Contra el deporte

Por Blas López Angulo

Contra el deporte, sobre todo contra el opio del pueblo, claro. Cada vez que se celebra un Mundial le precede un oportunista ramillete de libros. No es para menos, pues de no llegar a tiempo hay que esperar otros 4 años. Aunque hoy con una literatura deportiva en ascenso puede compaginarse con otros eventos: La Eurocopa o las Olimpiadas, también universales y aún de mayor carga cultural e histórica. De hecho, es lo que le pasó a uno de estos libros, publicado el pasado junio. Que salió al tapete a pierna cambiada, por usar un símil futbolero que espero que sus editores me permitan. Me refiero a “La barbarie deportiva. Crítica de una plaga mundial” de Marc Perelman.

En realidad, se trata de una traducción, muy loable, de uno de los autores más clásicos en la crítica marxista del deporte, del que el público español no tenía noticia en las estanterías, como sigue sucediendo con colegas suyos, caso de Jean Marie Brohm y Fabien Ollier, con los que ha editado otros títulos.

Ocurre que Marc Perelman lo escribió precisamente para los Juegos Olímpicos de 2008 de Pekín, uno de los más criticados junto a los de Berlín 1936 o Moscú 1980. Ese mismo año publicó junto al mencionado Fabien Ollier, “Pékin 2008: les jeux de la honte” (Los juegos de la vergüenza). Y cuatro años después, en 2012, nuevos Juegos, y nueva edición refundida de ambos. Visto lo cual, en mi opinión la combativa Virus Editorial en cierto modo ha errado el tiro (el chut); sobre todo, porque del mismo ensayista, en colaboración con el también citado Jean Marie Brohm, ya existía en las librerías francesas otra obra más específica ¡y significativa!: “El fútbol, una peste emocional. La barbarie de los estadios”. Editado con ocasión del Mundial de Alemania, se trata a su vez de otra refundición y actualización de libros anteriores, igual de desconocidos para el lector español: “Los intelectuales y el fútbol (2000, reeditado en 2011), y de ”El fútbol, una peste emocional” (1998).

Si les adelanto alguno de sus epígrafes, incluso a los más despistados, no les quedará ninguna duda de su contenido. Vean: La futbolización del mundo: el porvenir de una pesadilla. El fútbol, un espejismo mistificador. Infantilización y regresión cultural. La pasión. Opio del pueblo. Idolatría. Fetichismos, supersticiones y actos obsesionantes. Intoxicación ideológica. Pasión destructora y peste racista. Alienación populista. El Imperio fútbol, la multinacional del balón. El libro negro de la violencia. Hooligans y hordas salvajes. Dopaje. Etcétera.

Precisamente, otro capítulo suyo, “Sexualidad, homosexualidad y deporte”, por estas fechas del año pasado me inspiró una columna la mar de atrevida que este diario centenario tuvo la generosidad de publicar. Si les digo como empezaba el texto de Perelman comprenderán sus nocivos efectos: “El desarrollo de comportamientos homosexuales latentes entre los jugadores de un mismo equipo sobre la base de una complicidad sadomasoquista (agresividad y placer en el dolor) o de un narcisismo grupal (“la victoria está en nosotros”)...”

Citando a Freud venía a decir que dichos comportamientos proliferaban sobre todo en el fútbol y rugby. Mis desvaríos, no obstante, obedecían los planteamientos de Adorno y Horkheimer que el autor francés reseñaba. Su brillantez expositiva lo merecen, como los de Freud, que tuvieron la virtud de resquebrajar los aparentemente sólidos cimientos de nuestra civilización. Ahora bien, las teorías críticas -no digamos ya los sistemas filosóficos- son tan perfectas como inasumibles o contradictorias con nuestra condición humana.

Preguntaré a Pablo Iglesias, de filiación marxista incontestable, que es lo que piensa del opio del pueblo. Sigue al Numancia y al Rayo. Al menos, no le veo como a esa crema merengue de sindicalistas en el palco del Real Madrid. En mi caso, prefiero escribir contra el fútbol antes que teorizar. O más bien, alrededor del fútbol. ¡Ah!, aquella columna la llamé “No todo va a ser follar”, protuberancia ilustrada que debo al maestro de cantautores, Javier Krahe.

 

Reseña publicada en El Diario de Soria/El Mundo y Iusport, 20/09/2014

 

 


26/09/2014 17:50:45 Versió per imprimir

Pan y circo: contra la barbarie deportiva

Por Luis Roca Jusmet

El deporte, las olimpiadas, el fútbol, son temas tabú. Nadie se atreve con ellos, ni siquiera la izquierda. Forman parte de un consenso intocable, que solo admite críticas parciales y puntuales. No se entra en una crítica radical de lo que significa su influencia. Nadie hasta ahora había planteado la importancia que tiene este fenómeno dentro del capitalismo global y de la sociedad del espectáculo que la envuelve. Nadie ha denunciado los indecentes negocios que se mueven a su alrededor. La transformación del cuerpo en una máquina de la que solamente importan los resultados. El dopaje como esencia del deporte competitivo. La COI como poder supranacional como poder oligárquico que domina sobre los gobiernos y las gentes. Los megaproyectos olímpicos como transformación de la ciudad centrada en el estadio como elemento central Todo esto es lo que nos señala el valiente libro de Marc Perelman, que desde hace décadas ha desarrollado en Francia un trabajo crítico sobre el tema del deporte competitivo, la hegemonía del fútbol y el imperialismo de las Olimpíadas. Totalitarismo de una sociedad sin Ideal. El único proyecto para una sociedad nihilista, la religión del siglo XXI como auténtico fenómeno de masas. Todo como instrumento, por supuesto, de homogneización y unificación de las grandes ciudades del proyecto capitalista global.

El libro, siguiendo este hilo conductor de crítica global, va analizando diferentes aspectos. El primer capítulo trata sobre como se muestra la verdadera naturaleza autoritaria de los Juegos Olímpicos en Berlín (1936), Moscú ( 1980)y el Mundial de Fútbol de Argentina (1978). O todavía más radicalmente, las Olimpiadas de Berlín de 1936 como plataforma de justificación y promoción del proyecto del nazismo hitleriano. Después entra en el caso concreto de China, donde hace una análisis exhaustivo sobre como el proyecto olímpico destruyó el Pekín arquitectónico tradicional al servicio de una arquitectura monumentalista como muestra del "milagro económico chino". Continúa con un análisis de la carta Olímpica como un documento regido por una concepción antidemocrática y jerárquica que coloca al Comité Olímpico Internacional como institución de poder global al servicio del deporte competitivo, es decir de una promoción del deporte como una máquina contra el cuerpo y la salud al servicio de récords. Promocionando, en la práctica, el nacionalismo más cutre, sectario y violento. Se trata de jugar para ganar y la preparación de los atletas es una inversión de la que solo interesan los resultados, aunque sea a costa de la vida y de la salud de los deportistas., transformados en autómatas deshumanizados. El deporte-competición, del que se ocupa el siguiente capítulo, es así un elemento de identificación nacional, que crea comunidades emocionales violentas y sectarias, dominada por las pulsiones más primarias y agresivas. Todo ello nos conduce a la misma pregunta sobre el deporte, el saber si es tan viejo, como a veces se nos hace creer. Pero el deporte moderno, como señaló Marx, aparece con el capitalismo. Ambos lo hacen en el mismo marco, el de Gran Bretaña. Siguen el modelo de la empresa y son un elemento de distinción de la burguesía contra las decadentes instituciones de la nobleza militar. Hay también una relación con la industrialización, al imaginar al atleta como un máquina, del que hay que optimizar las piezas y los mecanismos. Lo que sorprende, continúa Perelman, es el olvido de la crítica al deporte y a sus instituciones, incluso en el mayo del 68 o en pensadores de la sociedad disciplinaria como Michel Foucault. Y lo absurdo de la cuestión es que los intelectuales de izquierdas más elitistas critican a los no elitistas precisamente porque se atreven con el deporte y el fútbol.

El campeón del deporte competitivo no cae ocasionalmente, coyunturalmente en el dopaje. El dopaje forma parte de la esencia del deporte competitivo, es su consecuencia lógica. La droga y la adicción son su verdad mortífera, que les conduce a veces a la muerte o a terribles enfermedades

como la E.L.A. Bien que aprendieron los países occidentales de los sistema de entrenamiento, cercano a la torturas, d elos campos de entrenamiento de atletas de la R.D.A.

Otro tema desarrollado es la relación entre el deporte y la cultura de la imagen que nos invade. La metáfora es el estadio-pantalla. Es el imaginario de la pantalla. Hay una mediatización del deporte y una deportivización de los media. Hay toda una normativa estética que se introduce bajo esta dinámica dominante. Vamos así hacia una civilización del valor-trabajo deportivo, nos dice Perelman. Su hipótesis final es que "la actualidad del espacio y el tiempo de la sociedad están atravesados por el deporte y quizás se hayan vuelto dependientes de éste, debido a varios fenómenos articulados entre sí : su irresistible ascensión, bajo la hegemonía del fútbol, que envuelve el planeta por sí solo y se instala en cada hogar, cuando no el interior de cada individuo, a través de la mediatización televisiva de las competiciones deportivas: la asimilación en su empresa de todos los lados malos, derivas y excesos ( dinero, violencia, dopaje..), que en la actualidad constituyen los cimientos en tanto devenir-deporte del mundo.” El deporte, en definitiva, “como confluencia de los aspectos más detestables de la sociedad.”

La crítica de Marc Perelman es, como podemos ver, muy radical, y el tono muy agresiva. ¿ Se ha pasado ? Pues no lo sé pero lo que sí sé es que hacia falta un libro como éste. Si se ha pasado, ya equilibraremos. Pero más vale pasarse que callarse, que es lo que se ha hecho y se sigue haciendo desde los sectores críticos. Bienvenido, por tanto, este libro como introductor de la crítica al deporte. Crítica desde el conocimiento, el trabajo serio y una concepción emancipadora.

Lo que sí me parece es que para profundizar y ampliar esta crítica deberíamos recurrir a otra “caja de instrumentos” teórica que la que utiliza Perelman. La Escuela de Frankfurt dijo cosas interesantes y que mantienen su actualidad. Pero la concepción de Marcuse de una cultura no represiva me parece que debe ampliarse en otro registro. Registro al que pueden ayudarnos por ejemplo, Castoriaids o Zizek. O la misma concepción de la biopolítica de Foucault. El horizonte, en todo caso, está abierto por este excelente ensayo de Perelman. Un libro que no hay que perderse, sin duda, para entender el mundo en que vivimos desde una perspectiva emancipatoria.

 

Reseña publicada en El Viejo Topo n.º 320, julio-agosto 2014

 

 


26/09/2014 17:30:34 Versió per imprimir

El deporte puede ser perjudicial para la salud

Por Silvia Hernando

Lo que en la calle supondría un hecho chocante, casi tabú, en el estadio se convierte en liturgia. Cantar (o, en el caso español, tararear) el himno nacional, por ejemplo. Sobre las gradas, las consignas se transforman en salmos, y cada jugador se erige en referente: en una especie de semidios, un héroe a quien adorar y con el que sentirse identificado. Alarmado y fascinado a partes iguales por esta «plaga» de la época moderna, la propagada por el deporte de alta competición, el escritor y profesor universitario francés Marc Perelman escribió en 2008 La barbarie deportiva, un libro para el que creó una versión actualizada tras los Juegos Olímpicos de Londres en 2012, y que ahora llega a España publicado por la editorial Virus.

No se refiere Perelman al deporte que se practica en el día a día, sino a su variante internacionalizada, mercantilizada, mediatizada, corrompida y, antes de todo eso, dopada hasta las orejas. De ella dice lo que advierten las cajetillas de tabaco o los productos químicos para limpiar el baño: que su uso es altamente nocivo para la salud, tanto la de quien lo practica como la de quien lo consume. «Lo que se pone en juego con el deporte y, particularmente, con el fútbol, son las grandes identificaciones sociopolíticas», ilustra el autor. «La identificación con la nación -el equipo nacional representa la nación. y los jugadores»: cada individuo se proyecta en un campeón.

Unidos en la barbarie

Acontecimientos como los Juegos Olímpicos o los mundiales de fútbol se venden como espectáculos unificadores entre pueblos y culturas; momentos para el regocijo global, todos juntos bailando al son del saludable hábito del deporte y la constructiva actitud del juego en equipo. Pero Perelman no compra esa versión. «Esta mundialización ha reventado las antiguas fronteras, los antiguos vínculos (a su club, a su país, etc) surgidos de la proximidad territorial y/o afectiva, que se han revertido en una mundialización que no es ni más ni menos que el mercado libre de la oferta y la demanda generado por el sistema capitalista. El deportista, el futbolista, es de hecho un nuevo tipo de trabajador libre que vende su "fuerza de trabajo" (en el sentido del término acuñado por Marx), es decir: sus capacidades de meter goles o de defender su portería».

Tras esa fachada de confraternidad y unidad de las competiciones de alto nivel se parapetan, más aún, hostilidades en muchos casos ancestrales que en más de una ocasión han terminado en auténticas tragedias. «El último Francia-Alemania [en el Mundial] tenía un regusto a revancha por la derrota de 1982 (y la de 1986), y para muchos franceses ese partido reavivaba la antigua rivalidad con Alemania a través de las guerras. En el fútbol siempre hay un trasfondo de guerra: esta nunca está lejos», dice Perelman, que responde a infoLibre vía email. «En lo que respecta a la sangre, el fútbol está especialmente implicado. Solo hace falta recordar los incidentes de Heysel, de Sheffield o recientemente, del estadio de El Cairo, con 74 muertos. En Brasil, hay oficialmente una decena de muertos solo por la construcción de los estadios, algo que el rey Pelé dice considerar "normal". En Qatar, ya hay más de 400 muertos en la construcción de los estadios de 2022 [más de1.200, según otras fuentes]  y, a este ritmo, se prevé que para cuando llegue la Copa habrá 4.000».

Millones que solucionarían problemas

Como en la vida, en el deporte la represión suele ser fiel compañera de esa sangre. Y no solo a día de hoy. «Estas competiciones refuerzan a las dictaduras cuando son ellas las organizadoras (Argentina 1978, Moscú 1980) o, en el caso de los países democráticos, favorecen el aumento de un cierto autoritarismo, como es el caso de Brasil con la Lei Geral da Copa (Ley General de la Copa), que obliga a las ciudades sede a impedir a los asalariados que trabajen los días que hay partido, y que prohíbe en un radio de dos kilómetros alrededor de los estadios toda venta -y, por tanto, a todo vendedor- de productos no afiliados a la FIFA, además de obligar a la gente que vive cerca de los estadios a presentar una acreditación para circular. Y el gobierno brasileño quiere incluso pasar una ley antiterrorista contra toda manifestación considerada violenta».

La FIFA, como organizadora del fútbol a nivel mundial, tiene un papel destacado en esta barbarie deportiva. «Tiene el estatus de organización internacional no gubernamental», ilustra Perelman, que detalla que como tal está inscrita la asociación en Suiza. «Está dirigida por 25 hombres y ni una sola mujer, y maneja sus cuentas, de miles de millones de euros, en la más absoluta opacidad, mientras que sus principales burócratas se llevan salarios de más de un millón neto al año. Los derechos de entrada como patrocinador oficial (Adidas, Visa, Coca-Cola, McDonalds, etc) son astronómicos. Por ejemplo, Visa pone alrededor de 130 millones de euros cada cuatro años. Para mí, ésa es la barbarie: con semejantes sumas, sería posible resolver los problemas [en Brasil] de salud, educación o transporte en plazos razonables».

El dopaje, el deporte rey

Sobre el terreno de juego, o sobre la pista, o en la piscina, los deportistas -ya lo decíamos- se han erigido en ineludibles referentes sociales. Quien más y quien menos, todos quieren ser como Messi, o como Gasol. «Sus proezas, sus patadas, sus pases y sus goles se conciben como hechos mágicos, como más allá de las leyes físicas, casi sobrenaturales». Y su mediatización desbocada (solo hace falta ver el espacio que se otorga a los deportes en televisión), ha llevado a que aquella teoría de Marshall McLuhan de que «el medio es el mensaje» se haya distorsionado en algo así como «el deporte es el mensaje», lo que conlleva en sí una paradoja flagrante: «El deporte de competición arruina la salud de los que lo practican». «Y sin embargo, es en nombre de la salud que uno se consagra a ello, sin tener en cuenta su tiempo y sin atender a su cuerpo. Hay que entrenarse duro, con unaviolencia a menudo sadomasoquista, aunque haga falta estar dopado para acceder al estatus de campeón».

La última década de éxitos del deporte español se debe precisamente, según Perelman, a la práctica extendida del dopaje. «No hay que hacerse ilusiones», sentencia el autor. «Todos los deportistas se dopan. Y el propio deporte de competición se ha convertido en sí mismo en una droga para muchos deportistas. El rizo se ha rizado». Y esto en ocurre en todas partes, aunque aquí se haya destapado más de un «sabroso» escándalo sobre el tema. «En lo que se refiere a saber si el dopaje ha permitido a España ganar tantos premios, la respuesta está implícita en la pregunta. Sí. Cuanto más y, sobre todo, cuanto mejor estés dopado, más y mejor rendirás. Y más rico te harás, con lo que te podrás dopar con mejores productos, más eficaces, no visibles, que no dejan rastro, y más éxitos volverás a tener. Esa es la lógica imparable del dopaje».

 

 

Reportaje publicado en InfoLibre el 8/07/2014

 

 

 

La barbarie deportiva


15/07/2014 16:53:26 Versió per imprimir

Tras la barricada

Por Marc Almodóvar

Hay que remontarse varios años atrás para comprender la movilización y la lucha que está llevando a cabo el pueblo egipcio. Artículo realizado con motivo del nuevo libro de Virus EditorialEgipto tras la barricada. Revolución y contrarrevolución más allá de Tahrir.

Marc Almodóvar | Periódico CNT

El 14 de noviembre de 1152 a.c. decenas de obreros y artesanos pararon la construcción de la necrópolis real en Deir el-Medina al grito de «tenemos hambre». Eso sucedía al fin de la 20ª dinastía, bajo reinado de Ramses III, en lo que aunque no sea seguramente la primera insurrección popular si representa la primera huelga documentada de la historia. Según los relatos los huelguistas fueron escalando en su nivel de confrontación con los gobernantes, que prometían mucho pero no cumplían con su palabra. Los obreros, que ya por entonces se quejaban de que sacerdotes y intermediarios acaparaban todos los víveres, fueron escalando en su confrontación. De simples quejas verbales llegaron a invadir el recinto de obras, acampar en él, repetir parones hasta tres veces y llegando finalmente, y según se cree, a saquear las tumbas que ellos mismos habían construido con su sudor no recompensado.

Egipto, pese a un imaginario colectivo que nos ha hecho creer en la sumisión constante del pueblo egipcio, y por extensión también del llamado pueblo árabe, ha vivido mucho tiempo detrás de la barricada. La historia nos rememora ese hecho. Egipto vivió en el siglo XX más procesos insurreccionales que no lo hiciera, por ejemplo, el estado español. Pero el racismo y el neocolonialismo nos han tendido a dibujar un pueblo egipcio y árabe sumiso ante el poder (inevitable, claro está) de unos gobernantes autoritarios y déspotas.

Documentar la revolución

El 22 de febrero de 2009 un servidor inauguraba un blog en la red bajo este nombre. Egipto tras la barricada. Lo hacía a petición de los activistas egipcios que veían importante dar a conocer lo que allí estaba sucediendo ante un práctico vacío mediático internacional. Pocos meses antes, en abril de 2008, una insurrección popular estalló en la ciudad obrera de Mahala el-Kobra, en el delta del Nilo. Miles obreros, ahogados por la creciente inflación, las medidas de liberalización económica y el incumplimiento repetido de las promesas de los gobernantes, tomaban las calles de la ciudad reclamando la caída del presidente Mubarak, cuyos retratos eran destrozados por la masa irada. 3 personas perdían la vida, cientos resultaban heridos y otros tantos eran detenidos y transferidos a la justicia militar.

Mientras eso sucedía, las instituciones financieras internacionales, así como los gobiernos occidentales, alababan sin rodeos las políticas económicas del régimen Mubarak. Un régimen que selló a principios de los noventa una alianza política con el FMI y el Banco Mundial que convertirían al país en un banco de pruebas del liberalismo en los países en desarrollo, el llamado Consenso de Washington. En 2007 el Banco Mundial premiaba a Egipto con el título de «mayor reformista» del planeta, mientras el continuo crecimiento de su PIB era alabado internacionalmente pese a no querer darse cuenta que en 2011 más de 15 millones de egipcios vivían con menos de 2 dólares por día, mientras sólo ocho hombres de negocios controlaban un patrimonio superior a los 18 mil millones de dólares. El régimen alimentaba el miedo occidental al fantasma de la alternativa islamista manipulando elecciones, como en 2005, y presentándose como el único aliado posible a los intereses de Washington en la región. De hecho la primera ocupación de Tahrir del último cuarto de siglo no fue en 2011, fue en 1998 contra la operación Zorro del desierto, la enésima intervención de Estados Unidos en Iraq. Luego se repetirían nuevas ocupaciones contra el imperialismo estadounidense en la región o en solidaridad con Palestina.

Pero para controlar ese país Mubarak robó, manipuló, asesinó y adulteró elección tras elección ante la mirada cómplice de la Unión Europea, con España como tercer socio comercial del país, y Estados Unidos. Durante meses el blog recopiló casos de brutalidad policial, corrupción política, protestas obreras y en general todo resquicio de insurrección popular contra el régimen Mubarak, cómodamente instalado en el poder gracias al respaldo de una comunidad internacional amedrentada ante el pretendido fantasma islamista alimentado por el régimen. Casi dos años después de ese febrero de 2009 las masas tomaban las calles de Egipto ante la estupefacción de una comunidad internacional que no acababa de entender lo que allí sucedía. Y no lo entendía porque había, deliberadamente, obviado prestarle atención.

Pese a que para muchos lo sucedido en Tahrir fue casi una combustión instantánea de una clase media acomodada y cibernética exigiendo reformas simplemente política (es decir, elecciones cada 4 años), las entrañas de la revolución egipcia van mucho más allá de los pocos quilómetros cuadrados de la plaza Tahrir o los muros de Facebook y twitter de los ciberactivistas. Por consiguiente también va mucho más allá del júbilo por la caída del dictador, del que los poderes facticos quisieron encarnar en exclusiva en la dictadura para así aplacar de golpe el ímpetu popular y volver todo a la normalidad pre-revolucionaria. Egipto tras la barricada, el libro que presentamos con la editorial Virus, es la crónica de esta historia. De esta revolución y su consiguiente contrarrevolución. Este viaje silenciado, es la historia de una revolución que ni comenzó en Tahrir ni ha acabado con la marcha de Mubarak o la caída de Mursi.

La revuelta de 2011

En 2011, ante el estallido popular, la baraja se rompe. El pueblo sale a la calle gritando «pan, libertad y justicia social». Nada de simples reformas políticas. El pueblo pide mucho más. El régimen, aquél militar nacido en 1952 en el golpe de los oficiales libres de Gamaal Abd el-Nasser, decide sacrificar su cabeza visible, Mubarak, para calmar las calles y devolver las aguas a su cauce. Los militares, padres de un poderoso imperio político y económico, deciden retomar el poder. Apadrinado por un Washington ansioso por devolver el país a la estabilidad pre-revolucionaria,a cuerda un pacto, El pacto de transición con la que por entonces es vista como la fuerza social y política más fuerte del escenario, los islamistas Hermanos Musulmanes. El fantasma convertido en aliado y que rompe todo acuerdo con las fuerzas populares y revolucionarias, que se ven traicionadas y vendidas por primera pero no por última vez. Y unos y otros lanzan entonces la imperiosa campaña de la contra-revolución contra los que aún se quejan en las calles. Se prohiben las huelgas, se juzga ante la justicia castrense a más de 12 mil civiles y se acusa a toda manifestación de ser agentes extranjeros y sicarios a sueldo, cuando no putas si son mujeres, mientras se empuja el proceso a las urnas, vistas como la principal válvula de salida del proceso. Nada más lejos de la realidad, las urnas solo abocaron al país a un nuevo ring de batalla.

Los militares se sacaron de encima sus aliados islamistas cuando vieron que ya no los necesitaban, desgastados por un año de gobierno continuista, pero sin solventar las demandas de un pueblo sumido en el límite social y humano de la extrema pobreza, la barricada seguirá instalada en las calles de Egipto.

Militares e islamistas sellaron un pacto por silenciar las demandas sociales de la plaza Tahrir. Y cuando los militares vieron que podían prescindir de los Hermanos Musulmanes, quienes aplicaron en el gobierno una agenda claramente continuista en materia social y repersiva, apostaron por acabar con ellos y hacerse con el control del pastel entero retomando el control del país. Pero, tres años después y mientras los gobernantes sigan sin escuchar las demandas de una sociedad sumida en el límite de la subsistencia, el control de la barricada seguirá.

La primera entrada del blog Egipto tras la barricada empezaba así «18 personas murieron a manos de la Policía el año 2008 en Egipto y 1500 agentes habrían sido denunciados por tortura en los últimos 3 años». Solo destacar que en el Estado español, en 2010, se reportaron 44 muertes bajo custodia policial y carcelaria.

 

 

Artículo publicado en Periódico CNT n.º 412, julio 2014

 

 

 

  Egipto tras la barricada


08/07/2014 18:38:28 Versió per imprimir

Capitalisme, rebel·ia i resistència

Per Francesc Hernàndez

La coronació de Felip VI. «en esa españa unida y diversa cabemos todos». Primer titular i primera reial mentida. tots, menys els que esperen al massís del Gurugú a esgarrar-se les mans amb concertines. tots, menys els refugiats que demanen asíl. l’any passat espanya denegà el 99,4% de les peticions de persones procedents de la guerra de síria. tots, menys els que es veuen forçats a marxar a l’estranger. des del 2009 fins al 2014, els espanyols residents a l’estranger s’han incrementat un 39,8%. Però es comptabilitzen només els inscrits. de no inscrits, n’hi ha més. i tampoc no caben aquells que, a l’interior de la xarxa de filferro, són privats de la humanitat, considerats una patologia del cos social o explotats. tal vegada el rei no els ha vist (potser serà difícil veure’ls des d’un palau), però ben segur que vosté sí: regiren contenidors, dormen on els deixen, estan tancats o arraconats, exhibeixen la seua carn a les rotondes dels polígons... tots junts formem una topografia de la misèria: cercles concèntrics a la manera de la visió de l’infern de Dante Alighieri, amb la diferència que ací els pitjors turments estan més allunyats del centre. Michel Onfrayl’explica acuradament al seu darrer llibre Política de rebel. Tratat de resistència i insubmissió, tradut al castellà per l’editorial anagrama. cercles, cercles en els cercles. i tots els objectius de totes les càmeres enfocant el centre càlid i comfortable, on convenientment han amagat el pressumpte delinqüent. es dirà: és l’economia, que dicta les seues lleis. Però ja sabem que l’economia, com diu Onfray, és una «alquímia canibal». exageració? fins i tot fullejant El capital al segle XXI de Thomas Piketty, criticat amb tanta vehemència pel director del financial times, un se n’assabenta que «en el cas dels estats units dels anys 1770-1880, el valor del capital negrer era a l’entorn d’un any i mig de renda nacional». Onfray, que no aporta aquest exemple sinó d’altres, es pregunta: «què fan els intel•lectuals i que en diuen?» i, més contundentment encara: «On estan els filòsofs?» Podríem afegir: en quin cercle? Podem fer matissos i potser el lector no ha de coincidir amb la preferència d’Onfray per Nietzscheo la seua crítica a Adorno. en tot cas, li hem de concedir la crítica de la ceguesa topogràfica d’una certa esquerra. en el Capital, Marxelaborà una útil teoria del domini que el capital, el valor que es valoritza a ell mateix, exerceix del temps social, del temps de les persones; malhauradament, no tingué en compte l’espai social. aquest és l’interés de les aportacions de Foucault, Bourdieu, Onfray i altres que, quan parlen del 68, no es refereix a l’any de naixement de felip VI.

Revolució noviolent

Jesús Castañer Pérez té el nom artístic de cthuchi zamarra. ha desenvolupat un mètode per aprendre a tocar instruments populars de corda d’oïda (s’hi pot consultar en zamarrismo.net) i n’ha gravat discos amb música popular de la comarca de la Vera. Podem imaginar vincles entre aquesta activitat i el seu estudi de la noviolencia (ell explica per què prefereix escriure ho junt). recordem que Mohandas K. Gandhi defensava la ahimsa (noviolència) i la satyagraha (resistència noviolenta) mentre feia girar la filosa per fer-se el seu senzill vestit. Castañerha publicat Teoria i Història de la Revolució Noviolenta, en Virus editorial. de la pàgina web esmentada es pot descarregar també el llibre Breu història de la noviolència.castañer ofereix una exposició ampla i documentada de iniciatives noviolentes realitzades al llarg de la història i a llocs diversos del planeta, generalment ignorats pels estudis dels moviments socials, com ara la lluita de Parihakaa nova zelanda, l’exèrcit noviolent paixtus o la independència de samoa Occidental. Justament perquè el seu llibre és generós en analitzar fenòmens diversos, ja siga aquells que fan servir la noviolènciacom a tàctica o com a estratègia, per filosofia o per feblesa, amb la voluntat de transformar l’individu o la societat, etc., és difícil poder destilar una teoria consistent, però això no resta valor a l’aportació de Castañar.


Reforma o revolució?

Andrés Piqueras, professor de la universitat Jaume i, ha publicat el llibre L’opció reformista: entre el despotisme i la revolució. una explicació del capitalisme històric a través de la lluita de classes (editorial anthropos). al meu parer, el subtítol és més fidel que el títol, que es queda una mica curt respecte de l’exhaustiva anàlisi; i també seria possible donar-li la volta: una explicació de la lluita de classes a través del capitalisme històric. Perquè el que fa Piqueras és precisament seguir les etapes històriques del capitalisme, tot identificant cinc models d’acumulació-regulació, per mostrar en cada cas tres dinàmiques: la de la reproducció del capital, val a dir, el procés econòmic, la dinàmica de les relacions interestatal, és a dir, l’esdevenir polític, i allò que anomena la dinàmica capital/treball o la lluita de classes. ens trobem, per tant, davant d’un text que combina ambiciosament història, economia, ciència política i sociologia. els models que Piqueras identifica són el capitalisme de lliure comerç, el de lliure competència, el capitalisme monopolista corporatiu, el monopolista d’estat i el monopolista transnacional. Òbviament, la metodologia d’identificació de models té dues limitacions: la primera és que exigeix simplificacions de la realitat (per exemple, per explicar les dinàmiques polítiques ha de referir-se a «formacions centrals» o «perifèriques» del sistema, i entre les primeres ha de prestar atenció a la política exterior dels eua, que s’ha de sintetitzar en els seus trets bàsics; la segona, és que procedeix post festum, després que allò que es vol conceptualitzar ja ha esdevingut. Piqueras intenta reduir l’efecte de la primera limitació tot aportant una quantitat impressionant de referències bibliogràfiques, d’altres autors o pròpies, i referències creuades en el text; front a la segona, l’autor avança les línies de tendència coherents amb la seua anàlisi en els annexos finals. front al «metabolisme capitalista» (canibal, diria Onfray), el treball pot mantindre’s en el seu sotmetiment o mobilitzar-se per la reforma o la revolució. el llibre de Piqueras documenta bé aquesta alternativa ineludible i, cada dia, més apressant.
 


Reseña publicada en el suplemento Postdata de Levante-EMV, el 04/07/2014

 

 

Teoría e historia de la revolución noviolenta


08/07/2014 18:24:10 Versió per imprimir

Un análisis a contracorriente del deporte

la-barbarie-deportiva from Virus editorial on Vimeo.

Por Javier de Frutos

Cuando el deporte espectáculo se contempla sin sentirse involucrado sólo queda el absurdo. Dos jugadores rezan abrazados tras marcar el penalti definitivo, un país al borde del estallido social se concede una tregua de euforia y millones de espectadores contemplan desde sus hogares una historia mil veces repetida. Sí; un Mundial o unos Juegos Olímpicos observados sin una mínima empatía ofrecen un relato bochornoso.

Ahora que el deporte y la literatura gozan de una relación amable y fructífera, es de agradecer un análisis a contracorriente como el que propone Marc Perelman en La barbarie deportiva. Sin concesiones, plantea que el deporte se ha convertido en la religión del nuevo milenio. El tejido urbano crece en torno a estadios, el tiempo se mide en ciclos olímpicos, los nuevos héroes son figuras mediáticas dotadas de un talento divino y cada trabajador espera con entusiasmo el fin de su jornada para entrenar en el gimnasio y obtener un nuevo récord. Calorías, pulsaciones, sudoración: el paradigma consiste en llevar hasta la extenuación el propio cuerpo y en contemplar a quienes llevan el suyo hasta límites desconocidos.

A partir de un análisis de los Juegos de Pekín de 2008 como ejemplo de la experiencia olímpica llevada al paroxismo, Perelman escruta los valores subyacentes a esa Biblia contemporánea que es la Carta Olímpica: «Un formidable dispositivo ideológico, no sólo para simular, sino ante todo para fabricar mentiras, mixtificaciones, desinformación e ilusiones (...)». Dibujado el terreno de análisis -y perfilado el enfoque-, la obra desciende hasta elementos decisivos de la crítica del deporte: el sentido del estadio, «la máquina audiovisual deportiva planetaria», la figura del dopado.

El lector podrá echar en falta espacios para la duda -el libro contiene más afirmaciones que sugerencias- o discrepar de sus propuestas menos matizadas -tal es el caso del capítulo relativo a la sexualidad-, pero reconocerá en la obra de Perelman el desarrollo incisivo de una intuición común: ¿cómo el mundo puede detenerse y girar en torno a un juego?, ¿cómo el deporte puede haber alcanzado semejante dimensión?

 

Reseña publicada en Diagonal n.º 226, julio 2014

 

 

  La barbarie deportiva


08/07/2014 17:29:50 Versió per imprimir

Una crítica integral del deporte

por Gara

Profesor de Estética en la Université Paris Ouest, Marc Perelman analiza en este libro qué hay detrás de la industria deportiva y propone una crítica que abarca desde el papel de instituciones internacionales como la FIFA o el COI, hasta la manera en que la competición impregna moral e ideológicamente la vida cotidiana. La naturalización de las lógicas competitivas en la vida social, la normativización estética, la sexualidad y la
homosexualidad en el deporte, o el trasfondo religioso de los acontecimientos de masas son algunos de los temas que aborda este volumen cuyo subtítulo es: “Crítica de una plaga mundial”.

 

Reseña publicada en el suplemento Zazpika de Gara, el 6/07/2014

 

 

  La barbarie deportiva


08/07/2014 17:09:51 Versió per imprimir

Espectáculo y capitalismo

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Por José Veremall

Pocas cosas generan tanta excitación como los Juegos Olímpicos y el Mundial de Fútbol. Para bien, como vemos y escuchamos cada día a nuestro alrededor, pero tambi´n para mal, como muestra el arquitecto francés Marc Perelman en La barbarie deportiva. Crítica de una plaga mundial, editado en inglés y francés coincidiendo con los Juegos de Londres de 2012 y ahora oportunamente recuperado en español por virus editorial en el contexto del Mundial de Brasil.

Perelman hace un recorrido por la historia del deporte profesional bien equipado con las herramientas analíticas de la izquierda alternativa, ponienddo el foco en el elemento básico de la propaganda y contextualizando en el sistema hegemónico, que hoy es, naturalmente, el capitalismo globalizado.

La crítica va mucho más allá de eso de que el fútbol o los fastos deportivos son el nuevo opio del pueblo: «el fútbol ha sido uno de los principales vectores de esta globalización porque sintetiza todo lo nuevo que el capitalismo contemporáneo es capaz de desplegar: el espítitu de empresa y del empresario competente unido a una capacidad de comunicación a todos los niveles -gracias a la potencia irradiante de la televisión (Berlusconi en Italia, Bouygues en Francia) y ahora de Internet- y la obtención de resultados financieros en tiempo récord». El análisis implacable, sin concesiones y negativo en un sentido totalizador, sin la máss mínima rendija en la medida en que asocia el «deporte-espectáculo» al dinero, la violencia y el dopaje; además, como elementos consustanciales.

El libro es una crítica global a la raíz del engranaje y de tan superestructural es incapaz ni siquiera de intuir la emoción que puede generar el deporte en personas inteligentes y de sentido crítico. Merece la pena leer los argumentos de Perelman, pero los que se emocionan viendo el mundial seguirán emocionándose igual.

 

Reseña publicada en Alternativas Económicas n.º 16, julio-agosto 2014

 

 

 

  La barbarie deportiva


08/07/2014 16:38:36 Versió per imprimir

Un libro sobre los presos olvidados del franquismo y el postfranquismo

 
Por Lara Ferri Bertran
 
Los años de la Transición fueron trascendentales en la historia de nuestro país, pero también convulsos. Las heridas sin cicatrizar causadas durante la guerra, la posguerra y el franquismo volvieron a abrirse con gritos y gestos de protesta para reivindicar todo aquello que les habían privado durante décadas. Uno de los colectivos que se sublevó contra las injusticias del régimen franquista fueron los 'presos sociales', denominación que indica su condición de víctimas de una sociedad punitiva, estricta y agonizante que les aplicaba penas de cárcel bajo leyes como la Ley de Vagos y Maleantes o la de Peligrosidad y Rehabilitación Social.

Tras el final del régimen dictatorial, mucho de estos presos reclamaron a un gobierno muy joven la amnistía y la libertad, así como un cambio radical en la legislación penitenciaria. Y es en este contexto, en el desarrollo de manifestaciones, luchas y reclamos, en el que César López Rubio, Doctor en Historia por la Universidad de Barcelona, ha publicado el libro 'Cárceles en llamas, el movimiento de los presos sociales en la Transición'. Este estudio, resultado de la tesis doctoral del escritor, supone dar luz a muchos aspectos oscuros de la conflictividad carcelaria  y el proceso de transformación de las prisiones en la época del Generalísimo hasta el sistema penitenciario que se mantiene hasta la actualidad.

 

Dado este cambio, tanto en el sistema político como social o ideológico, no era extraño ver en los tejados de las cárceles a decenas de 'presos sociales' reclamando el reconocimiento de su inocencia. La situación de protesta se agravó más cuando las manifestaciones fueron acompañadas por violencia y enfrentamientos, presos heridos, muertos y cárceles destrozadas. Pronto se creó la COPEL (Coordinadora de Presos en Lucha) que daba voz y voto al conjunto de presos y firmaba en su nombre los manifiestos que también fueron acompañados por huelgas de hambre, autolesiones y motines. El escándalo y el descontrol obligaron al gobierno de Adolfo Suárez a declarar la primera amnistía en 1976 y la Ley de amnistía de 1977. Sin embargo, el gesto político no fue suficiente para los 'presos sociales', aunque sí para los 'presos políticos' que fueron liberados.

 

No fue hasta la Ley Penitenciaria de 1979 cuando los 'presos sociales' tuvieron reconocida su libertad de todo cargo y se recogieron algunas de las exigencias transmitidas por la COPEL que humanizaban las condiciones de vida en las prisiones. No obstante, el gobierno no llevó a cabo una limpieza de funcionarios tal y como reclamaba la coordinadora. Mucho de ellos fueron testigos mudos y tapaderas de los miles de abusos que se cometieron contra los presos en los años de la dictadura. La COPEL se disolvió el 1978 después de una larga lucha. Poco a poco se abandonaron la conducta y el colectivismo carcelario mientras la heroína se convirtió en moneda de cambio y esencia de vida de muchos presos durante finales de los años 70 y la década de los 80.

 
 
 
Reseña publicada en Lennon, el 08/07/2014

 

 

Cárceles en llamas


05/07/2014 17:51:40 Versió per imprimir

Un trabajo sobre las cárceles de la transición, más allá de lo académico

Por Argelaga

La cárcel y el campo de influencia del derecho penal, que señalan a quien no ofrece «seguridad cognitiva» para el sistema tecnológico de dominación y explotación, abocándolo a la destrucción, son uno de los frentes donde más evidente se muestra la injusticia, la explotación y la opresión ejercidas por el sistema dominante
sobre la población. Sin embargo, allí no es necesario tomar tantas medidas preventivas como en otros campos (Ley de Seguridad Ciudadana, reforma del Código Penal, Ley de Seguridad Privada, etc.) porque éstas ya han sido tomadas. Después de la violencia policial directa, la cárcel es el terreno más avanzado en el despliegue
de los mecanismos de dominación social, donde se produce con más intensidad el choque entre los oprimidos y la dominación. Por eso, como describe claramente este libro editado por Virus, la administración penitenciaria ha estado a la cabeza de ese movimiento general de endurecimiento del control, del castigo, y, en general, de la violencia directa del Estado y del mercado a cuya penúltima vuelta de tuerca asistimos ahora. Cárceles en llamas, primer libro de César Lorenzo, es el resultado del trabajo al que ha dedicado apasionadamente durante varios años todas sus energías y a través del cual ha hecho su aprendizaje como historiador. Aunque se ha movido sobre todo en la universidad, produciendo sobre el mismo tema una tesina de licenciatura, varios artículos y una tesis doctoral, ha sabido abrirse también a otros ámbitos, donde se ha encontrado con abogados y antiguos miembros de la copel, militantes de grupos de apoyo, etc., que han aportado, además de sus testimonios e ideas, una parte importante, en cantidad y calidad, de la documentación utilizada.

Trata, de acuerdo con el subtitulo, del «Movimiento de los presos sociales en la Transición» como un episodio de la lucha por la amnistía. De la intervención espontánea y autoorganizada en ella, con la copel (Coordinadora de Presos en Lucha) en un papel destacado, de los autodenominados presos sociales, exigiendo salir también a la calle, con el principal argumento de que su situación, tan injusta como la de los presos políticos, era también
producto del franquismo. El movimiento se extendió desde la cárcel de Carabanchel al resto de las cárceles del Estado español, de decreto de indulto en decreto de amnistía, hasta la Ley de Punto Final de octubre del 77, cambiando después su reivindicación principal de amnistía por la del indulto general, hasta que la Constitución del 78, al prohibir explícitamente este tipo de medidas, de las fuerzas político-mediáticas que se estaban
repartiendo el pastel de la democratización postfranquista. Con tácticas como los plantes, motines,  autolesiones colectivas, ruptura de juicios, etc.; con una organización asamblearia basada en la esperanza de libertad generalizada entre los presos y con un discurso muy bien articulado le cerró definitivamente el camino, ya considerablemente obstaculizado por la violenta represión, la indiferencia de la mayoría de la población y las astutas maniobras de deslegitimación en sus tablas reivindicativas y otros documentos de batalla, en el que consiguieron, con ayuda de algunos abogados radicales, una verdadera «radiografía crítica» del sistema penal español. Su idea general de la Transición es que ésta no la hicieron desde sus posiciones de poder algunos hombres providenciales animados por una especie de «vocación democrática», sino que surgió del conflicto entre los intereses dominantes a los que aquéllos servían y la presión desde abajo de una serie de «movimientos sociales», que obligaron a los dirigentes con su acción reivindicativa a cambiar lo necesario para que nada cambiara. El movimiento de los presos y la copel habrían cumplido ese papel en el campo penal y penitenciario.

Intenta concebir la acción colectiva de los presos en esos años como un «movimiento social», definiendo con claridad lo que para él significa esta expresión. En un diálogo explícito con sus autores de referencia, historiadores y sociólogos «de la acción social», da cuenta exacta de la construcción y adopción del concepto correspondiente y lo contrasta con los hechos establecidos en su relato historiográfico, donde analiza e  interpreta exhaustivamente documentos y testimonios, con una argumentación clara y transparente por la que reconstruye ante nuestros ojos el curso de los acontecimientos, describiendo al mismo tiempo los factores que contribuyeron a darles forma. Por un lado, la lucha de los presos, sus esfuerzos de reflexión, organización, acción y comunicación entre ellos y con el exterior, articulación de sus reivindicaciones, excavación de túneles...

Por el otro, las medidas de «pacificación» puestas en juego por la administración carcelera: represión violenta, astuta negociación, manipulación mediática, legislación, construcción… El concepto de «movimiento social» integra las luchas desde abajo en la democracia, pero para nosotros esa integración es una trampa que responde a la ideología izquierdista de una facción de la partitocracia resultante de la transacción, transmitida al aluvión alternativo, apartado a un lado por el avance de la corriente dominante, mas casi siempre ansioso de reincorporarse a ella.

Nosotros sustentaríamos o estaríamos interesados en construir otra concepción de los sujetos o agentes colectivos. Al optar por el izquierdismo, el autor obvia casi totalmente el movimiento asambleario de los años
sesenta y setenta, basado en la acción directa y el diálogo colectivo, cuya existencia, desarrollo y protagonismo
ha sido silenciada y tergiversada por la historiagrafía aún en mayor medida que el problema carcelario. El asambleario fue un «movimiento» mucho más profundo,de alcance más integral, que cualquiera de los llamados «movimientos sociales», parciales y siempre integrables. Esa es la herencia que merece la pena preservar y prepararse para transmitir y recibir, tanto más allá como más acá de los muros. 

 

Reseña publicada en Argelaga n.º 4, abril de 2014

 

 

  Cárceles en llamas


30/06/2014 16:13:19 Versió per imprimir

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