Ramón Fernández Durán nos ofrece una espléndida guía para movernos en esa genuina edad de las tinieblas en la que ya hemos entrado

Por Carlos Taibo

Ramón Fernández Durán nos ofrece en estos dos libros una espléndida guía para movernos en esa genuina edad de las tinieblas en la que ya hemos entrado. Son cuatro las apreciaciones que se me ocurre realizar sobre esos dos textos.
 
1. Vaya la primera de ellas. Tengo la impresión de que en los circuitos en los que me muevo --que son, en sustancia, los circuitos en los que se mueve Ramón-- cada vez hablamos menos de las amenazas que se ciernen sobre nosotros. Cada vez hablamos menos del cambio climático, del pico del petróleo, de la crisis demográfica, de la marginación y explotación de tantas mujeres o de la prosecución del expolio de los recursos humanos y materiales de los países pobres. Ello es así --supongo-- porque damos por confirmado el vigor contemporáneo de todas esas amenazas.
 
Y, si no hablamos de eso, ¿de qué hablamos? Creo que la pregunta que más veces oigo repetir en los últimos tiempos es la relativa a por qué la gente apenas está reaccionando ante un escenario tan delicado como el que se nos echa encima. No es éste el momento ni el lugar para responder en detalle a esa pregunta. Bastará ahora con que subraye que en muchos casos damos por descontado que nuestros conciudadanos tienen una conciencia clara en lo que hace al relieve de problemas como los mencionados. Hay quien recordará, también, que en muchos casos lo que se aprecia es una respuesta del tipo 'déjame tranquilo; ya tengo suficientes problemas en mi vida cotidiana para preocuparme de lo que pueda suceder dentro de diez o de veinte años'. No faltan, en fin, quienes parecen haber asumido la conducta de algunos pasajeros del Titanic que, conscientes de que el barco se iba a pique, prefirieron apurar las últimas copas de champán y siguieron bailando al son de un vals.
 
Parece razonable asumir, de cualquier modo, que buena parte de las percepciones populares en relación con estas cosas beben de lo que dicen los medios de incomunicación del sistema. Me importa, y mucho, subrayar que esos medios en los hechos han procurado asumir dos caminos diferentes. El primero, y el más común, consiste sin más en negar que haya problemas graves en el horizonte (para qué hablar, dicho sea de paso, del presente). Desde esa percepción discursos como el de Ramón se describen sin más como alarmistas y catastrofistas, al tiempo que se señala que la historia demuestra que la especie humana ha encontrado tecnologías que le han permitido salir del atolladero. No me interesa ahora replicar a argumentos tan livianos como ésos: mayor urgencia corresponde a la tarea de identificar un segundo discurso que se revela en los medios. Hablo de aquel que, llamativamente, empieza a retratar con saña la hondura de la catástrofe con un propósito, claro, bien perfilado: el de subrayar que la única manera de hacer frente a aquélla pasa por la instauración --a esto vamos-- de una suerte de estado de excepción permanente. La catástrofe sirve entonces de pilar fundamental para imprimir una nueva vuelta de tuerca a tramadas estrategias de dominación y explotación.
 
No puedo sino constatar que lo que acabo de decir nos coloca ante una tarea difícil: si, por un lado, en modo alguno podemos renunciar a la obligación imperiosa de explicar lo que se nos viene encima, por el otro no podemos darle alas a los esfuerzos que el sistema que padecemos está realizando para sacar adelante un ambiciosísimo programa de militarizado darwinismo social.
 
2. En esos mismos circuitos de los que antes he hablado se manifiestan, a mi entender, dos posiciones distintas en lo que se refiere a lo que podemos y debemos hacer. La primera, crudamente realista, señala que no nos queda más remedio que aguardar que el colapso del sistema abra los ojos de mucha gente. Aunque en modo alguno faltan los motivos para asumir esa posición, hay que partir de la certeza de que el colapso es, por sí solo, una fuente ingente de problemas que a duras penas podríamos solventar.
La segunda de las propuestas, que es la mía, acarrea una demanda expresa de salir ya del capitalismo. Admito de buen grado que, habida cuenta de la precariedad de apoyos de la que disfruta esta opción, mucho tiene de voluntarista. Lo único sólido que se me ocurre decir en su provecho es que, de no trabajar para que este camino se haga realidad, las cosas serán innegablemente peores. Agregaré, eso sí, que de manera casi espontánea son muchas las personas que han empezado a buscar caminos que implican dejar atrás el capitalismo. Esos caminos pasan siempre por la generación de espacios de autonomía en los que se hagan valer reglas del juego diferentes de las que impone el sistema que padecemos, por la autogestión y por un franco recelo en lo que se refiere a las presuntas virtudes del crecimiento y del consumo. Da en el clavo al respecto el proverbio que Ramón cita en uno de los dos libros que hoy presentamos. Reza así: "Lo primero que hay que hacer para salir del pozo es dejar de cavar".
Las cosas como fueren, éste es el momento de ratificar el buen sentido de una idea que Ramón maneja desde tiempo atrás: si la crisis ecológica ha sido durante mucho tiempo el hermano menor de tantos movimientos de emancipación, hoy, y en virtud de una notable paradoja, está en el origen de muchos de los más críticos discursos de contestación del capitalismo.
 
3. Si alguien me preguntase por un par de ideas que están presentes en estos libros de Ramón y que, a mi entender, iluminan de manera singular nuestro conocimiento de lo que va a ocurrir en los dos decenios venideros, no tendría mayores dudas.
 
La primera es la afortunadísima sugerencia de que no podemos olvidar en modo alguno que nuestros discursos son percibidos de manera a menudo diferente según las generaciones. Para entender lo que significan, sin ir más lejos, conceptos como los de 'sobriedad' o 'sencillez voluntaria' no es lo mismo haber nacido en 1930 que haberlo hecho en 1970 o tener hoy diez años, de la misma suerte que no es lo mismo ser mujer o ser varón. Hay que desterrar, en otras palabras, la intuición de que cuando alguien se dirige a un público, el mensaje transmitido es percibido en términos razonablemente similares por todos los integrantes de ese público. La certificación de que ello no es así nos obliga a trabajar sobre la acuciante necesidad de repensar formas de transmisión y comunicación que con frecuencia son muy problemáticas.
La segunda de esas días remite a algo que Ramón ha repetido incansable desde bastante tiempo atrás. En virtud, una vez más, de una excelsa paradoja, muchos de los desheredados del plantea --habitantes casi siempre de los países del Sur-- se encuentran en mejor posición que nosotros para hacer frente al declive que se avecina. Viven en comunidades poco complejas, mantienen una activa vida social, han preservado una relación equilibrada con el medio natural y, más allá de todo lo anterior, son mucho menos dependientes que nosotros. Prefiero dejar hablar, en este caso, a Ramón: "La situación será particularmente delicada en los espacios altamente modernizados ('sobredesarrollados'), pues ellos serán los más afectados por el progresivo colapso de la civilización industrial, sobre todo los territorios altamente urbanizados e industrializados, donde se consumen más de las tres cuartas partes de la energía mundial, principalmente en los espacios centrales, pero también en las áreas más dinámicas de los grandes actores emergentes. Mientras que los espacios menos modernizados ('subdesarrollados'), más rurales, menos industrializados, menos tecnologizados, menos consumidores de recursos y en definitiva más autónomos, se encontrarán en mucha mejor posición de cara al largo declive. Estamos hablando nada más y nada menos que de unos dos mil millones de personas en los mundos campesinos y de unos cuatrocientos millones en los indígenas, que además ayudan a 'enfriar el planeta' y utilizan en general la biomasa como fuente energética. Por otro lado, estos mundos dejarán de tener la enorme presión que sobre ellos ejercen los mundos modernizados en su expansión hasta ahora irrefrenable (y probablemente hasta entonces), que no es sólo física e institucional sino también cultural".
 
4. En los últimos tiempos no damos a basto. Cuando empezábamos a dominar --o eso creíamos-- las claves de las crisis que nos atenazan, nos ha llegado la revuelta árabe, que plantea problemas de interpretación muy agudos. Y cuando apenas salíamos de la sorpresa de esa revuelta se ha hecho valer el efecto ingente de las secuelas del tsunami japonés.
 
En esta vorágine de hechos relevantes que se suceden no hay por qué descartar la posibilidad de que nos empiecen a llegar --la revuelta árabe algo tiene de premonición al respecto-- noticias saludables. Hace unos días uno de los chavales que hace Diagonal formulaba una idea que bebe de lo anterior: cuando se produzca nuestra revuelta --¿cuál será, por cierto, la plaza Tahrir madrileña?-- alguien recordará que buena parte de las claves de comprensión al respecto estarán, en las hemerotecas, en los números de una meritoria publicación quincenal. Yo, por mi parte, me limitaré a rescatar el contenido de un artículo que leí años atrás --he olvidado, a decir verdad, el nombre del autor y el lugar en el que fue publicado-- y que se asienta en la misma percepción. El texto en cuestión empezaba enunciando una obviedad: los pronósticos que Marx y Engels formularon, en la segunda mitad del siglo XIX, en lo que se refiere a la presunta conducta del proletariado de la Europa occidental demostraron ser equivocados. Permitidme al respecto una ironía: el proletariado entró en un supermercado para comprar una barra de pan y decidió quedarse dentro del supermercado. No vaya a ser, sin embargo --proseguía el autor--, que un siglo y medio después, cuando el proletariado como clase va desapareciendo en la mayor parte del planeta, mientras se acumula con una fuerza gigantesca en las grandes ciudades de la costa china del Pacífico, en condiciones que recuerdan poderosamente a las de la Europa de la segunda mitad del XIX --la plusvalía absoluta, la explotación más extrema, la ausencia más dramática de derechos sindicales y laborales--, el proletariado chino acabe por hacer lo que Marx y Engels intuyeron que iban a hacer, un siglo y medio atrás, los proletariados alemán, francés e inglés.
 
No se me mal interprete: no estoy afirmando de manera taxativa que va a ocurrir lo que anuncia el autor del texto que acabo de glosar. Me limitaré a certificar que una opinión de esa naturaleza publicada hace un decenio hubiera suscitado las más de las veces una sonrisa conmiserativa. Hoy, por el contrario, no vemos en la obligación de escuchar lo que se nos cuenta y, en la zozobra en la que estamos instalados, en modo alguno nos atrevemos a descartar horizontes como el retratado...
 
Termino, y lo hago con lo que, con mucho, es hoy lo más importante. El año pasado publiqué en Galicia un libro de ensayos sobre la vida, sobre las vidas, de Fernando Pessoa, el poeta portugués. En el prólogo de esa obra me hago eco de una discusión que ha hecho correr mucha tinta: la relativa a por qué la vida y la obra de Fernando Pessoa producen tanta fascinación entre nosotros. Luego de examinar diferentes argumentos vertidos al respecto, me acojo a dos ideas manejadas por Robert Bréchon, el biógrafo francés del poeta. Bréchon cuenta que hace muchos años acudió a un congreso de estudios pessoanos que se celebraba en la universidad de Nashville, en Estados Unidos. En su transcurso escuchó, en un inglés que le costaba trabajo seguir, una intervención de un profesor negro norteamericano que dijo sucintamente lo que sigue: "Aquí estamos nosotros, luego de atravesar océanos y continentes, unidos por nuestro vínculo con un hombre que nunca salió de su tierra, y que perdió su vida para que la nuestra fuese más hermosa. Las palabras que intercambiamos carecen de importancia; son un ritual para instituir entre nosotros su presencia. Hacemos esto en su memoria". Aun sin descartar que Ramón haya permitido que nuestra vida fuese más hermosa, parece fuera de duda que la ha hecho más consciente, más díscola y más solidaria. No es poco. Bréchon echa mano, en fin, de un brevísimo trecho de un texto en el que el novelista Henry James evoca al poeta Aspern. En inglés dice, escuetamente, así: "He is a part of the light by which we walk". "Es parte de la luz por la que nosotros nos movemos". Esa luz --puedo garantizárselo a Ramón-- no se apagará nunca en esta edad de las tinieblas en la que nos adentramos.

Intervención leída en el Círculo de Bellas Artes en Madrid el 5 de abril de 2011


19/04/2011 12:17:12 Versió per imprimir

«El Estatuto de Ginebra que está anticuado, no recoge las causas ambientales para los refugiados»

El pasado miércoles 13 de abril Jesús M. Castillo fue entrevistado por Noelia Sueiro en el programa La Buena Tarde de Radio Asturias. Los desplazados del huracán Katrina en Nueva Orleans o las miles de personas expulsadas por la catástrofe en la central nuclear de Fukushima, son algunos de los ejemplos que utiliza Jesús M. Castillo para mostrar que las migraciones por esta causa también se producen en occidente. En cualquier caso, señala que la mayoría de desplazados son «de sur a sur» pero que actualmente sufren un vacío en la legislación internacional, que los condena a un limbo intolerable para personas que sufren situaciones de extrema gravedad. Aquí podéis escuchar el audio:

 

 


  Migraciones ambientales


18/04/2011 16:02:50 Versió per imprimir

Pese a las muchas palabras escritas y pronunciadas por él, su vida no han sido sólo palabras

 

Intervención en el acto de homenaje a Ramón Fernández Durán el 1 de abril en Barcelona
 
 
 
 
Por Patric de San Pedro

Ramón es una persona con tanta gente a su alrededor, con tantos vínculos sociales, que resultaría un atrevimiento intentar resumir quién es el Ramón activista, el Ramón analista o el Ramón persona en un solo escrito.

Mi relación con Ramón se remonta a los inicios de la editorial Virus, de la que formo parte, y a nuestra participación en la cumbre contra el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, en Madrid, en 1994, donde nos conocimos; pero es a raíz de la publicación del libro colectivo Viaje al corazón de la bestia. Un viaje por USA, Canadà y Québec, coordinado por la gente de Baladre y en el que participó el propio Ramón, el compañero Jose Iglesias y Agustín Morán, que comenzamos una relación continuada que se ha ido haciendo más estrecha a lo largo de los años. El primer libro propiamente de Ramón que publicamos fue Globalización capitalista. Luchas y resistencias, coeditado con Baladre, libro donde colaboraron también Miren Etxezarreta y Manolo Sáez, y donde se hace un anàlisis de las instituciones que gestionan la globalización y de los nuevos movimientos de cuestionamiento de la globalización capitalista que comienzan a crecer en forma de redes autónomas en los años noventa. A partir de este libro, Virus ha tenido la suerte de contar con las aportaciones casi anuales de Ramón, ya fuese para analizar los cambios de las instituciones europeas en la consolidación de la Europa del capital, ya fuese para analizar los mercados financieros y sus vínculos con la guerra de irak, o para analizar la crisis energética, ecológica y climàtica a la que ha dedicado los últimos años de su vida.

Quien haya conocido de cerca a Ramón sabe que, pese a las muchas palabras escritas y pronunciadas por él, su vida no han sido sólo palabras. Ha tenido oportunidad de vivir en primera persona muchos de los acontecimientos más importantes que han marcado a la izquierda en Occidente, desde el Mayo del 68, pasando por la oposición a la guerra del Vietnam en Estados Unidos, la oposición a la dictadura franquista, la autonomía obrera, el nacimiento del movimiento ecologista y anti-OTAN en Espanya hasta el desarrollo de todas las redes que dan vida al denominado movimiento antiglobalización; y en todos estos movimientos siempre ha adoptado una participación activa.

Posiblemente es este bagaje político el que lo ha convertido en una persona habituada a tratar y contar con personas procedentes de ámbitos políticos muy diferentes. En sus libros podemos encontrar referencias de todo tipo: desde puntos de vista de activistas políticos a gente vinculada a la universidad, desde extractos de folletos anónimos a tesis académicas. Acostumbrados a encasillar a los demás o encasillarnos a nosotros mismos en grupos autoreferenciales acotados por siglas o tendencias, el Ramón que yo conozco siempre ha sido el Ramón de las sumas, más que el Ramón de las restas; el Ramón de los puntos en común, más que el Ramón de los puntos divergentes.

Y es que el Ramón es una persona capaz de hacer unos pronósticos apocalípticos sobre el futuro inmediato de la humanidad, si no frenamos este sistema depredador, y a la vez encontrar siempre la semilla de la resistencia que nos ha de permitir dar un golpe de timón para cambiar este destino y convertirlo en la oportunidad de un nuevo comienzo. Esta actitud positiva frente a una realidad que parece negarnos una y otra vez el derecho a la esperanza de un mundo mejor, es la que ha hecho de Ramón una persona incombustible, una persona profundamente convencida de que otro mundo no sólo es posible, sino más necesario que nunca, y que por eso somos necesarios todos y todas más allá de nuestras diferencias muchas veces menos profundas de lo que pensamos.

Como decía, Ramón no es una persona de palabras vacías. Su discurso siempre ha ido acompañado de una actitud absolutamente vital de amor hacia su entorno y, sobre todo, hacía las personas que lo rodean y de las que se ha sabido rodear. Dotado de un humor excelente, es capaz de alternar en una conversación el anàlisis más profundo con las anécdotas más divertidas, como buscando siempre la manera de cargar pilas frente a una realidad demasiadas veces adversa. Siempre afectuoso en el trato, es una persona a la que se te hace difícil decirle no cuando te hace una propuesta. Poco predispuesto a imponer su punto de vista, he conocido pocas personas tan dispuestas a escuchar las razones para un no o para un punto de vista divergente. Acostumbrados como estamos, a veces, a entender una divergencia como un ataque personal, las conversaciones con Ramón son siempre un curso intensivo de humildad en los planteamientos y de disposición a aprender de los demás, cuando hay algo que aprender, claro.

Uno podrá coincidir o no con los anàlisis de Ramón, podrá considerar demasiado apocalípticos sus pronósticos o discrepar sobre el papel que han de jugar o no las redes sociales en nuestro destino inmediato como humanidad, pero lo que no creo que nadie pueda cuestionar es la importancia que tienen figuras como la de Ramón para establecer vínculos o mantener puentes abiertos entre colectivos a veces alejados en sus prácticas diarias, pero que pueden (y han) de confluir cuando llegan los momentos importantes de nuestra historia.

Si la vida de Ramón se ha distinguido por intentar encontrar una coherencia entre las ideas y la pràctica diaria, también a la hora de morir Ramón nos puede ayudar a buscar un referente para afrontar con valentía y dignidad la marcha de este munco. En su escrito de despedida, no sólo anuncia que no quiere alargar la vida artificialmente, si no puede disfrutar de una mínima calidad de vida y autonomía, sino que aprovecha para expresar la contradicción que supone haberse pasado media vida denunciando el derroche de recursos de la sociedad hipertecnologizada y haber podido vivir los últimos 7-8 años gracias a los tratamientos que esta maquinaria ha hecho posibles.

Optar por una muerte digna, como hace Ramón, es un último acto político, un último acto de afirmación de la libertad individual, un último acto de revuelta frente a un sistema que intenta controlar todas las esferas de nuestra vida hasta, incluso, el momento y la forma de morir.

En cualquier caso, no es a la muerte, sino a la vida, el entorno humano y los últimos acontecimientos en el mundo a los cuales Ramón dedica sus últimas palabras, lamentando sólo el hecho de «desaparecer» en un momento en el cual la Historia parece acelerarse con los acontecimientos de Japón y del norte de África.

Ramón dedica uno de sus últimos libros a el Antropoceno, a la huella que la actividad humana ha dejado sobre la Tierra en el último siglo. Sería bueno que los escritos de Ramón y su vitalidad dejen en nosotros una huella suficiéntemente profunda como para afrontar juntos «la quiebra del capitalismo global» que anuncia en su último libro publicado por Ecologistas en Acción, Baladre y Virus editorial.

Esperamos que su obra principal sobre la Crisis del Capitalismo Global y el derrumbe de la Sociedad Industria, en la cual ha trabajado Ramón en los últimos años, y de la cual se han publicado diferentes folletos en los últimos años, que son sólo extractos, pueda ser continuada y completada por el compañero Luís González y por cualquier otra persona, tal y como desea Ramón.

Ramón, más que un amigo. Una persona que deja huella.

Gracias Ramón, de parte de todo el colectivo de Virus editorial, por todo lo que nos has dado y todo lo que hemos podido compartir contigo.

Patric de San Pedro es miembro del colectivo editorial Virus

 


15/04/2011 09:19:41 Versió per imprimir

El capitalismo y los límites de la capacidad de regeneración de la biosfera

Por Salvador López Arnal

Una introducción, nueve capítulos y una bibliografía documentada donde algunas referencias son claro indicio de los anclajes intelectuales y políticos de Ramón Fernández Durán (Naredo es referencia destacada) componen El Antropoceno, parte de un libro del autor sobre la crisis del capitalismo global y el previsible colapso civilizatorio, “vistos a partir de una amplia perspectiva histórica, en el que se hace una especial reflexión sobre la crisis energética mundial”.

La tesis central del libro puede ser expuesta en los términos siguientes: hemos pasado en el siglo XX de un mundo vacío a un mundo lleno. Estamos en una verdadera mutación histórica, en una nueva era geológica, el antropoceno, que sería, en palabras de RFD, “una nueva época de la Tierra, consecuencia del despliegue del sistema urbano-agro-industrial escala global, que se da junto con un incremento poblacional mundial sin parangón histórico” (p. 9). Todo ha actuado, está actuando, como una verdadera y temible fuerza geológica con enormes y casi inconmensurables implicaciones ambientales. El Holoceno, la etapa histórica que se abre con la invención de la agricultura, nuestros últimos 12.000 años, está tocando a su fin. El trecho interglacial que ha definido este período ha terminado y entramos ahora en una nueva era histórica que, a diferencia de las anteriores, estaría marcada por la decisiva influencia de la especie humana en el planeta.

En absoluto cegado por ningún ecologismo globalizador que pierda matices y diferencias sociales e históricas, Ramón Fernández Durán no deja de señalar inmediatamente que no es toda la especie humana, sin más matices, la que así actúa sino una parte “cada vez más importante de la misma que se ve impulsada y condicionada por un sistema, el actual capitalismo global, fuertemente estratificado y con muy diferentes responsabilidades e impactos en de sus distintas sociedades e individuos, que ha logrado alterar por primea vez en la Historia el sistema ecológico y geomorfológico global” (p. 10). Matiz es concepto, dijo uno de los primeros pensadores ecologistas hispánicos.

No sólo es -RFD no deja de insistir y argumentar sobre ello a lo largo del libro- el funcionamiento del clima, que también, o la complejidad y magnitud de la biodiversidad planetaria, sino el propio paisaje, el propio territorio: el sistema urbano-agro-industrial se ha convertido en la principal fuerza geomorfológica, “una tremenda fuerza de carácter antropogénico, activada y amplificad por un sistema que se basa en el crecimiento y acumulación (dineraria) “sin fin”. Y sus impactos durarán siglos o milenios, y condicionarán cualquier evolución urbana” (p. 10). El sistema urbano-agro-industrial pone anualmente en movimiento un tonelaje de materias primas muy superior al de cualquier fuerza geológica.

A la expansión irresponsable de la industria química dedicada RFD también páginas luminosas. No sólo es el estallido de la producción de plásticos, difíciles de tratar y reciclar, sino la enorme variedad de sustancias sintéticas de carácter tóxico y persistente. En la actualidad, recuerda RFD, “circulan libremente por el mundo unas 140.000 sustancias químicas de carácter más o menos nocivo, sustancias que se han sacado al mercado y se han comercializado sin ninguna, o mínimas, medidas de seguridad” (p. 26). El principio de precaución, sobre el que él mismo autor apunta reflexiones de enorme interés y nada triviales, brilla por su ausencia.

RFD nos regala además importantes hallazgos terminológicos y conceptuales que no son exquisiteces marginales sino que permiten pensar políticamente, y de forma novedosa, lugares o situaciones más o menos conocidos. RFD habla, al comentar la perturbación de la biosfera por este sistema infernal, este nuevo sujeto del Apocalipsis, de “golpe de Estado biológico”. Otro ejemplo más: no nos debería ser difícil imaginar la cantidad de materiales, sobre todo de carácter estratégico, que los artefactos que rodean las acríticamente denominadas nuevas tecnologías (iPods, MP3, playstations, iPads, kindles, cámaras electrónicas), “aunque normalmente se oculte este lada oscuro de dichas tecnologías” (p. 89). No deberíamos olvidar “la cacharrería electrónica sistemáticamente infrautilizada y cada día más obsolescente, requiriendo en general de pilas altamente contaminantes para su funcionamiento, cuya producción y reciclaje genera también serios problemas ambientales” (p. 89).

No hay en todo caso condena o leyes inexorables que nos conduzcan a la destrucción anunciada. RFD cierra su libro hablando de escenarios posibles que se abren a corto, medio y largo plazo. Estos escenarios dependen de múltiples factores. Entre ellos, “de la capacidad de resistencia y transformación social de las distintas sociedades humanas, frente a unas estructuras de poder que sucumbirán muy probablemente también en el medio y largo plazo como parte de una civilización que se agota” (p. 100). Estos procesos no son lineales: pueden alumbrar barbaries y regresiones sociales sin precedentes, pero también pueden dar pie a nuevas construcciones sociopolíticas y culturales que “deberán establecer forzosamente nuevas relaciones con el entorno y en el interior de si mismas, si es que pretende subsistir”. Nos va la vida en ello. RFD no se equivoca cuando señala que los dinosaurios peor adoptados para subsistir en los nuevos escenarios que se están abriendo ante nuestros ojos serán las megalópolis mundiales, esos sistemas de miseria y desigualdad de las que nos ha hablado Mike Davis, esos organismos caóticos e inhumanos que hoy, puerilmente, nos deslumbran con su aparente poderío y fulgor.

En 1979, Manuel Sacristán, aquel enorme ecologista avant la lettre al que ates nos referíamos, habló de la tarea que habría que proponerse para que “tras esta noche oscura de la crisis de una civilización despuntara una humanidad más justa en una Tierra habitable, en vez de un inmenso rebaño de atontados ruidosos en un estercolero químico, farmacéutico y radiactivo”. Ramón Fernández Durán lleva décadas, cuando tantos han desistido, empeñado incansablemente en esa ingente tarea, en el necesario esfuerzo por alumbrar una humanidad más justa en una Tierra habitable. Con un excelente y contagioso sentido del humor, uno de nuestros ecologistas y activistas más admirables y queridos ha ido en serio, sigue yendo en serio. El Antropoceno es un ejemplo de ello. ¿A qué esperan para sumergirse en él?

 

Reseña publicada en Rebelión.org, abril 2011

 

  El Antropoceno


13/04/2011 10:54:48 Versió per imprimir

Carta de despedida de Ramón Fernández Durán

 

Después de recaer por segunda ocasión en una dura enfermedad, Ramón Fernández Durán decidió hace unas semanas abandonar el tratamiento para despedirse de la mejor manera posible de la vida y de sus gente querida. En la siguiente carta, cargada de lucidez, explica las razones de su decisión. Por su dimensión no la podemos reproducir entera, pero al final del extracto que publicamos os ofrecemos el enlace a su versión completa.



“Morir no es sólo un instante, el cese de las funciones vitales sobre el que no podemos actuar, sino un proceso de afrontamiento de la finitud y de la fragilidad de la vida, de adaptación a la vulnerabilidad, de desapego de este mundo, al fin y al cabo el único que conocemos. Para morir en paz es necesario transitar este duro camino con tranquilidad. Es difícil, pero es posible. No se trata de pelearse contra el destino, ni de resignarse sin más a “lo que tenga que ser”, sino de trascender, vivir conscientes el tiempo de vida que queda”

Fernando Marín, médico de la Asociación por el Derecho a una Muerte Digna (DMD)



Querid@s tod@s: os había prometido una carta de despedida, sobre todo después de la gran cantidad de correos tan bonitos y cariñosos que he recibido de vuestra parte, que no os he  podido responder individualmente, y aquí me pongo a ello sin saber muy bien cómo saldrá. He estado pensando mucho estos días en qué es lo que quería decir. Me venía a la mente (y al corazón) un montón de cosas, y bueno, no sé, espero poder ordenarlas mínimamente y que cobren sentido al contarlas.

El por qué y el cómo decidí abandonar el tratamiento de “quimio”

Os conté en mi anterior escrito colectivo que habían decidido darme dos tandas de sesiones de quimio, en total 18 sesiones semanales, con un descanso a la mitad para ver cómo progresaba. Había puesto una esperanza razonable en ese tratamiento, pensando también que podía contribuir personalmente en el proceso de sanación a través de técnicas de control mental e inteligencia emocional, como hice la otra vez, hace ahora más de siete años. Y, además, pensaba acompañar el tratamiento oncológico de la medicina oficial con un tratamiento homeopático, apoyado por mi buena amiga Gloria, para intentar paliar los efectos colaterales más negativos de la “quimio”. Como hice igualmente la otra vez, y que me dio tan buen resultado. De todas maneras, yo percibía que esta vez iba a ser distinto, pues soy bastante más mayor que entonces, y estaba bastante más débil que en aquella época, debido a mis crecientes dificultades para ingerir alimentos. Cuando iba a empezar la “quimio” llevaba varias semanas que tenía que comer todo triturado, y aún así me costaba mucho tragar. Lo cual hacía que hubiera perdido bastante peso.

Tras la primera sesión de “quimio” (¡de doce horas!), la más dura (una de cada tres serían así), salí bastante contento, pues llegué con mucho ánimo a casa y poco afectado, al principio. Los tres o cuatro días siguientes trascurrieron relativamente bien, aunque veía que los efectos de la “quimio” iban in crescendo. Pero cuando quedaba un día para la segunda sesión, de repente me dio un bajón brutal, y pensé que en esas condiciones no iba a poder soportar una nueva sesión. Fui al hospital (ya en silla de ruedas) para ver a la oncóloga, por cierto muy maja, y ella misma me dijo que íbamos a aplazar unos días la administración de la nueva sesión, pues me veía muy débil, y que prefería ingresarme en el hospital, enviándome directamente a urgencias. Ese día ya empecé a pensar si no era mejor tirar la toalla, y abandonar la “quimio”. Me veía incapaz de soportar 18 sesiones de “quimio”. Si en el primer asalto había quedado hecho unos verdaderos zorros, cómo iba a estar tras 18 asaltos. Pues knock out, y sin poder llegar seguramente al final. Y total para qué, para ganar un poco más de tiempo en el reloj de arena de la vida, si es que el tratamiento era efectivo, pero a costa de tener que atravesar un suplicio, que para nada me compensaba.

Esa misma noche, bueno ya de madrugada, cuando me llevaban a la planta en la que iba a estar hospitalizado para recuperarme, iba pensando en todo eso, después de haber estado varias horas en Urgencias. Y en ese momento lo vi claro, y pensé que no valía la pena. Yo no quería algo así. Quiero vivir el tiempo que me quede, mejor dicho el que yo decida, con la mayor calidad de vida posible, dentro de un orden, para poder hacer las cosas que quiero. Entre ellas terminar algunos temas pendientes, pero también poder disfrutar de la vida, sobre todo con Ana, hacer quizás alguna escapada al cine con los amigos, darme paseos diarios, y algún extra más que luego os cuento, pero sobre todo tener tiempo para preparar la salida de este mundo en las mejores condiciones posibles, para mi y para la gente más cercana, dedicando también tiempo a despedirme de los amigos más próximos. Pensaba que no le tenía miedo a la muerte, pues es un tema que llevo pensando sobre él muchos años. Siempre había deseado poder decidir cuándo era el momento oportuno para dar ese paso, y pensaba que era el último acto de libertad y dignidad que debe tener una persona. Nunca había pensado alargar inútilmente la vida, y sobre todo en condiciones de cada vez mayor dependencia y precariedad de calidad de vida. ¡Para qué vivir así! La verdad es que no me compensaba en absoluto.

Comunicando la decisión a mis seres más queridos

Una vez tomada la decisión por mi parte el asunto era comunicarla de la mejor manera posible a aquellos que más quiero. A la primera a la que se lo comenté, por supuesto, al día siguiente (pues todos estos pensamientos los tuve de madrugada) fue a Ana. Ya le había adelantado el día anterior a ella y a una hermana muy cercana, que estaba pensando en tirar la toalla, pero había sido de pasada. De todas formas, cuando se lo comenté no le cayó de sorpresa total, pues habíamos hablado en las últimas semanas sobre estos temas. Pero en cualquier caso, fue un palo para ella, aunque me dijo que lo entendía perfectamente y que me iba a apoyar en todo lo que decidiera. Fueron momentos muy emotivos, como os podréis imaginar, pero también muy bonitos, que nunca olvidaré. Luego, se lo fui comunicando a mis hermanos, que como creo que os dije somos siete, bastante distintos, pero con una estupenda relación de respeto y cariño entre todos. Lo fui haciendo paulatinamente. Primero a mi hermana, Tito, la más cercana (aunque  todos somos una piña), a la que ya le había adelantado algo el día anterior. Le afectó mucho también, pero me dijo que me apoyaba, aunque me expresaba también que necesitaba algo de tiempo para asimilarlo. Se ofrecía también a avanzar algo sobre mi decisión al resto de los hermanos, para que cuando vinieran a verme para comentárselo yo personalmente ya estuvieran mínimamente informados. Lo cual creo que fue muy importante, pues ella tiene una habilidad especial para contar las cosas, sobre todo de este tipo. Los siguientes a los que se lo manifesté fue a mi hermana Reyes y a José Mari, mi cuñado, en cuya casa estamos viviendo Ana y yo desde poco antes de empezar la “quimio”. Me parecía de rigor, pues, además, una de las decisiones que había tomado era que quería morir en casa, no en un hospital, y más en concreto en su casa, si lo veían bien; pues es donde estamos viviendo ahora y además me parecía el mejor lugar en estos momentos para dar ese paso. Lo entendieron perfectamente (algo ya les había adelantado Tito) y es más, ellos se ofrecieron para que pudiera hacerlo en su casa sin ningún problema. Son sumamente acogedores, y para mi fue estupendo que ellos lo vieran con esa naturalidad, siendo un tema que les va a implicar mucho emocionalmente. Luego lo fui hablando con el resto de hermanos (Chiruca, Lolita, Chita y José Andrés), que aunque algo noqueados al principio, lo entendieron también y me trasmitieron que me apoyarían. Ellos mismos se lo trasladarían igualmente a mis 21 sobrinos, ya todos mayores y padres y madres muchos de ellos (¡tengo 27 sobrinos nietos!), para decirles lo que había decidido el tío Ramón. Yo les quiero mucho a todos ellos, pero prefería que se lo comentaran sus padres.

Perfilando como quería dar el paso de dejar de estar aquí

Como os podréis imaginar fueron unos días superintensos y emotivos. Además, sobre la marcha iba decidiendo la forma de cómo me apetecía hacerlo, lo que también fui comunicando a mis seres más queridos. Primero, quería ponerme en manos de la Asociación por el Derecho a una Muerte Digna (DMD), que preside el doctor Luis Montes, de la que me había hecho miembro hace algunas semanas, y con los que ya había hablado de este tema en general. Ellos me proporcionarían la forma de tener una muerte  indolora para mi y lo más discreta posible para la gente más querida y cercana que quiero que me acompañe en esos momentos. Asimismo, no quería que me llevaran a un tanatorio, una vez fallecido. No me gustan nada los tanatorios, me parecen algo de lo más frío e impersonal. Pensaba que a donde me gustaría ir sería a un sitio cálido para mí, como la sede de Ecologistas en Acción. La organización de la que soy miembro desde hace muchos años (antes de que se conformara su existencia, en 1998, pues procede de la confluencia de distintos grupos ecologistas, entre ellos Aedenat, en donde participé también desde el principio). Pero, bueno, eso era lo que yo quería, pero indudablemente tenía que proponérselo a mis compañeros y compañeras, por si lo veían conveniente y querían acoger el féretro. De allí, me imaginaba, saldría también la comitiva, al día siguiente para proceder a la incineración. La opción preferida por mi en estos momentos, pues además mi cuerpo está muy deteriorado, lo estará más en unas semanas, cuando dé ese paso, y prefería no donarlo con fines médicos. Además, como ya os había avanzado en la nota que distribuyeron hace unos días Josi y Luis (los dos amigos que están coordinando las redes de información sobre mi estado de salud, y con los que hablé también después de hacerlo con mis hermanos), lo que quiero que se haga con mis cenizas es echarlas al viento desde la Peña Sancho, en Pelegrina, y que ese acto sea una ocasión para el encuentro colectivo y la fiesta, pues la vida sigue, y es muy bella. Desde aquí, un montón de gracias a Josi y Luis por el trabajo que hacen [carta completa]
 


13/04/2011 10:09:37 Versió per imprimir

Perspectivas desconocidas sobre Google

 

Por Redacción SIC

El colectivo Ippolita, un grupo de investigación compuesto por hackers y activistas sociales, así como una comunidad de «escribientes» que tiene como fin compartir instrumentos y conocimientos entre el lenguaje del mundo digital y el lenguaje de la escritura, publicó en Internet en 2007 este título que ahora está disponible en formato papel gracias a Virus Editorial.

La presente obra, que tiene como objetivo presentar otras perspectivas menos conocidas del motor de búsqueda ideado por Serguey Brin y Larry Page, arranca con una breve panorámica sobre la historia de los search engines, examinando los momentos más significativos del avance de Google.

La compañía, que ha desarrollado una meticulosa gestión de su propia imagen con lemas como Don't be evil («No seas malo»), siempre se ha cuidado de ofrecer un perfil de «gigante blanco», que los autores de este volumen tratan de desentrañar poniendo en entredicho, por ejemplo, el sistema de asignación de votos y el uso de filtros y criterios no públicos empleados por su algoritmo de indexación de la Red, PageRank; el uso selectivo del código abierto cuyas mejoras no hace públicas; la puesta a disposición libre de sus programadores de herramientas que le permiten controlar y apropiarse del trabajo realizado con ellas; u ofrecer a sus trabajadores un 20% del tiempo de trabajo para investigaciones propias, que pasan a ser propiedad exclusiva de la empresa, entre otras polémicas cuestiones.

Asímismo, el libro enfatiza algunas acciones de su agresiva política empresarial, como el fichaje del directivo de Microsoft Kai-Fu-Lee, depositario de importantes secretos industriales, la oferta de 50 millones de dólares a AOL a cambio de romper su contrato con Yahoo!, o el paso por alto de varios episodios de censura en distintos países para consolidar su estrategia.

La obra tampoco deja pasar otras cuestiones controvertidas como la falta de privacidad frente al uso de informaciones reservadas para promover una personalización cada vez más cuidada de la publicidad por parte de Google; o la inevitable delgada línea entre lo público y lo privado, dado el ingente volumen de información personal que pasa a través del famoso motor de búsqueda.

 

Reseña publicada en SIC. Revista de Seguridad Informática y Comunicaciones, abril de 2011

 

  El lado oscuro de Google


13/04/2011 09:09:53 Versió per imprimir

Juantxo Estebaranz: «Abdennur Prado acude a las fuentes originarias del islam pero sin perder los mejores rasgos de la revolución europea»

El historiador y activista vasco Juantxo Estebaranz, reseña en TAS TAS Irratia El islam como anarquismo místico, destacando lo que de genuino tiene la propuesta de Abdennur Prado. En este sentido, Estebaranz destaca lo que de común puede tener Abdennur Prado, pese a su posición religiosa y espiritual, con muchos de los que se posicionan dentro de tradiciones revolucionarias. Aquí podéis escuchar el audio:

 


 

  El islam como anarquismo místico


11/04/2011 16:31:38 Versió per imprimir

Els ulls que tot ho veuen

Per Moisès de Pablo


Quan fan una recerca a internet, sigui de feina o de tipus privat, és ben fàcil que facin servir el cercador Google. Una empresa que des de la seva posició aparentment oberta, s’ha convertit en un autèntic imperi que s’ha menjat youtube.como amazon.com, els dos llocs de la xarxa més importants per veure vídeos o adquirir llibres. Què amaguen els directius de Google? Virus editorial està publicant una sèrie de llibres ben interessants sobre Internet, el seu impacte i diferents consideracions sobre la xarxa. No podia ser que, a escala mundial, la xarxa trastoqués la feina, les relacions socials o el passatemps del Primer Món, i això no tingués gaire reflex en el món editorial, a banda dels tutorials de torn o llibres de consulta. L’editorial, que fa llibres propis i es nodreix també de títols italians, tracta de resoldre aquesta mancança.

El lado oscuro de Google ens parla d’una empresa nascuda en un garatge, per part de dos enginyers, Larry Page i Sergei Brin, que com els aventurers del salvatge oest (s’han fixat que l’esperit de l’emprenedor és gairebé el del conqueridor del Wild West?), han modificat el món de la recerca de dades gràcies a l’algoritme Page Rank, el gran secret de la casa. Hi ha un abans i un després de Google a la xarxa, perquè els seus competidors, se’ns diu, com el gegant Yahoo que ha quedat petit, mai han disposat d’aquesta capacitat de Google per dirigir una publicitat encoberta. El text l’anomena capil·lar, diferenciada per a cada internauta, i per fer del petit ingrés de molts milions de persones, grandíssims beneficis econòmics.

Sota Ippolita hi ha un col·lectiu italià que estudia la xarxa: és significatiu que l’autor o autors no donin el seu nom. Por a represàlies? El capitalisme tou, com l’anomenen els autors, que defensa Google està basat en una mena de paternalisme dels empresaris: els treballadors de Google tenen piscina a les oficines, hi ha restaurants gratuïts, aula de jocs, s’improvisen partits de tota mena als pàrquings. És fer d’una consideració normal (no es pot estar 8 hores seguides davant d’un ordinador) una gegantina campanya de màrqueting favorable. Però, segons se’ns diu, Google també té una sèrie de punts foscos a considerar.

Aquest llibre és del 2007: en aquest interval, la megacompanyia, que sempre ha presumit de vendre sense fer mal o de no ser monopolística, s’ha menjat amazon.com, la plataforma de venda de llibres més important del món, s’ha dedicat a escanejar les nostres ciutats del planeta per traçar un megamapa global, ha adquirit Youtube, la plataforma més gran de vídeos mundial. I no contents amb això, han endegat una campanya per escanejar milers i milers de llibres. És com si el mite de la biblioteca d’Alexandria s’hagués reencarnat en una empresa que resulta perillosa, no només per la quota de mercat que ha adquirit, per com coneix els gustos i recerques dels seus usuaris, sinó per l’ús que es pot fer d’aquesta informació, i com s’ha ramificat per Internet, fins a convertir-se en el gran rival de Microsoft.

Google no ha dubtat a sotmetre’s a la censura xinesa per guanyar un 25% més del mercat mundial d’internautes, ha «robat» executius d’altres empreses, comportant-se igual que aquest capitalisme dur que diu rebutjar. Pel que diu Ippolita, fins i tot van amagar informacions d’ecologistes que atacaven els interessos d’alguns dels seus accionistes principals en una operació urbanística al Carib que amenaça l’ecosistema.

No se sap fins a quin punt Google se sotmet al control de les agències de seguretat nord-americanes. Fins a quin punt aquest monopoli serveix pel control o potencial espionatge a la xarxa? Sempre s’ha dit que la informació és poder, avui qui reparteix les cartes de la informació, qui les ordena, és totpoderós.

 

Ressenya  publicada al suplement Accents del Diari de Girona, l'1 d'abril de 2011

 

  El lado oscuro de Google


11/04/2011 16:09:32 Versió per imprimir

Contra la religió de la islamofòbia

En defensa d’Abdennur Prado i contra la persecució mediàtica dels musulmans

 


La publicació el passat 24 de març d’un article d’Abdennur Prado al portal webislam.com, titulat “Tindran el seu 11M”, ha desencadenat una abjecta i injustificada persecució mediàtica contra el seu autor, sostenible només si l’anàlisi es limita a la lectura superficial del títol i, sobretot, si s’ignora o s’oculta voluntàriament la trajectòria de l’actual president de la Junta Islàmica Catalana. Qualsevol que llegeixi el text entendria que el títol no pretén ser ni una predicció ni una amenaça, sinó que empra l’11M com una clara representació dels desastres i les conseqüències de la guerra, que novament s’obre camí a Líbia sota pretextos humanitaris, mentre alguns dels seus partícips àrabs són còmplices o col·laboradors directes de la repressió a Bahrain o el Iemen.

Titulars com «Una web islàmica adverteix a Zapatero que" tindrà el seu 11M "per atacar Gadafi» (El Mundo) o "Un activista islàmic català avisa el Govern que tindrà el seu 11-M per actuar a Líbia» (La Vanguardia), tergiversen el sentit de l’escrit fent-hi creure que s’està llançant una amenaça, quan el que se’n desprèn nítidament és un profund lament davant de qualsevol expressió de violència. Com ha hagut d’explicar Abdennur Prado aquests dies fins a la sacietat, el sentit fonamental de l’article es refereix, precisament, a l’11M que en els últims dies està patint el poble libi, sotmès a bombardejos pels mateixos governs occidentals que van alimentar d’armes el tirà que els sotmet. Una expressió clara i oberta d’indignació davant el fariseisme i la hipocresia d’una autodenominada “comunitat internacional” que vol penjar-se medalles amb la cara d’un fatxenda que ahir afalagava, mentre segueix mantenint relacions de privilegi amb règims totalitaristes com els del Marroc, Algèria o l’Aràbia Saudita. La indignació mostrada per Abdennur Prado és la mateixa que, manifestada de maneres diferents, molts compartim i fem pública des de la impotència dels qui no tenim el poder i, per tant, dels qui no disposem de res més sinó de la paraula al paper i del crit al carrer per denunciar i intentar frenar aquesta misèria ètica i política.

La trajectòria personal, ètica i intel·lectual de l’Abdennur Prado està molt per sobre d’aquells i aquelles que ja estan mostrant el seu miserable acatament moral en manipular aquesta indignació seva per dibuixar-ne la caricatura d’un integrista, inconcebible per a qualsevol que conegui tant la seva bibliografia com la seva activitat militant. Quan la Pilar Rahola presenta n’Abdennur Prado com un llop amb pell de xai i suggereix juntament amb Alfonso Ussía de cremar a l’heretge a la pira de la Fiscalia General de l’Estat, o quan Josep Cuní pregunta al seu entrevistat si la seva actual estada a Còrdova té a veure amb la reconquesta d’Al-Àndalus, practiquen un periodisme de carnassa que explota i difon de manera irresponsable l’odi irracional als musulmans, des de la suficiència infantil dels qui s’han acostumat a provocar incendis quotidianament, sense reparar-ne en les conseqüències. Defensor actiu de la igualtat de la dona o de la legitimitat i de practicar l’homosexualitat a l’islam, intolerant amb qualsevol ús de l’islam com a pretext per a accions violentes i defensor d’una pràctica religiosa allunyada de jerarquies clericals, només manipulant les seves paraules i esborrant de la manera més barroera tot el treball dut a terme per ell durant una dècada en diferents àmbits, es pot concloure que les seves paraules pretenen fomentar o avisar de qualsevol atac.

El problema, però, és que aquesta reacció automàtica i fulminant de la majoria dels mitjans de comunicació és el fruit d’una islamofòbia metòdica que aprofita qualsevol escletxa per agitar el fantasma del “perill musulmà”. L’ús tergiversat i populista del títol d’aquest text és el fruit d’un clima sostingut d’estigmatització i sospita, en què tant els actes com les paraules de qualsevol musulmà se sotmeten a judici sota un prisma profundament paranoic d’acord amb el qual no té la menor importància el sentit literal o simbòlic que els dóna qui parla, sinó la reproducció permanent d’una interpretació de la vida col·lectiva segons la qual a l’islam rau la llavor de la violència. Seguint els preceptes moderns del neoracisme, entossudits a subtituir la vella idea de raça –un concepte sense cap base científica–, per una interpretació essencialitzadora del concepte de cultura o del concepte mateix de religió, l’univers ampli de l’islam apareix com el boc expiatori sobre el qual projectar la raó dels problemes que pateix la nostra societat sota el capitalisme.

Aquesta estigmatització, que sí que conté una agressió i una violència mediàtica de caràcter sistemàtic, és l’espiral en què avui ha caigut Abdennur Prado, al qual el seu caràcter de personatge públic li ha permès mal que bé defensar-se com ha pogut dels atacs, però que cada dia recau com un bombardeig sistemàtic sobre milers de musulmans anònims per part, precisament, d’aquell que no hi conviuen. Uns musulmans als quals no només se’ls nega el dret a la legítima defensa, sinó que se’ls despulla de la presumpció d’innocència, si no, directament, de la presumpció d’humanitat que permet reconèixer-los com a semblants.

El procés a Abdennur Prado és, per tant, un símptoma i un reflex d’un clima d’hostilitat que ja s’ha vist reflectit en centenars de detencions i condemnes a anys de presó preventiva de suposats terroristes finalment absolts, i que, a cada moment, es reflecteix en textos periodístics i acadèmics que atien l’animadversió el subjecte musulmà, convertit en el principal dels dimonis contemporanis. Això ens obliga a reaccionar a temps, i més que a donar suport i a ratificar la dignitat de qui avui és víctima d’aquest atac, ens mou a defensar tots aquells que han patit, pateixen i malauradament patiran, una criminalització que ja forma part de l’armadura ideològica del poder estatal i de les representacions socials i mediàtiques dominants. Poques lluites hi ha avui tan humanistes com la defensa dels musulmans davant de la religió de la islamofòbia.

Alberto López Bargados (antropólogo), Benet Salellas (abogado), Colectivo editorial Virus, David Fernández (periodista), Gerard Horta (antropólogo), Periódico Masala, Toni Serra (miembro del Arxiu de Vídeo OVNI), Beatriz García-Quesada (profesora, traductora e intérprete), Unión de Mujeres Musulmanas de España, David Karvala (activista antiguerra i antifeixista), En Lluita, Ismael L'aziri Botifoll, Sandra Campañón, Joan Miquel Lorente González-Yahya, Josep María Navarro (President de SODEPAU), Soledad Romero Cela, María Teresa Carbajo García, José Luís Expósito, Álex Muñoz, Santiago López Petit, Carmen del Río Pereda, Helena Gutierrez Espí, Asociación Intercultura de Melilla, Gala Pin Ferrando, Esther Alonso, Rubén Rebollo Pérez, Marta García Quiñones, Daniel Alcalde Güelfo, Antonio García Espada, Mariano Juan Mayans Sampietro, Antonio Gabriel Ruíz Jiménez, Muhammad Escudero Uribe, Milagros Beltrán, Centro Cultural Islámico de Albacete, Lluís Mauri i Sellés (escritor i blogger), SODEPAU, Rogelio López Cuenca, Ahmed Kayoua, Zakiya Boudi, Ramon Grosfoguel (Profesor, Universidad de California en Berkeley), Ndeye Andujar (vicepresidenta de la Junta Islámica Catalana), Javier Belda (periodista y analista del Centre de Recerca HumanismeEmergent.org), Jorgelina Barrera (Documentalista y miembro del Archivo Observatorio Sur), Patricia Fernández Carmona (diseñadora gráfica), Jaled Ibarra, Gerardo Moreno González, Yusuf Rodríguez, Forn de teatre Pa'tothom, Pedro Burruezo (periodista, músico y compositor), Abdou Mawa Ndiaye Ndaw, Asociación Socio-Cultural Nurain de Canarias, Cristóbal Cervantes, Tamara Ruiz (miembro de En Lucha), Amina al Yerráhi, Miquel Àngel Sòria (Director de la revista D'un roig encés), Simona Levi, Sáleh Abdurrahim 'Isa (Poeta y trabajador social), Albert Molina, Rashida Jenny Torres, Albert Moliner Fenández (doctor en Teología), Hashim Cabrera, Osmel R. Valera d’Abela, Agustín Velloso Santisteban, Manuel Jiménez Sanaa, Félix Amín Herrero, Asociación Al-Ándalus de Málaga, Yusuf Cadelo (Presidente Sociedad Mediterránea para el Diálogo y la Cooperación), Muhammad Escudero Uribe, Asociación De Amigos Del Pueblo Marroquí (Itran), Daniela Ortiz de Zevallos, Eva Legido Quigley, Miguel Sanz Alcántara (miembro del Sindicato Andaluz de Trabajadores/as -SAT- y militante de En Lucha), Gerardo Pisarello, Pau Alarcón (sociólogo y miembro de En lucha), Ada Colau Ballano (membre de l'Obsertatori dels drets humans DESC), Observatori dels Drets Socials, Econòmics i Culturals (DESC), Jorge Sánchez Jiménez (activista social), Iñaki Errazkin (periodista y especialista universitario en Derechos Humanos), Gorka Ramos Hervella (psicoterapeuta), Nuria Vidal de Llobatera, Nuria Enguita Mayo, Daniel Bravo Nieto, Pablo Romero Noguera, Florenci Guntín Gurguí, Albert Folch (membre de SODEPAU), Maria Dolores Fuentes Orta, Carolina Ojeda Marulanda, Mireia Vehí Cantenys, Nuria Vila, Cristina Lena Fombuena, Lola López (antropóloga), Camilo Morales Neisa, Gregorio Moradas Larín, Jesús Ruíz, Nadja Monnet, Doris Boria Bueso, Carme Mayugo i Majó, Inmaculada Postigo Gómez

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31/03/2011 08:48:51 Versió per imprimir

«El islam ha sido transformado paulatinamente en una religión al servicio del poder»


Por Carlos Valdés

Presidente de la Junta Islámica Catalana, director del Congreso Internacional de Feminismo Islámico y editor de Webislam, Abdennur es autor de libros y artículos sobre feminismo, derechos civiles, persecución a las minorías... En su último libro, El Islam como anarquismo místico (Virus editorial), Abdennur propone una perspectiva diferente desde la que observar la realidad y trabajar con ella: frente a oposiciones ficticias generadas y mantenidas por y desde el poder (amigos/enemigos, propio/ajeno, lo occidental/lo islámico, etc.), ofrece una visión conflictiva y, por tanto, no cerrada.

En el libro relacionas términos como ‘sometimiento’, ‘siervo’, ‘entrega’, con ‘ayuda mutua’, ‘resistencia’, ‘colectivismo’, ‘oposición a estructuras de poder’, etc. ¿Cómo llegaste a captar esa relación entre islam, anarquismo y mística?
La relación entre islam, mística y anarquismo se me presenta de forma natural, es algo que comparto con muchos musulmanes. Al afirmar que el islam es la relación directa que existe entre Al-lâh y cada una de las criaturas, estamos proponiendo una vía mística, que no pasa por ninguna mediación instituida. Para acceder a la ‘fuerza matriz’ que mueve el universo no necesitamos de iglesias, ni de consejos de ulemas, ni de sacerdotes... No aceptamos como absoluto ningún poder humano, ningún saber humano, ninguna ley humana... Podemos aceptarlos por necesidad, pero sabiendo que se trata de meras convenciones. Me entrego a Al-lâh y en esa entrega me libero, en la medida en que lo hago desde mi propia capacidad y entendimiento. Ése es el radicalismo al que el islam nos invita: asumir la libertad del hombre del desierto. Y convivir con el resto de las criaturas desde esa entrega, desde esa conciencia, desde esa libertad. No hablo de grandes teorías, sino de un gesto cotidiano.

Al hilo de la crítica de Bakunin a la religión, apuntas que se trata de una crítica a su orden jerárquico, de inspiración eminentemente cristiana. ¿No se da esta ligazón entre religión y Estado en los países de mayoría religiosa musulmana?
¡Por supuesto que se da! La connivencia de hombres religiosos con el poder mundano es un arquetipo universal, de la cual no se libra ninguna tradición. Ni siquiera el islam, que en teoría surgió para erradicar dicha connivencia... Consejos de ulemas, clérigos al servicio del poder, y sus consecuencias: violencia religiosa, machismo, homofobia, patriarcado, discriminaciones hacia las minorías... Todo eso se produce hoy en día en nombre del islam. El islam ha sido transformado paulatinamente en una religión al servicio del poder. Por eso considero tan urgente volver a lo básico, a realizar la experiencia de la revelación, aquí y ahora, y recuperar la naturaleza anarquista y libertaria del islam. Y, muy especialmente, el discurso de igualdad social y de lucha contra la opresión que está en su origen. Por eso, creo que es muy sano para el islam contemporáneo el aplicarle la crítica atea de la religión. Aunque para nada nos sirve ese materialismo zafio que reduce al ser humano a un consumidor-productor, y que hoy en día es el mejor aliado de la globalización corporativa.

Al capítulo “La revelación como revolución” objetaría que la revelación es individual y la revolución colectiva. Esa tensión entre lo individual y lo colectivo que hay en el anarquismo, ¿se da también en el islam?
Antes que la gallina y el huevo, esta Al-lâh. Es decir: la ‘realidad’ es una, pero nuestra percepción lineal y fragmentada no logra captar la totalidad de los procesos. Estamos separados por nuestros egos limitados, por nuestros egoísmos, y no somos capaces de reconocernos en el otro. Por eso necesitamos de la revelación: entrar en comunicación con la ‘realidad’ directamente. En este sentido, la revelación es aquella fuerza capaz de romper con nuestro solipsismo de criaturas, y ponernos a disposición los unos de los otros. La tensión entre individuo y colectividad se resuelve en la comunidad, como espacio en el cual cada individuo ocupa su lugar de forma natural. Esa es la prueba de fuego de que realmente hemos abandonado nuestros egoísmos, sin renunciar a ser lo que somos. Por eso es tan importante oponer la idea de comunidad a la idea del Estado, o de macro estructuras de poder en las cuales somos devorados por la masa.

Aparte del interés y las ganas de debatir que despierta su lectura, ¿qué crees que puede aportar el Islam como anarquismo místico al debate sobre las luchas antiautoritarias?
Sería pretencioso para mi pretender aportar algo... En cualquier caso, desde una óptica libertaria siempre existe un placer en dinamitar tópicos, en hacer saltar en pedazos barreras mentales heredadas, y hacer surgir nuevas posibilidades. Por mi parte, cada vez tengo más claro que lo que distingue a los seres humanos no es si se consideran o no creyentes, ni las etiquetas mediante las cuales nos “identificamos”. Tengo claro que diferentes anarquistas son más dignos representantes de los valores del islam que muchos supuestos musulmanes. Y he visto una auténtica conciencia libertaria en comunidades musulmanas que ni siquiera sabían que eran anarquistas...

 

«EL CORÁN NO DICE NADA SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD»

¿Cuál es el estado de salud del movimiento feminista islámico? ¿Qué tareas desempeñas como codirector del Congreso Internacional de Feminismo Islámico?
El feminismo islámico es una realidad emergente. Ahora se trabaja en varias direcciones: re-lectura del Corán con perspectiva de género, concienciación y divulgación entre las bases, reforma de los códigos de familia patriarcales, fortalecimiento de redes transnacionales, colaboración entre feministas creyentes y no creyentes, etc. Se trata de una tarea inmensa, imposible de resumir aquí. Como codirector del Congreso, me limito a actuar como posibilitador. No tratamos de presentar el feminismo islámico como un movimiento monolítico, ni corroborar nuestra visión previa mediante la selección oportuna de ponentes, sino de reunir diferentes perspectivas y contextos.

¿Qué dice el Corán de la homosexualidad?
A pesar de lo que se pretende, insisto en que el Corán no dice nada sobre la homosexualidad... Es cierto que tradicionalmente se han interpretado los pasajes sobre el pueblo de Lot como una condena a la homosexualidad, pero esto no resiste el más mínimo análisis. Primero, porque el Corán no menciona el amor entre dos hombres, sino la promiscuidad sin freno y la violación. Hay algunos que confunden lo uno con lo otro, pero con ello tan sólo demuestran hasta qué punto los prejuicios heredados se proyectan sobre la lectura del Corán. Por otro lado, hay algunos versículos coránicos que permiten intuir una aceptación de la homosexualidad.
 

SOBRE WEBISLAM

«Webislam es un ejemplo de muchas de las cosas que he tratado de plasmar en este libro. No se trata de militancia anarquista, sino de una comunidad interpretativa, basada en la hermandad y en la ayuda mutua, en la cual no existen jerarquías artificiales. Desde esta plataforma hemos sido capaces de elaborar un discurso islámico contemporáneo, creativo y crítico tanto con el poder constituido como con las estructuras religiosas conservadoras. De ahí tanto la atracción como la rabia que genera... Webislam es el marco en el cual se ha desarrollado mi visión del islam como anarquismo místico».

 

Entrevista publicada en Diagonal n.º 145, 16 de marzo de 2011

 

  El islam como anarquismo místico


23/03/2011 11:27:47 Versió per imprimir

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