Walden Bello: «La crisis va a ser global»

Por Gloria Martínez

Walden Bello (Manila,1945) estudiaba sociología en la Universidad de Princeton, Estados Unidos, a comienzos de los 70 cuando comenzó su activismo político convirtiéndose en una de las figuras destacadas del movimiento internacional tanto para restaurar la democracia en Filipinas como de la Coalición contra la Ley Marcial decretada por Ferdinand Marcos para seguir siendo presidente. Fue arrestado en varias ocasiones y en 1978 fue encarcelado por las autoridades estadounidenses por participar en la ocupación pacífica del consulado filipino en San Francisco; fue excarcelado tras una huelga de hambre con la que denunció las violaciones de los derechos humanos en su país natal.

En la conversación que mantenemos con él, vía Skype, se le ve cansado. Ha estado realizando trabajos de ayuda en Manila donde las inundaciones de los pasados días causaron la muerte de más de 60 personas y más 360.000 desplazados. Fueron consecuencia de las lluvias monzónicas que según expertos de las agencias internacionales, se han agravado por el chabolismo y la acumulación de basura en el alcantarillado.

PH: ¿Cómo está la situación?                                                                                                  

WB: Está mejor porque el tiempo ha mejorado. Básicamente se ha producido por el cambio climático.

PH:Usted fue miembro de Greenpeace Internacional en la región Sudeste asiático y su libro sobre la destrucción ambiental en Tailandia fue ampliamente divulgado y premiado. ¿Cuál es la relación entre la crisis financiera y la medioambiental?

WB: Las dinámicas de la globalización , del capitalismo, han contribuido a la crisis medioambiental en gran medida. Cuando miramos al capitalismo y su relación con la naturaleza, vemos que la naturaleza viva se ha convertido en productos muertos a causa de intereses privados, creando un enorme desperdicio en el proceso. Las crisis financiera, alimentaria y medioambiental están muy relacionadas con las dinámicas del capitalismo y la globalización.

PH: A lo largo de su carrera ha escrito numerosos libros como Food Wars. Crisis alimentaria y políticas de ajuste estructural (Virus Editorial), en el que detalla los orígenes de la llamada “crisis alimentaria” y los mecanismos que han contribuido a profundizarla como el ajuste estructural, el libre comercio y las políticas encaminadas a desviar los  excedentes de la agricultura hacia la industria. Hablábamos de la vinculación de la crisis económica con la medioambiental pero, ¿cuál es su relación con la crisis alimentaria?

WB: Las dos crisis forman parte de una crisis mayor, la de la globalización. La crisis alimentaria fue creada por la globalización de la producción de los alimentos, por las corporaciones, por la introducción de nuevas políticas en la producción de alimentos especialmente en los países en desarrollo. Las dos crisis, económica y alimentaria, están ligadas a las políticas del nuevo liberalismo que van en detrimento de muchos sectores de la sociedad como los pequeños agricultores y consumidores (en el caso de la crisis alimentaria) y de la clase media (en el caso de la crisis financiera).

En 2008 fue el peor momento por el aumento en más de un 300 por cien de los precios en sólo tres meses.

PH: Ahora la FAO está advirtiendo sobre una nueva crisis alimentaria, ¿cómo ve la situación?.
WB: Sí, hay una gran amenaza. Los precios están ascendiendo de nuevo y el cambio climático está afectando mucho más las dinámicas de producción: incendios, inundaciones… Se puede ver esa relación de la que hablábamos entre la crisis medioambiental y la alimentaria, la crisis de la agricultura. No puedo pronosticar cuánto van a subir los precios pero sí que vamos a ver otra subida desmedida.

PH: ¿Qué opinión tiene de la Política Agraria Común (PAC) de la UE y su reforma el próximo año?
WB: La PAC se tradujo en políticas muy determinantes, especialmente en los países en desarrollo y en África. Se dieron grandes subsidios favoreciendo el interés de los grandes productores, se creó el incentivo del dumping (establecer precios más bajos que los gastos de producción en el país al que se va a exportar)… La liberalización del comercio permitió que la carne de vacuno subvencionada y barata de la UE entrase en África arruinando a los ganaderos de muchos países del África occidental y meridional. Lo mismo pasó con el cereal. La PAC tampoco creo que vaya a ayudar a los pequeños agricultores europeos, aunque destruya las naturales dificultades que tienen los agricultores en los países en desarrollo para competir en los mercados debido a los subsidios y al dumping. Los subsidios están para ayudar a los grandes agricultores no a los pequeños.

PH: La agricultura ecológica, ¿es una de las soluciones para salir de esta crisis?.
WB: Creo que sí, es mucho mejor a nivel medioambiental, es menos intensiva. Es social y medioambientalmente positiva, sobre todo en interés de los pequeños agricultores. Al mismo tiempo creo que aunque el precio de los productos ecológicos puede ser superior, son más rentables en términos de salud. Muchas corporaciones están incorporando productos ecológicos a sus marcas: en la medida que se convierte en rentable, se empieza a integrar en el sistema de agronegocios dominante. Las grandes corporaciones de agricultura son muy inteligentes  captando tecnología para aumentar la productividad pero no se puede hacer solo solo cambios en tecnología, también has de hacerlos en dirección, en la estructura de producción… para que sea más igualitaria.

PH: En el libro relata las consecuencias de la Revolución Verde en Latinoamérica, África y Asia, ¿quedan secuelas?.
W. B.:La Revolución Verde creo desilusión por toda la dependencia química en la agricultura. Aumentó la producción pero también los conflictos sociales sobre todo en Asia e India donde la tierra fue acaparada por los grandes agricultores que eran los que se la podían permitir en mayor medida la dependencia química y tecnológica. Lo que la Revolución Verde creo, entre otras cosas, fue la disminución de los pequeños campesinos.

PH: Comenta en el libro que la agricultura africana «es un caso ilustrativo de cómo la economía doctrinaria puede destruir la base productiva de todo un continente». ¿El  acaparamiento de tierras y la especulación están relacionados?

WB: Sí. África no es que fuera autosuficiente en alimentos sino que exportaba una media de 1,3 millones de toneladas de alimentos entre 1966 y 1970. Hoy, importa el 25 por ciento de los alimentos que consume y casi todos los países del continente son importadores netos de alimentos. En el libro explico que en África, el BM y el FMI realizaron una gestión a nivel micro, llegando a tomar decisiones sobre a qué velocidad debían eliminarse las subvenciones, a cuántos funcionarios había que despedir e incluso, como en el caso de Malawi, cuántas reservas de grano debían venderse y a quién.

 Ahora empezamos a ver que países con escasez de tierras que están comprando o alquilando tierras en otros países para exportar, como Qatar en África. Esto es muy desestabilizador porque los agricultores de estos países, especialmente los pequeños, se convierten en productores para los países ricos; la especulación en la tierra se traduce en especulación financiera.

PH: Eric Hobsbawn, (La Era de los extremos, 1994) escribió que «la muerte del campesinado era el cambio más dramático y de mayor alcance social de la segunda mitad de este siglo» que «nos distancia para siempre del mundo del pasado». Pero como usted comenta en el libro, «los campesinos se han resistido a desaparecer sin más», muestra de ello es la creación en 1993 de Vía Campesina.
WB: Sí, tanto en el Sur como en el Norte, los agricultores y muchas otras personas intentan huir de los caprichos del capital reproduciendo la condición campesina, regresando al campo y poniéndose a explotar un recurso básico limitado independiente de las fuerzas del mercado. La emergencia de una agricultura urbana, la creación de redes que conectan a consumidores y agricultores dentro de una región determinada…es lo que Jan Douwe Van der Ploeg califica de movimento de «recampesinización».

PH: Trabajó en el Instituto para Políticas de la Comida y el Desarrollo (Institute for Food and Development Policy), fue presidente en Filipinas de la coalición Coalición para la Libertad de la Deuda (Freedom from Debt Coalition) y ha participado en numerosas movilizaciones contra la Organización Mundial del Comercio (OMC), eventos antiglobalización, foros sociales y cumbres alternativas. ¿Qué opinión le merece el actual movimiento ciudadano español 15M?
WB: Tiene mucha importancia. Lo que hay en Europa es una crisis del capitalismo, de la globalización, es la peor crisis desde la Gran Depresión. Por culpa de la irresponsabilidad de los bancos ahora tenéis las imposiciones de los programas de austeridad en toda Europa pero principalmente en el Sur, en países como Grecia o España donde se han cortado las posibilidades de crecimiento.La respuesta de la gente, los movimientos de los indignados y de Occupy Wall Street, son muy positivos. Es solo el primer paso.

PH: ¿Cuáles son los siguientes?.
WB:La gente se está empezando a dar cuenta de que tienen que organizarse más, no solo localmente, también nacional e internacionalmente. Tienen que conectarse con otras fuerzas, incluyendo las  que estuvieron en el seno de los movimientos antiglobalización en los 90. Para ser efectivo hay que trabajar mucho más en red pero desde la flexibilidad. Tanto Occupy como los Indignados crearon una gran energía que dará lugar a trabajo más organizado, a un pensamiento más profundo sobre la crisis. En los últimos cinco años parecía que la crisis era solo en Europa y EE.UU. y no afectaba a Asia pero ahora estamos empezando a ver que aumenta la población en China e India, y Brasil está empezando a caer porque continúa aumentando su dependencia del mercado europeo y estadounidense. Lo primera cara de la crisis fue el colapso en Wall Street, la segunda se vio en Europa y la  tercera será que las economías asiáticas incluyendo China van a empezar a pararse, en los próximos años. La crisis va a ser global.

PH: ¿Cree que la crisis puede acabar con el capitalismo?
WB: No estoy seguro de si usaría esos términos pero lo que está claro es que no podemos continuar con el mismo dominio de las corporaciones y el mercado, que es lo mismo porque el mercado está controlado por las corporaciones. Es cierto que se puede hablar de una economía postcapitalista. El mercado no tiene que desaparecer porque puede desempeñar un papel distinto, apoyando a los grandes valores de la sociedad.

PH: Hay quien piensa que la crisis es una oportunidad para el cambio, ¿lo comparte?.
WB: Hay que ir más allá del neocapitalismo liberal para ser capaces de satisfacer las necesidades de la gente. Se le llama democracia social, democracia popular, socialismo….el nombre da igual. Todas comparten la visión de que el mercado debe controlarse, el Estado tiene que jugar un rol diferente…  y los movimientos y la sociedad civil tiene que tomar el liderazgo para ser capaz de transformar una economía basada en los beneficios y la competición a una economía que se base en la cooperación y persiga el bienestar general;  que la economía se transforme y pase de servir a unos pocos a servir a la mayoría.  La gente ve la importancia de los valores de justicia, solidaridad, comunidad…

PH: En España, hacen unos días,miembros del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), se llevaron sin pagar comida de varios supermercados para alimentar a gente necesitada. ¿Cómo lo interpreta?.
WB: Creo que pasará más veces. Es una señal que te indica que las cosas no pueden seguir por el viejo camino. Estas acciones son muy importantes en términos de movilización de la gente pero no creo que sean la solución. La solución tiene que ser transformadora en términos de estructuras económicas, de cambiar las relaciones de producción. Esto son acciones simbólicas pero que no cambian mucho la situación. Hay que pensar mucho sobre la naturaleza de la crisis, pensar en realizar cambios, ser capaz de organizarse y tener un programa de acción, acciones globales, no solo locales.

PH: En  2001 recibió el premio Suh Sang Don, concedido por las ONG asiáticos, y en 2003 fue galardonado con el Right Livelihood Award (también conocido como premio Nobel alternativo) por “sus destacados esfuerzos para formar a la sociedad civil sobre las repercusiones de la globalización y sobre cómo poner en prácticas alternativas”. ¿El mundo necesita más luchadores?, ¿es optimista?
WB: Sí soy optimista porque no tengo opción. No tenemos otra opción que luchar, no tenemos garantizada la victoria pero tenemos que seguir intentándolo con todas las opciones a nuestro alcance. No hace falta que siempre tengamos claro dónde vamos o si nuestra estrategias son las correctas o no, lo importante es estar comprometido. No pasa nada por cometer errores. Mi experiencia es que se aprende cometiendo errores, lo importante es no cometer los mismos dos veces.

 

Entrevista publicada en Periodismo Humano el 20/08/2012

 

 

  Food Wars


05/09/2012 08:56:55 Versió per imprimir

David Graeber i Barcelona

Trobada amb l'antropòleg, fill de brigadista internacional destinat a la ciutat

Per Andreu Barnills

Vaig tenir el dolç plaer de conèixer David Graeber, l'home que ha canviat la manera de pensar sobre l'economia de milers de persones a través del llibre The Debt. Em vaig trobar amb un home ben conservat d'uns cinquanta anys, cara de tímid, i ulls de geni, en una trobada al bar Dante del West Village. Graeber venia del gimnàs i anava carregat de llibres. Mens sana in corpore sano. Per sorpresa meva em va explicar que és fill de Kenneth Graeber, brigadista internacional que va venir a Barcelona a lluitar contra el feixisme l'any 1936. Per més sorpresa encara, Graeber sabia dir algunes paraules en català, que son pare s'havia endut de Barcelona i que ell encara recordava. Les va pronunciar en la llengua del Noi del Sucre: «Setze jutges mengen fetge d'un penjat». Jo no hauria dit millor.

Graeber em va dir que son pare va quedar sorprès per la revolució dels anarquistes, tot i que ell no n'era. A Graeber pare va interessar-li molt la creació de les noves formes de moneda que, filles de la revolució, van aparèixer a Catalunya. Aquells homes sabien que si vols canviar el món, has de canviar d'economia: 'El meu pare en guardava exemples, d'aquells vals de compra que circulaven entre les col·lectivitzacions. Fins i tot en va escriure articles i un llibre, d'aquell paper moneda. Tot s'ha perdut o venut. Un desastre!' Em vaig adonar aleshores que això d'estudiar l'economia Graeber ho porta a la sang. Vam parlar de la crema d'esglésies a Barcelona, i quan vaig dir-li que potser no tenien res a veure amb la religió, sinó que podia ésser un exemple més de deutors cremant arxius del deute, que ell ha estudiat tant, se li van obrir els ulls, plens d'interès. De fet, vaig dir-li, l'església era una gran propietària de terres i edificis des de feia segles. Potser era un exemple més de la guerra entre deutors i creditors. Res a veure amb la religió. Qui sap.

El concepte de deute va centrar la trobada, evidentment. Una de les tesis centrals del seu llibre és que el deute és un concepte econòmic i moral a la vegada. Sobretot és un concepte moral. La frase «els deutes s'han de pagar» té una força moral extraordinària. A tots plegats, acceptem-ho, ens sembla horrorós que algú no torni els deutes: ho considerem una falta d'ètica. No ho tolerem en els altres, per immoral i, si ens passa a nosaltres, ens n'avergonyim. En canvi, si t'hi fixes una mica, això del deute no està tan clar com sembla. Jo, gràcies a ell, n'he afinat la visió.

En el seu llibre descriu escenes realment espectaculars. Per exemple, parla del cas del deute d'Haití respecte França. Després de perdre la guerra, França va reclamar un deute a Haití en concepte de les despeses militars i, després de la derrota, per haver perdut les plantacions que hi havien construit. T'ho imagines? Que et reclamin un deute per les despeses militars que han tingut quan et volien ocupar! Doncs això va passar el 1804 i dos-cents anys després Haití encara ho paga. Tota la comunitat internacional, per cert, hi està d'acord. D'aquest robatori en tota regla només va caldre dir-ne 'deute' perquè ara, molta gent, només escoltar la paraula us respondran: «Home, si tenen deutes que els tornin. No et fot!»

Converteix un robatori en un deute i tindràs la massa de la població al teu costat. Segur que vosaltres també coneixeu casos més propers, de gent que posem per cas deu 100.000 euros a la Caixa per un pis de 40 metres quadrats a Ciutat Meridiana. Potser té aluminosi i tot. Doncs va i la gent troba del tot normal que hagin de tornar el deute, peti qui peti, i en plena crisi. Fins i tot si això implica que la nena deixi d'anar a la universitat, l'àvia s'hagi de posar a treballar i el marit, desbordat, s'alcoholitzi. Si els observes la injustícia del cas, et diran: «Home, els deutes s'han de tornar, no et fot!».

Graeber acaba de tornar d'un viatge per Europa, on ha presentat el seu llibre a Alemanya. El cas del deute europeu li interessa especialment: «Tothom reconeix que alguna mena de cancel·lació del deute acabarà passant. No crec que els grecs ho paguin tot, per exemple. Ara, hi ha una tensió entre l'imperatiu ideològic de mantenir la idea del deute com a concepte moral, "els deutes s'han de pagar" (que és una de les armes ideològiques més potents del liberalisme) i la visió més pragmàtica, que busca maneres d'evitar que el sistema s'enfonsi. Dubten entre aquests dos imperatius. Jo sempre he cregut que prioritzen l'imperatiu ideològic, moral, per damunt de la visió pràctica, econòmica. Bàsicament quan el liberalisme ha de triar entre fer del capitalisme un imperatiu moral i ideològic (els deutes s'han de pagar!) o fer-ne un sistema viable, sempre escullen la moral». Viam com acaba, aquesta tensió entre la moral i la visió pràctica.

Quan ja marxàvem, no vaig poder evitar de preguntar-li si havia visitat mai Barcelona, on son pare havia lluitat. Ho farà per primera vegada aquesta tardor, quan Ariel presenti el llibre en castellà. Vaig dir-li que es trobaria un país més independentista que mai: «Ho desconeixia i ho trobo molt interessant. He de dir que la meva visió sobre aquesta qüestió ha canviat molt. Jo solia estar en contra de la destrucció dels països grans, potser per una visió internacionalista del fet nacional, i de la globalització. Però he canviat molt a través de gent del Quebec que conec, de la minoria anglesa. Ara em diuen que durant el darrer any la minoria anglesa s'ha fet independentista. Es veu que prefereixen ser la minoria d'un estat sa que no pas formar part de la majoria en un estat boig».

Com a casa, tu. Em vaig trobar com a casa amb aquest home. Quin plaer!

 

  Fragmentos de antropologia anarquista


25/07/2012 12:35:50 Versió per imprimir

Especulación vs. soberanía alimentaria

Por Maria José Esteso

Food wars, crisis alimentaria y políticas de ajuste estructural, del activista, profesor y político filipino Walden Bello, aclara cómo se ha transformado el valor de los alimentos, cuyo fin es ahora la especulación en los mercados de valores y no garantizar la soberanía alimentaria. Con epílogo de Tom Kucharz, Bello explica que tras la primera crisis del petróleo, 1973, el BM y FMI implantaron una política neoliberal en África (también analiza el caso de México, Filipinas y China). El informe Berg justificó un cambio hacia la agroindustria con duras políticas de ajuste en los países africanos, (igual que en Latinomérica y en otros Estados). En 2006, con el fin del petróleo barato, el precio de los alimentos se disparó. Los capitales trasladaron el negocio del ladrillo a la especulación con alimentos. Hoy petromonarquías, India o China, y multinacionales compranmiles de hectáreas de tierras en África y condenan al hambre a miles de personas.

 

Reseña publicada en Diagonal n.º 177, junio 2012

 

 

  Food Wars


20/07/2012 15:26:48 Versió per imprimir

«És per menjar? No, per vendre»

Per Mireia Chavarria

Si bé podia semblar que el debat en torn a la sobirania alimentària era caduc, possiblement a causa de la poca cobertura que sol tenir en els mitjans de comunicació convencionals, el cert és que té fulles ben perennes. La publicació del llibre de Walden Bello, Food Wars, i la seva inclusió dins el programa de la formació Bildu pera les eleccions de la Comunitat Autònoma Basca són clars exemples que el tema ha rebrotat, i amb força. Per aquesta raó, aquesta setmana la DIRECTA fa una selecció de materials que, des de diferents dominis artístics, exploren el terreny del dret dels pobles de decidir com gestionar la seva producció alimentària perquè sigui sostenible. Són obres que, com el documental La Vía Campesina en movimiento, ¡Por la soberanía alimentaria!, mostren que aquesta lluita, a hores d’ara, ja és internacional.

«Aquest peix no és per menjar; és per vendre», reconeix un peixater que treballa a la costa de la Bretanya francesa. En un port industrial, a Lorient, ensenya davant la càmera d’Erwin Wagenhofer un peix acabat de pescar. L’agafa pel cap i aquest, en lloc de mantenir-se rígid, es doblega per la meitat, frèvol. «Jo no me’l menjaria...» Es tracta de We Feed The World (Alimentem el món), una pel·lícula que s’endinsa a les profunditats del sector primari a bord d’un vaixell que costeja les fronteres entre la producció industrial i la producció artesanal, la rendibilitat i l’ètica, la quantitat i la qualitat, la producció i les persones, la lògica capitalista i la lògica cooperativista. És així com el realitzador del documental observa els paisatges d’una Europa que posa per davant del medi ambient i les persones la seva fam insaciable d’obtenir beneficis a través del negoci de la producció alimentària. En la mateixa línia, el documental El plat o la vida, produït per la cooperativa Claraboia Audiovisual, explora la diferència entre omplir panxes i alimentar persones. El cas de Nani Moré, que cuinava en una residència geriàtrica, és paradigmàtic: «Quan tot allò que cuines, tu not’ho menjaries mai, comences a sentir un conflicte intern..Però la lluita per la sobirania alimentària, en algunes ocasions, també ha adoptat una perspectiva de gènere. Joaquín Zúniga, al film Campesinas, semillas del cambio, posa el focus en diverses organitzacions de dones que s’han creat a l’Amèrica Llatina per eradicar les desigualtats de gènere dins les seves comunitats i, en especial, en les relacions de producció agrícola. En el títol del seu documental ja ho afirma, les dones han esdevingut portadores de les llavors per al canvi social i econòmic.

 


Documental: La Vía Campesina en movimiento

Les lluites de Vía Campesina per la sobirania alimentària

Una bona manera de començar un debat o abordar el tema de la sobirania alimentària pot ser a través del documental que ofereix Vía Campesina a la seva web: La Vía Campesina en movimiento. ¡Soberanía alimentaria YA! De manera global, panoràmica i introductòria, en els escassos vint minuts de duració del film, s’enumeren les problemàtiques centrals del món rural, des del desplaçament de l’agricultura camperola per part de l’agroindústria per forçar una agricultura més dependent de les seves entrades, a l’impacte ecològic nefast que ha tingut la producció de llavors transgèniques a indrets com el Brasil o la prohibició de la utilització de varietats locals a l’Índia, i es difon la reivindicació de Vía Campesina d’enfocar l’agricultura per produir aliments per a la gent i no pas per afavorir l’especulació del mercat. Lluint els vistosos paliacates verds de l’organització, les pageses agroecològiques de Suïssa o els camperols de Burkina Fasovan desgranant de manera molt sintètica les raons i les lluites d’aquest moviment. Per la xilena Francisca Rodríguez: «L’inici del moviment prové de la campanya de resistència contra la celebració del Quinto Centenario (1992), a l’escalf d’aquests debats, va començar a sorgir la idea de poder establir una articulació, una coordinació a escala mundial. D’aquí va sorgir el repte de generar una via alternativa al model neoliberal, pensada per les camperoles i per a les camperoles.. La primera manifestació important d’aquesta organització va tenir lloc a Seattle,durant la campanya contra la trobada de l’Organització Mundial del Comerç (OMC) on, juntament amb altres moviments socials que, de manera massiva, van aconseguir bloquejar la celebració de la cimera i difondre mundialment la lluita de moltes petites organitzacions camperoles. El vídeo també serveix per abordar les qüestions que agrupa el concepte de sobirania alimentària, una idea que aquesta organització va començar a reivindicar mitjançant accions de protesta a la cimera sobre alimentació de l’Organització de les Nacions Unides per a l’Agricultura i l’Alimentació (FAO) que es va dur a terme el 1996. Establir el menjar com un dret i no un negoci, poder mantenir una producció agrària feta des de la diversitat de material genètic i respectant els contextos i les tradicions culturals o defensar que la major part de la humanitats alimenti des d’una producció local i de petita escala són objectius del moviment. Cal recordar, també, que la revolució verda (entre altres factors), lluny de fer disminuir la fam al món, ha augmentat significativament la desnutrició mundial.


Llibre: Food Wars

Indigestió global

A principis dels anys 70, les Filipines va engegar el pla Masagana 99, una gran reforma agrària per estendre les àrees de producció d’arròs i de blat de moro. La revolució verda, tal com va batejar-la el govern autàrquic de Ferdinand Marcos, estimulava l’exportació i les superfícies de conreu gràcies al ús de fertilitzants químics i de tecnologia punta. Aquesta explosió d’agronegocis, amb la subsegüent inversió en sistemes d’irrigació molt moderns, va fer possible que hi hagués dues collites molt importants cada any. Amb tot, però, va suposar un endeutament important de les petites propietàries, que, durant els períodes de bonança, van incrementar el seu nivell de vida i el de les seves famílies fins a graus impensables.

Entre els anys 1982 i 1983, però, es va produir una minva dramàtica de la producció agrícola, agreujada després de la sequera causada pel fenomen d’El Niño i per la situació econòmica general. En lloc d’apostar per reforçar l’economia local i ajudar les agricultores a afrontar els costos del paquet tecnològic, Marcos va apostar per un nou model agrícola consistent en la desregulació i l’entrada d’inversions estrangeres. El 1985, ja amb Corazón Aquino a la presidència, es va acabar de retirar el subsidi i, com a colofó a la fi del Masagana 99, es va obrir la porta a les importacions de les grans multinacionals. El pla d’ajustament d’Aquino per pagar el deute, sumat al context de crisi mundial, va suposar el desballestament de la indústria tèxtil i, en particular, del teixit agrícola, fet que va arrossegar les petites terratinents a la misèria davant l’abaratiment del preu que oferien les inversores internacionals. Tot plegat va desembocar en una greu fractura social, que va fer desplaçar milers de famílies del camp a la ciutat, i una evident degradació mediambiental del país asiàtic.

Rescat integral
El cas de les Filipines, com havia passat amb la reforma agrària impulsada a Mèxic els anys 80, exemplifica les perversions de l’anomenada Economia verda o Capitalisme verd. Així ho analitza Walden Bello a l’assaig Food Wars (Virus editorial), on mostra que l’endeutament de molts països del sud ha impedit que es poguessin defensar de l’ajust imposat pel Banc Mundial i l’FMI. Uns dictats que, amb el vist-i-plau dels governs conservadors d’aquests països, han conduït a la supressió de les ajudes a l’agricultura local, a severes retallades en educació, sanitat i serveis socials i a l’obertura de fronteres a inversores que promouen l’agroindústria expansiva en lloc del conreu tradicional. Ha quedat demostrat, diu Bello, que l’ús massiu d’agrocombustibles com a substituts dels combustibles fòssils per part de multinacionals ha impedit l’accés de les rendes més baixes als aliments bàsics, ha sucumbit a la pobresa la majoria de la població i ha provocat un desenvolupisme perjudicial per al clima i per a l’ecosistema del planeta. L’autor, com altres persones coetànies, ens planteja una crítica argumentada al discurs de l’Economia verda i a l’ús benèvol de l’agroindústria. Citant l’ecoeconomista Eric Holt-Giménez, ens recorda que, darrere el mite del progrés i l’ús dels biocombustibles, no hi ha altre objectiu que assegurar els privilegis de les transnacionals alimentàries en detriment de les economies locals. Però, més enllà d’això, es potencia un sistema de creixement basat en l’abundància que, lluny de resoldre la crisi energètica i climàtica,la intensifica de manera irracional.

La desforestació, la contaminació de rius i aqüífers, l’enverinament de poblats sencers i l’escalfament global són alguns dels efectes letals contra els quals, planteja Bello, no hi ha altre camí que l’apoderament social i la lluita de les comunitats per la sobirania alimentària. Receptes per guanyar la food war i anar fent camí per superar les desigualtats i garantir l’autogestió i el desenvolupament equitatiu, just i harmònic del planeta.

 

 

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  Food Wars


19/07/2012 17:16:11 Versió per imprimir

«És per menjar? No, per vendre»