Nueve títulos de Virus más descargados en octubre

 

Descargas                          Título


                                         

25074                                Manual de Guerrilla de la Comunicación

                                         

9000                                  El rapto de Higea

                                         

6857                                  El anarquismo individualista en España

                                         

3775                                  Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)

                                         

5485                                  La tragedia del copyright

                                         

3292                                El lado oscuro de Google

                                        

1754                               De vagos y maleantes

                                       

3085                               Ciberactivismo

                                       

4192                                Que lo sepan ellos y no lo olvidemos nosotros

 


04/11/2013 15:59:09 Versió per imprimir

La cara trágica y menos divulgada de los derechos de autor

Por Elisa G. McCausland

Internet como amenaza para la propiedad intelectual. Ese es el discurso hegemónico, el mismo que sostiene ficciones como el copyright, desde donde las industrias culturales aseguran que el modelo, su modelo, se ha agotado. Esta es la sinopsis conocida; no obstante, este conjunto de ensayos se centra en la cara trágica y
menos divulgada de los derechos de autor: la de los procesos de desposesión, privatización y apropiación del conocimiento considerado procomún en favor de quienes aspiran a tener el monopolio de la explotación de la cultura.

Para entender este otro punto de vista es importante saber qué es dominio público, la historia de los conflictos de los derechos de autor, el juego de las patentes y el rol de las mismas en ámbitos como la tecnología, la ciencia o la salud, y cómo éstas han limitado el acceso al conocimiento. De eso se encarga esta excelente selección de textos, donde se explican las tensiones entre procomún y privatización, y se ofrece una reflexión profunda sobre este tema, de rabiosa actualidad debido a la aprobación inminente de su temida normativa.
Es por ello necesario una explicación del rol de las industrias culturales en todo este contexto de cambio que, junto a la emergencia de las culturas de la participación, o precisamente gracias a ellas, nos están avisando de uno de los principales peligros de las llamadas «fugas del modelo dominante»: su potencial gentrificador.

 

Reseña publicada en Profesiones n.º 145, septiembre-octubre 2013

 

  La tragedia del copyright


31/10/2013 18:06:19 Versió per imprimir

«Los presos sociales sufrieron una doble marginación, al no ser tenidos en cuenta por la amnistía postfranquista»

 

 

El programa Tokata y fuga de Radio Klara, realizado por la gente que redacta el boletín anticarcelario del mismo nombre, entrevista al autor de Cárceles en llamas, César Lorenzo Rubio.

 

Cárceles en llamas

 

 


31/10/2013 17:53:20 Versió per imprimir

La fidelidad al pasado no consiste en intentar repetirlo sino en «crear» como nuestras abuelas y abuelos

Intervención de Tomás Ibáñez en Can Batlló para la presentación de Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)

Voy a ser bastante breve, porque me parece que lo que nos interesa aquí es, en primer lugar, y para quienes aún no hayan leído el libro, que su autor, que Pere--- y desde luego nadie mejor que él para hacerlo--- nos hable de su contenido, y nos diga de qué va el relato que nos ofrece.

Y, en segundo lugar, pues que se establezca aquí un intercambio y un debate donde podamos confluir quienes ya hemos leído el libro y quienes no lo hemos hecho.

Por mi parte, no voy a entrar, para nada, en el contenido del libro. Y ni siquiera voy a felicitar a su autor porque sé que Pere huye de los elogios y de los formalismos como de la peste. Ni siquiera voy a decir que he disfrutado mucho al leerlo y que he aprendido bastante.

Tan solo voy a desgranar algunas reflexiones que me han ido surgiendo al hilo de su lectura.

Y una primera reflexión consiste en interrogar el interés que puede representar el esfuerzo desplegado para rastrear el pasado. ¿De qué sirve indagar, meticulosamente, en acontecimientos y en situaciones que pertenecen al pasado? ¿Y de qué sirve pugnar para que esos hechos de otros tiempos no queden sepultados en el pasado?

Si esta es una posible pregunta, creo que en la respuesta convendría distinguir dos cosas, y diferenciar claramente dos modalidades bien diferentes del interés por el pasado.

Lo que prevalece en una de esas dos modalidades es, ante todo, la curiosidad histórica. Por ejemplo, puede interesarnos, rescatar e historiar las revueltas campesinas de la edad media. ¿Por qué no? Qué duda cabe de que, efectivamente, merece la pena rescatar esos acontecimientos y escribir su historia, aunque solo sea porque conocer esos episodios puede ayudarnos a entender también muchas otras cosas. Pero a lo que nos lleva esta actividad, aquello sobre lo cual desemboca es, sencillamente, a hacer “historia del pasado”.

Lo que prevalece en la segunda modalidad de rescate histórico es, a través del interés por el pasado, básicamente lo que prevalece es la preocupación por el presente. Hay acontecimientos y situaciones del pasado que engarzan muy directamente con el presente, y cuyo conocimiento o desconocimiento tiene determinados efectos sobre el presente porque, de alguna manera, aun forman parte del presente. En estos casos estudiarlos y rescatarlos no es hacer “historia del pasado”, sino hacer “historia del presente”, y hacer historia del presente implica, inevitablemente, una dimensión política.

¿Pero, cómo se sabe si determinados acontecimientos pasados aun pertenecen al presente? Pues simplemente porque siguen produciendo efectos en la actualidad y, por lo tanto, siguen existiendo, incluso aunque nadie los recuerde. El libro de Pere no es un libro de historia del pasado, es un libro de historia del presente con todo lo que esto conlleva, y es por lo tanto un libro político.

Sin embargo, cuando se hace la historia del presente, aun cabe distinguir, aquí también, dos enfoques bien distintos. Si descubrimos, por ejemplo, un lugar donde hace algún tiempo ardieron las llamas de las revueltas, podemos acercar una lupa a los rastros de las brasas que aun puedan quedar, y espolvorearlas delicadamente con finos cepillos, como lo hacen los arqueólogos, para verlas con mayor nitidez.

O, por lo contrario, podemos soplar sobre ellas hasta reventar nuestros pulmones, con la secreta esperanza de que esas brasas se reaviven y vuelvan a prender. Se trata sin duda de dos maneras bien distintas de enfocar la historia del presente, y el libro de Pere pertenece claramente a la segunda.

El primer enfoque, el que consiste en mostrar simplemente ese pasado que aun afecta al presente, es trabajo de historiador, de historiador puramente académico, y académico tiene en mi boca connotaciones bastante despectivas. El segundo enfoque es trabajo de historiador comprometido, o mejor dicho, conscientemente comprometido, porque el trabajo del primero también está políticamente comprometido, por mucho que este pretenda negarlo. Soplar con fuerza sobre las brasas con la secreta esperanza de que se reaviven. Sí, claro, pero aquí surge nuevamente una disyuntiva, otra más, la tercera, pero también la última que voy a plantear.

¿Reavivarlas para que se repita en el presente lo que aconteció en el pasado? Esta es, en efecto, una alternativa que no deja de ser seductora, muy seductora. Rescatar y mostrar el pasado para que aquello que un día ocurrió vuelva por fin a pasar nuevamente. Para que se repita en el presente lo que ayer agitó el pasado.

Sin embargo, admitiendo que esto fuese posible, que obviamente no lo es aunque solo sea porque el contexto es otro, resulta que tampoco sería una cosa deseable.

Pero hay una segunda alternativa, porque dar nueva vida nunca puede consistir en repetir, la repetición es, precisamente, lo contrario de la vida, es lo propio de lo que ya está muerto.

Para hacer revivir hay que innovar, no hay más remedio que inventar, la fidelidad al pasado no consiste en intentar repetirlo, sino en ser capaces de levantar en el presente algo tan original como lo que se consiguió levantar en el pasado. La fidelidad consiste en saber “crear”, cómo nuestras abuelas y abuelos, supieron hacerlo en su momento. Pero además, resulta que no solo supieron crear un tipo de lucha sino que supieron forjar las armas adecuadas para que fuese exitosa.

Pues, bueno, conocer con precisión lo que hicieron los “protagonistas del montón”, como dice Pere, y recordarlo con detalle, es quizás lo de menos. Lo que de verdad importa para el presente es que se sepa que, estando como lo estaban totalmente desprovistos de medios, aun así tuvieron la osadía de atreverse a luchar, y sobre todo que se sepa por qué y cómo lo hicieron.

Pues, muy sencillamente: desde abajo, yendo a por todo, auto organizándose y creando comunidad, paso a paso, con una larga paciencia porque la revolución estaba, y sigue estando, en el día a día, en la reivindicación y en la defensa de la cotidiana dignidad, en el transformar realidades transformándose a una-misma, en el hacer haciendo, luchando y construyendo estructuras, ¡no de Estado, por supuesto!, sino de sociedad alternativa.

Reavivar esas brasas no consiste en otra cosa que en hacer precisamente todo esto, en el presente.

 

 

  Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)

 


31/10/2013 17:34:56 Versió per imprimir

Vídeo ► Presentación de Rastros de Rostros en Can Batlló

Pere López, Tomás Ibáñez y Marc Dalmau presentan en Can Batlló Rastros de rostros en un prado rojo (y negro), una presentación en la que estuvieron presentes algunos de los habitantes de Zona Franca cuyos familiares formaron parte de la historia revolucionaria que relata el libro de Pere López.

 

 

  Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)


31/10/2013 16:56:55 Versió per imprimir

Noviembre de presentaciones en Virus editorial

Tenemos un noviembre lleno de presentaciones. Aquí va un anticipo de las que ya están confirmadas, a falta de otras que comunicaremos en breve:

12 de noviembre, La tragedia del copyright con Rubén Martínez y Simona Levi en el local de Virus editorial (Barcelona)
https://www.facebook.com/events/286490438142942/?ref=22

12 de noviembre, Rastros de rostros en un prado rojo (y negro) con Pere López, Pátric de San Pedro y Félix Balanzò en Synusia (Terrassa)
https://www.facebook.com/events/587267201311165/?ref=22

21 de noviembre, Cárceles en llamas con César Lorenzo, Daniel Pont y Abel Rebollo en Virus editorial (Barcelona)
https://www.facebook.com/events/483239068442171/?ref=22

21 de noviembre, L'Anarquisme fet diferencial català amb Xavier Diez al Casal «El Teler» (Mataró)

22 de novembre, L'Anarquisme fet diferencial català amb Xavier Diez i Ramon Arnabat a l'Ateneu Arborenc (Arboç)

22 de noviembre, La tragedia del copyright, con Igor Sádaba y David Arístegui en Librería La Malatesta (Madrid)
https://www.facebook.com/events/686945934656521/?ref=22

26 de novembre, L'Anarquisme fet diferencial català  con Xavier Diez i Jordi Martí Font en el local de Els Amics de les Arts i Joventuts Musicals (C/Teatre, 2 - C/ Sant Pere, 46, 1r, Terrassa)

28 de noviembre, Anarquismo social o anarquismo personal, con Juantxo Estebaranz en Cambalache
http://www.facebook.com/events/544410398972998/?ref=22

29 de noviembre, Cárceles en llamas con César Lorenzo Rubio en Biblioteca Subversiva Crimental del Centro Social Sestaferia (c/ Joaquín Alonso Bonet, 3 Xixón)

30 de noviembre, Cárceles en llamas, con César Lorenzo Rubio en Cambalache
http://www.facebook.com/events/534562106637151/?ref=22

 

Y eso no es todo, habrá más...

 

 


31/10/2013 16:11:01 Versió per imprimir

Otra cárcel fue posible

Por César Lorenzo Rubio

Ahora que la cárcel ocupa las primeras páginas de los periódicos a raíz de la derogación de la doctrina Parot, se vuelve a poner de manifiesto la ambigua relación de nuestra sociedad con el sistema penitenciario. La cárcel permanece ausente de todo debate de actualidad, salvo cuando se la invoca para reclamar más mano dura. Este desinterés mayoritario por lo que sucede tras las rejas, salpicado de ataques de populismo punitivo, efectista y vengador, no es nuevo: treinta años de desentendimiento y uso interesado de la alarma social nos contemplan. Pero hubo una época en que las prisiones acapararon la atención de la opinión pública, e incluso se plantearon alternativas al modelo penitenciario que ha acabado imponiéndose.

Tras la muerte de Franco, en sucesivos indultos y amnistías, las cancelas de las prisiones se abrieron para dejar salir a los opositores encarcelados. De esta forma se ponía fin a uno de los ejes fundamentales de la dictadura –la persecución política–, pero en absoluto significaba el final de unas leyes y prácticas caracterizadas por la severidad, la ausencia de garantías y los abusos. Además, todavía quedaban cerca de 10.000 presos por delitos comunes, que sólo fueron afectados por las medidas de gracia de forma muy tangencial, y no estaban dispuestos a ver salir a sus compañeros de reclusión sin reclamar el mismo trato. Ante la perspectiva del inicio de un nuevo régimen de libertades que la Transición anunciaba, los presos comunes –sociales, en el lenguaje de la época– consiguieron dotarse de un discurso y unas reivindicaciones propias que los presentaban como víctimas de la dictadura y, por tanto, con derecho a una oportunidad.

Entre 1976 y 1978 la Coordinadora de Presos en Lucha (COPEL) lideró centenares de motines, plantes, huelgas de hambre y autolesiones colectivas para reclamar la libertad de todos los encarcelados, la reforma del Código Penal y un cambio drástico de las condiciones de reclusión. Muy pocas prisiones salieron indemnes del estallido: de Málaga a Basauri y de Valladolid a Valencia, las galerías se iluminaron por el fuego de las hogueras. Fue tal la importancia que adquirió este movimiento de protesta que sus proclamas llegaron al Senado en forma de Proyecto de Ley de Indulto –rechazado–, primero, y después provocaría la aprobación de la Ley General Penitenciaria, primera Ley Orgánica de la democracia (1979), que pretendía acabar tanto con los agravios de origen franquista denunciados por los presos, como con las mismas protestas. Tras la redacción de un nuevo Reglamento Penitenciario, y diversas reformas penales de la mano del primer gobierno socialista, se cerró definitivamente la puerta a cualquier alternativa a la cárcel como “mal necesario”. Por el camino quedaron propuestas parlamentarias tan audaces como reconocer el derecho de asociación para los reclusos, inaudito hoy en día, o un anteproyecto de Código Penal que preveía un tope de 25 años de estancia máxima en prisión, muy lejos de la cadena perpetua con que amenaza el actual gobierno.

Pero después de la tormenta, no llegó la calma. Los textos legales quedaron lejos de las declaraciones de intenciones, y más aún de la realidad que se vivía en los patios de Carabanchel o la Modelo. La irrupción masiva del consumo de drogas y el aumento imparable del número de encarcelados que ésta provocó –con la inestimable ayuda del discurso de inseguridad ciudadana alentado por determinados medios–, convirtieron las prisiones de los años ochenta en auténticas ollas a presión. La mayoría de los implicados en las luchas de la COPEL se desmovilizaron rápidamente y muchos perecieron víctimas de la heroína, los abusos policiales, o las reyertas entre bandas rivales. Algunos siguen dando tumbos, todavía hoy, por las nuevas prisiones de la democracia.

Tres décadas y media más tarde, hemos podido reconstruir su historia de la mano de los pocos que consiguieron sobrevivir al círculo vicioso de cárcel, marginalidad y delito. Su testimonio, junto a la consulta de fondos documentales hasta ahora inexplorados, como el de la COPEL, conservado en el Centre de Documentació dels Moviments Socials de la La Ciutat Invisible, o los informes inéditos del director de la Modelo, entre otros, ha permitido reseguir los entresijos de una movilización que ha permanecido oculta entre el desconocimiento y el olvido. A la luz de los datos, las protestas de los presos sociales se revelan más complejas y poliédricas de lo que algunos estamentos políticos las presentaron. Y no sólo eso: los métodos termidorianos para acabar con ellas ponen en tela de juicio el discurso de solemnidad y consenso tejido entorno al origen de nuestro sistema penitenciario. La tinta de la Ley Penitenciaria no estaba hecha con los laureles del triunfo de la modernidad humanizadora, sino con el hollín de las prisiones en llamas, y el sudor y la sangre de los presos subidos a los tejados. Conocer cómo se pusieron los cimientos de la prisión actual puede servir de punto de partida para repensar el presente penitenciario, entender su evolución y, tal vez, apostar por un sistema menos cruel de resolver los conflictos sociales; continuar ignorándolo sólo ahondará en la indiferencia abúlica y conformista sobre la suerte de las 70.000 personas que llenan diariamente las prisiones de la democracia.

 

Artículo publicado por en lamentable.org, el 27/10/2013

 

 

  Cárceles en llamas


30/10/2013 10:51:49 Versió per imprimir

Vídeo ► : Presentación en las Jornadas sobre la Transacción Democrática de El Lokal

El pasado 19 de octubre, en Can Batlló, durante las Jornadas sobre la Transacción Democrática organizadas por El Lokal, se presentó Cárceles en llamas. El movimiento de presos sociales en la Transición. Además del autor del libro, César Lorenzo Rubio, participaron en la presentación José Solis (militante desde dentro y desde fuera por los derechos de las personas presas) e Iñaki Rivera Beiras (miembro del Observatori del Sistema Penal i els Drets Humans). Durante la presentación, a la que asistieron una cincuentena de personas, se abordó tanto la época en la que se enmarca el libro como de las luchas actuales.

 

  Cárceles en llamas


25/10/2013 16:46:59 Versió per imprimir

L'Anarquisme català com expressió de rebel·lió contra l'injustícia, l'opressió i la desigualtat

Per Gaia Talls

Enmig de la pressió econòmica, política i mediàtica catalanoindependentista, Xavier Diez i Virus Editorial treuen aquest llibre, certament polèmic. Tal i com el mateix Diez reconeix en una entrevista*, el llibre pretén ser un recull de diversos fets de la història de Catalunya amb una mirada més profunda a la què estem acostumades. La revolta dels Remences; la dels Segadors; l’arrelament del bakuninisme i els diversos intents insurreccionals dels segles XIX i XX; la consolidació de la CNT; la revolució del 1936 i el gran rebrot llibertari postfranquista fins avui dia: un repàs a la història catalana que treu a la llum una societat gelosa de la seva llibertat, on l’anarquisme i el seu substrat han estat presents.

Tal i com ja han fet investigadors com Soldevila, Termes o Izard, entre altres, el llibre treballa l’arrelament dels principis anarquistes en el sentiment popular dels i les habitants del territori català. S’evidencia la importància de la llibertat individual i col·lectiva, la tendència a l’igualitarisme, la cultura d’autodefensa de les classes populars i la seva desconfiança cap als poders superiors; trets que s’han manifestat repetidament en l’antagonisme de classes o de poders al llarg de la història, fruit del recel dels sectors populars a perdre capacitat decisiva i de gestió en els afers públics. Però si, per una banda, el llibre obre una polèmica enfront al catalanisme tradicional que busca una societat catalana cohesionada verticalment, és a dir, que combregui amb els poders polítics, econòmics i religiosos, no és menys cert que l’enfocament de X. Diez sembla apel·lar a una identitat o caràcter anarquistes exclusivament catalans, aspecte que no seria gens llibertari i menys realista. Per això, l’autor ha hagut d’explicar que és conscient que, a l’estat Espanyol; Andalusia, Aragó, València, Menorca i el País Basc, entre altres, també han tingut nuclis llibertaris rellevants.

I és que s’ha d’entendre que aquesta referència constant a la identitat catalana és una burla cap a la retòrica catalanista oficial, aquesta que ens parla del seny conservador com a característica de la personalitat catalana, que ha estat i continua sent tan explotada pels sectors dominants de la societat per tal de mantenir els seus estatus i privilegis. Així, Diez parafraseja icones de l’erudició catalana com Vicens Vives i Torras i Bages: «En primer lugar, el título del libro es una provocación intelectual deliberada. (...) El epílogo del libro se recrea en su ánimo provocador al parafrasear a Torras i Bages (autor de la frase “Cataluña será cristiana o no será”) quien consideró al catolicismo como elemento fundamental de la identidad catalana. El título de esta última parte pretende, en contraposición, reivindicar el legado libertario de nuestro país como elemento irrenunciable de nuestro pasado, escamoteado en la narrativa oficial (...).»

El llibre, però, no amaga la importància del descontent de catalanes i catalans, al llarg dels segles, envers el centralisme castellà i espanyol, sent part de l’origen del desig d’autonomia política catalana. Per això, a Catalunya, els federalismes de Proudhon o Pi i Maragall han tingut molta força, així com la barreja del separatisme de Macià amb bona part de la CNT. Però ens recorda que a finals del segle XIX i principis del XX, temps de consolidació del moviment llibertari en aquest territori i societat, els i les anarquistes catalanes no desitjaren un estat propi, sinó la gestió col·lectiva dels afers públics sense l’empara de cap gran poder, sigui propi o aliè, des del conjunt de les sobiranies individuals i des d’una gran sobirania col·lectiva, basant-se en la intervenció directa de tots i cadascun dels individus. Deixem-ho en paraules del propi Díez: «Como conclusión final, trata de considerar como elemento identitario propio una historia en la que hombres y mujeres, en distintas épocas, desde perspectivas y finalidades diversas, y desde adjetivos diferentes, han tendido a rebelarse contra la injusticia, la opresión y la desigualdad. Y es esta tendencia al inconformismo, a la búsqueda de la libertad y la igualdad en un contexto político adverso la que ha mantenido la identidad propia.»

*Podeu llegir l’entrevista sencera a http://blocs.mesvilaweb.cat/node/view/id/248999

 

 

Ressenya publicada a El Pèsol Negre n.º 62, octubre-desembre 2013

 

 

   L'Anarquisme fet diferencial català
 


23/10/2013 15:51:53 Versió per imprimir

«La lucha de los trabajadores de Can Tunis no era un caso aparte»

Por Julián Vadillo

Pere López (Barcelona, 1956) ha recuperado la historia colectiva de un barrio, el de las Casas Baratas de Can Tunis o Prat Vermell en Barcelona. Estas casas, construidas al calor de la Exposición Interna­cional de Barcelona en 1929, fueron protagonistas del desarrollo del movimiento obrero de la capital catalana.

¿Cuándo y cómo surge la idea de hacer esta obra?

Lo del cuándo es difícil de precisar. Como idea hacía mucho tiempo que me bullía e iba buscando el tiempo que no llegaba, pues siempre por una cosa u otra encontraba excusas para aplazar el ponerme a fondo. En firme, me puse en el otoño del 2004, aunque después por esas mil circunstancias que sobrevienen también lo tuve que aparcar de vez en cuando al volcarme en otros asuntos más apremiantes. Diría que ha ido saliendo a trancas y barrancas, y que por el camino se ha ido haciendo. Viene de lejos y lo he ido haciendo poco a poco, sin prisas.

¿Explicar las razones del libro? Podría lanzar equis motivos, y lo resumiría en que tenía interés en conocer cómo la gente del montón es capaz de hacer una revolución social, y pensando que dicho acontecimiento no es cosa de un día, me preocupaba saber el itinerario que habían seguido para un día ponerse a por todas; es decir, el cuento del día d y hora h --sea la fecha que sea-- no me convence, y menos los que aluden y subrayan la manoseada espontaneidad oportunista de los nadie que se apuntan a todas cuando toca. Escoger el sitio fue una cuestión menor, quería que fuera un territorio periférico, poblado de los que “nunca han hecho historia”. Eso sí me planteé que el lugar que escarbara no me fuera lejano. Podrían haber sido las Casas Baratas de Can Tunis, también la Torrassa,… Aunque, como explico en el libro, al final escogí las Casas Baratas porque fueron en aquellos años el espacio de correrías de mi familia paterna.

El libro está elaborado a partir de muchas entrevistas. ¿Cuales son las dificultades que has encontrado en todo el proceso?

No sé si hago bien, pero déjame introducir una previa. No me atrevería a decir que he realizado muchas entrevistas, incluso diría que empleé casi nada la grabadora, aunque la llevara en la mochila. Prefiero contentarme con reflejar que he hablado o conversado con demasiada gente, y no en una ocasión sino bastantes veces; incluso con algunos quedábamos para almorzar o tomar algo. Me insinuaron que dejara constancia de “los informantes” pero ni podría ni he querido, que han sido cientos a los que he incordiado, desde luego.

El proceso es el típico que explican de la bola de nieve pendiente abajo. En los archivos encontraba una serie de nombres y preguntaba por ellos, los buscaba. Tras esas charlas salían otros nombres y volvía a los archivos. Etcétera. Una ida y vuelta constante e inacabable. Las dificultades eran otras, aunque me presentara como fuera (mi familia había vivido en el barrio, les decía, eran los tal --el mote por el que allá todos se conocen todavía--, que no pretendía entrar en cotilleos, que tan solo quisiera recuperar el pasado de luchas sociales de quienes vivieron en aquellos años en el barrio…), sí que encontré renuencias, pocas o ningunas ganas de hablar en bastantes casos. La excusa, y es lógico pero tremendo que todavía sea así es que de aquellos años es preferible no hablar. Fueron muy castigados tras la derrota --y creo que aporto testimonios, documentos y datos, demasiado elocuentes--, de ellos no se han echado más que pestes: los más malos entre los malos, y luego algunas historias noveladas o no que del barrio se han escrito tampoco los dejaban nada bien e iban repletas de versiones, diría, y como mínimo, un tanto tergiversadas. Lo difícil fue eso, ganarse la confianza, intentar convencerles que no iría a contar otra vez lo de siempre para hundirlos aún más. Ellos están hartos y yo también, y en parte una de las razones del libro es romper con el estigma que les acosó y les acosa. Ellos lo resumían diciendo que en el barrio, cómo no, había de todo, como en todos los sitios, pero también que abundaba la gente trabajadora y luchadora y que por eso pringaron como pringaron, que no se merecen tantos insultos y esa mala fama que se ha difundido siempre de ellos.

¿Qué es lo que más te ha llamado la atención de todos los testimonios?

No sabría qué decirte o resaltar. Me guardo un sinfín de anécdotas e impresiones, no todas, ni mucho menos, reflejadas en las muchas páginas de “Rastros de rostros”. Algunas de ellas simplemente por respeto a ellos, y de verdad que las hay de muy fuertes. No sé si la palabra sería humildad o sencillez. Uno de ellos, después de contarme algunas cosas, sacadas a relucir o no en el libro, me recordaba que “coincidió” con Cipriano Mera en el exilio, compartiendo trabajos con él y otros compañeros, que intercambió unas palabras con el Quico (Sabaté) antes de que atravesara la frontera en su última entrada, todo por casualidad, pura coincidencia…

Más de uno se refugiaba en decir “es que lo que hicimos no tenía ningún mérito, es lo que nos tocó”En los mayores además habría ese pundonor de no soportar las barbaridades, las mentiras descabelladas, que les echaban encima. Ramón y Sebas, vegetarianos y naturistas, no entendían cómo los tildaban de sanguinarios. Encarna se sulfuraba solo recordar la de memeces (decía ella) que les endilgaron. Algo de ese dolor si que transmitían… Fue Tomás que me recordó aquello de que “llevábamos un mundo nuevo en nuestros corazones” para que nos hayan maltratado de esta manera, ayer y hoy.

Entre los hijos o nietos de los protagonistas de aquella revolución social la sorpresa ha sido que más que quedarles lejos era que no tenían apenas noción de lo que ocurrió, de la implicación de sus familiares. En ellos, a menudo, encontré las mayores barreras; sus recuerdos eran de mucha hambre, penurias, etc. y poco más. Ahora, una vez que ha empezado a circular el libro, y han visto el vídeo, parece que surgen otras voces, que muestran —algunos, claro— interés en reivindicar la dignidad, con orgullo, de sus progenitores…

¿Crees que el entorno del barrio de Can Tunis fue fundamental para la adquisición de la conciencia de clase por parte de estos protagonistas anónimos de la historia?

Aunque haya abordado lo ocurrido en aquella barriada de Can Tunis, y mucho más en concreto en el barrio de las Casas Baratas del Prat Vermell, no quisiera que se interpretara como un caso aparte. Desde luego que el análisis concreto de situaciones reales lleva a destacar ciertas singularidades, pero preferiría que se entendiera que aquel proceso revolucionario se vivió con la misma intensidad entre otros espacios con parecida composición social. Entonces, los ritmos de vida hacían que los barrios, los lugares en que se habitaba, fueran espacios de socialidad, donde se afirmaba un nosotros dado al apoyo mutuo en todo lo que les concernía como comunidad. Siendo además el estar juntos en la calle, o también en los bares, uno de los canales donde aquella cultura obrera se paría y expresaba contra la explotación y opresión que padecían. Las peculiaridades, digamos, geográficas de Can Tunis --pero insisto, también en otros barrios similares-- tenían su peso, desde luego. Casitas como cajas de cerillas o latas de sardinas, alejados y aislados del centro, carencia de equipamientos, etc, eran factores que ayudaban a que cuajara y reforzara aquel espíritu de comunidad de lucha.

Lucha por una vivienda digna, mejores condiciones de trabajo, etc. Son reivindicaciones que hoy en día sigue con total vigencia. ¿Qué nos puede legar en la actualidad la lucha de los trabajadores en las décadas de 1920 y 1930?

Su legado podría ser su constancia, aun con la toda la represión que les caía encima, en unas prácticas críticas llevadas a todos los terrenos, sin distinguir o poner prioridades entre las esferas laborales o de la producción y las territoriales o de la reproducción social. Benito Maldonado, por ejemplo, fue comisionado por el barrio en la larga huelga de alquileres, también fue portavoz en el largo conflicto de las extracciones de arenas, además, al mismo tiempo, fue dinamizador del cuadro escénico del Ateneo Cultural de Defensa Obrera y socio y pregonero de la OSO --la Organización Sanitaria Obrera--.

Y como Benito otros muchos, y ese ser muchos y arraigados en el barrio creo que sería otro signo destacable de sus luchas. Además añadiría que se cuidaron mucho de ensamblar la mejora material con la moral. Y moral para ellos era ser manusumisos (insumisos que diríamos después), es decir dueños de sus actos y pensamientos. De ahí que se volcaran al autoaprendizaje colectivo, que pensaran y pusieran en práctica otra idea de salud (la OSO ya disponía de una especialidad en medicina naturista y homeopatía), que en su Ateneo se prodigaran en el “teatro proletario” (la primera que representaron fue precisamente Tierra y Libertad) y en charlas que además de abordar las cuestiones más latentes (por ejemplo los negocios del agua cuando se la cortaban como represalia por su huelga de alquileres) encaraban como querían la sociedad futura.

A lo largo de la obra comprobamos la importancia de la actividad de la CNT. Una CNT enraizada en la clase obrera y que servía como vehículo de mejora de la clase obrera. Esta visión real aleja las visiones de una CNT alejada de la realidad y con pretensiones oscuras. ¿Crees que lo que caracterizó al anarcosindicalismo español en aquellos años fue el pragmatismo (entendido éste como estar en la realidad de las luchas del momento)?

Me temo que en la pregunta anterior ya he respondido en buena parte a lo que me planteas. No sé si valdría la pena matizar lo de una CNT enraizada en la clase obrera, porque me suena un poco a lo del huevo y la gallina. Como organización la CNT era la expresión de la autonomía obrera, es decir no venía o caía de afuera, surgía y se extendía desde abajo; tampoco era cosa de unos pocos buscando o pretendiendo que los más se apuntaran. No sé.

La cuestión del pragmatismo, si se entiende en el sentido de estar en las luchas del momento en aquella barriada no cabe ninguna duda. Pero al mismo tiempo también se volcaron en las huelgas insurreccionales de entonces. Congeniaron, como pudieron, el combate por las mejoras inmediatas del día a día con sus ansias de emancipación, me parece.

Recoges trazos de historias personales que hacen ver una visión de conjunto. Aquí podría entrar la disputa entre “memoria” e “historia”. ¿Has corroborado los recuerdos que te transmitían los testimonios?

Si por memoria entendemos los recuerdos de cada cual y por historia lo que es tarea de unos especialistas no sé si el dilema nos conduce a algún lugar. ¿Con qué material, o fuentes, narran la Historia los historiadores? ¿Y si la memoria fuera colectiva, compartida, no saldría otra historia, por más que se la deje o quiera dejar en minúscula?

A menudo se otorga fiabilidad a papeles, tratados como documentos, que por más resguardados que estén en los archivos fueron en su día escritos por quien fuera. Un caso extremo, pero abundante, concierne a las declaraciones extraídas bajo tortura y transcritas por un funcionario. ¿Son fiables, o depende del declarante para que el historiador les de credibilidad para avalar, por ejemplo, el terror rojo de aquellos revolucionarios? Tarradellas, otro ejemplo, dejó un texto (ahora ya publicado) en el que abordando los preliminares de los Hechos de Mayo del 37 —la crisis de abril que le precedió— abunda en las buenas relaciones y sintonía entre Companys, el cónsul ruso y Comorera, ¿qué credibilidad se le da? …
En mi caso concreto, al recoger los testimonios he intentado contrastar, hasta dónde podía, sus palabras con la documentación de la que disponía. Y se aparecía más tarde alguna otra información que distorsionaba lo que me habían expresado volvía a preguntarles. Por eso me refería a que he preferido hablar, conversar antes que entrevistar, ya que no me conformaba con lo que podían o querían recordar los “informantes”. Más de una explicación que me dieron he dejado de narrarla por faltarme elementos de corroboración. En el libro lo expreso: tan nocivo es reproducir tal cual las voces de los protagonistas como adjudicar a los papeles (de los archivos, de las hemerotecas) en tanto que tales un plus de veracidad.

Perseguidos por la dictadura de Primo de Rivera, maltratados en muchos momentos por las instituciones republicanas, combatientes en la Guerra Civil como revolucionarios y perseguidos hasta el exterminio por los nazis y, sobre todo, por el Franquismo. ¿Cual es el impacto de todo esto entre los protagonistas que pudiste hablar?

Lo cierto, cosa lógica, es que no pude hablar con muchos protagonistas directos de aquellos acontecimientos revolucionarios. Si con algunos más que entonces eran críos o adolescentes, o que participaron de algún modo en la resistencia libertaria contra el Franquismo. Por lo general eran del criterio de que volverían a implicarse como lo hicieron, aunque igual, y después de las experiencias horrorosas que padecieron tras la derrota, lo harían de otro modo, comentaban que aunque después han sido tratados como asesinos se comportaron de una manera demasiado ingenua, bondadosa. De hecho, remarcaban que en el barrio las purgas no llegaron a la sangre y que en cambio después la venganza fue mucho mayor, incluso con algunos que habían mostrado clemencia. De las peripecias posteriores para sobrevivir, ya en el exilio allende las fronteras o interior, torcían el morro, preferían no hablar demasiado, y algunos expresaban abiertamente que la cacareada recuperación de la memoria histórica a ellos nos les ha llegado. Manolo Fornés, detenido con 19 años en 1949, que se pasó 16 años en los presidios tras salvarse de una primera petición de pena de muerte, todavía está reivindicando junto a otros compañeros que se reconozca su lucha activa en el movimiento libertario contra el franquismo.

Del hilo rojinegro se estira aquello que no cualquier medio sirve para llegar al fin que sea. Rebrotan la horizontalidad y la autoorganización, abundan las asambleas, el darle la espalda a la jerarquía y a la delegación va ganando terreno como práctica y no simple discurso

¿Qué queda hoy de las luchas del Prat Vermell?

No sabría bien bien qué decirte. Con la crisis parece que se insinúa un repunte de la conflictividad, que ciertas luchas sociales se esparcen, qué menos, aunque con la que está cayendo… Anotaría que, debido a demasiadas transformaciones del entonces a ahora, igual se ha perdido la ligazón --trabazón que decían en aquellos tiempos-- entre las luchas laborales y las territoriales; que los barrios, aunque parece que se esté dando un lento y subterráneo resurgir, ya no son los espacios de socialidad que fueron antaño. Parece que hay una excesiva fijación en la crisis de la política, siendo los políticos la diana de todas las quejas. Es difícil, desde luego, reconocerse (al menos en esta parte del mundo) como proletarios, de ahí el ciudadanos todos!, aunque caer en el ciudadanismo no parece un modo de enfrentarse a la crisis ni tampoco un trampolín para volver a pensar, y hacer posible, el sueño igualitario de aquellas gentes.

Se alumbran, quizás incipientes, quizás dispersas, también alternativas muy imbricadas a lo concreto. Quizás, como entonces, juntas podemos o podremos todo… No sé.

 

Entrevista publicada en la web de Diagonal, el 15/10/2013

 

 

  Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)


21/10/2013 10:27:16 Versió per imprimir

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