conscient de la que parlàvem, on l'autor, escrivint, ha pogut restituir el seu propi llegat, a la vegada, familiar i històric. Ell tant sols és un més d'aquests que precisen recordar, un més, com el noi de l'altre dia, que farà el mateix exercici al llegir-lo. Per aquest motiu l'autor es configura com una altra veu present, transvasant les seves inquietuds i neguits a la narració: les primeres indagacions, fetes amb el toc de vergonya de qui fa preguntes indiscretes a la família; la desconfiança dels col·legues o les reticències a parlar de molts descendents.

Malgrat aquesta presència, el narrador no cau en el parany egòlatra i en cap moment envaeix el relat. En forma part però no el domina, és un actor secundari dins l'engranatge col·lectiu. Perquè els protagonistes per excel·lència del llibre i de la recerca són Ells i Elles. Els qui van capgirar un cop d'estat en revolució com a resultat d'anys de construcció d'antagonisme i d'esferes de producció social autònomes. Les qui van portar a terme la col·lectivització i l'autogestió generalitzada partint dels precaris mitjans a l'abast, autodidactes fins a la mèdul·la. Els qui van usurpar des del carrer la font estatal de la sobirania, des dels Comitès de barriada fins a l'Administració Popular Urbana, com un assaig d'una veritable institució d'administració del comú. Ells i Elles, els i les que habitaven totes les cases barates de la ciutat, de les que en Pere, tant sols ha fet de ventríloc.

Rastros de rostros suposa també un cert canvi de rumb respecte l'obra anterior de l'autor, postulant-se com a insubmís als recontracomplicats conceptes acadèmics de la teoria social -sempre massa inaccessibles- freqüentats anteriorment. Cal recordar que Pere López fou dels primers en anticipar el procés de gentrificació -sense denominar-ho així- a casa nostra amb: El centro histórico: un lugar para el conflicto. O l'irrepetible: Un Verano con mil julios y otras estaciones sobre les resistències que va generar l'obertura de la Via Laietana com a expressió urbana del conflicte social. Llibres molt sòlids teòricament i autèntics referents per qualsevol que vulgui estudiar críticament els processos socials urbans. En aquest darrer llibre, en canvi, el relat parteix de les entranyes, donant veu a una comunitat coral de personatges, sempre en plural. Veus que, juxtaposades, permeten transmetre la complexitat irreductible de la realitat a partir de les senzilles paraules dels testimonis. Amb aquesta operació, fagocitant la dicotomia teoria/pràctica, s'apropa més a l'objectiu de col·lectivitzar la memòria social dels nostres barris.

 

Ressenya publicada al setmanari Directa, el 17/07/2013

 

 

Rastros de rostros en un prado rojo y negro


13/08/2013 13:44:14 Versió per imprimir

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