Próximamente: La barbarie deportiva. Crítica de una plaga mundial

la-barbarie-deportiva from Virus editorial on Vimeo.

 

En pocos días, a partir del 5 de junio, estará en la calle La barbarie deportiva. Crítica de una plaga mundial de Marc Perelman. Cuando la conflictividad social se acentúa en Brasil a las puertas de un mundial de fútbol que ha generado principalmente descontento e indignación, este libro analiza en perspectiva lo que hay detrás de un concepto tan incuestionado como el de deporte. Marc Perelman propone una crítica que abarca desde el papel de instituciones internacionales como la FIFA o el COI, hasta la manera en que la competición impregna moral e ideológicamente la vida cotidiana. La naturalización de las lógicas competitivas en la vida social, la normativización estética, la sexualidad y la homosexualidad en el deporte, o el transfondo religioso de los acontecimientos de masas, son algunos de los temas que aborda Perelman. Para él, el deporte se ha convertido en el hecho religioso del modo de producción capitalista.

Aquí podéis leer un ANTICIPO

Aquí podéis descargar la FICHA

 

La barbarie deportiva

En pocos decenios, el deporte se ha convertido en una potencia mundial ineludible, la nueva y verdadera religión del siglo XXI. Su liturgia singular moviliza al mismo tiempo y en todo el mundo a inmensas masas agolpadas en los estadios o congregadas ante las pantallas de todo tipo y tamaño que los aficionados visualizan de manera compulsiva. Estas masas gregarias, obedientes, muchas veces violentas, movidas por pulsiones chovinistas, a veces xenófobas o racistas, están sedientas de competiciones deportivas y reaccionan eufóricas a las victorias o a los nuevos récords, mientras permanecen indiferentes a las luchas sociales y políticas, sobre todo la gente joven.

La propia organización de un deporte de alcance planetario, fundamentado en un orden piramidal opaco, se ha erigido y consolidado como un modo de producción y reproducción socioeconómico que lo invade todo. El deporte, convertido ya en espectáculo total, se afirma como el medio de comunicación exclusivo, capaz de estructurar en toda su profundidad el día a día de millones de personas, desde la fisonomía de las ciudades, hasta los ritmos de trabajo y la estructuración del tiempo libre.

El nuevo récord, la mejora del rendimiento, el sometimiento del cuerpo por encima de los límites humanos, se convierte en la base del espectáculo, en su única motivación, en el fin que lo justifica todo, por lo que el dopaje y las intervenciones-agresiones en el cuerpo del atleta se han convertido en la normalidad de un deporte que juega al escondite con los controles antidoping, mientras los deportistas se lanzan a una carrera alcocada contra su propia vida.

Apisonadora aniquiladora de la Modernidad decadente, el deporte-espectáculo lamina todo a su paso y deviene el proyecto de una sociedad sin proyecto.

 

Marc Perelman nació en 1953. Arquitecto de formación, escribió una tesis de filosofía sobre la relación entre el cuerpo y la arquitectura. Es profesor de estética en la Université Paris Ouest - Nanterre La Défense. Fue uno de los fundadores de la mítica revista de crítica del deporte Quel corps? Fundó y dirigió Les Éditions de la Passion. En Éditions Verdier dirige la colección «Art et architecture», y en Presses de Paris Ouest, la colección «Livre et société». Es autor de numerosos libros, entre los que destacan L’Ère des stades: Genèse et structure d’un espace historique, Urbs ex machina, Le Corbusier y (con Jean-Marie Brohm) Le Football, une peste émotionnelle.


28/05/2014 15:17:08 Versió per imprimir

Ha muerto Salvador Gurucharri

En la imagen Salvador Gurucharri junto con Tomás Ibáñez en la presentación de Insurgencia libertaria

 

El histórico militante anarcosindicalista Salvador Gurucharri, autor junto con Tomás Ibáñez de Insurgencia libertaria. Las Juventudes Libertarias en la lucha contra el franquismo (Virus editorial) y de Bibliografía del anarquismo español 1869-1975. Anotaciones para una bibliografía razonada (Barcelona, 2004), ha sido encontrado muerto en su casa, sin que aún se conozcan las causas de su muerte. En unos días informaremos de los actos de homenaje que se llevarán a cabo.

Salvador Gurucharri Ochoa (Barcelona, 1936) ingresó en la sección londinense de la CNT y la FIJL en 1956, desde donde es tableció lazos con las Juventudes Liber ta rias de París. Participó en el proceso de reunificación de la CNT en 1960 y en las fases preparatorias de Defensa Interior. Como se cre tario de la Comisión de Relaciones de la FIJL participa en la Comisión de Defensa. Fue detenido en 1963, en una macrorredada de las autoridades francesas contra medios libertarios, y asignado a vigilancia en París, donde integró la Comisión de Relaciones clandestina. En 1965 marchó a Bruselas para constituir la Delegación Exterior de la FIJL. Tras su vuelta a España en 1976 se situó en la corriente oficial sin participar en el desgarrador V Congreso. En los años noventa milita en la CNT de Cataluña desconfederada. Dirigió Solidaridad Obrera hasta 1999 y es autor Bibliografía del anarquismo español 1869-1975. Anotaciones para una bibliografía razonada (Barcelona, 2004) y (junto con Tomás Ibáñez) de Insurgencia libertaria. Las Juventudes Libertarias en la lucha contra el franquismo (Virus editorial, 2010)


14/05/2014 10:54:45 Versió per imprimir

Quin anarquisme tenim? Quin anarquisme volem?

El pensador llibertari Tomás Ibáñez i l'editor de Muturreko Burutazioak Juantxo Estebaranz parlen del present de les idees i les pràctiques llibertàries arran de la publicació del llibre de Tomás Ibáñez

Anarquismo es movimiento. Anarquismo, neoanarquismo y postanarquismo

Dijous 22 de maig a les 19:30 a l'espai Virus editorial (Junta de Comerç 18 baixos, Raval)

 

 

A pesar de que muchos lo habían relegado al museo de la historia, el anarquismo muestra hoy en día una pujante vitalidad, que se hace presente de múltiples maneras a lo largo y ancho del planeta. Este vigor se explica por el hecho de que, siendo refractario al estancamiento y a la simple repetición, el pensamiento libertario ha sabido abrirse a su propia renovación.

En un mundo huérfano de ideas transformadoras, el anarquismo ha contribuido a revalorizar el pensamiento utópico, impregnando las prácticas y las ideas de muchas luchas no explícitamente anarquistas. La vitalitad del anarquismo y su propia posibilidad de ser y continuar siendo depende precisamente de esa capacidad de transformarse en y desde la acción, de aunar ideas y práctica en la construcción de una realidad actual, no dejando para mañana lo que puede ser hoy y, por lo tanto, no prometiendo futuros mejores a costa de sacrificar el presente.

En la presente obra el autor nos invita a descubrir las razones y las nuevas modalidades de este resurgimiento, que se manifiesta especialmente en el neoanarquismo y el postanarquismo.

 

Ficha

Esdeveniment a Facebook

 


12/05/2014 11:42:29 Versió per imprimir

El anarquismo de ayer y el de hoy

Por Octavio Alberola

La editorial VIRUS ha editado el último libro de Tomás Ibáñez, Anarquismo es movimiento*, en el que -según indica la nota de la contraportada- el autor aborda la "pujante vitalidad" que el anarquismo muestra hoy "a lo largo y ancho del planeta" y  nos invita a "descubrir las razones y las nuevas modalidades de este resurgimiento, que se manifiesta especialmente en el neoanarquismo y el postanarquismo".

Anarquismo es movimiento es, efectivamente, un libro denso en ideas (aunque no un texto extenso: sólo 150 páginas) sobre "el impetuoso resurgir del anarquismo en el siglo XXI" y sobre "el proceso de reinventarse en el triple plano de sus prácticas, de su teoría y de su difusión social", que abre "excelentes perspectivas para todas las prácticas de resistencia, de subversión y de insumisión que se enfrentan a las imposiciones del sistema social vigente". Pero, sobretodo, como lo enfatiza su autor, un libro "políticamente comprometido a favor de las nuevas maneras de concebir y de practicar el anarquismo" : tanto para "contribuir a impulsar el nuevo anarquismo que se está desarrollando" como para "ayudar a reformularlo en el marco de la época actual". 

El libro de Tomás Ibáñez es algo más que una simple invitación a descubrir y analizar el por qué de este "resurgimiento del anarquismo" (yo diría más bien reactualización del concepto y práctica de la anarquía). De hecho, también es un pronunciamiento comprometido con estas nuevas formas "de concebir y de practicar" la anarquía. O sea que, además de ser un libro didáctico, es también un libro polémico, puesto que su autor se compromete al afirmar que este resurgimiento del anarquismo "abre, en efecto, la posibilidad de multiplicar y de intensificar las luchas contra los dispositivos de dominación, de poner más a menudo en jaque los ataques a la dignidad y a las condiciones de vida de las personas, de subvertir las relaciones sociales moldeadas por la lógica mercantilista, de arrancar espacios para vivir de otro modo, de transformar nuestras subjetividades, de disminuir las desigualdades sociales y de ampliar el espacio abierto al ejercicio de las prácticas de libertad." Y lo es porque su autor, al afirmar las posibilidades (reales, no quiméricas) que este resurgimiento del anarquismo abre para potenciar las luchas emancipadoras, nos incita además a vivirlas no en un hipotético y lejano "mañana o pasado mañana" sino en el presente; porque "es, en el aquí y ahora, donde se lleva a cabo la única revolución que existe y que se vive realmente, en nuestras prácticas, en nuestras luchas y en nuestro modo de ser."

El libro es pues polémico, y lo es ya desde el comienzo, inclusive desde el propio título... Considerar que el anarquismo "es movimiento" es ya abrir el debate... ¿Qué es lo que Tomás Ibáñez quiere significar definiéndolo así? ¿Será para diferenciarlo del de "los guardianes del templo", de esos que "quieren preservar el anarquismo en la forma exacta en la que lo habían heredado, a riesgo de asfixiarlo y de impedir que evolucione"? Además, calificar este fenómeno reactualizador del anarquismo de resurgimiento es, como el mismo lo reconoce, considerar "que se encontraba más o menos 'desaparecido' desde hacía algún tiempo". Y ¿es así? ¿Había 'desparecido' o sólo se trataba de un "eventual 'eclipse'"?

Para saberlo, para "comprobar si esto ha sido efectivamente así", Tomás nos incita a echar un "brevísimo vistazo" sobre la historia del anarquismo, aunque tomando en cuenta, previamente, "dos escenarios teóricos donde la cuestión de un eventual eclipse del anarquismo ni siquiera se plantearía..." El primero de estos escenarios sería aquel en que, de la dicotomía "anarquía versus anarquismo", la anarquía se tome como referencia más que el anarquismo, por pensar que ella es "una entidad ontológicamente distinguible", una "de las múltiples modalidades posibles de la realidad". Es decir: si le damos al término anarquía un sentido esencialista y metafísico en vez de su  sentido etimológico : sin dirigente, sin soberano, sin gobierno. El otro escenario, que tampoco tiene sentido plantearlo, es aquel que se presentaría al separar "el anarquismo en tanto que movimiento, por un lado, y el anarquismo como contenido teórico, por el otro"; pues no sólo "los elementos conceptuales o axiológicos que lo caracterizan" no son separables "de un pensamiento social que se fragua en el seno de las condiciones políticas, económicas, culturales y sociales muy determinadas, y a partir de luchas sociales muy precisas", sino también porque, para aceptar tal separación, se debería aceptar previamente la existencia de dos mundos diferentes, como lo pretendían Platón y los dualistas (de entonces y de ahora).

Así pues, si "anarquía y anarquismo son dos elementos del todo inseparables", en tanto que expresión de un deseo y una apuesta por la libertad contra la autoridad, y además es necesario fundir en "un todo inseparable el anarquismo como corpus teórico y el anarquismo como movimiento social", cómo no reconocer que, hasta aquí y pese a posibles divergencias por la pertinencia semántica de esta o aquella palabra, expresión o concepto, es difícil no coincidir con Tomás en esta primera parte de su libro si no se es un anarquista esencialista o un anarquista plataformista de la última hornada.

En donde comienza a ser más polémica la coincidencia es a partir de sus "breves consideraciones históricas" sobre una historia, la del anarquismo, que él reconoce "ha llenado miles de páginas y que continuará llenando muchos miles más". Y es lógico que a partir de aquí el libro se vuelva más polémico porque resumir en pocas líneas una historia tan rica y tan larga da lugar, necesariamente,  a posibles desacuerdos, puesto que la historia, pese a la pretensión de objetividad de los historiadores, es un campo en el que el subjetivismo ha imperado siempre. No obstante, pese a esos desacuerdos posibles y a la polémicas que puedan suscitar, lo importante es que Tomás los asume y que no tiene miedo a decir lo que piensa. Sin duda porque prefiere suscitar el debate argumentado a la aprobación no argumentada.

Así, resumiendo la historia del anarquismo a partir de "la Revolución francesa de 1848, con los escritos de Joseph Déjacque, de Anselme Bellagarrique y, sobre todo, de Pierre-Joseph Proudhon" hasta culminar en la Revolución española de 1936, Tomás afirma que "el anarquismo fue a lo largo de esos años un pensamiento vivo (...) en contacto con el mundo en el cual se inserta (...) capaz de incidir sobre la realidad". Y, sobre la que sigue hasta el final de la década de los años sesenta, Tomas nos dice que  "el anarquismo se replegó, se contrajo y desapareció prácticamente de la escena política mundial y de las luchas sociales durante varias décadas", y "en lugar de ser una película en movimiento" (...) el anarquismo se fue fosilizando desde los años 1940 hasta casi el final de los años 1960". Afirmaciones que, sin duda, suscitarán controversia; pues, aunque algunos las aceptemos como consideraciones generales de esos periodos en lo concerniente al anarquismo "oficial" (el de las Organizaciones que se pretendían monopolizarlo), no me parecen corresponder al anarquismo de los que impugnaban tal fosilización y se esforzaban por ser consecuentes con un anarquismo vivo y en contacto con el mundo de su tiempo.

Así también suscitará polémica lo que afirma sobre "el resurgimiento libertario". No sólo por situar tal resurgimiento en los finales de los años 1960 sino también por considerar que no habría podido "despuntar una nueva etapa de florecimiento anarquista" sin los "los grandes movimientos de oposición a la Guerra de Vietnam" en los "campus de los Estados Unidos, de Alemania, de Italia o de Francia", y sin "el desarrollo, en una parte de la juventud, de actitudes inconformistas, sentimientos de rebelión contra la autoridad y de reto hacia las convenciones sociales y, finalmente, con la fabulosa explosión de Mayo del 68 en Francia".  

Y ello no sólo por situar el origen de tal despunte en esos movimientos y más particularmente en el de Mayo del 68 sino también por no analizar el por qué esos movimientos pudieron producirlo, pese a ser evidente que, como el mismo lo reconoce, ninguno de esos movimientos fue o puede ser considerado propiamente "anarquista": sea por el objetivo concreto que lo provoca o por el número de anarquistas que hayan podido participar en él. Y lo mismo puede decirse del auge del anarquismo que se ha manifestado últimamente en las luchas, en las calles y hasta en los ámbitos cultural y universitario.

De ahí que no sorprenda que Tomás termine este primer capítulo, dedicado al "impetuoso resurgir del anarquismo en el siglo XXI", reconociendo que a él, como a muchos, "el resurgir del anarquismo no ha cesado de hacernos saltar, por así decirlo, de sorpresa en sorpresa"; pues es obvio que si al momento de producirse esas "sorpresas", hubiese sido ya consciente - como lo es hoy - de que es "la importancia concedida al fenómeno del poder la que da cuenta de la vigorosa actualidad del anarquismo", no se habría sorprendido entonces de que el anarquismo reaparezca y se reactualice en cada ocasión en que se plantea de manera concreta la lucha contra la dominación. No sólo por ser el anarquismo la expresión teórica y práctica más en consonancia con el rechazo de todas las formas en que la dominación se manifiesta sino también porque desde hace tiempo la historia lo ha "absuelto de la acusación de haber permanecido ciego a las causas principales de la injusticia y de la explotación, que algunos situaban exclusivamente en la esfera de lo económico". Sin olvidar también que desde hace tiempo la historia ha puesto en evidencia el carácter ilusorio de las alternativas que prometían la libertad a través del sometimiento. 

Ahora bien, no por ser Tomás consciente de ello y por ser el fundamento de su análisis, el tercer y cuarto capítulos de su libro, "Las razones del resurgimiento/renovación del anarquismo" y "El postanarquismo" respectivamente, dejarán de dar pie a la controversia, a la polémica. Al contrario, pues tanto el resurgimiento/renovación que el postanarquismo son problemáticas que, pese a estar motivadas por un indiscutible afán perfeccionador del anarquismo que les ha precedido, están necesariamente supeditadas al subjetivismo interpretativo de los lectores, tanto como lo están al de los protagonistas de tales iniciativas renovadoras...

Que finalmente esta renovación tome la forma que Tomás califica como de neoanarquismo, en un plano más práctico, y como postanarquismo, en un plano más teórico, y las dos provengan de "un nuevo análisis de las relaciones de poder  y las características que adopta el ejercicio poder en la sociedad contemporánea", no las confirma como las formas definitivas del anarquismo de hoy y aún menos las exime de crítica y polémica. Pues es evidente que una cosa es integrar a la reflexión a anarquista "la crítica posestructuralista-posmoderna, sobre todo en su variante foucaultiana" y otra es reducir el anarquismo a esta crítica. Sobre todo porque, como lo reconoce Tomás para el postanarquismo, éste y el anarquismo clásico "se diferencian, de hecho, bastante poco", y también porque el propio Saul Newman "ha suavizado, por así decirlo, su crítica hacia el anarquismo clásico atenuando las recriminaciones contra sus contenidos modernos y haciéndole prestar mayor atención a las continuidades que a las oposiciones entre ambos anarquismos". Lo que convierte el postanarquismo en un ejercicio de pura "creatividad intelectual anarquista".

De ahí que, consciente de que tanto sus convicciones como sus hipótesis "pueden suscitar la conformidad  de unos o bien provocar las reservas de otros", Tomás nos proponga, en el quinto y último capítulo del libro, una "prospectiva libertaria" en base a cinco cuestiones, que él deja abiertas como posibles pistas de "los caminos por los cuales el anarquismo tendrá que adentrarse, con pasos más firmes que los que ya está dando hoy, para proseguir su expansión y profundizar en su renovación".

Pistas que de seguro suscitarán conformidades y reservas, como las suscitadas en los cuatro capítulos que le han precedido y las que podrán suscitar las tres Adendas que completan este libro. Adendas que al versar "sobre la cuestión de la modernidad y de la postmodernidad, sobre el postestructuralismo y sobre el relativismo" pueden ser consultadas por cuantos quieran "profundizar más específicamente" en lo que es "el argumento principal del libro". Lo que, a mi entender, redobla el interés de la lectura de Anarquismo es movimiento, para reflexionar sobre el anarquismo de ayer y el de hoy.

 

Reseña publicada en Kaos en la red y Rojo y Negro digital, el 22/04/2014

 

 

 

  Anarquismo es movimiento


28/04/2014 16:32:12 Versió per imprimir

Olga Rodríguez: «Egipto tras la barricada es un libro escrito desde el conocimiento y la voluntad de contrastar»

 

Marc Almodóvar presenta Egipto tras la barricada en Casa Árabe de Madrid. Además del autor, el acto cuenta con la presencia de Olga Rodríguez, periodista y autora de Yo muero hoy. Las revueltas en el mundo árabe, y de Nuria Medina, coordinadora del área de Cultura y Nuevos Medios de Casa Árabe.

 

 

  Egipto tras la barricada


10/04/2014 15:00:12 Versió per imprimir

Más allá del periocairismo

Por Carlos Pérez Cruz

Periodista y documentalista, Marc Almodóvar presenta ‘Egipto tras la barricada. Revolución y contrarrevolución más allá de Tahrir’ (Virus editorial). En sendos trabajos documentales, abordó el papel de la mujer en los movimientos de protesta obrera y retrató los 18 días que acabaron con la caída de Mubarak. El autor explica y contextualiza ahora en este libro, prologado por Santiago Alba Rico, la revolución de Tahrir del 2011 y el golpe de Estado del verano, cuyo preludio encuentra en las protestas obreras que despertaron el país años antes. Almodóvar vivió en Alejandría desde finales de 2008 hasta el verano de 2013; fue allí corresponsal y colaborador de diferentes medios de comunicación.

‘Egipto tras la barricada. Revolución y contrarrevolución más allá de Tahrir’. Siempre me lo pregunté y todavía me lo pregunto. En un país de 80 millones de habitantes y de distancias tan enormes –en todos los sentidos-, ¿qué pasó en 2011 más allá de Tahrir, fuera de los grandes núcleos urbanos de El Cairo o Alejandría?

La insurrección se produjo en prácticamente todas las ciudades grandes y medianas del país. A pesar de que se ha reconstruido mucho la memoria colectiva sobre lo que pasó en esos primeros días, si uno se paseaba después por lugares como Damanhour, Tanta o Mahala -lugares sobre los que ha construido poca memoria colectiva- veía que prácticamente había sucedido lo mismo, aunque lógicamente a menor escala. La revolución azotó básicamente todos los cantones del país. De hecho, uno de los bastiones de resistencia revolucionaria más importantes estuvo en Suez, no en El Cairo. Allí es donde se produjeron los primeros muertos por represión policial.

Los primeros meses de 2011, los focos se dirigen a Tahrir, el 11 de febrero se produce lo que llamas “la caída de un faraón”, la caída de Mubarak después de años y años de dictadura militar. “Pan, libertad y justicia social”, lema fundamental de la movilización de 2011. Contextualicemos. ¿Cómo se traducen esas reivindicaciones en la realidad cotidiana del Egipto gobernado por Mubarak y cuáles son los hechos fundamentales que explican que una parte de la sociedad manifestara esas reivindicaciones?

En el libro intento explicar qué llevó a la gente a la plaza Tahrir o a revolucionarse en enero de 2011. Como antes no había interés en hablar de lo que sucedía en Egipto, parece que los egipcios hubieran combustionado espontáneamente y salido a la calle como si fueran zombis. Contrariamente a eso, hay una larga lucha de resistencia. Hay que remontarse a la Segunda Guerra Mundial para encontrar una oleada de huelgas obreras como las de 2006, producidas por el proceso de alianza que hace el régimen de Mubarak con las instituciones financieras internacionales, con el Fondo Monetario Internacional, con el Banco Mundial, para afianzar su régimen político. Estas instituciones financian los procesos de reforma económica que liberalizan y descomponen por completo los servicios sociales del país…

En el libro comentas cómo el Banco Mundial felicita a Egipto mientras allí tiene lugar la “intifada del pan”.

Eso es lo que sucede, que el Banco Mundial, el FMI, la Unión Europea, Estados Unidos están aplaudiendo los resultados de ese proceso de liberalización económica porque los índices macroeconómicos son muy buenos, hay un aumento del PIB histórico, pero, si nos fijamos, ese dinero se concentra, como acostumbra a suceder con estas políticas, en unas pocas manos y lo que se produce es una gran fracturación de la sociedad. Se pasa de un 20% de la población bajo el umbral de la pobreza en la década de los 90, a un 40% en los 2000. Viven con menos de dos dólares al día; un tercio de la población vive con menos de un dólar al día, el umbral de la extrema pobreza.

Es decir, a pesar de que Egipto está generando más dinero que nunca, este dinero se concentra en cada vez menos manos. La sociedad se fractura, la estabilidad del país pende de hilillos muy finos. En el año 2007 se aplaude a Egipto por las medidas económicas cuando un problema de suministro de harina provoca problemas en el reparto de pan subvencionado del Estado y que 50 personas mueran en un mes en las colas de las panaderías. Algo parecido sucedió a finales de 2009 con el suministro de butano para cocinar; decenas de personas mueren peleando por una bombona de gas butano.

La brutal paliza y asesinato del joven de 28 años Khaled Said en Alejandría por parte de la policía “mostraba la brutalidad del régimen ante los ojos de un sector social que había querido vivir de espaldas a ella. Y eso lo cambió todo”. Bien el miedo bien la conveniencia pueden llevar a no querer ver la realidad. ¿Qué sectores de la sociedad vivían bien no mirando y por qué empiezan a mirar?

Es evidente que la muerte de Khaled Said marca un punto de inflexión muy importante, eso se produce en el verano de 2010, y es importante por lo que comentas. Khaled Said no es la primera persona muerta por paliza policial ni fue la última, pero sí fue la primera en un momento político muy determinado, porque se produjo pocas semanas después de que el régimen renovara la Ley de Emergencia vigente en el país desde que Mubarak llegase al poder. Justo una o dos semanas después, se produce esta muerte y no es en los lugares habituales, es decir, en los barrios pobres, sino que se produce en una barriada de clase media alejandrina, con un alto porcentaje de universitarios. La gente abre los ojos, el ahogo que se produce en todos los sectores de la sociedad acaba también estallando ahí; es la insurrección de un sector de la sociedad que anteriormente no se había movilizado.

Mi abuela paterna me decía siempre: “Tú siempre en el observatorio”. Ya sabes, cuanto menos se involucra uno, menos riesgos corre en teoría. Estamos en las primeras semanas de 2011, las de la ocupación de Tahrir, las de la caída de Mubarak… ¿Qué papel jugaron entonces los Hermanos Musulmanes? ¿Se acogieron al consejo de mi abuela?

Un poco sí. Lo que intentaron los Hermanos Musulmanes fue jugar en todos lados. Cuando se convocan las manifestaciones del 25 de enero, los HH MM no convocan. Incluso cuando hay informes del Ministerio del Interior de que las movilizaciones son cosa suya, salen negando su participación. Sí que abrieron la puerta a que si alguno de sus miembros quiere participar de forma individual, como así sucede en algunos casos, lo haga. Cuando el 26 de enero se ve que las movilizaciones tienen un éxito sin precedentes, intentan subirse al carro. Reivindican las movilizaciones, hacen sus propias reivindicaciones, que no son las que se habían pactado entre la mayoría de las fuerzas revolucionarias, e intentan aprovecharse del proceso.

A partir del 28 de enero, y con la ocupación de la plaza Tahrir, se hace muy evidente su participación, pero también se ve muy claro que las están intentando instrumentalizar. Cuando las fuerzas revolucionarias hacen pactos políticos para gestionar ese proceso, y una de las principales reivindicaciones es que no se van a sentar a negociar con el régimen hasta que no caiga su presidente, los HH MM rompen ese pacto, se sientan con el vicepresidente Omar Souleyman y entablan lo que es el principio del pacto de transición, otro punto de inflexión de este proceso, en el que militares e islamistas pactan para acallar el ímpetu de la calle.

Escribe Santiago Alba Rico en el prólogo: “No fue una revolución socialista y no fue dirigida por la izquierda. Tampoco fue una revolución islámica y los islamistas tuvieron asimismo un papel muy reducido. Pero, como fue una revolución democrática (por la dignidad y la justicia social), salió a flote la verdadera relación de fuerzas en la zona”. Vamos por partes. La revolución no fue socialista, ni islámica, ni de izquierdas… ¿Fue una reacción social transversal, por encima de partidos, sindicatos o grupos sociales y religiosos?

Completamente. Cuando el 25 de enero se convocan las manifestaciones, al principio son formaciones políticas clásicas. De hecho, en las primeras movilizaciones, los grupos salían con sus banderas de Kifaya, de Wafd, de Karama… Casi en cuestión de horas, esas banderas desaparecen absorbidas por la propia masa. El mismo 25 de enero, a media tarde, cuando se ha hecho la ocupación de Tahrir, los grupos políticos están a punto de desconvocar. “Vámonos para casa, ha sido un éxito sin precedentes”. Pero la gente no se quiere ir y es la que presiona para que eso continúe y vaya un paso más adelante. Es muy difícil definir si la masa era islamista, izquierdista…

Seguramente tiene un poco de todo, porque así es la masa, es el pueblo, están todos, y es la gente la que empujó porque estaba ahogada. Con la evolución del proceso hemos visto también que la popularidad de unos y otros es muy volátil. Los HH MM obtienen en las elecciones legislativas de 2011 casi el 50% de los votos, pero en la primera vuelta de las presidenciales se quedan prácticamente con el 20%. Su popularidad se volatiliza durante el año de gobierno. Los militares pasan por momentos de enorme popularidad, son criticados públicamente en las calles y vuelven a ser populares con la deposición de Mursi. Hay una enorme volatilidad de la popularidad de unos y otros. ¿Qué grupos están liderando este proceso? En realidad se están formando y tendremos que ver.

“Salió a flote la verdadera relación de fuerzas en la zona”, dice Alba Rico. Esa relación se manifestó en un proceso electoral que coronó un gobierno de Hermanos Musulmanes. El periodista Eugenio García Gascón me dijo en una entrevista que, “en gran medida”, las revueltas habían sido “promovidas por gente liberal”, que son “una minoría en Egipto” que había sido capaz de “aglutinar” al pueblo en contra de Mubarak. Añadía García Gascón: “no pueden aplicar el liberalismo porque los liberales constituyen una minoría”. Da la sensación de que los principales impulsores de estas movilizaciones no estaban llamados a ser los principales beneficiarios de sus consecuencias.

No conocía esta afirmación, pero estoy completamente en contra de ella. Además no sé qué acepción aporta del término liberal, si se refiere a liberalismo político o económico, pero tanto uno como otro, y lo puedo asegurar categóricamente por mi experiencia, no estaba en el corazón de la gente que impulsó esas movilizaciones ni del que las continuó. Está demostrado que la mayor parte de la sociedad no tiene esa categoría liberal y, precisamente liberales, en sentido económico y político, eran los que estaban gobernando. Sí que hay fuerzas liberales de oposición, pero son claramente muy minoritarias. Contrariamente a eso, creo que las bases populares tienen una filosofía que seguramente no es socialista, no es de izquierdas, pero sí popular, de repartición de la riqueza, de ruptura de brechas sociales. Eso es lo que se esconde detrás del lema de “Paz, libertad y justicia social”. Creo que el proceso está demostrando que la revolución no se hizo para una reforma política. Eso es lo que intentaron hacer precisamente militares e islamistas para apagar el ímpetu de la calle, que reivindicaba cosas que iban mucho más allá de una reforma liberal. En Tahrir se pedía el fin de la brecha social, el fin de las políticas impositivas internacionales, el fin del neocolonialismo de Estados Unidos y, precisamente, de esos sistemas políticos occidentales que son liberales. Esa revolución probablemente no es izquierdista ni islamista, pero, sin lugar a dudas, no es liberal.

Sin embargo, esto nos lleva al tratamiento mediático, que es otro de los múltiples aspectos posibles para analizar lo que pasó. A ojos occidentales, el foco se situó quizá en elementos que no sabría si llamar liberales.

Ese es precisamente uno de los problemas. Mi frustración por el trabajo como periodista es lo que me impulsó a hacer este libro. Veía que, por las propias lógicas de producción periodística, mi trabajo no iluminaba a la gente sobre cuáles eran los puntos relevantes para analizar lo que estaba sucediendo. Realmente sí, se da una imagen de que la revolución la hace gente de clase media-alta, ciberactivistas con formación en la Universidad Americana de El Cairo, en la Universidad Alemana de El Cairo, claramente liberales…

De hecho, yo recuerdo el tratamiento informativo de medios españoles, en concreto un especial de ‘Hora 25’ de la Cadena SER desde El Cairo, en el que quienes participaban eran egipcios que hablaban castellano. Eso ya da una cierta idea del nivel socioeconómico.

Evidentemente, pero es que ese es precisamente el problema de los medios de comunicación. Llega un séquito de periocaidistas, como les llamo yo, que no saben hablar árabe y, ¿a quién se van a dirigir? A la gente que habla inglés, español… Es evidente que se da una imagen muy determinada sobre el revolucionario. Esa gente participó en la revolución, sí, y tuvo un papel muy importante, no lo vamos a subestimar, pero ellos no son la revolución, son sólo un sector de la revolución. Si nos centramos en esos primeros 18 días, murieron 800 personas. Aquí se vendió la imagen de que había sido una revolución pacífica, pero habían muerto 800 personas en 18 días. Si nos ponemos a mirar el listado del origen de esas personas, veremos que esa gente ni hablaba inglés ni miraba Internet ni nada por el estilo, son gentes de clases populares a las que los medios de comunicación han ignorado constantemente; también por incapacidad, hay que decirlo. Esa imagen de que la revolución la hicieron los ciberactivistas es sesgada. Participaron, hicieron un papel muy importante, pero hubo otros sectores de la sociedad, de los que aquí no se ha hablado, que también la impulsaron y fueron parte de ella.

Las revoluciones no se hacen en dos días, “el proceso de cambio en Egipto aún tiene muchas páginas por escribir”, aseguras. De este proceso en marcha que es el cambio en Egipto, quizá se pueden extraer ya algunas conclusiones. ¿Sería una de ellas que es imposible la ecuación gobierno islamista y democracia?

Esa es una conclusión un poco… Lo que sí se puede concluir es que cuando se conduce un proceso de revolución, de gente que está reclamando una reestructuración de base social, económica y política, eso no se puede conducir hacia un proceso de democracia orgánica. Si algo nos demostró lo que sucedió en 2011 es que los análisis que se habían hecho continuadamente desde occidente, que mirar esos países con las gafas de los sistemas propios, no sirve, no funciona. Nos estuvimos equivocando, o los diplomáticos de nuestros Estados se estuvieron equivocando durante mucho tiempo. Dijeron que habían aprendido del error, y lo que estamos viendo por activa y por pasiva es que no, que les importa un pepino la dignidad de los egipcios, la justicia social, todo. Lo único que quieren es reconstruir lo que ellos llamaban la rueda de producción. Eso es lo más importante, que vuelva a caminar, que nadie pare la circulación por el Canal de Suez, que nadie impida la pacificación con el Estado de Israel y que, poco a poco, las fábricas vuelvan a construir, que siga la exportación de gas natural… Eso es lo que acaba primando para la comunidad occidental. Luego se quiere vender que el islamismo tiene una incapacidad política. Ese es un análisis muy precipitado. Volvemos a analizar lo que sucede allí viendo lo que queremos ver, no lo que realmente está sucediendo.

¿Cómo valoras el tiempo que se les dejó estar en el gobierno a Hermanos Musulmanes?

El problema de los HH MM en el gobierno no es el de ser un gobierno islamista, es un problema de ser un gobierno continuista. Durante décadas, los HH MM estuvieron diciendo que pactar con el FMI era pactar con el diablo, y lo primero que hacen cuando llegan al gobierno es pedir un préstamo de 3.400 millones de dólares al FMI. Se dedican a decir que las políticas de Mubarak no eran malas, que eran buenas, pero que había unas manzanas podridas que, si se cambian, todo funcionará.

Como cuentas en el libro, tienden por un lado “puentes con las altas esferas del régimen depuesto, por el otro lado seguían su lucha solitaria para hacerse con el control de las estructuras del Estado y de la economía local”. En ese sentido, ¿cuáles han sido los grandes errores estratégicos, incluso de lectura de la situación, de Hermanos Musulmanes?

Primero, considerar que al conceder todo lo que los militares les pedían se garantizaban su pacificación. Los HH MM concedieron todas las divisas judiciales, los aumentos de sueldo, las barreras constitucionales… Todo lo que pedían los militares se lo fueron concediendo y ellos se creyeron que con eso ya se salvaban. Se ha demostrado que no fue así. El otro problema es que ganaron con un porcentaje muy bajo de los votos, y en lugar de tejer redes con aquellas fuerzas que les habían permito ganar por ese 1%, caminaron completamente solos. Emprendieron acciones que quizá sí que eran reivindicadas por las fuerzas revolucionarias, pero lanzadas por una fuerza política que, no olvidemos, anteriormente las ha traicionado. Además lo hacen sin pactar con ellas, lo que genera enormes recelos que son utilizados por las fuerzas del antiguo régimen para alimentar el odio contra ellos y decir “nosotros ya os avisamos” y ese tipo de cosas.

Los HH MM intentaron copar las instituciones del Estado, no intentaron desmontar el régimen para construir un nuevo sistema político. Atacaron el corazón del régimen. Eso se vio claro en los medios de comunicación, en el sistema sindical… Y cuando se intentó atacar a la judicatura, al Ministerio del Interior, es cuando estalló la bomba. Esa es la bomba que acabó estallando en sus manos. Sus grandes errores fueron creerse que con la supervisión de Estados Unidos y el apoyo de la Unión Europea, y dando las concesiones a los militares, podían avanzar cuando en realidad se estaban cargando los posibles puentes que les hubiesen permitido continuar en el poder. Mantienen políticas claramente continuistas en materia económica, en una situación de enorme tensión social y económica, con cortes del suministro eléctrico, con la enorme inflación que se produjo fruto de la desprotección de la libra egipcia a instancias del FMI… Eso produjo un colapso en la sociedad, el ahogo en las clases populares que alimentó el odio contra los HH MM utilizado por elementos del antiguo régimen para justificar su retorno.

Primero se sale a la calle para pedir el adelanto electoral, después llega el golpe de Estado. Ese apoyo, ¿es un apoyo sobrevenido? ¿Se asume con fatalismo la imposibilidad de evolución, la vuelta al pasado?

Las fuerzas revolucionarias que apoyan el golpe, que no fueron todas, lo hacen en parte porque se ven completamente incapacitadas para construir un movimiento de base suficientemente amplio que lidere ese proceso. Se lanzan a los brazos del Ejército, sobre todo porque esas movilizaciones fueron iniciadas por grupos nasseristas, que son bastantes numerosos, y en cuyo ideario figura el Ejército en el poder. Además, están convencidos de que ese Ejército no es el mismo del de 2011, lo cual el tiempo ha demostrado que se estaban equivocando; de hecho, ahora se están empezando a rasgar las vestiduras, y dentro de poco se las van a rasgar del todo. En ese proceso estamos. Y también los salafistas de Al Nur apoyan el proceso, con el apoyo de Arabia Saudí. Eso es lo que fue sucediendo el verano pasado.

“Es la historia de un proceso que ha permitido llamar “revolución” a lo que es transición, y “sabotaje” a lo que es revolucionario; acusar de terrorista al disidente, y cambiar los lemas de la revolución”. ¿Cuáles son los grandes errores de percepción y de precisión lingüística con los que hemos configurado nuestro relato de Egipto?

El principal problema semántico es cuando aquí vendimos -y es algo que yo sufrí como periodista-, que las elecciones de 2012 que acabaron nombrando a Mohamed Mursi como presidente fueron unas elecciones -y esos son los léxicos utilizados- justas, libres, democráticas; “los egipcios votan en libertad”, “los egipcios votan alegremente”, “entusiasmo democrático”… Esos eran adjetivos que se utilizaban en los medios de comunicación de aquí. Lo sufrí en carne propia, y compañeros míos me comentaron que les sucedían cosas parecidas, cuando en realidad ese proceso estuvo marcado por muchísimos interrogantes. Esas elecciones tuvieron una Junta Electoral liderada por los mismos jueces que habían adulterado las elecciones bajo el mandato de Mubarak, que estaba inmunizada judicialmente, por lo que podía hacer lo que le diera la gana. De hecho se negó a analizar algunas denuncias de irregularidades electorales bastante considerables y que no sabemos a día de hoy si son ciertas porque no fueron investigadas. Candidatos electorales apartados de la carrera por tener antecedentes penales, por haber sido opositores a Hosni Mubarak. Por eso no se pudieron presentar a las elecciones.

Tenemos un proceso muy turbio que llegó a una segunda vuelta, también muy turbia, entre el candidato del antiguo régimen, Ahmed Shafik, último primer ministro de Mubarak, y Mohamed Mursi, candidato de los HH MM que, por cierto, antes de las elecciones habían dicho que no presentarían a ninguno y acabaron presentando dos. El Centro Jimmy Carter, que no es un centro sospechoso de antisistema, libertario o de hacer un discurso destructivo, hacía comunicados diciendo que era el país en el que más problemas habían tenido para trabajar, para monitorizar las elecciones, que no podían hacer un análisis sobre si las elecciones habían sido limpias o sucias. En los medios de comunicación occidentales el titular era que ellos no habían visto muchas cosas, cuando te estaban diciendo que no les habían dejado trabajar. Eso es bastante significativo. Eso también dificulta que la gente no acabe de entender qué es lo que pasó el verano pasado, por qué hubo tanta gente en la calle pidiendo la caída de Mohamed Mursi. Es uno entre los múltiples problemas de léxico. También lo que hablábamos antes de los revolucionarios ciberactivistas forma parte de todo esto.

Si algo caracteriza, no solo a Egipto sino a las regiones de lo que llamaremos –por simplificar- el mundo árabe, es que la injerencia de las grandes potencias extranjeras ha determinado el día a día de la vida de sus ciudadanos, los grandes perjudicados de esta lucha de intereses económicos y estratégicos. Dices que la comunidad internacional “ha apadrinado este proceso desde su inicio”, desde lo que sucedió en Tahrir hasta el momento presente. Un proceso que parece tener incluso un guion escrito con el presumible acceso a la presidencia de al-Sisi. ¿Cuáles han sido y son las principales injerencias extranjeras? ¿Cuáles son sus objetivos cumplidos y cuáles los planes modificados por la imposibilidad de predecir los acontecimientos?

Lo que está claro es que la comunidad internacional se vio sorprendida por lo que sucedió en enero de 2011, y sobre la marcha se trató de improvisar un plan B que no estaba escrito. Ese plan pasó por el apoyo entre HH MM y militares roto el pasado verano. Lo que acaba sucediendo en Egipto, y en todos los países que se levantan en procesos de revolución, más allá del papel que tenga la Unión Europea o Estados Unidos, es una lucha regional entre dos potencias, que son los Emiratos Árabes y Arabia Saudí, que apuestan por el retorno al antiguo statu quo, y Catar, que apuesta por el proyecto de los HH MM de la mano de la Turquía de Erdogan. Ahí lo que se produce es una lucha por la geoestrategia, por el control de la zona, entre esas dos potencias que, evidentemente, colisionan, que ahora están en un proceso de enorme crisis entre ellos, incluso diplomática. Ante eso la comunidad occidental, la Unión Europea, Estados Unidos, que son aliados de todos estos países, se sienten un poco descolocados y no saben muy bien qué hacer.

Lo que parece evidente que acaban por hacer tanto unos como otros, lo que está haciendo el Estado español, Italia e incluso Estados Unidos, es apostar por una política de hechos consumados. El golpe del pasado verano no ha sido catalogado como tal por la diplomacia occidental sino que era una cosa mucho más “complicada”, aunque los diplomáticos no nos han explicado a día de hoy qué puñetas sucedió en Egipto. No queremos enemistarnos con el Ejército porque son los garantes de la estabilidad en la zona; no nos gusta lo que ha sucedido porque nuestro plan, el que propuso occidente, se ha roto y descompuesto, pero vamos a ver qué acaba sucediendo.

¿En qué medida en el estallido inicial, aunque tenga una fuerte base social, viene inducido por occidente? ¿Mediante qué elementos pudo potenciarse lo que sucedió entonces?

Yo creo que no hay ningún germen de iniciación claro en lo que sucede. Estados Unidos sí que estuvo presionando a la Administración de Mubarak para que hiciese medidas aperturistas, que en cierta medida se produjeron hasta 2005, 2006, cuando los HH MM ganaron más diputados que nunca. Eso fue utilizado para volver a la agenda represiva ante el miedo que tenía occidente de que ganasen los HH MM. A partir de entonces, los programas de democratización de Estados Unidos en la zona prácticamente se aparcan. Sí que se genera un aumento de las instituciones de sociedad civil tipo Human Rights Watch y Amnistía Internacional, etcétera, que tienen cierta participación en el proceso, pero en ningún momento lo intensifican. Es importante tener en cuenta el papel que desempeña Al Yazira en la concienciación, sobre todo en la década de los 90, en la generación de un referente en Egipto de que existe una realidad diferente a la que vende el régimen. Ahora, pensar que occidente potencia, alimenta, lo que está sucediendo en Egipto, yo creo que eso no es así. Lo que sucede en las calles genera cierta simpatía entre los medios de comunicación porque no hay una agenda claramente marcada. Hay errores clarísimos a la hora de analizar qué sucede, es evidente, pero generan simpatía. Como también sucedió cuando estalló aquí el 15-M. Nadie sabía qué estaba sucediendo y veías que los medios de comunicación lo trataban con simpatía. Y eso tampoco quiere decir que el 15-M lo montase El País. Se intenta analizar lo que sucede allí con las gafas occidentales, que lo que quieren es elecciones cada cuatro años y ya está.

Yo seguí con intensidad la cobertura de la plaza de Tahrir en Al Yazira en inglés y todo era de una simplificación extrema: pro-Mubarak y pro-democracia. No había matices intermedios que explicaran aquello.

Al Yazira tenía una agenda muy clara y se vio de forma muy evidente a partir de 2011. Realmente es un medio que abrió la pluralidad de los medios de comunicación en el mundo árabe pero, a partir de 2011, se vio claro que detrás había una agenda política a favor del aumento del peso estratégico del Emirato de Catar. Empezamos a ver cuáles son los intereses de unos y otros. Hoy en día, si uno abre la web de Al Yazira y la web de Al Arabiya, parece que estemos hablando sobre mundos completamente opuestos. Y con el golpe del pasado verano ya no era vivir en mundos distintos, sino en galaxias completamente opuestas. Y estaban hablando de los mismos acontecimientos, lo cual fue un ejercicio interesante de periodismo real. Los políticos lo llaman realpolitik, quizá deberíamos llamar a eso realjournalism. Eran la noche y el día hablando de los mismos acontecimientos.

Uno de los grandes actores beneficiados por la vuelta del Ejército al poder es Israel; uno de los grandes perjudicados, Gaza. ¿Cómo se cifra eso en la región?

Al igual que todo el mundo se siente descolocado, Israel también. Pero el primer comunicado que hace la Junta Militar cuando toma el poder es decir que no se va a tocar ninguno de los tratados internacionales, para dejar claro a Tel Aviv que aquí nadie toca nada. En el libro no he podido entrar mucho en eso, fue un capítulo que acabé diseminando porque no podía entrar en ese tema, que trataba de los procesos políticos clave vinculados con momentos en los que se habían organizado manifestaciones frente al Consulado de Israel en El Cairo y accidentes que se habían producido en la frontera, etcétera. Ahí hay una historia. A partir de 2011 se intenta construir el proceso de reconciliación entre Fatah y Hamás, que fracasa completamente a partir del golpe del pasado verano; hay un intento de instaurar la OLP, que fracasa igualmente a partir del pasado verano. Gaza se abre, de hecho vemos un Hamás que ya no actúa como una gallina acorralada sino con un pragmatismo político que no se había visto antes, por lo que vemos un giro político positivo o al menos prometedor e interesante que se ve interrumpido el pasado verano. Figuras del antiguo régimen crean el discurso de que la revolución de 2011 fue creada allí y que los manifestantes eran gente venida de la Franja de Gaza, militantes de Hamás y de Hizbulá que entraron en el país para liberar a los HH MM y crear el caos. Es la imagen que se crea en el país. El objetivo de los militares es acabar con los túneles que conectan Egipto con la Franja de Gaza y que, según el régimen, abastecen de armas aunque en realidad están abasteciendo, dejando de lado las armas, de combustible, alimentos… que representan el 60% de la economía de la Franja.

El Ministerio de Defensa ha hablado de que ya ha acabado con 300 túneles en los últimos cinco meses y vemos que a día de hoy Gaza está más ahogada que nunca, y no solo por la intervención del Estado de Israel sino por la intervención de un país supuestamente hermano, árabe, como es Egipto. De hecho, la semana pasada vimos el cierre de la única central eléctrica que hay en Gaza por falta de combustible, que entraba por los túneles. Si no se abre el paso fronterizo de Rafah, que se está abriendo en caso ultrapuntuales, están literalmente ahogando a los gazatíes. La situación es claramente desesperante para la población de Gaza.

¿Qué te impulsó viajar a Alejandría y a contarnos todo esto que ahora recopilas en un libro, antes también en trabajos documentales?

Entre los múltiples motivos que me hicieron moverme de Barcelona en octubre de 2008, y elegir Egipto y Alejandría, está que en abril de 2008 hubo esa intifada obrera de Mahala al Kubra, movimiento obrero y combustión social que yo había vislumbrado en algunos artículos pero de lo que aquí nadie hablaba. Me despertó la curiosidad. Al ponerme en contacto con activistas en Egipto, lo que me pidieron es que abriera un blog que hablara sobre esto en lengua castellana, en catalán, “para que la gente en tus tierras se entere de lo que está sucediendo aquí”. En febrero de 2009 abrí un blog que se llama ‘Egipto tras la barricada’ y, a partir de entonces, informé de lo que estaba sucediendo, de aquellas noticias que antes de 2011 no generaban interés en la prensa española. Intenté vender a medios de comunicación catalanes, españoles, algunas noticias; tampoco insistí mucho porque vi que no había ningún tipo de interés por hablar, por ejemplo, sobre la muerte de Khaled Said en Alejandría. A mí se le decía que a quién le importa que en Alejandría la policía mate a un chaval, y luego llega 2011 y hay mucha prisa en intentar contar lo que sucede.

Por otro lado, parece que el Estado español y el Estado egipcio estén muy lejanos, que no haya ningún tipo de relación. Pues hay que resaltar que es el tercer socio comercial de Egipto, que el año pasado el Ejército español vendió armamento al Ejército egipcio por valor de 50 millones de euros, que las exportaciones de armamento superaron el año pasado los 92 millones de euros, que la justicia española está obstruyendo la extradición a Egipto de un hombre llamado Husseim Salem, que en Egipto es conocido como la caja negra de la corrupción, mano derecha de Mubarak, el hombre que firmaba todos los contratos de exportación de gas natural, y ese hombre está protegido por la nacionalidad española que el señor Pablo Ruz dice que no es importante saber cómo la consiguió, pero que la consiguió en 2008, cuando los Estados español y egipcio estaban firmando contratos para la transferencia de gas natural, por debajo de los precios de mercado, entre Egipto y una empresa española llamada Unión Fenosa en el puerto de Damietta. En informes de los juicios contra el señor Husseim Salem –juicios que se hacen sin su presencia, porque él está en un chalet de La Moraleja- , se ha calculado que entre los años 2005 y 2010 el Estado egipcio perdió 6.000 millones de dólares por todo esto. ¿Se cambiaron esos 6.000 millones de dólares por un pasaporte para Salem? No lo sabemos porque la justicia española dice que no es importante investigar eso.

¿Qué te frustra más? ¿Las políticas de Estado o las coberturas mediáticas desde España?

Me frustra un poco todo, es un poco frustrante todo en general, y todo tiene su propia lógica. La entrada del periodismo en los mercados bursátiles ha hecho que no haya mucha diferencia entre estar trabajando en un McDonalds haciendo hamburguesas o estar en Egipto escribiendo noticias, porque las noticias se escriben desde las redacciones de Madrid y se encargan a la gente que está escribiendo sobre el terreno. No importa la visión que tú des, lo que consideres relevante en la zona; las noticias y la agenda la marcan los medios de comunicación. Ya no en Madrid o en Barcelona, se acaban marcando por los grandes medios internacionales que determinan esas ruedas de producción. El periodismo, que teóricamente tendría que ser el perro guardián del poder, acaba siendo el perrito faldero del poder.

La crisis del periodismo, más que una crisis económica o de modelo, que también, es una crisis de alejamiento del ciudadano.

Está clarísimo, y se argumenta que no hay dinero. Pero muchas veces no es una cuestión de que no haya dinero. Yo puedo incluso asimilar que a mí, por estar allí en Egipto, se me paguen 40 euros por una pieza, lo cual lo encuentro de por sí bastante indignante. Pero es que incluso aceptando eso, no se dan ni los instrumentos para confiar en esa persona que tienes allí. Y en el caso de Egipto son 40 euros, pero hay gente que está en Siria bajo las bombas y está cobrando 50 la pieza, y se está jugando literalmente el pellejo. Y todo en aras no de producir una noticia que dé al lector una comprensión de lo que está sucediendo, sino que se producen noticias sensacionalistas, como si estuviésemos en un McDonalds haciendo hamburguesas. Eso es lo que acaba primando, porque las noticias que más gustan son las que menos informan. Eso es algo que viví en mis carnes, lo que interesa es vender cosas bonitas, rápidas, digeribles, que no generen mucho dolor de cabeza, porque se considera que así se van a vender más periódicos.

El periodismo no es cuestión de pronósticos, pero ¿juegas por el pronóstico a corto y medio plazo de Egipto?

Jugar no, pero creo que si se confirma lo que llevamos meses esperando, y que todo el mundo da por hecho, que el general Abdul Fatah al-Sisi se presenta candidato a las presidenciales y que va a ser, sin ningún lugar a dudas, el próximo presidente, si eso sucede, va a abrir nuevas brechas, nuevas perspectivas para que haya insurrección en las calles. La gente se está cansando de la situación actual. De hecho, cuando llegue el verano va a ser una situación de enorme dramatismo porque, cuando la gente encienda todos los aires acondicionados, el país va a volver a colapsarse porque no hay recursos energéticos suficientes en el país, sobre todo porque se sigue vendiendo gas natural a potencias extranjeras entre las cuales están el Estado español, Jordania…

Las políticas económicas siguen el mismo camino que trazaron en los años 90 las instituciones financieras internacionales, que siguió Mubarak durante todo su reinado, que intensificó en 2005 y que llevaron a los HH MM a la situación en la que se encuentran ahora, y que el nuevo régimen político ha dicho que va a continuar. Ha dicho que va a poner fin al subsidio energético, alimentario… Eso va a colapsar el país y, si a la cabeza del Estado está un hombre como el general Abdul Fatah al-Sisi, eso va a abrir las perspectivas a que todo estalle. Hemos visto que el pacto del golpe de Estado con los nasseristas se está rompiendo, están entrando otra vez a un discurso crítico contra las fuerzas militares; los salafistas de momento les siguen la estela pero los liberales se están quejando de la nueva ley electoral… Es decir, el pacto de ese golpe de Estado se está fracturando. También hay elementos del antiguo régimen que se sienten dolidos por lo que sucedió en 2011 con las fuerzas militares y pueden volver a acabar disputándole el poder a la Junta Militar. Creo que todavía no hemos visto nada. El libro intenta ilustrar el proceso pero no es un libro cerrado, para nada. Van a venir muchas cosas todavía y el proceso camina, y seguramente va a caminar, con el ímpetu popular de la calle.

 

 

 

  Egipto tras la barricada


03/04/2014 10:22:07 Versió per imprimir

Las licencias libres para el software y la cultura, más allá de lo jurídico

Por Marga Padilla

Mientras leía el libro La tragedia del copyright, cayó en mis manos el artículo de Bernat Costa y Marta G. Franco sobre las “iniciativas para restringir el uso de la cultura libre para fines de ética dudosa”, publicado en este mismo periódico.

La lectura cruzada de ambos textos me ha permitido comprender mejor la diferencia entre las licencias GPL y las licencias Creative Commons.

En el artículo citado se analizan las diferencias formales, jurídicas, mientras que en el libro de Virus se analizan las tensiones entre la explotación comercial de los bienes culturales y los modelos de cooperación no basados en la competencia.

Lo que me propongo ahora, en diálogo con estos dos textos, es analizar las diferencias situacionales, es decir, lo que hace que estos dos grupos de licencias se agencien de distinta manera en sus respectivos entornos de aplicación.

Esta cuestión no depende solo de la mayor o menor genialidad de Richard Stallman o de Lawrence Lessig a la hora de desarrollar instrumentos jurídicos. Sin ánimo de menospreciar estas grandes aportaciones, cabe decir que no todas las ideas geniales triunfan, ya que la verdadera prueba de genialidad consiste en su adopción por parte de otros, que las consideran no solo geniales sino también útiles e idóneas.

Mi punto de partida respecto a estas diferencias es que mientras que el software libre ha hallado un modelo de negocio no solo compatible sino explícitamente apoyado en las GPL, las empresas del procomún culturales no alcanzan a levantar (siendo optimistas diríamos, todavía) un modelo generalizable.

Se me dirá que los modelos de negocio para el software libre son muchos y diversos. Cierto. Pero con la abstracción suficiente se puede reconocer un modelo común, cuyas principales características son compartidas:

  • En muchos casos hay una entidad sin ánimo de lucro (fundación, asociación...) que pilota el proyecto y vela por el mantenimiento de la neutralidad y de los fines sociales.
  • En muchos casos esta entidad central sin ánimo de lucro convive con un conjunto de asociaciones locales que organizan a la comunidad. En estas asociaciones locales, a menudo las personas más activas son las que trabajan en empresas que tienen más prestigio o que
  • obtienen más retorno.
  • En muchos casos hay algunas empresas (grandes o muy grandes) que lideran los desarrollos y tienen ahí sus principales líneas de negocio.
  • En muchos casos, otras empresas que no lideran los desarrollos también abren líneas de negocio sobre ese software, hasta cierto punto ajeno. Dabne forma parte de este tipo de empresas.
  • En muchos casos se genera una comunidad más o menos autoorganizada que contribuye al proyecto y también puede extraer renta de él.
  • En todos los casos hay un software base que es de uso público.
  • En muchos casos hay servicios o desarrollos verticales que son de pago.

Sobre estos rasgos, cada producto/servicio adopta sus variaciones. Por ejemplo, en Openbravo (un ERP producido por una empresa española) el modelo de producción se basa prácticamente en una única empresa apoyada por una comunidad pequeña, y el modelo de financiación se basa en servicios premium.

En cambio el caso de WordPress es mucho más complejo. WordPress es un gestor de contenidos muy utilizado, sobre todo para publicar blogs. En su origen fue un proyecto de Matt Mullenweg. En la actualidad ha evolucionado hacia un sistema social complejo (ahora no hablamos de lo técnico), que puede servir como ejemplo de hibridación de intereses, y que principalmente está formado por estos componentes:

  1. Automattic es la empresa que está detrás de WordPress. Es una empresa fundada por Matt Mullenweg y lidera el desarrollo técnico. Esta empresa es propietaria de WordPress.com
     
  2. WordPress.com es el producto/servicio/negocio que proporciona ingresos a la empresa Automattic. Este producto/servicio/negocio consiste en ofrecer WordPress en la nube. Es decir, cuando alguien quiere usar WordPress sin instalarlo, puede usarlo directamente en la nube abriéndose una cuenta en WordPress.com. Como parte de su estrategia de negocio, y aunque WordPress.com es un servicio comercial, Automattic ha decidido ofrecer algunos servicios gratuitos (eso sí, incluyen publicidad). Automattic tiene todo el control y capacidad de decisión sobre WordPress.com, y gestiona sus estrategias de negocio con total autonomía.
     
  3. WordPress Foundation es una fundación sin ánimo de lucro cuyo principal consejero es Matt Mullenweg. Matt dice haberse inspirado en la Fundación Mozilla (relacionada, entre otros proyectos, con el navegador Firefox) y en la Free Software Foundation (promotora de las licencias libres GNU GPL).
     
  4. La empresa Automattic ha donado la marca WordPress a la WordPress Foundation. Es decir, la fundación es la propietaria de la marca WordPress, y decide sobre el uso o la cesión de los derechos de marca y de uso del logotipo WordPress (una cosa es el software, que es libre, y otra cosa es la marca, que está registrada). Tal como dicen: El objetivo de la fundación es asegurar el libre acceso, a perpetuidad, a los proyectos de software que apoyamos. Las personas y las empresas pueden ir y venir, por lo que es importante asegurarse de que el código fuente de estos proyectos va a sobrevivir más allá de la base de contribuyentes actuales, para que podamos crear una plataforma estable para la publicación web para las generaciones venideras. Entre otras cosas, la fundación se encarga de organizar la WordCamp, el encuentro anual de la comunidad WordPress. Para cumplir sus fines, la fundación acepta donaciones.
     
  5. WordPress.org es el sitio web creado por la WordPress Foundation para organizar a la comunidad. Entre otras cosas, ofrece el código de WordPress para su descarga, así como documentación, traducciones, plugins, foros para desarrolladores, etc., y organiza las contribuciones técnicas de la comunidad.
     
  6. Audrey Capital es una empresa “angel investment” creada por Matt Mullenweg para financiar la innovación. Una empresa “angel investment” es parecida a una empresa de capital riesgo, pero con la diferencia de que los inversores invierten su propio dinero, y no el dinero de terceros. Las “angel investment” hacen inversiones arriesgadas, esperando obtener beneficios sustanciosos en un plazo de entre tres y siete años. La relación entre Audrey Capital y el sistema WordPress es lateral, pero viene a indicar que el sistema WordPress no se agota en sí mismo, sino que está abierto y salpica otras ideas y otros proyectos de innovación tecnológica.
     
  7. Muchos otros grupos, asociaciones y/o empresas también forman parte de WordPress en tanto lo utilizan como base de desarrollo para ofrecer a terceros servicios más personalizados. Estas empresas o personas producen plugins, themes, etc., que enriquecen el sistema y que a menudo son ofrecidos de base gratuitamente y mediante pago para acceder a los servicios premium.

Intentando abstraer un modelo semejante para las empresas que producen cultura libre, me encuentro con que no lo encuentro ;-) o, mejor dicho, lo que encuentro, y coincido con el diagnóstico del libro antes citado, son iniciativas en fase de experimentación que surgen de un malestar (existencial, crítico, político...) y de la precariedad laboral dominante en el sector (motivaciones muy diferentes a las de Matt Mullenweg).

La resultante de esto es que tras los productos o servicios de software libre vamos a encontrar comunidades complejas que forman verdaderos ecosistemas en los que lo grande y lo pequeño se reconocen como mutuamente valioso, interdependiente y necesario. Por ejemplo, recientemente se ha producido un fork de Drupal llamado Backdrop. El motivo de este fork es que una parte de la comunidad considera que las decisiones técnicas respecto a Drupal van a impedir de facto las aportaciones amateurs (se expulsa a lo pequeño, la parte verde de las gráficas de su web) y eso es malo. Por su parte, los líderes de estas decisiones (por ejemplo Dries Buytaert y su empresa Acquia) presionan para que Drupal 8 sea más y más profesional (lo cual significa que las empresas que desarrollen deberán ser más grandes, al tener que incorporar más perfiles técnicos y más especializados) porque quieren jugar en la liga de los fuertes (competir con Java, etc.).

En los ecosistemas de software libre estas tensiones y negociaciones son continuas, ya que el poder de negociación interna, hasta cierto punto, está distribuido. Es verdad que este tipo de comunidades complejas no disuelve las diferencias (económicas, de poder, etc.). Pero sí que, al estilo de los procomunes materiales, integran un poco mejor o reparten con más juego las opciones para conseguir renta. Para unos la opción consistirá en ganar 1000 euros al mes y para otros 10.000 o mucho más. Esta desigualdad puede parecer inaceptable, pero el panorama es mucho peor en el ámbito de la creación cultural libre.

Sin duda, tras la producción de la cultura libre también hay empresas. La siguiente tabla propone una clasificación simétrica de los agentes de la producción cultural, por un lado desde el copyleft y por el otro desde el copyright.

 

Copyleft Copyright
Empresas cuyo producto es el ancho de banda o los dispositivos de almacenamiento (operadoras, hardware...)  
Empresas como Napster, cuyo modelo de negocio estaba basado en los contenidos.
Publicidad en páginas de intercambio de enlaces
Industrias culturales
Empresas con modelos de negocio como Google o Facebook, basados en datos personales (publicidad personalizada...) Empresas con modelos de negocio como Microsoft
Lobbies anticopyright como Creative Commons,
Electronic Frontier Foundation...
Entidades de gestión
Sellos independientes, cine independiente, Wikipedia... Grandes sellos discográficos, estudios de cine, empresas de comunicación de masas (Hollywood, Disney...)
Desarrollos legales (Creative Commons) Beligerancia jurídica (denuncias)
Desarrollos técnicos para compartir (p2p) Desarrollos técnicos para limitar (DRM)
Práctica de la remezcla (remix) Criminalización (piratería)
Empresas del procomún  
Activistas anticopyright Estados, legislación, castigo...
Autores Autores
Público, prosumidores... Público, descargas...

Ciertamente, entre los agentes del lado izquierdo de la tabla, los del copyleft, también hay alianzas. Pero las alianzas que se pueden dar entre Google, los lobbies anticopyright, las empresas del procomún, el activismo... son, a mi juicio, demasiado monstruosas.

Porque es cierto que los fuertes del lado izquierdo de la tabla (Google, Facebook...) están interesados en que haya mucha cultura libre, pero solo porque es el excipiente necesario para su negocio real: el mercadeo con los datos personales con fines, en el mejor de los casos, publicitarios.

No encontramos, por tanto, verdaderas alianzas entre los fuertes y los débiles del lado izquierdo de la tabla, alianzas basadas en un interés directo y compartido por el desarrollo de la cultura libre, sino meras componendas para hacer frente a enemigos comunes (los de la derecha de la tabla).

La consecuencia de esto es una moneda con dos caras. Una de ellas es que en la producción cultural no hay comunidades complejas que pongan en cooperación lo grande y lo pequeño. El reverso de esta ausencia de comunidad es que los réditos económicos del copyleft no se distribuyen ni poco ni mucho, puesto que en la práctica son acaparados por los fuertes (aunque esos fuertes venden la mentira de que si eres genial, tanto como ellos lo fueron, siempre podrás triunfar, igual que ellos lo han hecho).

Esa dificultad, casi imposibilidad, para distribuir los réditos es lo que justifica que las licencias CC permitan proteger la cultura libre bajo la clausula No Comercial, algo impensable para el software libre y que hace que, bajo un juicio estricto, estas licencias no puedan ser consideradas libres.

Eso de que : “si cualquiera puede usar mis fotos, ¿de qué voy a vivir yo, que soy fotógrafa?” no hace más que señalar esta dificultad tan injusta. Y es que no imagino un modelo económico viable para, por ejemplo, una comunidad en la que grandes agencias de periodismo gráfico y periodistas freelance o amateurs compartan un archivo gráfico procomún que dé oportunidades económicas para todos o distribuya de alguna manera los beneficios o las rentas. Porque está claro que Flickr no es una comunidad ¿verdad?

Llegando a este punto podría deducirse que los informáticos han sido mucho más listos a la hora de armar sus desarrollos jurídicos y empresariales que los fotógrafos. Pero claro, no es eso. Y si no es eso... tiene que ser otra cosa ;-)

A mi entender, la diferencia grande entre el software con su GPL y la cultura con su CC consiste en que el software es un código y las producciones culturales no. Que el software sea código significa que su puesta en solfa todavía requiere mucho conocimiento, parecido a las destrezas que se requieren para pasar de una partitura musical (código) a su interpretación.

La diferencia entre GitHub y Flickr no está tanto en las plataformas en sí como en el tipo de contenido que albergan. Requiere más conocimiento poner a funcionar un código bajado de GitHub que utilizar una foto de Flickr. ¡Ojo! No es que hacer fotos sea más fácil que hacer software. Ni
mucho menos. Lo que ocurre es que el software es más parecido a una partitura (requiere ser interpretado) y la foto es más parecida a la interpretación, almacenada en un formato replicable. El grado de acabado de uno y otro producto, y la autonomía con la que pueden funcionar, son distintos.

Allí donde el conocimiento complejo debe ser realimentado y redistribuido la comunidad es imprescindible. No hay software libre sin comunidad y la licencia es “solo” un instrumento legal. Por eso, no nos cansamos de decir que una de las formas de matar las comunidades es expropiarlas
de su conocimiento o hacerlo inservible. Y esto vale tanto para tanto para el software como para las comunidades de indígenas que custodian el conocimiento sobre las semillas o para las comunidades de mujeres que conservan y transmiten el autoconomiento sobre los partos.

Lógicamente, no se trata de blanco o negro sino de matices. La Wikipedia, por ejemplo, está a medio camino entre el software y la cultura. Alberga una obra cultural más cercana al conocimiento que YouTube, y por eso requiere de más comunidad. Pero ahí las empresas no entran y, muy importante, la Wikipedia opera al margen del mercado y no tiene competidores. Por tanto, no sirve de modelo para una producción cultural que aspira a salir de la precariedad y a conseguir renta.

De ahí que siga abierta la cuestión, para mí muy acuciante, de cómo dar fortaleza a los modelos de producción de la cultura libre.

Soy consciente de que me he atrevido a opinar sobre la producción cultural, ámbito que no conozco tan bien como el del software libre. Por eso, agradeceré todas las críticas o consideraciones que se me hagan llegar al respecto.

 

Artículo publicado en Idearia - BlogsDiagonal, 12/02/2014

 

 

  La tragedia del copyright


02/04/2014 17:33:13 Versió per imprimir

Anatomía de una revolución fallida

Por Ricard González

La Revolución Egipcia ha dado pie a un sinnúmero de libros, documentales y reportajes periodísticos. Los 18 días de revuelta que destronaron a Mubarak no solo captaron la atención del mundo entero, sino que crearon una auténtica mística entorno a la plaza Tahrir. Sin embargo, menos se ha hablado del periodo que se abrió después. Una transición es un fenómeno político y social tan complejo como apasionante, imposible de entender a través de los flashes que aporta la actualidad diaria en los medios de comunicación. Para comprender sus dinámicas es necesaria una visión de conjunto, más amplia. Esta es precisamente la aportación de un libro de reciengte publicación: Egipto tras la barricada, del periodista Marc Almodóvar.

La obra es una disección completa y minuciosa, por orden cronológico, de los últimos tres años de la historia de Egipto, desde el inicio de la rebelión de enero del 2011 a la redacción de una nueva Constitución tras el golpe de Estado del verano del 2013. No obstante, el texto también incluye una mirada a vista de pájaro del régimen Mubarak con el objetivo de ofrecer las claves del confuso momento actual. No es fácil explicar la evolución de un país que ha dado en los últimos años diversos giros inesperados. En apenas dos años y medio, la presión popular y la intervención del Ejército han depuesto a dos presidentes. Y en cuestión de meses, los Hermanos Musulmanes han pasado de cosechar una victoria electoral tras otra, a un ostracismo absoluto.

El de Almodóvar no es el frío análisis de un académico, sino el de un periodista con un marcado compromiso social que ha vivido los cinco últimos años en Egipto y que domina perfectamente el dialecto egipcio del árabe. Es pues, un relato desde dentro, hecho con un espíritu crítico no solo hacia los principales actores internos de la transición, sino también de los externos. Entre ellos, el Estado español, refugio de Hussein Salem, uno de los más corruptos magnates del círculo de Mubarak.

Como la Luna, toda transición tiene una cara oculta. La historia no se mueve solo a través de las movilizaciones callejeras y los resultados en las urnas, sino también de los pactos secretos entre élites, partidos e instituciones estatales. En el caso de la transición en Egipto, quizás la comparación más apropiada sea con un icebreg: su parte más importante está sumergida. No revelarla es quizás la principal carencia del libro. Sin embargo, esta es ahora una tarea imposible. Tan solo de aquí algunos años, o quizás décadas, cuando los protagonistas políticos de este periodo hayan abandonando la primera línea política, estarán dispuestos a desvelar los secretos de la transición.

“La revolución que en enero del 2011 reclamaba “Pan, libertad y justicia social” no ha muerto”, concluye Almodóvar en su epílogo, recordando que revoluciones como la francesa o la rusa no culminaron en tres años. Un nota final optimista que contrasta con el pesimismo de muchos de los activistas que ocuparon Tahrir en 2011 ante una transición que perciben como fallida. Para saber si Egipto ha dado un paso hacia atrás en los últimos meses antes de dar dos hacia adelante, habrá que continuar siguiendo de cerca qué sucede en el Valle del Nilo.

 

Artículo publicado en Afkar, abril 2014

 

 

 

  Egipto tras la barricada


02/04/2014 17:09:11 Versió per imprimir

Creernos nuestras propias herramientas

Por Manuel Tabernas

Tiene este libro una primera parte destinada a aclarar términos y concretar qué significa el concepto de noviolencia. Parte extensa pero precisa y útil. Lo exhaustivo de esta introducción se justifica en la necesidad de evitar confundir posturas revolucionaras con acciones noviolentas reformistas. Y en dejar bien claro que, como dice un activista y teórico sobre la noviolencia como Gene Sharp, la acción noviolenta no es pasiva, no es inacción, es acción que no es violenta. En esta primera parte diferencia también, claramente, a los que usan las herramientas de la noviolencia sólo porque son útiles y efectivas (a los que el autor llama pragmáticos) frente a los “éticos”, que consideran inaceptable la violencia en cualquiera de sus formas y que, de hecho, la consideran un medio reaccionario.

La segunda parte es una clara exposición histórica –se podría decir que genealógica– que cuenta cómo han evolucionado las ideas sobre noviolencia desde los aportes teóricos que se hacen desde posiciones tan diversas como la revolución francesa y estadounidense, los postulados anarquistas, marxistas, sufragistas, los activistas por los derechos civiles, académicos, feministas, queer... y un larguísimo etcétera. También desgrana los enlaces e influencias entre las diferentes luchas noviolentas a lo largo de la historia y en infinidad de lugares del planeta.

No es un manual de uso, pero describe las herramientas de que se van dotando las diferentes luchas para defenderse y cambiar las cosas: boicots, huelgas, cartismo, manifestaciones, creación de instituciones alternativas, resistencia pasiva, etc. Herramientas todas ellas que funcionan, que son útiles.

En paralelo a la evolución del concepto de noviolencia va el de Estado. Para que el poder se dé debe haber consentimiento del dominado y esto es fundamental para desarrollar la idea de la negación de este consentimiento. Si mandan es porque tú obedeces. Si no obedeces y te organizas... se puede transformar la sociedad.

La noviolencia es un fenómeno universal en todas las culturas y épocas. La hubo en los países ocupados por los nazis, en muchos lugares con dictaduras y bajo imperios. Hoy en día, con los escraches, la oposición a los desalojos, sigue habiendo resistencia noviolenta.

El tono general del libro es comedido y poco triunfalista. Habla de éxitos y de fracasos. Cita a personajes pero huye del personalismo. Las peleas, las campañas, las hace el pueblo, con o sin líderes. Pero también las sufre y, para bien o para mal, las suele pagar muy caras.

Muy loable también es que no mitifica a los personajes que cita y, más allá de los bien conocidos como Gandhi, Tolstoi, Martin Luther King Jr., habla de otros desconocidos pero muy importantes para el pacifismo musulmán, como Abdul Gaffar Khan. Se comentan los aportes de cada uno, pero también sus defectos y contradicciones: el nacionalismo de algunas sufragistas, la posición de Gandhi durante las guerras mundiales, la división del anarquismo ante la Gran Guerra, etcétera.

La lectura del libro muestra muchas campañas de resistencia noviolenta, no colaboración, obstruccionismo y resistencia injustamente olvidadas. Se deben conocer y saber qué funcionó, qué falló y qué podría funcionar ahora. Ése es uno de los logros de este libro.

 

Reseña publicada en Diagonal n.º 219, el 27/03/2014

 

 

  Teoría e historia de la revolución noviolenta


01/04/2014 11:39:25 Versió per imprimir

«Las revoluciones noviolentas han tenido más porcentajes de éxito»

 

Por Manuel Tabernas

 

¿Por qué tiene tan buena fama la violencia para solucionar conflictos?

La violencia es una forma de acción, política o social, que aparentemente tiene una gran efectividad en los niveles de acción instrumental, comunicativo o de negociación, que se puede ejercer con poca capacidad organizacional y sin plantear cuestiones incómodas sobre la propia naturaleza del conflicto. La efectividad instrumental de la violencia es sólo aparente porque una lucha de resistencia debe enfrentarse asimétricamente a la violencia del oponente, que dispondrá de infinidad de medios violentos con mayor capacidad de destrucción.

La acción violenta atrae a los que buscan una respuesta rápida y enérgica contra la injusticia, pero cual­quier respuesta, para que sea realmente duradera, tiene que ser meditada y consensuada por la sociedad. No hay otra forma, pues de otra manera necesitará de más violencia para perpetuarse.

Dicen los clásicos que una revolución violenta engendrará una sociedad violenta. ¿Pero es realmente posible una revolución noviolenta?

No sólo es posible una revolución noviolenta, sino que históricamente han tenido mayores porcentajes de éxito. Según las estadísticas de las investigadoras Maria Stephan y Erika Chenoweth, durante el siglo XX las revoluciones noviolentas han triunfado en un 60% y las revoluciones violentas tan sólo en un 30%.

Cuando la sociedad, el pueblo, se alce pacíficamente, cuando el planeta se pare... ¿se entregarán los terratenientes y los magnates?

Usar la acción noviolenta no significa que no haya que enfrentarse a estrategias de represión violenta, sino que las estrategias que se van a emplear contra esa represión violenta van a ser noviolentas de cara a maximizar la efectividad de la lucha. Al usar estrategias noviolentas se podrá minimizar el efecto de la represión al deslegitimarla públicamente. También permitirá que se movilice un mayor número de personas de dos formas diferentes. Por un lado, dotarán de legitimidad a las movilizaciones al no poder ser consideradas como origen de la violencia, y por otro lado, si se realizan de forma imaginativa, las estrategias noviolentas pueden evitar la exposición a la represión, usando boicots, huelgas y otros actos de no colaboración. La mejor manera de defenderse de la represión es mediante el empleo de técnicas noviolentas que la deslegitimen y, por tanto, debiliten a quien las pone en marcha, por lo que es la mejor manera de luchar por la revolución social. Dado que es dudoso que el oponente ceda a las demandas de cambio por iniciativa propia, se precisa el uso conjunto de técnicas de coerción junto con técnicas de persuasión, que logran forzar a negociar al que no quiere negociar porque le arrebata las fuentes de su poder, que emanan de los diferentes colectivos que le apoyan y colaboran con él, directa o indirectamente.
 

¿El uso o no de la violencia es un debate propio de la izquierda?

La izquierda se distingue de la derecha precisamente por plan­tear la acción política desde planteamientos éticos, por lo que es lógico que produzca este tipo de debates. Por otro lado, el monopolio de la violencia legítima es una de las prerrogativas de las que se ha apropiado el Estado. Debemos mentalizarnos de que los ejércitos y policías armados no defienden a las personas, sino al sistema, que distribuye arbitrariamente los recursos del planeta y permite la apropiación de recursos colectivos por parte de ciertas élites de privilegiados poderosos.

¿Hay actualmente luchas como las que describes en tu libro?

En este momento están sucediendo muchas resistencias noviolentas a lo largo de los cinco continentes. Algunas son pequeñas y locales, pero otras están muy consolidadas y están logrando transformar las realidades en las que se desarrollan. Por ejemplo, en Co­lom­bia hay un gran movimiento de comunidades campesinas e indígenas que, utilizando formas de resistencia noviolenta, han plantado cara a las guerrillas, el Ejército y los paramilitares, creando alternativas al conflicto armado, y esas luchas están inspirando movimientos campesinos en todo el continente americano.

Los casos de Libia y Siria muestran como esos movimientos noviolentos pueden ser cooptados para transformarse en luchas armadas que defiendan los intereses de terceros. Ucrania es otro claro ejemplo en el cual las movilizaciones noviolentas se están militarizando y, por tanto, se están apropiando de ellas sectores con intereses particulares. Sin embargo, es en el Estado español donde estamos asistiendo a una de las mayores movilizaciones contem­po­rá­neas que, aunque todavía tarde décadas en fructificar, ha producido una renovación general en la forma de entender la movilización, proceso que había tenido lugar en otros países en torno a las movilizaciones del año 68 y que está expandiendo el asamblearismo a otros ámbitos sociales.

¿Cuál es el papel de las mujeres en todas estas luchas y porn qué está tan silenciada una intervención que es fundamental?

Está claro que un movimiento que tenga en cuenta los aspectos de dominación de género denunciados por los movimientos feministas facilitará la incorporación no sólo de más mujeres, sino de otras muchas personas que no se sienten cómodas en ambientes patriarcales en los que se las excluye de la toma de decisiones o se les brinda formas de participación carentes de poder. Los movimientos noviolentos, al contrario que los grupos armados y de resistencia civil violenta, se han de preocupar por la reflexión de género porque para su resultado final será imprescindible la mayor implicación posible de personas, pero también por propia coherencia entre el fin que se demanda y la forma de conseguirlo. La lucha es una forma de ensayar el nuevo tipo de relaciones sociales que queremos crear, por lo que las organizaciones violentas que se preparan para la lucha armada o la revuelta civil no tienen nada que proponer al respecto de la gestión de conflictos interpersonales que denuncia la teoría feminista, todo lo contrario, aceptan muchas veces valores patriarcales e incluso los exaltan. Si en algunos movimientos se silencia el papel de las mujeres probablemente será porque no tienen en cuenta estas reflexiones estratégicas básicas y los machos dominantes tienen más interés en cuestiones de orgullo y estatus personal que en el proceso de inclusión colectiva necesario para el triunfo. Es uno de los primeros cambios personales que tenemos que hacer, cuestionarnos las relaciones de género patriarcales y asumir que tanto hombres como mujeres participamos de las mismas en mayor o menor medida. Sólo así podremos modificarlas, primero en nuestra lucha, luego en el resto de la sociedad.

La noviolencia funciona. ¿Qué más hay que hacer?

Para avanzar hacia la revolución democrática necesaria sólo hace falta saber lo que se quiere y estar de acuerdo en cómo lograrlo. Es necesario tener un objetivo común, unitario y, por tanto, de mínimos, para que pueda ser incluyente y motivar a participar a gente como nuestras responsables madres, nues­tros primos pijos o nuestras hermanas punkis. Y también es necesario un consenso en torno a las formas de movilización, que deben ser algo más que pacíficas, deben ser disruptivas y transgresoras para que puedan ejercer una coerción efectiva hacia el poder, pero manteniéndose pacíficas para no perder la legitimidad, pues el que pierde la legitimidad es al final derrotado.

 

Entrevista publicada en Diagonal n.º 219, el 27/03/2014

 

 

  Teoría e historia de la revolución noviolenta


01/04/2014 11:27:16 Versió per imprimir

Nombre de registres trobats: 422