Memoria de la dignidad en acción en el menospreciado centro de las periferias

 

Por Miquel Fernández

Fue mi colega antropólogo Manuel Delgado el primero que me puso sobre la pista de Pere López Sánchez. Yo me encontraba escudriñando hasta qué punto la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona fue un “objetivo de todos”. El artículo en cuestión[1], criticaba el impostado consenso alrededor del macro acontecimiento. Me sorprendió por la profundidad, originalidad de la perspectiva crítica, por la lucidez del análisis y por lo incisivo y claro del texto. Su forma de escribir y analizar, precisa y preciosa al mismo tiempo, así como una perspectiva profunda y radical, me llevaron a otros textos suyos[2]. El siguiente que atrapó mi atención ampliaba la crítica avanzándose a lo que luego sería la deslegitimación académica[3] del -hoy ya denostado incluso por sus promotores iniciales[4], Modelo Barcelona[5]. Porque tal y como nos recuerda López Sánchez -sin referirse ni una sola vez, valga el silencio como denuncia a gritos- el Modelo ha existido y debe su reconocimiento mundial, a su ardua experiencia a la hora de poner el suelo de la ciudad a disposición de especuladores locales e internacionales, tanto como para perfeccionar la explotación de pobres y  su control.

La ciudad del perdón que soñó el abuelo del olímpico alcalde, Joan Maragall, nunca ha estado tan cerca de materializarse como en el periodo que va desde su elección en el año 1986 como sede de los Juegos Olímpicos de 1992 hasta el desalojo del cine Princesa en 1996. Diez años fueron suficientes para aturdir a gran parte de su población y dar rienda suelta a un capitalismo tan salvaje como el que explica en parte el estallido de la revolución que nos relata López Sánchez. Este sueño de la Barcelona del orden tendría su primera puesta en evidencia y gran impugnación masiva con el ciclo de protestas que se iniciaría en el 2001 con la masiva ocupación de sus calles contra el Banco Mundial que tenía previsto celebrar la Annual World Bank Conference on Development Economics (ABCDE acrónimo elocuente por otro lado) en Barcelona y que llegaría hasta nuestros días en la variadas formas de ocupación de plazas públicas.

Sus anteriores monografías Un verano con mil julios[6] o El Centro histórico, un lugar para el conflicto[7] son considerados hoy en día como insoslayables para el conocimiento de la historia crítica del gobierno de las ciudades en general y concretamente del de Barcelona. Pues bien, el nuevo libro del geógrafo que aquí se reseña, ha superado todas las expectativas de quien escribe. Se trata del detallado análisis de la revolución social del primer tercio del siglo pasado en el barrio barcelonés de Can Tunis. Pero no es sólo esto. Rastros de rostros contiene una propuesta metodológica tan revolucionaria como pudieron representar los hechos que él mismo trata.

Espero que sirvan estas páginas como síntesis que haga honor a la exhaustiva investigación de López Sánchez y también como homenaje a este conmovedor, innovador e inteligente libro. Quiero destacar en estas líneas dos grandes cuestiones que a mi parecer convierten Rastros de rostros en el último trabajo imprescindible publicado en ciencias sociales en nuestro país: primero –y como se acaba de destacar- su valiosa e irreverente aportación metodológica para el abordaje de problemáticas historiográficas. Segundo, el literal alumbramiento de la lucha de los vecinos y vecinas de las Casas Baratas de Can Tunis. Un puñado de gentes que aquí como en otras obreriadas eran tratados como los piojosos, la chusma, los nadie, los eternos perdedores y perdedoras de la historia. En este sentido es quizás, la obra conocida en castellano que más se aproxima a la octava tesis sobre la historia de Walter Benjamin[8] según la cual, no lo olvidemos, la memoria se construye sobre escombros y que para los oprimidos, los pobres, los extraños... el estado de excepción, constituye la regla de su vida ordinaria. Por ello Rastros de rostros es, no cabe duda, el más incómodo testimonio de lo posible y de sus enemigos.

El estado de excepción ha inundado también el pensamiento producido desde las universidades. Resulta necesario el trabajo de López Sánchez porque impugna los elocuentes olvidos de la historiografía oficial y porque propone un método que desafía las reglas de un establishment académico habituado a observar el mundo social desde muy lejos y desde muy arriba. El trabajo es tan importante porque es el que más claramente escribe contra del estado de excepción académico que se manifiesta estableciendo qué y cómo se puede pensar, investigar o relatar. Una impronta de falsedad e hipocresía que no ha dado justa cuenta de los rastros de las efímeras victorias contra la opresión, las maneras de vivir y organizarse sin dominación de unos sobre otras.

Joan Margarit[9] recita “No és de la història que tinc nostàlgia. És de la geografía”. Y ha tenido que ser un geógrafo el que nos alerte que hoy más que nunca se debe luchar en todos los frentes para que la injusticia no persista en su transmutación en norma. Por último, cabe agradecer también a la editorial Virus la publicación de un texto alejado de las modas historiográficas y de los imponderables académicos.

Cuestión de Método. El método en cuestión

Un título como Rastros de rostros en un prado rojo (y negro) sintetiza, no solo lo que ha descubierto (y no descubierto) el autor sino cómo lo ha hecho. López Sánchez nos da una tremenda lección de cómo aprender, aprehender, descubrir (en los sentidos de destapar lo que estaba tapado y hallar lo que estaba ignorado). Él dirá a lo largo del texto “he preferido interrogantes, a interrogatorios”, dejando de lado “el papel de depredador en favor del de recolector” (p.196). Cuando no tiene datos, ofrece posibilidades y deja bien claras que son las que a él se le ocurre. Lo que sucedió es una cosa y lo que pudo suceder otra bien distinta; lo primero se pliega a los hechos, lo segundo a los deseos o a los temores. Es una postura ética pero también metodológica porque es él el primero en interrogarse sobre el valor de los datos: ¿Vale más el material de archivo o acaso son más verdad las locuciones de los protagonistas o sus conocidos? Partiendo de este respeto por lo acaecido y por la flaqueza de la memoria, escudriña el autor con total honestidad la ingente documentación de la que se ha proveído para esbozar qué pudo ocurrir y con especial ahínco, qué rastros han podido ser borrados para que todo se mantenga igual. Porque, otra premisa que supura por las páginas de Rastros de rostros es que cuesta tanto dejar huella como fácil es borrarla.

Qué se ha visto tiene que ver con cómo se ha visto y cómo se explica. Para nada es gratuito el ensayo sobre las maneras de conocer. En este sentido, las reflexiones metodológicas que destellan de un renglón a otro del libro tienen un momento especialmente valioso en la página 202.

“Las monedas tienen dos caras. Los propósitos no tienen por qué ser pretensiones. Los papeles impresos por más que estampen nombres no son de fiar, al menos del todo. Siempre han sido escritos, a menudo al dictado, arrastrando una autoría pomposa o gris, con sello o sin él. De la mirada a la escritura hay un paso: la una y la otra escarban en la realidad de los hechos —de unos hechos—, y cuentan y se fijan en lo que parece oportuno, después de lo que se alcanza a conocer, de lo que se quiere saber. Esa doble, como mínimo, reducción de realidades huidizas debería servirnos para no encumbrar unas fuentes que, aunque pasen por primarias, no dejan de ser secundarias; es decir, construidas y amañadas. Las cosas, y más los actos, dependen de los ojos que miran, o se tapan; de las bocas que hablan, o se callan. La acción siempre representará algo muy distinto para quien la hace y para quien la observa. Demasiado lejos queda cualquier pretensión absurda de rozar la verdad, si se escribe en mayúscula, por descontado. Propósito de saber qué pudo pasar, puede ser. No es mucho, pero tampoco nada” (p.202).

Sirva este párrafo como una buena muestra de la honestidad brutal del trabajo de López Sánchez. Un relato historiográfico que no inventa nada, que supone algo y dejando bien claro su componente propositivo, no lo convierte en su verdad. Expone, relaciona, analiza y no engaña. Dice lo que sabe, lo que le han dicho y todo lo sitúa en el plano correspondiente. No pretende reconstruir una verdad que nunca existió, no insiste en imponer una lectura tangencial e interesada. Y eso lo hace tomando partido claro, pero desentendiéndose de su opinión para tergiversar. Lo que él sabe que ha sucedido es lo que escribe. El resto lo supone y esta franqueza que otros autores encontrarían flaqueza es el corazón mismo del valor de su imponente trabajo de investigación.

López Sánchez se sumerge entre documentos y fuentes orales sin fiarse nunca de unos ni de otros. Quiere entender el autor, cómo la gente corriente vivió y se implicó intensamente en un proceso revolucionario. Sus datos los extrae de aquí y de allá, desde reseñas policiales hasta fichas de pensiones de viudedad de caídos en combate que utiliza para dar cuenta de la historia de las gentes de las Casas Baratas de Can Tunis. Al final, con la intención de impugnar frontalmente el silencio sobre estas gentes las nombra y las enumera: 186 hombres y mujeres que “no son tantos, pero esas huellas testimonian que quisieron y supieron estar juntos en sus presentes adversos, haciendo por y pensando en un futuro próximo” (p.206)

Tampoco y para nada el despliegue de los capítulos ni el desarrollo de la narración es canónico. No hay evolución, no hay -siempre- una secuencia correcta y unívoca de los hechos -principio que nos recordaba insistentemente el gran cineasta Joaquim Jordà- vienen y van y con el vaivén nos introduce López Sánchez y desde el principio en los intestinales resortes de los interrogantes de la historia, la personal y la colectiva, la oficial, pero sobre todo la olvidada -y masacrada.

Recuerdos de una revolución que fue una guerra (de clases)

Ahora es el subtítulo el que nos pone sobre la pista de qué se narra. Las Casas baratas de Can Tunis en la revolución social de los años treinta congrega los resultados de una mayúscula indagación sobre los hechos, las personas, los lugares y las prácticas que protagonizaron la primera y quizás única revolución libertaria en Europa. Para ello concentra su campo de observación en un barrio, eso sí, periférico en toda la amplitud del término, Can Tunis. La obra quiere recuperar un hilo roto de la historia. Un hilo que no sólo se rompió por la derrota, también porque estos derrotados y derrotadas nacieron, crecieron y murieron en el margen aún siendo mayoría. Para ello reconstruye “trazos hechos trizas” (p. 56) añorando la ciudad que hubo pero sin condescendencia ni nada parecido ya que el retrato “miserabilista le asquea”(p. 114). Es ante todo un relato sobre lo incógnito, una especie de micromemoria del dolor, del sufrimiento de los pobres, de los eternos perdedores, de sus esperanzas y de las prácticas para colmarlas. Ahora sí, ¿por qué es tan difícil conocer la memoria de los desposeídos, de los derrotados? ¿Qué nos dirá de nuevo Walter Benjamin? Los efectos de la derrota no son solo barridos, sino también ilegalizados, maltratados hasta tal punto que algunos de sus protagonistas vivos -o sus familiares- no quieran recordar lo oscuro y doloroso de aquel acaecer. Es en este sentido que entendemos a Benjamin y que tanto López Sánchez como quien escribe, subscriben que “en aquellos barrios, rasgar la memoria es ingrato, incómodo, cuando no un suplicio” (p.207).

Propone él que el modelo de análisis que ha resultado del examen del inmenso volumen de material con el que ha trabajado sirva para comprender lo que ocurrió en el resto de la ciudad. Es el mismo autor quien nos lo hace notar: “Aunque sólo fuese esbozando lo ocurrido en aquel prado rojo y sus alrededores, salta a la vista que sus aconteceres se asemejan demasiado a los devaneos que sacudieron el resto de la ciudad. Allá pasó de todo lo que tenía que pasar, aunque no tanto o en mayor medida que en otros sitios” (p.294).

La historia oculta de los desarrapados comienza con los efectos de uno de los pilares fundamentales de lo que luego sería el Model Barcelona[10], es decir, la propulsión pública para la producción intensiva de plusvalías para oligopolios que ha significado la promoción de megaeventos. En este caso de estudio, es la celebración de la Exposición Internacional de 1929. Barcelona se dispone a adecuar la ciudad para este acontecimiento. La anterior exposición de 1888, así como el decidido empuje de la élite barcelonesa para sacar tajada del capital que contenía el precio del suelo de la Ciudad de los prodigios y su flamane Ensanche, va a convertir el acontecimiento en una nueva etapa de la típica acumulación capitalista, más que original, reincidente. Primero, la importación de mano de obra del resto del Estado a precios coloniales como primer aliciente para la concentración de capital. Luego, hacer la “ciudad atractiva”, ya en este momento, supone apartar de la vista el sufrimiento y la pobreza -precisamente encarnada en los cuerpos movilizados para ser duramente explotados en Barcelona- que afearían cualquier postal. Lo siguiente será disponer la ciudad para el consumo –o mejor dicho, para ser consumida, tal como ha llegado a nuestros días en la feria de las salvajadas de un capitalismo contrahumanista que muestra hoy, a principios del siglo XXI tanta violencia como en aquel primer tercio del pasado.

Las Casas Baratas de Can Tunis se construyen en este contexto. Su objetivo oficial será eliminar de la vista de visitantes las chabolas de la montaña de Montjuïc. “Todo debía estar a punto o aparentarlo”(p. 64). La corrupción urbanística ya galopaba en esta Barcelona post-prodigiosa. El plan se elaboró para alojar 6500 familias que vivían en barracas, pero acabó construyendo solamente 2329 casas baratas. Parece ser que, ayer como hoy, el dinero destinado a la construcción de las casas fue a los bolsillos de los especuladores de las buenas familias de Barcelona.

La indisciplina no es espontánea

La capacidad creadora de un movimiento revolucionario está basada en la abundancia de iniciativas, y especialmente, en la rapidez de su realización (p.219). Los protagonistas de esta historia son, no lo olvidemos los obreros, y un obrero es “aquel al que no le queda otro remedio que ponerse a trabajar para otro”, que por otro lado, era los que vivían en las obreriadas, de las cuales, el Prat Vermell era una entre tantas. Un motivo no siempre argüido y casi siempre determinante para dar cuenta del estallido revolucionario lo encontramos en el hartazgo de los sometidos: “no aguantábamos a tanto señoritingo nuevo o viejo” (p.48). “Tan insoportable resulta la miseria como la tiranía” (p.82). Afirmación que cruza todo el libro de una manera u otra.

Pere López Sánchez ahonda en la vida cotidiana, en las reflexiones que elaboraban aquellos vecinos y vecinas periféricos. Los personajes de la historia definían las elecciones como superstición, su convencimiento de la “imposibilidad absoluta que tenía la política para resolver los problemas obreros” (162).

“El nosotros suyo -que respetaba las individualidades pero denostaba los individualismos- se fraguaba a través de los contactos que mantenían en idas y vueltas del trabajo, en la estancia en el barrio, en las complicidades derivadas de renegar juntos de la miseria y la opresión que padecían, y de apostar, aunque fuera a tientas, por otro presente y futuro. Estaban aislados de la ciudad pero juntos por las ansias de reivindicación y emancipación. Por conveniencia quizás” (p.164).

Por ello, por conveniencia quizás allí también emergió la realización cultural de los principios autodidactas populares en la forma del Ateneo de defensa obrera. Con fines declarados de bastión moral, donde se llevaban a cabo jornadas poéticas o teatrales, y conferencias  (una de ellas sobre la futura sociedad sin dinero), festivales pro presos y en general con una actitud resuelta para abordar cualquier faceta de la vida que les afectara.

El autor recoge historias olvidadas como la variedad de huelgas desatadas: por solidaridad con un compañero despedido, “huelgas por la dignidad colectiva”, en solidaridad internacional (con los mártires de Chicago por ejemplo), o las de brazos caídos. A éstas se añade la de alquileres y las múltiples protestas contra los desahucios o las cláusulas abusivas de los contratos de las Casas Baratas. Cantidad de notas nos ofrece López Sánchez para encontrar las similitudes -idénticas, en su presente y en el nuestro- entre las formas de responder a los desalojos en los barrios de Sants, Hostafrancs o La Magoria. La huelga afectará a más de 90.000 viviendas y llegará -con variada intensidad- hasta 1942. “Porqué no iban a dejarse robar para vivir y más, con tanto lujo desbocado a su alrededor” (p.176). De hecho, a los desalojos se les respondía con realojos, como los masivos que se produjeron en la noche de Sant Joan de 1931 (p.182). Sin lugar a duda, el preámbulo de nuestra emocionante y guerrera PAH (Plataforma d'Afectats per la Hipoteca). En este importante hecho que hoy tenemos tan presente se hace manifiesto en el mitin que generaliza la huelga el primer julio del 1931 y se demanda que los parados no paguen, que se eliminen los depósitos y la reducción del 40% para los trabajadores. Por entonces la huelga de alquileres habría adquirido brío. El gobernador civil Esplá Rizo y el presidente de la Cámara de la propiedad Pich i Pon (quien será alcalde de la ciudad en 1935) se alían para “imponer la paz civil”. Mientras, los inquilinos se organizan para impedir los desahucios.

Y es que, estos hombres, mujeres, mayores y niños, antes y durante la revolución “iban a por el todo” partiendo de que eran los del montón, los que no querían ser más que uno más, los que, al fin, revindicaban que la “civilización también les alcanzase a ellos”.

Esta obra, cabe insistir, es ante todo un arma para ruborizar a quienes tildaron la revolución de los años treinta de “resultado de la silvestrada”. Y no se rehúyen las acusaciones: “¿Acaso se puede hacer una revolución sin gota de violencia?” (p.283). “En la justicia de los revolucionarios, policía, juez y verdugo se confundían en una. Esa metamorfosis de la justa justicia tampoco era tan novedosa. La conocían de antaño, tanto como para saber, por desgracia, que la única verdad jurídica era ésa” (p.290). Aun así la investigación sirve igualmente para desmentir el estigma del asilvestramiento sobre las gentes de aquellas casas: en el Prat Vermell hubieron apenas cuatro muertos represaliados por los obreros.

Todo el libro es una impugnación directa a los que han encontrado  que la eclosión anarquista del 1936 resultó una espontaneidad, para sonrojarlos se dice que de espontaneidad ninguna, que todo lo contrario, que “al acecho a la coyuntura se le ha llamado espontaneidad” (p.232) […] “ebulliciones subterráneas que a borbotones remueven las calamidades de la supervivencia […] “Los piojosos de aquel barrio y otros similares se apuntaron de golpe y porrazo, sin ninguna preparación, a aquella revolución social que desbarató muchas vidas, las primeras las suyas” (p.92-93) o “el asombro dejará de ser sorpresa y como bulo quedarán las manidas argucias que pontifican su irrupción por ensalmo, que de la nada arremetieron los nadie, que con nada quisieron comérselo todo y de malos modos” (p.201). Porque salió la fachanderia a darles reacción y se llevaron revolución. “En los extremos de la ciudad de los prodigios, cuando la tortilla se giró bruscamente se atrevieron con desparpajo -algunos dirán que incontrolado- a lucir el mango de la sartén. Las periferias pasaron, al menos durante un buen trecho a ser centro. Arrastraron a los márgenes a sus eternos rivales” (p.159).

Y llega al “domingo sin festival”. Recoge el famoso santo y seña del 18 de julio, Fernando, Furriel, Ferrol. Enumera los planes golpistas bajo la clave de “operar al niño” que fueron seis: tres de ellos programados para antes, dos después e incluso uno el mismo día de las elecciones que dieron la victoria al Frente Popular el 14 de abril de 1936 (p.211).

Recupera también como aquella mañana de domingo, hubieron actos de confraternización entre el pueblo en armas y, por ejemplo, durante el asedio al cuartel de Lepanto, unos militares, después de ondear la bandera blanca, abrieron las puertas del cuartel y se abrazaron a los revolucionarios (p.217). Y durante las siguientes páginas, establece el recorrido de las gentes armadas contra la reacción -el que fue y el que pudo ser- de los que creyeron que era el momento de ir a por el todo.

Por momentos parece que existe un convencimiento general de la inminencia de la instauración del comunismo libertario. Esto no fue así pero la atmósfera lo recogía y obligaba a dignos dignatarios a no poder disociar en su vocabulario público las palabras “orden” y “revolucionario”. Fue el momento de “puesta de largo de las patrullas de control” (p.220). Se declaró la guerra a los parásitos sociales, se imponían multas a los industriales, éstas funcionaban a modo de impuesto revolucionario […] “se les hizo la vida imposible, acosándolos a capricho con tropelías varias (p.223). Porque tampoco esto oculta el autor cuando recoge otro testimonio que reconoce “de todo hubo, como en la viña del señor, no podía ser de otro modo” (p. 227)

Guerras subterráneas

En Rastros de rostros se expone cantidad de ejemplos detallados y probados de estrategias de criminalización y sus efectos que se esperaban amedrentadores. A los vecinos de Can Tunis, se les acusaba falsamente, se infligían castigos gratuitos, se les encarcelaba sin condena y un largo etcétera. La criminalización de aquellos años - que tan familiar nos resulta hoy- se cocía con las triadas escogidas e hirientes “obrero, anarquista, pistolero” o la tan infame de “inmigrantes, jornaleros y analfabetos” que eran la manera “correcta” cuando esta corrección les impedía decir “malhechores, maleantes y ladrones”. Como toda criminalización su principal función era distraer la atención que se tenía sobre los delitos que se cometían en las “altas esferas”, para que allí como aquí hoy y ayer, los grandes criminales, queden indemnes:

“En aquellas fechas, para atracos —decían ellos— los de guante blanco, que se prodigaban sin impedimentos ni censuras; para celo en el mantenimiento del orden el descarado locaut del paro forzoso impuesto por una burguesía, cuyas preferencias —rojigualdas, cuatribarradas o con tintes violetas republicanos— eran pura tramoya, ya que sin distinción de banderas se aunaban todos a una en la defensa —como fuese— de sus beneficios, pues sólo profesaban, en el fondo, devoción y entrega por el color del dinero. En la prensa obrera ya ironizaban: «un piso modesto cuesta diez, quince, veinte duros al mes; un pan cuesta setenta y cinco céntimos; un par de zapatos, veinte pesetas. Decididamente, señor Ametlla —el entonces gobernador— hay que acabar con los atracadores» (p.200)

Hoy la estructura del menosprecio contra “los de abajo” se mantiene intacta, cambian, quizás los epítetos, adaptados a la corrección política de cada época.

La violencia adquiría los tintes clásicos más allá de las corrientes escaramuzas o de la clásica y por ello a veces invisible violencia objetiva o estructural. Concretamente ésta se dio en la forma de una resurrección del pistolerismo en los años treinta que se creyó enterrado en 1923 según la historiografía al uso[11]. Un inventario de somatenes o de Bandas negras hasta bien entrada la década de los años 30, organizaciones paramilitares y criminales pagadas por la patronal, protegidas por los gobernantes, civiles, militares y jefes supremos de la policía cuando no, directamente sicarios del Sindicato Libre que provocaron numerosas muertes de obreros (p.102). Se trataba, al fin, de una “sorda guerra social” […] “un mar de fuego subterráneo” [...] “en una Barcelona que seguía siendo un volcán” (pp. 124, 145, 125 respectivamente). El repertorio de acciones insurrectas pasaba por la destrucción del iluminado de las fábricas hasta la lucha de los maquis (donde participaron un puñado de aquellos vecinos), pasando por los boicots a quienes, por ejemplo, acaparaban productos además de un sinfín de refriegas cotidianas en los lugares de trabajo.

“Con la huelga se pretendía destacar los modos que tomaba esta contundente forma de lucha. La acción directa -nos recuerda el autor- cuando es expresión sin mediaciones, de una base numerosa decidida a agarrar unas botas, unas pesetas, un descanso en el plano material y a no perder la dignidad en lo que ellos, manumisos o insumisos de nuestro tiempo denominaban mejora o emancipación moral” (p.105). Sabemos de huelgas de hambre en prisión y también de la dura represión republicana, comandada en Catalunya por Lluís Companys (p. 120). López Sánchez sitúa durante unas páginas el centro del debate en las formas de control social no burguesas, es decir replanteando la máxima marxista según la cual, la seguridad es el supremo concepto burgués. Para ello, recupera también el control social que el mismo anarcosindicalismo llevaba a cabo, cuando por ejemplo, consideraban los robos de obreros como “actos de rebeldía mal encaminados […] y por tanto dignos de reprobación” (p.123).  “¡Nobleza sí, pillaje no!, ¡justicieros conscientes sí! “asesinos nunca”, clamaran desde Solidaridad Obrera (p. 291).

El silenciado e ignorado cual tabú papel de la “chiquillada” en la revolución, su participación en las barricadas “amontonando adoquines durante el día, ensanchando los boquetes en la calle y haciendo los montones más grandes” (p.126). Lo mismo recupera las diversas formas de lucha de las mujeres, por ejemplo, las vendedoras ambulantes, duramente perseguidas por la República, “revoltosas que no se achicaban ante las medidas represivas y hasta pudieron ser revolucionarias”. Y es imposible que uno no le venga a la mente las actuales y demasiado recurrentes imágenes de “manteros” corriendo frente a la policía o incluso enfrentándose a ella como aquel plante en Calafell en agosto del 2012, el más reciente de julio de 2013 en Torrevieja o en mayo de 2012, en el madrileño barrio de Lavapies que, obligó a un policía a disparar con su arma por la respuesta que encontraron de éstos y de los vecinos. O la reivindicación del derecho -ya no a la ciudad- a la vida, a que no se les “apartara de la civilización”. La síntesis expresada con el título del capítulo X “Mal de muchos, remedio de todos” recoge las sanciones obreras a los que no acataban por ejemplo, el boicot a un tendero acaparador. Las luchas aglutinaron porque el sufrimiento era transversal entre obreros y demás fuerzas productivas y reproductivas. “Ir a por el todo”, los asaltos al economato, los esfuerzos por distinguir a los “esquiroles por necesidad” de los “revienta huelgas profesionales” (142), las exigencias -aún hoy revolucionarias- de la jornada laboral de 6 horas.

Se narra con sumo detalle el conflicto con la fábrica ALENA. Al despedir a los obreros, éstos ocupan la fábrica. Se detalla los enfrentamientos entre obreros cenetistas -a los que se les prohibió trabajar- y falsos trabajadores de la UGT (Unió General de Treballadors) armados -que resultaron ser del Sindicato Libre. La cobertura de la República se realizó sin pudor y a Lluís Companys no le tembló la mano ni para firmar un ajusticiamiento a un libertario ni para “enviar la fuerza necesaria para garantizar el orden y la libertad de trabajo” (p.152). La cosa acabó con disparos y 13 heridos, 4 de ellos graves, las condenas de muerte a población del barrió fueron 3 en diciembre de 1938.

Detalles claros también de partes olvidadas de la historia. Como el sangriento 1º de mayo de 1931: Se produjo un mitin en el Palacio de Bellas Artes donde se reclamaba la libertad de -todos- los presos, el desarme y la disolución de la Guardia Civil, la incautación de los capitales del clero o la rebaja de los precios de los alquileres. Después de la primera proclama se produjeron unos disparos y el ejército ocupó lugares estratégicos. Companys alabó la “ponderación” de las fuerzas de seguridad y afirmó que Barcelona era ingobernable y que se debía deportar a los “elementos perturbadores” para así también poder atender a “los arraigados” (p.174).

También recoge las reuniones entre militares leales a la República y Francisco Ascaso, Buenaventura Durruti y Joan García Oliver -Los Solidarios primero, y más tarde Nosotros- en el restaurante Las Siete Puertas. Mientras en el gobierno, la inocencia se mezclaba con el interés, en las obreriadas “los bríos, más que achicarse se multiplicaban” y un testimonio directo recuerda la confianza que tenían y afirma que “aquellos fachas esta vez se llevarían su merecido y que tras acabar con ellos empezaría la revolución” (pp. 213-215).

Los asaltos al barrio por parte de las fuerzas del orden eran comunes y tenían como finalidad sembrar el pánico y amedrentar a sus gentes.

“Es una incógnita si medraron ateniéndose a los tres caminos que, desde los círculos obreros, se abrían para los que no disponían de un céntimo, para los que ni venderse podían por un exiguo jornal. A escoger había, decían, entre morirse de hambre y de frío por las calles, pedir limosna extendiendo la mano a la caridad pública o afirmar los fueros de la vida por la fuerza tomando el pan donde lo hubiera. El Cangrio, en uno de sus poemas quejándose de que por más que sembraran flores ellos recogían espinas, le recitaba a su hijo, tras días deambulando en busca de faena y ver sus lloros por hambre —«por qué se ponen las nubes si tus ojos son soles»—, que «esta noche ten por seguro que pan tendrás, que no te habrá de faltar» (p.201).

Después del domingo entonces, el ensayo de una sociedad libre. “Vivir la utopía no era un señuelo” [...] “palpaban otro mundo, parido de sus culturas prácticas” (p.232), “no se contentaban con promesas aplazables, no pensaban en renunciar a nada, costara lo que costara” (p.231). Se pensó en abolir el dinero y se hizo lo propio con la usura. Los líderes eran de quita y pon. Se funcionaba mediante intercambios, y colectivizaciones -una de las más importantes de la zona, fue la misma fábrica el Prat Vermell. Se encontraron soluciones al gravísimo problema de la vivienda y una organización eficiente mediante la autogestión y la disciplina. Porque era amantes de la disciplina, “pero no de esa disciplina cuartelaria o conventual que les pretendían imponer, sino de la disciplina del deber entregada a encauzar la revolución” (p.253). Y después, muy pronto y para medio centenar de años -al menos- el antes en el que estamos hoy.

El asedio a la revolución

Un lugar y unas gentes como las que participaron en la revolución social de los años treinta desde las Casas Baratas de Can Tunis, fueron y han sido “el aparador de la leyenda negra de los márgenes” (280), una estigma este trabajo finalmente corrige. Y es aquí donde nos encontramos de nuevo con lo que parecen los fines latentes de esta obra: Abochornar a los que “han hablado hasta la extenuación de crímenes y castigos para tapar las aportaciones constructivas en que se empeñaron tantos anónimos que trabajaron, como proclamaban, para la eternidad labrando el sueño igualitario” (p.282).

Se estableció una falsa disyuntiva: claudicar o perder la guerra, se trataba de un sólido golpe a la Revolución (239). Aun así, la huelga de alquileres no se detuvo y el rechazo a la movilización se extendió. Fascistas y republicanos se unieron contra la revolución libertaria. Una guerra a la utopía hecha realidad empezó -o mejor dicho, continuó- en este lado del Ebro. Se intentó borrar de un plumazo la administración popular urbana, el gobierno se puso en contra de las colectivizaciones y de las patrullas de control que se querían desmantelar, momento en que UGT se desmarca de las mismas (p.257), en definitiva, un acecho en toda regla al proceso revolucionario. 

Els Fets de Maig del 37 fueron el colofón de este giro contrarevolucionario. Un clímax al que se llegó después de innumerables colisiones esporádicas, de diversos altercados en las calles, cuando la rivalidad entre el gobierno y los y las ingobernables era ya un antagonismo irreductible. Se prohibió la circulación de armas, disolviéronse los tribunales populares. Este mayo sangriento acabó con la vida de 500 personas y con más de 1500 heridos. Comportó la disolución inmediata de las patrullas que aumentaron a 900 el número de cenetistas confinados (p.267). Los destellos de dignidad alcanzaban la prisión, donde se multiplicaban los motines.

Existía la sospecha que las élites comunistas promovieron los disturbios previos als Fets de maig. Y durante unos días, semanas tal vez, planeó la posibilidad de un golpe de Estado al Estado (p.269). El mismo denostado -aún hoy- barrio del Raval, se convirtió en una fortaleza estratégica en pleno corazón de la ciudad.

Describe el autor -con sumo detalle- la guerra sucia contra la Revolución iniciada prácticamente después de aquel corto verano de la anarquía. Toma nota de un complot de “nacionalistas catalanes de postín que estaban fraguando en contra de la misma Generalitat” (285). El texto recuerda que militantes de ERC formaron parte de las Patrullas de Control, aunque sea bien sabido como el mismo partido se desentendió de ellas y las demonizó.

La represión en Can Tunis fue esperpéntica. Y luego de la guerra, la derrota: represión, muerte, fusilamientos, campos de trabajo, de concentración, de exterminio. Muchos de los vecinos de las Casas Baratas acabaron en lo que fue un campo de exterminio avant la lettre, un experimento nazi, en Colliure. “Una desmoralización a raudales, sueños por tierra, abandonados por los ideales, rechazos a proseguir con más sacrificios, penurias y estómagos vacios”. El cálculo que realiza López Sánchez es aterrador.: Por activa o por pasiva la represión -fusilamientos, detenciones, encarcelamientos, exilios forzados o confinamiento en campos de concentración franceses o españoles- apartó del barrio a un 25% de su población (p.305).

Mientras y durante, los apresados. No hubo ninguna familia en el barrio que no tuviera alguno de sus miembros en la cárcel. Las calles, eran otro enorme presidio (p.309), hasta el punto que según López Sánchez, la prisión se inauguraría en este momento como modelo de ciudad (p.326).

Los Rastros de rostros han tenido papel ahora, escrito y que se ha plasmado en esta obra como “el lamento, a veces grito sordo de las gentes de las barriadas extremas”. Lugar de excepción permanente como nos explicaba donde un salvajismo infundado ha justificado todo tipo de abusos contra aquellas gentes. Vecinos y vecinas de Can Tunis que no pudieron ver florecer el nuevo mundo que soñaron y cultivaron. Dejaron, eso sí rastros que no se han podido borrar. López Sánchez los ha recuperado, al fin, para combustible de la actual dignidad en acción.

 

Notas

[1] López Sánchez, Pere, 1991.

[2] López Sánchez, Pere, 1986, 1993a

[3] Las críticas han sido masivas desde principios del presente siglo, momento en que se acuña la célebre formulación del Modelo Barcelona para referirse a las trasformaciones urbanísticas desde que Barcelona es escogida como sede de los JJOO de 1992. Quizás haya llegado el momento de reconocer con más ahínco la trascendental aportación de López Sánchez (1986, 1991, 1993a, 1993b) a la crítica al modelo de ciudad incluso antes que existiera la exitosa denominación. Ver  Capel, 2005, 2007, 2009, 2010; Degen, García, & Cavalcanti, 2008; Delgado, 2007; Montaner, Álvarez, & Muxí, 2011; Ter Minassian, 2009; Von Heeren, 2002.

[4]  Uno de los más notables precursores y ahora críticos con el modelo es Jordi Borja. Sus últimas apariciones públicas ya sea mediante libros, artículos, capítulos de libro o conferencias se distancia de lo que él contempla como una traición al modelo original, el que personas como él diseñaron. Aunque ahora se haya transubstanciado en uno de los críticos de dicho modelo, es, al mismo tiempo uno de sus más importantes exportadores en varias ciudades latinoamericanas. Ver Borja, 2009, 2013.

[5] López Sánchez, Pere, 1993b

[6] López Sánchez, Pere, 1993c

[7] López Sánchez, Pere, 1986

[8] Benjamin, Walter, [1959] 2008.

[9] Margarit, Joan, 2010

[10] O la Barcelona- Model, expresión con la que algunos críticos del conocido como Pla Macià evocaban la infausta prisión, presagiando en qué se convertiría la ciudad postolímpica y particularmente, sus barrios más irredentos

[11] González Calleja & del Rey Reguillo, 1995; León-Ignacio, 1981; Pradas, 2003; Tavera, 1995.

 

Bibliografía

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  Rastros de rostros


24/03/2014 18:04:01 Versió per imprimir

«La información sobre Egipto ha estado condicionada por grandes medios como Al Jazeera o CNN, con sus propios intereses»

Roge Blasco entrevista en el programa La Casa de la Palabra de Radio Euskadi, a Marc Almodóvar, que aborda, entre otras cuestiones, el papel de los medios de comunicación occidentales y en concreto el de grandes aparatos como CNN o Al Jazeera, en la creación de una imagen sobre Egipto y la revuelta.

 

  Egipto tras la barricada


24/03/2014 17:45:24 Versió per imprimir

 «Nos vendieron que Tarhir fue una revolución pacífica cuando murieron 800 personas en 18 días»

Entrevista de Carlos Pérez Cruz a Marc Almodóvar con motivo de la presentación de Egipto tras la barricada. Revolución y contrarrevolución más allá de Tahrir en Euskadi. Marc aborda el papel distorsionador de los medios de comunicación occidentales y en concreto de aquellos periodistas que, sin saber árabe, tenían como fuentes únicas sectores de las clases altas que hablaban inglés o castellano. 

 

 

 

 

  Egipto tras la barricada

 


24/03/2014 17:09:41 Versió per imprimir

«Ez dakit Tahrirreko eskaera guztiak beteko diren, baina ikusteko anitz gelditzen da»

Mikel Rodríguez

Bartzelona utzi nahi zuelako joan zen Marc Almodovar kazetaria (Bartzelona, 1984) Egiptora, 2008an. Niloko Deltako Mahalla al-Kubra hiriko langileen matxinadak erakarri zuen. «Ikusi nuen gauza anitz gertatzen ari zirela Egipton, eta inork ez zuela haiei buruz hitz egiten». Arabiera ikasten eta bertako kultura ezagutzen eman zituen lehenbiziko urteak. «Orduan Egiptok ez zuen hainbertzeko arreta bereganatzen, eta lasai zentratu ahal izan nintzen ikasketan». 2011ko urtarrilean aldatu zen dena. Matxinada bertatik bertara ezagutu izan zuen Almodovarrek, eta ordutik, hainbat hedabiderentzat idatzi du Egiptotik, horien artean BERRIArentzat. Bizitakoaren, ikusitakoaren eta aztertutakoaren emaitzatzat, Egipto tras la barricada (Virus editorial) liburua argitaratu du aurten. Euskal Herrian izan da aste honetan aurkezpena egiten, Gasteizen, Bilbon, Errenterian eta Iruñean, hurrenez hurren.

Matxinada piztu baino hiru urte lehenago ailegatu zinen Egiptora. Zer ari zen gertatzen urte horietan?

Kanpotik begiratuta, hasieran bazirudien [2011ko urtarrilean] bat-bateko leherketa bat gertatu zela, baina dena prozesu baten ondorio da. II. Mundu Gerratik herrialdean izandako langile mobilizazio olatu handienak gertatu ziren, AEBek Iraken egindako esku hartzearen aurka edo palestinarren Bigarren Intifadaren alde Tahrir plaza okupatu zen 2011 baino lehen, eta horietan erregimenari kolaborazionismoa egotzi zitzaion. Asaldura bat zegoen, eta gero, 2004-2005 aldian, ikusi zen Hosni Mubarak haren seme Gamalen eskuetan hasi zela boterea uzten. Gamalen eskutik, politikari ultraliberalak sartu ziren boterean, eta liberalizazio eta pribatizazio prozesua azkartu zuten. Eta azkenik, Tunisiako ereduak erreakzio bat eragin zuen. Tunisiak beldurrarekin haustea ekarri zuen, egiptoarrak hainbertze denboraz geldirik mantendu zituen beldur horrekin.

Eguneroko kontakizunean, agian, galdu egiten da arazoen erroen perspektiba hori.

Horregatik eragiten zidaten frustrazioa kazetaritzako artikuluek. Produkzioaren errutinak eta hedabideen logikak aunitz zailtzen zidaten nire artikuluen bidez jendeak ideia bat hartzea Egipton egiaz gertatzen ari zenaren inguruan. Horregatik, berebiziko behar bat neukan azaltzeko Egipton gertatzen ari zenaren inguruan zein ziren nire ustez puntu erabakigarrienak. Eta orduan hasi nintzen liburua idazten.

Mendebaldean, oro har, Egiptoko matxinadaren aldeko jarrera nagusitu zen, baina liburuan azaldu duzu Mendebaldeko erakundeek Egipto goraipatzen zutela 2011 baino lehen.

Gamal Mubaraken klana liberalizazio politika masiboak egiten hasi zenean, finantza erakundeek txalotu egin zuten. 2007an, Munduko Bankuak herrialde erreformistenaren saria eman zion Egiptori. Barne Produktu Gordina hazi egin zen, eta datu makroekonomikoak hagitz onak ziren. Baina diru hori hagitz esku gutxitan pilatu zen, eta gizartean haustura bat ekarri zuen horrek. Pobre bizi zen herritarren kopurua —bi dolar baino gutxiagorekin egunean—, %20tik %40ra igaro zen, eta muturreko pobrezian, berriz, —dolar bat baino gutxiago egunean—, herritarren %30 bizi ziren. Eta nazioarteko finantza erakundeek hori dena zuzendu zuten think tank-ak lagundu zituzten.

Zein talde izan zen erabakigarria matxinadan?

Zaila da katalogatzea. Herria bera izan zen. Urtarrilaren 25ean, hasieran alderdi bakoitza bere banderarekin atera zen, baina ordu batzuen buruan erretiratu ziren, eta masak uko egin zion karrikak husteari. «Honat etorri gara, hemen gelditzeko», erran zuen masa handi horrek. Gero, noski, masa hori erabili egin zuten batzuek eta bertzeek.

Anaia Musulmanek eta militarrek akordio bat egin zutela diozu.

Anaia Musulmanak ez ziren egon hasierako mobilizazioetan. Historikoki, anaidiak eta militarrek gorroto-amodiozko harreman bat eduki dute. 2011ko iraultzan, indar iraultzaileen aldarria hautsi, eta Anaia Musulmanak erregimenarekin eseri ziren negoziatzeko —Omar Suleiman presidenteordearekin—. Anaia Musulmanak indartzen ari ziren, eta erregimenak karriketan bakea beharra zuen, bereziki Mendebaldea lasaitzeko. Orduan, trantsiziorako akordioa itxi zuten: Mubarak sakrifikatu, iraultzak irabazi zuela erran, jendeari etxera itzultzeko eskatu, eta hauteskundeetara deitu zuten.

Anaia Musulmanak gizartean hagitz errotuta daude, ezta? Babes handia daukate.

Tira, baina ikus dezakegu 2011ko parlamenturako hauteskundeetatik 2012ko presidentetzarakoak arte igarotako bortz hilabeteetan botoen %50 galdu zituztela. Egia da hagitz egitura militantea daukatela, eta haien proiektuarekin konbentzituta dagoen inguru bat. Zenbait eskualdetan ere babes handia dauka islamismoak, baita Anaia Musulmanetatik eskuinerago dauden taldeek ere, baina egoera hagitz aldakorra da.

Zergatik?

Adibidez, militarren ospea ere Dragon Khan-a bezala mugitu da: gorenean 2011ko urtarrilean, eta gutxienean Junta Militarrarekin. Orain berriz ere herritarrak karrikara atera dira militarrak kritikatzera, eta hori pentsaezina zen iazko udan.

Nola hautsi zen anaidiaren eta militarren arteko akordioa?

Mohamed Mursik ia urtebete agintean egin ondoren, Anaia Musulmanen ospea gutxieneko historikotan zegoen. Aitzineko aldiaren jarraipen politika bat egin zuten, batez ere, arlo ekonomikoan —Nazioarteko Diru Funtsari mailegu bat eskatu zioten, adibidez—, eta horrek herritarren bizi-maila okertu zuen. Militarrek une hori baliatu zuten boterea erabat berreskuratzeko.

2011n hasi zen matxinada hura bukatu al da? Hau da emaitza?

Ez, ez da bukatu. Nahiz eta nik liburuan bukaera paratu diodan, epilogoan zehaztu egiten dut. Trantsizio prozesuak dira, eta ezin dugu pentsatu 60 urteko erregimen militarra egun batetik bertzera bukatuko dela. Inboluzio une batean gaude orain, eta arriskua dago hori indartzeko. Badirudi Abdel Fattah al-Sisi jenerala hauteskundeetara aurkeztuko dela, baina nik uste dut militarrak berriz ere lehen lerroan nabarmenki jartzen badira, berriz ere karrikak lehertu eginen direla. Ez dakit Tahrirreko eskaera guztiak beteko diren, baina ikusteko anitz gelditzen da.

 

Entrevista publicada en Berria, el 23/03/2003

 

 

  Egipto tras la barricada


24/03/2014 16:42:02 Versió per imprimir

«Estados Unidos, Israel, el FMI y el BM siempre han reforzado el status quo egipcio»

Marc Almodóvar es entrevistado en el programa Beste Bat de Hala Bedi Irratia en plena gira de presentaciones del libro en Euskal Herria. Durante la entrevista habla de su experiencia sobre el terreno en Egipto y del papel de los grandes poderes internacionales en la protección de los poderes fácticos egipcios.

 

  Egipto tras la barricada


24/03/2014 16:27:08 Versió per imprimir

«La revolución egipcia fue frenada por un pacto de transición entre militares e islamistas»

Tato Puerto entrevista a Marc Almodóvar en el programa «En un mundo feliz» de Radio 3: «El enfrentamiento entre los Hermanos Musulmanes y el Ejército, viene de lejos y no son los únicos actores de un país que lleva decenios intentando encontrar la vía del progreso y la modernidad. Hay un sector pujante, de la población egipcia que no quiere ni a los Hermanos Musulmanes, ni a los militares; que quieren cambios reales en un país fundamental para el equilibrio de toda la zona. En opinión de Marc, la Primavera árabe de Egipto, no ha hecho más que empezar. Hablamos con él»

 

 

 

 

 

  Egipto tras la barricada

 


26/02/2014 19:13:37 Versió per imprimir

«Cal visualitzar els barris proletaris com espais de vida i lluita»

 

Per Txema Bofill

No, no em vaig criar a les Cases Barates de Can Tunis, ho vaig fer a la part vella —ara centre històric— de Barcelona; en aquella relegada barriada va viure la meva família paterna. Fa molts anys que tinc interès i escric sobre la importància del territori en els processos socials, especialment sobre “les lluites en i per la ciutat” com a crítiques pràctiques en què els projectes concrets d’emancipació s’aixopluguen i es despleguen. A “Rastros de rostros” he intentat explicar com els “protagonistas del montón” d’aquelles perifèriques Cases Barates van ser capaços de fer realitat, després de molts anys de brega i autoaprenentatge, el seu somni igualitari de la revolució social. Un testimoni de les Barcelones rebels que convindria, crec, no descuidar en els temps que corren.

 

 

- Quin és l’ origen d’aquest llibre?

Tenia, des de fa temps, interès per saber com s’arriba a concretar i sostenir un procés revolucionari des de la base i és que en el meu imaginari la revolució social del 36, tan propera a nosaltres, sempre m’ha rondat com un dels millors exemples, potser el millor. Volia, a més, procedir mitjançant “l’anàlisi concreta d’una situació real” i llavors només em restava posar el dit sobre el mapa i escollir un barri de Barcelona on habitessin, diguem, els ningú i els menyspreats per la història. Volia recopilar papers dels arxius i hemeroteques però també, i sobretot, recollir totes les veus que pogués. En l’elecció va pesar la meva procedència familiar i entre els dos barris a escollir —La Torrassa i les Cases Barates de Can Tunis—em vaig decantar pel segon, més que res perquè de La Torrassa, «allà on començava Murcia», ja s’ha escrit alguna cosa més.

 

- Quin és l’ objectiu que et vares proposar a l’hora de fer-ho ?

L’objectiu era aquest: poder traçar la trajectòria de lluita i les aspiracions d’emancipació, traduïdes en utopia concreta, de les gents condemnades a viure a les perifèries relegades.

 

- Estudies els anys abans de la gran Revolució del 36. Quin paper hi tenien els barris?

En aquella època als barris d’extracció proletària no només s’hi dormia, sinó que s’hi habitava en el sentit de viure compartint la quotidianitat amb els altres i passant el temps lliure al carrer, als bars, ... i també s’hi podia treballar. Els barris com a espais de vida, on es mamava l’explotació i l’opressió, on el dia a dia no estava colonitzat per la mercaderia ni assetjat per l’aïllament (el viure o estar junts però separats), eren una esplèndida palanca per crear i consolidar comunitats de lluita entre iguals.

 

- Què en penses del llibre de Chris Ealham sobre els barris de Barcelona abans de la revolució, un llibre amb el mateix tema que el teu?

És prou interessant, un bon compendi que deixa aspectes per aprofundir i també dóna molt per discutir. Ara bé, tampoc deixaria de banda les aportacions de José Luis Oyón, especialment el seu llibre “Quiebra de la ciudad popular”, i les de la gent de Santa Coloma —el Grup d’Història José Berruezo— i d’altres.

 

- Quins són els ideals que van moure aquesta gent humil a realitzar la gran revolució del 36?

Una de les frases que en aquells anys es repetia, i molt, era la lluita per la millora material i moral. L’una i l’altra a la vegada, ja que tant es tractava de lluitar contra l’explotació com contra l’opressió. I d’aquell present de lluites s’aventurava, s’aspirava, a l’autoemancipació. Sí, “l’emancipació dels treballadors serà obra dels mateixos treballadors o no serà”. Però a més d’idees o ideals l’important era aquell “anar aprenent mentre es camina” que diríem ara. Les seves ànsies d’emancipació eren el resultat d’unes pràctiques crítiques que un dia i un altre s’afanyaven a portar a terme. La inspiració llibertària era clara, em sembla.

 

- Quina és la teva implicació en la investigació (personal, familiar, ideològica, universitària)

Buff, i com es respon a això? Podria dir que m’interessen, i no per simple curiositat, els processos revolucionaris. Ja va escriure Cohn Bendit allò de “la revolución que quisimos tanto” i altres li van donar “l’adéu a la revolució” com havia passat amb “l’adéu del proletariat”. Total, es pot pensar avui la revolució?, quina, com i on? Si fos així ens valdrien, sense mimetismes ni descontextualitzacions, els referents del passat, i entre ells el de la revolució social del 36? Si la implicació personal es refereix a la meva relació amb el barri de les Cases Barates ja hauria de dir que la meva família paterna va viure-hi i que més d’un familiar surt nomenat entre el munt de veïns que van ser els protagonistes d’aquella revolució social que s’entesten a esborrar de la història.

 

- Quin mètode d’investigació has seguit? En què consisteix?

La investigació s’ha assemblat a un viatge. Genet ja deia que no és viatge, ni es ná, quan el trajecte, de pagament, té punt d’inici i punt final, com en el bus, com al metro. I Camarón ens cantaria que el millor és entretenir-se pel camí, i fins i tot perdre’s de tant en tant, si el que es pretén és comprendre i no només descriure o explicar. Algú va denominar a aquest procedir com transductiu, en el que l’imprevist, la deriva, no només et molesta sinó que t’alimenta. El viatge, per cert, tot i que que sigui a un altre ritme, encara continua.

 

- Com has fet les entrevistes? Les has ensenyat a la gent del barri per saber si estan d’acord amb el que tu has transcrit d’ells?

D’entrada voldria comentar que no he fet pròpiament entrevistes. Més aviat han estat converses o xerrades que he anat mantenint, i moltes vegades no en un sol dia sinó en successius moments. Sí que portava preparat més o menys un guió, però sobre la marxa ho anava modificant, a més, diguéssim que no em conformava amb preguntar i escoltar la resposta sinó que intervenia quan ho considerava oportú. La conversa en curs o procés, sempre que he pogut, l’he anat estirant; i és que si m’arribava nova informació dels arxius o d’altres veïns procurava tornar a preguntar. He aplicat el model “bola de neu”, que consisteix en anar d’un veí a un altre, d’un paper a un altre. Sovint, a més, les converses no eren individuals i els llocs bé podien ser un bar esmorzant, a casa d’ells, passejant... El telèfon —i l’e-mail molt menys, però també—, de tant en tant els he emprat per a preguntes més concretes o simples puntualitzacions sobre noms, dates, etc. Sempre que he pogut he procedit a la devolució i fins i tot, com no, els indicava que podien plantejar totes les modificacions que consideressin oportunes.

 

- Què has trobat en les converses de la gent de Can Tunis?

Aquí, per descomptat, no puc generalitzar. Hauria de distingir entre els que, ja des de l’inici o a través del tracte, no mostraven cap problema per parlar del que fos, i altres, més recelosos, que s’escudaven en evasives o eren imprecisos en segons quines respostes, especialment quan sortien noms. Em quedo, però, en què insistien en: “no t’explicaré més que allò que sé per mi mateix i no el que m’han dit o he sentit”. Així mateix, en el seu to destacaria la seva sinceritat, honestedat i humilitat. Se saben, com a hereus, els perdedors d’aquella revolució i no es recreen en presumir; els disgusta, i molt, totes les pestes que els han tirat —i continuen tirant— al damunt.

 

- Per què no hi ha bibliografia, si es tracta d’una investigació?

Que no hagi incorporat ni notes a peu de pàgina, ni bibliografia, ni el llistat de “entrevistats”, ni els arxius consultats ha estat una opció deliberada. Primer, i no és broma, el llibre hauria sortit molt més gros o amb lletra encara més petita. Però sobretot he volgut prescindir d’aquest pes per alleugerir la lectura i que els que no estan acostumats a aquesta tipologia de text no es facin enrere.

 

- Quins són els referents del llibre?

Encara que no hagi volgut guiar-me pels meus “pares putatius” és obvi que a “Rastros de rostros” llueixen alguns referents, com també ressonen, i bastant, les converses i discussions mantingudes al llarg del temps amb amics i companys. Per citar lectures, si d’això es tracta, esmentaria a Foucault i els que al seu voltant es van dedicar a problematitzar la història i els seus aspectes territorials, cert Castoriadis, Lefort, Thompson, Benjamin, Lefebvre i etc.

 

- Hi ha una molt bona introducciódel company Tomás Ibáñez. Com se’t va ocórrer?

Al llarg de tot el procés d’elaboració del que acabaria resultant el llibre, i que vaig començar el 2004, he abusat de la confiança i paciència d’alguns amics. Els marejava amb els meus avanços i retrocessos, els meus dubtes, els passava esborranys... Un dels temes que va sortir era si calia o no un pròleg del que jo no era molt partidari. Una vegada acceptat vaig tornar a molestar, i així en Tomàs, un dels lectors dels meus esborranys, es va avenir a regalar-nos “La muerte nunca vence a la primera”; clar, cal que estiguem a l’aguait perquè els torrents tornin a créixer sota la tempesta.

 

- Per què ho edites a Virus, o per què t’ho editen els de Virus?

Des de fa molt de temps, gairebé des dels seus inicis, he mantingut relació i he col·laborat de diferents maneres amb el projecte de Virus. Fruit d’aquest festeig el llibre arribaria a la Lluna (la impremta). Hi ha, per descomptat, una aposta mútua pel pensament crític i pels circuits alternatius.

 

- Quina rebuda ha tingut el llibre? Quins comentaris has rebut de la gent de Can Tunis i d’altres lectors?

Les veus o correus que m’han arribat d’entre la gent del barri i persones properes em transmeten que el llibre els ha despertat interès, que he explicat una història que en molt bona part desconeixien i que no els havien transmès els grans i que no he tornat a entrar en “chafarderíos ni miserabilismos”, i ho agraeixen. Alguns, a més, amb orgull, han mostrat afecció per aquell passat de lluites tan allunyat, insisteixen, de les mil etiquetes de marginals que els han endossat durant tants anys. Del llibre, que allà es pot trobar al forn i a una papereria, m’han dit que està tenint sortida i que dóna per parlar. Fora del barri, i m’alegra, els comentaris que m’arriben també destaquen la feina feta per intentar recuperar la memòria col·lectiva dels de baix, “dels sense nom que no anònims” que em subratllen. És per estar content! Ara, és clar, de les valoracions negatives —per l’estil, pel contingut, ...— que deu haver-ne, de moment no me n’he assabentat.

 

- Després de la seva publicació han tingut aquells “Rastros de rostros” certa continuïtat?

Amb els comentaris que m’arribaven del llibre i del vídeo (http://vimeo. com/rastrosderostros/video) i després d’algunes converses, trucades i correus em vaig decidir, amb ajuda de persones vinculades al barri, a posar en marxa un bloc: http://rastrosderostros. wordpress.com/, en el qual, a més de difondre el llibre —hi ha l’accés gratuït a la versió digital i la incorporació de documents, de testimonis inèdits dels seus protagonistes i de material fotogràfic (algun procedent d’arxius però majoritàriament aportat per familiars)— es recullen ressenyes, entrevistes... I especialment van entrant noves biografies i fotografies. La predisposició a tirar palante segueix viva, encara que també és cert que costa estirar: abunden més les promeses que ja t’enviaré que els lliuraments concrets.

 

- Què et sap greu no haver pogut fer en la investigació?

Per descomptat, em sap greu no haver pogut parlar amb ells i amb elles, és a dir, amb els protagonistes directes d’aquella revolució. Sé que és un contrasentit, ja que quan vaig emprendre la immersió en aquelles Cases Barates la majoria d’ells, per edat, ja havien desaparegut: alguns, tot i que ja portés un temps (anys) amb el tema, vaig arribar a ells quan feia poc que havien mort; hi ha qui encara viu però per la seva salut i discreció no hem pogut parlat gaire o ho hem deixat estar. És això d’haver arribat tard. També em queda mal regust per no poder haver accedit a certa documentació d’arxius que vaig localitzar. I qüestions, més concretes, pendents de resoldre encara hi ha algunes, com qui va ser o qui van ser els enllaços entre l’interior —des de dins del barri— i la Comissió de Relacions del Moviment Llibertari a França? També no haver pogut accedir a algunes memòries, completes o inacabades, que em consten es van escriure però es van perdre, no es troben o no volen compartir-les.

 

- Quins són a els personatges que destacaries del barri?

La llista és llarga. En els anys 20 podria destacar Gumersindo Sánchez, El Madriles, no només militant notable en el Sindicat de la Construcció i en la vaga de les obres del metro sinó també en la constitució de l’Ateneu Cultural de Defensa Obrera del Prat Vermell —que era com ells anomenen al seu barri de Cases Barates. A Marcelino Pereiro, del transport marítim, igualment entre els impulsors de l’Ateneu i que escrivia a la premsa obrera i llibertària. Alberto Manzano, també a l’Ateneu, va estar entre els que es van enfrontar als pistolers del Sindicat Lliure. Enrique García, tramviari, assidu a la premsa obrera i al qual van empresonar en diferents ocasions. Ja en els 30, Benito Maldonado va estar molt actiu a l’Ateneu i va ser a més delegat en la llarga vaga de les “Extracciones de Arenas” i a la de lloguers; i el José Gilabert, el Berenguer, el Higueras i ... A partir del juliol del 36, a més dels anteriors, esmentaria a Francisco Liria, José Giménez, Antonio Céspedes,... Ja contra Franco, i de la nova fornada, ressaltaria a Rogelio Ramos, afusellat a Saragossa el 1950 després de la seva funesta incursió guerrillera, Manolo Fornés, els germans López Montesinos... de dones estarien Esperanza Fernández, mitineando durant la vaga de lloguers. La Ana Fuentes a la Rivière, la Consuelo López Requena a la fàbrica Farrero, la Maria Vidal, a la Sangrá...

 

- Una frase o lema que introdueixi la teva investigació

Potser la de Camus que vaig triar per al blog: «La llibertat no és un regal que es rep d’un Estat o d’un cap, sinó un bé que es conquereix diàriament, gràcies a l’esforç de cada u i la unió de tots».

 

- Has escrit algun altre llibre. En quins llocs has publicat articles oescrits teus?

Individualment, El centro histórico, un lugar para el conflicto (1986) i Un verano con mil julios y otras estaciones ( 1993).També he participat en obres col·lectives, per exemple en Virus —entre d’altres El descrubi- MIENTO del 92—, amb Alikornio, Traficantes de Sueños... Alguns articles sobre urbanisme els he publicat en revistes acadèmiques, i sobre aquesta problemàtica o altres he escrit, bé individual o col·lectivament, signant o sense signar, en diferents revistes, millor o pitjor impreses per diferents canals de difusió. Entre elles In/dolencia, Ekintza, Contrapoder.

 

- Com t’has format en la vida?

Encara que faig de docent a la Universitat podria dir que em considero, en bona mesura, autodidacta. Vaig cursar geografia, però abans i en paral·lel ja vaig intentar llaurar-me un bon bagatge cultural i sense ànims d’especialista. Vaig aprendre, i molt, de la meva implicació en el cicle de lluites del final del franquisme i començaments de la transacció. I guardo en el record a bons companys, més grans que jo, i alguns encara amics que van fer, com diria Rancière, de bons “mestres ignorants”.

 

- Presa de consciència o vocació política? I la teva evolució política?

Mira que amb “Rastros de rostros” he anat emprenyant amb preguntes semblants i ara em toca a mi! Respondria com molts d’ells: “doncs no sé, no me’n recordo, què vols que et digui?”. Per recordar recordaria que sent xaval vàrem sortir de l’institut, a la Barceloneta, per anar a una manifestació contra la llei Villar Palasí. Ja treballant, a la banca, uns quants vam muntar la CAT —una Comissió Autònoma de Treballadors— per desacord amb les CCOO. Això seria el 1974. I fins ara, no sé. Em ve al cap, disculpa, la cançó del Makinavaja.

 

- Militància política a grups i organitzacions. Quins rols tens dins el sindicat o moviments socials en què has participat?

D’organitzacions formals només he format part de la CNT, des de la seva assemblea de refundació a Sant Medir fins a la seva crisi interna derivada del cas Scala. Després he anat transitant per alguns col·lectius, però sobretot ens trobem de tant en tant, sense agenda i informalment, entre afins. I estant a l’aguait de la conjuntura, de vegades m’implico en singular, amb diversa intensitat, en certes lluites, ja siguin de major o menor calat, més locals o concretes o, a una altra escala, específiques o generals.

 

- Com veus el moviment llibertari actual?

Diria que en les crítiques pràctiques col·lectives l’esperit o la cultura llibertària sembla, de forma difusa, rebrotar. Aquestes pràctiques socials disperses serien, em sembla, els torrents als quals es referia Tomás, i per més que s’assemblin al Guadiana cal potenciar-les. Cal avivar, com a moviment real, el “mar de fuego subterráneo” que va mimar sempre l’Anselmo Lorenzo.

 

- El teu lema de vida

Un parell de cites: alguna cosa així com “només buscant l’impossible s’assoleix el possible” i “tota paraula és una paraula de més”.

 

- Llibres i autors que t’hagin influenciat

Anomenaria els dos primers que vaig escollir pel meu compte: La conquista del pan i El apoyo mutuo de Kropotkin. Dos més serien L’home que plantava arbres de Giono i La comunidad inconfesable de Blanchot. Autors? Berger i Cortázar, d’aquí a Juan Marsé. De l’acràcia a Rocker i el seu Nacionalismo y cultura (molt actual, per cert) i Anselmo Lorenzo i el seu Proletariado militante. I...

 

 

  Rastros de rostros

 


25/02/2014 16:10:07 Versió per imprimir

El gran derrotado en Egipto está siendo el movimiento laico y revolucionario

Por Luis Matías López

En tres años, Egipto ha recorrido un largo camino circular que le ha conducido al punto de partida: los militares siguen con el poder político y económico, los Hermanos Musulmanes están fuera de juego, el movimiento laico y democrático ha sido burlado y Estados Unidos, las monarquías conservadoras y dictatoriales del Golfo, Israel y Estados Unidos respiran aliviados porque sus intereses quedan a salvo y la estabilidad vuelve a reinar en el país pivote de Oriente Próximo. Es un balance desolador de lo que parecía que iba a ser el paradigma que marcaría el cambio democrático, de justicia social y de prosperidad económica que, en un momento que ya parece muy lejano, se asociaba con la primavera árabe.

Marc Almodóvar, corresponsal en la zona de varios medios catalanes, que ha vivido en Egipto desde 2008 y ha sido testigo directo de esta etapa convulsa, ha condensado su experiencia –con aliento de reportero y precisión de documentalista- en un libro que, publicado por Virus Editorial, resulta esencial para conocer los orígenes, desarrollo y desenlace de un proceso revolucionario/contrarrevolucionario cuyos últimos capítulos aún están por escribir.

La conclusión de Egipto tras la barricada. Revolución y contrarrevolución más allá de Tahrir pretende ser esperanzadora pero, a día de hoy, tiene un amargo sabor a utopía: “La revolución que en enero de 2011 reclamaba pan, libertad y justicia social no ha muerto. Estará viva mientras la injusticia provocada por unas políticas generadoras de desigualdades y por la extensión de las nuevas formas de esclavismo y colonialismo sigan vivas”.

Almodóvar no desvela ningún secreto, no cuenta casi  nada que no se supiera ya, pero aun así, su libro era muy necesario, y lo justo sería que quedase como imprescindible referencia (al menos entre los textos en español) para recordar y entender mejor estos tres años convulsos. El tono que utiliza es crítico y analítico, sin perder por ello viveza e incluso pasión, y sin alejarse nunca de su objetivo esencial: relatar en detalle un proceso que nació en enero de 2011 con las manifestaciones multitudinarias de la plaza de Tahrir que exigían democracia y el derrocamiento de Mubarak; que pasó por el interregno de un año de gobierno de los Hermanos Musulmanes, conquistado por medios democráticos; y que volvió a sus orígenes cuando otro movimiento popular masivo en junio de 2013 sirvió de pretexto a los militares para derribar al islamista presidente Mursi (que pagó cara su torpeza) y tomar las riendas de un poder que nunca habían soltado del todo.

La mejora en la situación personal y procesal de Mubarak y algunos de sus cómplices, el control de puestos claves en la Administración y la economía de militares y antiguos altos cargos del dictador, la marginación cuando no la persecución de los protagonistas de las revueltas de Tahrir, y el calendario de normalización institucional que controla el Ejército y que debe convertir en presidente al mariscal Al Sissi, cabeza del golpe, son pruebas evidentes del fracaso de la revolución.

Antes como ahora, los militares tienen el poder real. Un poder que Almodóvar ilustra con una batería de datos que recogen cómo, durante décadas, han ido penetrando no ya tan solo en el entramado institucional, sino también en el educativo, científico, de los medios de comunicación y, sobre todo, el económico. “El proceso iniciado en 1991 llevó a los oficiales a sentarse al frente de los consejos de administración de los holdings de electricidad, transporte, agua, saneamiento, gas natural o petróleo, y a tener un amplio control sobre los sectores públicos asociados, como la construcción, la vivienda, el desarrollo agrícola y el turismo”.

Estaciones de servicio, agua embotellada, cigarrillos, televisores, pesticidas, verduras, pasta alimenticia, hostelería… Pocos sectores se libran del control militar, en beneficio, no ya del país sino ni siquiera del conjunto de la institución, sino de una minoría de altos oficiales, y sin apenas control sobre  las prácticas corruptas o la administración negligente. El peso de esa economía militar oscila, según las fuentes, entre el 25% y el 40%  del Producto Interior Bruto. Que esta situación no se haya revertido, o que no esté vías de serlo,  es una prueba incontrovertible de lo poco que la revolución del Tahrir ha cambiado Egipto, pese a los miles de muertos que han jalonado estos tres últimos años.

En palabras del autor, “la historia de la revolución egipcia es, desde la caída de Mubarak, la del esfuerzo de islamistas y militares por detener el ímpetu popular, por denunciar las protestas obreras, por detener a los activistas (…) por acusar a las mujeres de las protestas de ser putas. Es la historia de un proceso que ha permitido llamar revolución a lo que es transición, y sabotaje a lo que es revolucionario; acusar de terrorista al disidente y cambiar los lemas de la revolución. Todo para atacar al corazón de lo que había llevado la gente a la calle”.

Almodóvar toma  partido tanto contra los militares como contra los Hermanos Musulmanes. Los primeros han ganado, y los segundos han perdido, en buena medida por sus propios errores. Pero el gran derrotado, pese a la pureza de sus intenciones, ha sido (está siendo) el movimiento laico y revolucionario, defensor de la democracia, la igualdad y el progreso, que se echó a la calle para que las cosas ya nunca volvieran a ser como antes, para que Egipto se convirtiera en un país justo, libre y democrático. Representaban el alma más pura y esencial de la primavera árabe pero, a día de hoy, son el más claro ejemplo de su fracaso.

 

 

  Egipto tras la barricada


19/02/2014 10:53:27 Versió per imprimir

«Acción noviolenta son acciones no institucionales como huelgas, boicots, no colaboración y desobediencia»

 

En el programa «La Enredadera» de Radio Topo, Jesús Castañar habla de Teoría e historia de la revolución noviolenta. Castañar se refiere a diferentes momentos históricos en los que las estrategias noviolentas han jugado un papel fundamental, dedicando una atención especial al movimiento por la insumisión al servicio militar que se desarrolló en el Estado español entre los 80 y los 90 del pasado siglo, y del que formó parte. Para él una de las características de la acción noviolenta es su carácter no institucional.

 

 

 

  Teoría e historia de la revolución noviolenta


19/02/2014 09:25:22 Versió per imprimir

«Egipto tras la barricada surge de la frustración como periodista ante el tratamiento mediático de los hechos»

En campo enemigo, Radio Intereconomía, Marc Almodóvar habla no sólo de Egipto tras la barricada, sino también del periodismo y del papel de los medios de comunicación y la supuesta pluralidad informativa.

 

  Egipto tras la barricada


13/02/2014 11:58:46 Versió per imprimir

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