Creernos nuestras propias herramientas

Por Manuel Tabernas

Tiene este libro una primera parte destinada a aclarar términos y concretar qué significa el concepto de noviolencia. Parte extensa pero precisa y útil. Lo exhaustivo de esta introducción se justifica en la necesidad de evitar confundir posturas revolucionaras con acciones noviolentas reformistas. Y en dejar bien claro que, como dice un activista y teórico sobre la noviolencia como Gene Sharp, la acción noviolenta no es pasiva, no es inacción, es acción que no es violenta. En esta primera parte diferencia también, claramente, a los que usan las herramientas de la noviolencia sólo porque son útiles y efectivas (a los que el autor llama pragmáticos) frente a los “éticos”, que consideran inaceptable la violencia en cualquiera de sus formas y que, de hecho, la consideran un medio reaccionario.

La segunda parte es una clara exposición histórica –se podría decir que genealógica– que cuenta cómo han evolucionado las ideas sobre noviolencia desde los aportes teóricos que se hacen desde posiciones tan diversas como la revolución francesa y estadounidense, los postulados anarquistas, marxistas, sufragistas, los activistas por los derechos civiles, académicos, feministas, queer... y un larguísimo etcétera. También desgrana los enlaces e influencias entre las diferentes luchas noviolentas a lo largo de la historia y en infinidad de lugares del planeta.

No es un manual de uso, pero describe las herramientas de que se van dotando las diferentes luchas para defenderse y cambiar las cosas: boicots, huelgas, cartismo, manifestaciones, creación de instituciones alternativas, resistencia pasiva, etc. Herramientas todas ellas que funcionan, que son útiles.

En paralelo a la evolución del concepto de noviolencia va el de Estado. Para que el poder se dé debe haber consentimiento del dominado y esto es fundamental para desarrollar la idea de la negación de este consentimiento. Si mandan es porque tú obedeces. Si no obedeces y te organizas... se puede transformar la sociedad.

La noviolencia es un fenómeno universal en todas las culturas y épocas. La hubo en los países ocupados por los nazis, en muchos lugares con dictaduras y bajo imperios. Hoy en día, con los escraches, la oposición a los desalojos, sigue habiendo resistencia noviolenta.

El tono general del libro es comedido y poco triunfalista. Habla de éxitos y de fracasos. Cita a personajes pero huye del personalismo. Las peleas, las campañas, las hace el pueblo, con o sin líderes. Pero también las sufre y, para bien o para mal, las suele pagar muy caras.

Muy loable también es que no mitifica a los personajes que cita y, más allá de los bien conocidos como Gandhi, Tolstoi, Martin Luther King Jr., habla de otros desconocidos pero muy importantes para el pacifismo musulmán, como Abdul Gaffar Khan. Se comentan los aportes de cada uno, pero también sus defectos y contradicciones: el nacionalismo de algunas sufragistas, la posición de Gandhi durante las guerras mundiales, la división del anarquismo ante la Gran Guerra, etcétera.

La lectura del libro muestra muchas campañas de resistencia noviolenta, no colaboración, obstruccionismo y resistencia injustamente olvidadas. Se deben conocer y saber qué funcionó, qué falló y qué podría funcionar ahora. Ése es uno de los logros de este libro.

 

Reseña publicada en Diagonal n.º 219, el 27/03/2014

 

 

  Teoría e historia de la revolución noviolenta


01/04/2014 11:39:25 Versió per imprimir

«Las revoluciones noviolentas han tenido más porcentajes de éxito»

 

Por Manuel Tabernas

 

¿Por qué tiene tan buena fama la violencia para solucionar conflictos?

La violencia es una forma de acción, política o social, que aparentemente tiene una gran efectividad en los niveles de acción instrumental, comunicativo o de negociación, que se puede ejercer con poca capacidad organizacional y sin plantear cuestiones incómodas sobre la propia naturaleza del conflicto. La efectividad instrumental de la violencia es sólo aparente porque una lucha de resistencia debe enfrentarse asimétricamente a la violencia del oponente, que dispondrá de infinidad de medios violentos con mayor capacidad de destrucción.

La acción violenta atrae a los que buscan una respuesta rápida y enérgica contra la injusticia, pero cual­quier respuesta, para que sea realmente duradera, tiene que ser meditada y consensuada por la sociedad. No hay otra forma, pues de otra manera necesitará de más violencia para perpetuarse.

Dicen los clásicos que una revolución violenta engendrará una sociedad violenta. ¿Pero es realmente posible una revolución noviolenta?

No sólo es posible una revolución noviolenta, sino que históricamente han tenido mayores porcentajes de éxito. Según las estadísticas de las investigadoras Maria Stephan y Erika Chenoweth, durante el siglo XX las revoluciones noviolentas han triunfado en un 60% y las revoluciones violentas tan sólo en un 30%.

Cuando la sociedad, el pueblo, se alce pacíficamente, cuando el planeta se pare... ¿se entregarán los terratenientes y los magnates?

Usar la acción noviolenta no significa que no haya que enfrentarse a estrategias de represión violenta, sino que las estrategias que se van a emplear contra esa represión violenta van a ser noviolentas de cara a maximizar la efectividad de la lucha. Al usar estrategias noviolentas se podrá minimizar el efecto de la represión al deslegitimarla públicamente. También permitirá que se movilice un mayor número de personas de dos formas diferentes. Por un lado, dotarán de legitimidad a las movilizaciones al no poder ser consideradas como origen de la violencia, y por otro lado, si se realizan de forma imaginativa, las estrategias noviolentas pueden evitar la exposición a la represión, usando boicots, huelgas y otros actos de no colaboración. La mejor manera de defenderse de la represión es mediante el empleo de técnicas noviolentas que la deslegitimen y, por tanto, debiliten a quien las pone en marcha, por lo que es la mejor manera de luchar por la revolución social. Dado que es dudoso que el oponente ceda a las demandas de cambio por iniciativa propia, se precisa el uso conjunto de técnicas de coerción junto con técnicas de persuasión, que logran forzar a negociar al que no quiere negociar porque le arrebata las fuentes de su poder, que emanan de los diferentes colectivos que le apoyan y colaboran con él, directa o indirectamente.
 

¿El uso o no de la violencia es un debate propio de la izquierda?

La izquierda se distingue de la derecha precisamente por plan­tear la acción política desde planteamientos éticos, por lo que es lógico que produzca este tipo de debates. Por otro lado, el monopolio de la violencia legítima es una de las prerrogativas de las que se ha apropiado el Estado. Debemos mentalizarnos de que los ejércitos y policías armados no defienden a las personas, sino al sistema, que distribuye arbitrariamente los recursos del planeta y permite la apropiación de recursos colectivos por parte de ciertas élites de privilegiados poderosos.

¿Hay actualmente luchas como las que describes en tu libro?

En este momento están sucediendo muchas resistencias noviolentas a lo largo de los cinco continentes. Algunas son pequeñas y locales, pero otras están muy consolidadas y están logrando transformar las realidades en las que se desarrollan. Por ejemplo, en Co­lom­bia hay un gran movimiento de comunidades campesinas e indígenas que, utilizando formas de resistencia noviolenta, han plantado cara a las guerrillas, el Ejército y los paramilitares, creando alternativas al conflicto armado, y esas luchas están inspirando movimientos campesinos en todo el continente americano.

Los casos de Libia y Siria muestran como esos movimientos noviolentos pueden ser cooptados para transformarse en luchas armadas que defiendan los intereses de terceros. Ucrania es otro claro ejemplo en el cual las movilizaciones noviolentas se están militarizando y, por tanto, se están apropiando de ellas sectores con intereses particulares. Sin embargo, es en el Estado español donde estamos asistiendo a una de las mayores movilizaciones contem­po­rá­neas que, aunque todavía tarde décadas en fructificar, ha producido una renovación general en la forma de entender la movilización, proceso que había tenido lugar en otros países en torno a las movilizaciones del año 68 y que está expandiendo el asamblearismo a otros ámbitos sociales.

¿Cuál es el papel de las mujeres en todas estas luchas y porn qué está tan silenciada una intervención que es fundamental?

Está claro que un movimiento que tenga en cuenta los aspectos de dominación de género denunciados por los movimientos feministas facilitará la incorporación no sólo de más mujeres, sino de otras muchas personas que no se sienten cómodas en ambientes patriarcales en los que se las excluye de la toma de decisiones o se les brinda formas de participación carentes de poder. Los movimientos noviolentos, al contrario que los grupos armados y de resistencia civil violenta, se han de preocupar por la reflexión de género porque para su resultado final será imprescindible la mayor implicación posible de personas, pero también por propia coherencia entre el fin que se demanda y la forma de conseguirlo. La lucha es una forma de ensayar el nuevo tipo de relaciones sociales que queremos crear, por lo que las organizaciones violentas que se preparan para la lucha armada o la revuelta civil no tienen nada que proponer al respecto de la gestión de conflictos interpersonales que denuncia la teoría feminista, todo lo contrario, aceptan muchas veces valores patriarcales e incluso los exaltan. Si en algunos movimientos se silencia el papel de las mujeres probablemente será porque no tienen en cuenta estas reflexiones estratégicas básicas y los machos dominantes tienen más interés en cuestiones de orgullo y estatus personal que en el proceso de inclusión colectiva necesario para el triunfo. Es uno de los primeros cambios personales que tenemos que hacer, cuestionarnos las relaciones de género patriarcales y asumir que tanto hombres como mujeres participamos de las mismas en mayor o menor medida. Sólo así podremos modificarlas, primero en nuestra lucha, luego en el resto de la sociedad.

La noviolencia funciona. ¿Qué más hay que hacer?

Para avanzar hacia la revolución democrática necesaria sólo hace falta saber lo que se quiere y estar de acuerdo en cómo lograrlo. Es necesario tener un objetivo común, unitario y, por tanto, de mínimos, para que pueda ser incluyente y motivar a participar a gente como nuestras responsables madres, nues­tros primos pijos o nuestras hermanas punkis. Y también es necesario un consenso en torno a las formas de movilización, que deben ser algo más que pacíficas, deben ser disruptivas y transgresoras para que puedan ejercer una coerción efectiva hacia el poder, pero manteniéndose pacíficas para no perder la legitimidad, pues el que pierde la legitimidad es al final derrotado.

 

Entrevista publicada en Diagonal n.º 219, el 27/03/2014

 

 

  Teoría e historia de la revolución noviolenta


01/04/2014 11:27:16 Versió per imprimir

Revolución noviolenta y 25 años de insumisión

Barrio Canino dedica su programa a los 25 años del comienzo del movimiento de Insumisión al servicio militar obligatorio y a la prestación social sustitutoria, celebrando el aniversario de la primera presentación pública de insumisos.En el estudio Enrique Francisco, Jaime González y Jesús Castañar, todo ellos miembros de Alternativa Antimilitarista MOC, colectivo anteriormente conocido como MOC (Movimiento de Objeción de Conciencia), que en Madrid actúan también con el nombre de Asamblea Antimilitarista de Madrid. Jesús Castañar es además el autor del libro "Teoría e Historia de la Revolución Noviolenta", recientemente publicado por Virus Editorial, del que hablamos más a fondo en la segunda parte del programa. En este programa hablamos del surgimiento del movimiento de insumisión, de las analogías que puedan existir con otros movimientos sociales noviolentos de gran calado que puedan existir actualmente y de donde se sitúa actualmente el antimilistarismo, entre otros temas.

 

 

 

  Teoría e historia de la revolución noviolenta


31/03/2014 17:31:54 Versió per imprimir

«El ejército en ningún momento ha estado al lado del pueblo»

 

Marc Almodóvar y Santiago Alba Rico hablan con la buena gente de La Enredadera sobre las revueltas populares en el árabe mediterraneo, particularmente en Túnez y Egipto, dos de los símbolos más importantes de lo que se ha denominado como Primaveras Árabes.

 

 

 

  Egipto tras la barricada

 


31/03/2014 17:01:03 Versió per imprimir

«La revolución sigue ahí: igual que en 2011, los estallidos sociales no se pueden prever»

Por Flor Ragucci / Foto: Francesc Sans

Se quedan cortas las cuatro noticias que llegan, cada tanto, con estruendo de bombas y cifras de detenidos. Se quedó corto también, en su día, el aluvión informativo que plagó los medios con imágenes de la revolución. Lo que ha pasado y lo que pasa en Egipto necesita de explicaciones más profundas y detalladas para empezar a comprenderse. Quizás hacen falta libros. Como el que ha escrito Marc Almodóvar, periodista y documentalista que desde 2008 ha vivido en Egipto, siguiendo de cerca los movimientos sociales y políticos que han sacudido al país.

Fue precisamente la frustración de no poder contar como hubiera querido lo que sucedía a su alrededor mientras estallaban las revueltas en enero del 2011, lo que movió a Almodóvar a escribir su libro. Egipto tras la barricada nace de la necesidad de ir más a fondo en la información y en la interpretación de unos hechos que, pese a su trascendencia (o tal vez por ella) se le han hecho grandes a unos media que recién se preocuparon por entender las cosas cuando aparecieron los primeros muertos. “Ya en 2008 los movimientos obreros contra Mubarak eran muy potentes. Cuando llegué, los activistas enseguida me pidieron que difundiera al máximo lo que estaba pasando porque los medios convencionales no querían publicar nada. Así que en 2009 creé un blog para informar sobre las protestas y el libro que ahora publico lleva su nombre” explica Marc Almodóvar en la entrevista realizada este viernes en la mítica librería Taifa del barrio barcelonés de Gracia.

 

Tal como lo describe Santiago Alba Rico en el prólogo, Egipto tras la barricada recoge “minuto a minuto la guerra mortal entre el Ejército y la Hermandad musulmana: un Ejército que impone una y otra vez su ley y una Hermandad ingenua, hipócrita, temerosa e interesada, que cree poder derrotar a los militares pactando con ellos y haciéndoles concesiones contrarrevolucionarias”. En esta eterna partida de a dos, ¿la revolución ha perdido su turno?
 
Yo creo que no. Primero, porque la transformación de la mente de miles de jóvenes es un hecho revolucionario en sí mismo. Segundo, porque la transición sigue abierta: la candidatura del Al Sisi no está generando el seguimiento unánime que se esperaba. Los nasseristas, que en su día respaldaron el golpe contra Mursi, están ahora levantando la voz contra el proceso político y las elecciones presidenciales y, por su parte, los salafistas también están denunciando la ley electoral. El pacto para derrocar a Mursi está sufriendo fracturas, y si a eso le sumamos los nuevos cortes de suministros energéticos que vendrán en verano, la inflación constante y la retirada de las ayudas que Arabia Saudita y Kuwait le están dando a Egipto- porque la situación económica de estos países no creo que les permita mantener al Régimen a largo plazo – el resultado serán unas reformas lanzadas por los militares, iguales a las que en su día plantearon los Hermanos Musulmanes, lo cual provocará en las clases populares los mismos efectos dolorosos y desestabilizadores que entonces. Quiero decir con esto que la posibilidad de que vuelva a surgir una agitación política que provoque nuevos cambios está a la vuelta de la esquina.

Mucha gente, de hecho, ve en la subida al poder del General Al Sisi una buena oportunidad para obtener más pruebas concretas en su contra…

Sí, es lo mismo que decían antes de que ganara Mursi: “que llegue al Gobierno para que se vea claramente que no era verdad lo que nos prometía”. Si sube Al Sisi y los egipcios vuelven a tener a un militar en primera plana política, se va a generar el momento idóneo para que las fuerzas revolucionarias, después de tres tortuosos años de experiencia, puedan demostrar que son capaces de romper estos discursos hegemónicos.

¿Ves posible la creación de un bloque opositor fuerte e independiente que pueda escapar de la dialéctica Ejército-Hermanos Musulmanes, tan arraigada en Egipto a lo largo de la Historia?

Si tenemos en cuenta que los egipcios vienen de 30 años de mubarakismo, del reinado de Faruq y de un largo protectorado británico, vemos claro que estamos ante un completo desierto de organizaciones sociales y políticas. Partiendo de  esto, no podemos esperar que de la noche a la mañana surja una oposición articulada que sea capaz de romper todas las barreras sociales que el Régimen ha construido.

Sin embargo, lo que más me impactó durante los primeros 18 días en Tahrir (los que siguieron a la caída de Mubarak) fue la eliminación de las distancias entre ricos y pobres, que en Egipto suelen ser muy marcadas. Personas que vivían realidades completamente opuestas y que hablaban lenguajes distintos iban, de pronto, codo con codo. El problema es que luego, tras la caída de Mubarak y el pacto con los islamistas, todos esos muros sociales se han vuelto  a construir. Yo creo que es ese el obstáculo más grande para la formación de un bloque opositor sólido y espero que los revolucionarios hayan aprendido durante estos tres años y puedan actuar ahora con mayor amplitud de miras.

La potente propaganda antirrevolucionaria llevada a cabo por el Ejército desde la caída de Mubarak ha calado en gran parte de la población. ¿Sigue todavía vigente ese desprestigio?

En un país de 80 millones de personas hay que tener claro que los varios millones que se manifestaron siguen siendo una minoría. La mayor parte de la población no participó y lo siguió todo desde casa a través de los medios de comunicación del Régimen. Además, problemas como la caída del turismo, el aumento del desempleo, el cierre de muchas empresas, los cortes eléctricos o la subida de los precios se vendieron como consecuencias de las protestas y la violencia en las calles, cuando lo que realmente agudizó la gravedad de la situación fueron las negociaciones con el FMI.

Aunque mucha gente compró este discurso, otra no lo hizo, por ejemplo, los obreros, que a principios de enero han vuelto a salir a la calle para reclamar por el salario mínimo, conscientes de que la participación activa genera un cambio. Cada vez más personas están despertando de ese sueño dulce con los militares y dicen “nosotros nos dejamos el sueldo en posters de Al Sisi para que solo nos traiga miseria”.

Desde la destitución de Mursi ¿crees que realmente existe una confrontación entre los Hermanos Musulmanes y el Ejército o siguen pactando bajo la mesa?
 
Si algo ha caracterizado a la Hermandad a lo largo de la historia ha sido su talante pactista, el intentar ser siempre lo menos molestos posible. Pero ahora todavía es muy temprano para saber lo que pasa, aunque podría ser que termine sucediendo. Hay que englobarlo todo en la situación de la zona, la gran guerra entre Arabia Saudita y Qatar, los primeros declarando a los Hermanos Musulmanes como organización terrorista, los segundos acusados de apoyar a los islamistas. Lo que pasa en Egipto es solo el tablero de ajedrez en donde se juega toda esta batalla regional.

¿Cuál es el papel de la Unión Europea en este juego?

Es curioso porque, pese a que Egipto nos puede parecer un país muy lejano, España es su tercer socio comercial, es decir, el tercero en el mundo que más importa sus productos. Por otra parte, el año pasado el Ministerio de defensa vendió armamento a Egipto por el valor de 50 millones de euros, que al día de hoy no sabemos en qué se utilizó, si sirvió para la represión en las manifestaciones o no. También tenemos que el Estado español ha estado protegiendo a un fugitivo egipcio, Hussein Salem, reclamado por la justicia cairota por corrupción, a quien se le facilitó la nacionalidad y se le permitió evadir, desde Madrid, sumas millonarias. Por no decir que España ha construido los túneles del Canal de Suez y la carretera que une el Cairo con Alejandría. En fin, que España no es un país más, es un socio privilegiado de Egipto. Ante estos intereses comerciales tan fuertes, lo que ha interesado a la UE en todo el proceso de transición es mantener la rueda de producción y que todo vuelva a “la normalidad”. Para eso se ha analizado la situación de la forma más simplista posible, concluyendo que la gente salió a la calle para pedir elecciones, cuando en realidad se movió por algo mucho más amplio. Su consigna era “pan, libertad y justicia social” pero Estados Unidos y la UE les dio lo último que pedían: una reforma constitucional pactada entre el Ejército y los Hermanos Musulmanes para salir rápidamente del paso.

Viendo en España los crecientes recortes en libertades y Derechos Humanos, los ajustes económicos que ahogan a la población y agravan las desigualdades sociales o la enorme corrupción política, no parecería que tuviéramos motivos muy diferentes a los de Egipto para salir a la calle en forma masiva. ¿Por qué crees que ese levantamiento aquí no se produce?

Antes que nada hay que aclarar que el estallido del 25 de enero en Egipto tampoco se venía venir. Yo, la noche anterior, estaba con activistas que pensaban que serían otra vez los cuatro de siempre y, mira, al final fue la masa la que se apoderó de las manifestaciones y las agrupaciones tuvieron que abandonar las banderas y todo liderazgo. Hay un chip que en un momento dado cambia y no se puede prever.

De todos modos, yo sí que creo que en España no hemos llegado todavía al mismo punto de desesperación que ellos. Venimos de un sueño fabricado del que muchos no han acabado de despertar. Además en Egipto también estaba presente el factor de la humillación personal, provocado por la actuación policial y la Ley de emergencia que permitía que, por el simple hecho de estar sentado en un café, te llevaran detenido.

Bueno, aquí no estamos tan lejos, con la nueva Ley mordaza del PP se abre la veda a la represión y la penalización de voces disidentes…

Es verdad, en España muchas de esas cosas ya suceden pero, o no tenemos todavía suficiente conciencia de ello, o no queremos darnos cuenta para no admitir que a nosotros también nos están pisoteando. Por ejemplo, el gran problema de la gente joven que se ha pasado tantos años estudiando y ahora no le sirve de nada, o la comprobación de que al final eres propiedad de un banco… Todo eso sí que es humillación, pero nos cuesta enfrentarlo. A ver el click cuando llega.

 

Entrevista publicada en Revista Rambl@, el 29/03/2014

 

 

  Egipto tras la barricada


31/03/2014 15:54:21 Versió per imprimir

Jesús Castañar habla de «Teoría e historia de la revolución noviolenta» para Contrainfos #74

Edición 74 del informativo de LaTele.cat. A partir del minuto 18'30 Jesús Castañar sintetiza los planteamientos de Teoría e historia de la revolución noviolenta, presentado 18, 19 y 20 de marzo en Sant Cugat, Barcelona y Tarragona.

 

 

  Teoría e historia de la revolución noviolenta


31/03/2014 15:04:11 Versió per imprimir

Memoria de la dignidad en acción en el menospreciado centro de las periferias

 

Por Miquel Fernández

Fue mi colega antropólogo Manuel Delgado el primero que me puso sobre la pista de Pere López Sánchez. Yo me encontraba escudriñando hasta qué punto la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona fue un “objetivo de todos”. El artículo en cuestión[1], criticaba el impostado consenso alrededor del macro acontecimiento. Me sorprendió por la profundidad, originalidad de la perspectiva crítica, por la lucidez del análisis y por lo incisivo y claro del texto. Su forma de escribir y analizar, precisa y preciosa al mismo tiempo, así como una perspectiva profunda y radical, me llevaron a otros textos suyos[2]. El siguiente que atrapó mi atención ampliaba la crítica avanzándose a lo que luego sería la deslegitimación académica[3] del -hoy ya denostado incluso por sus promotores iniciales[4], Modelo Barcelona[5]. Porque tal y como nos recuerda López Sánchez -sin referirse ni una sola vez, valga el silencio como denuncia a gritos- el Modelo ha existido y debe su reconocimiento mundial, a su ardua experiencia a la hora de poner el suelo de la ciudad a disposición de especuladores locales e internacionales, tanto como para perfeccionar la explotación de pobres y  su control.

La ciudad del perdón que soñó el abuelo del olímpico alcalde, Joan Maragall, nunca ha estado tan cerca de materializarse como en el periodo que va desde su elección en el año 1986 como sede de los Juegos Olímpicos de 1992 hasta el desalojo del cine Princesa en 1996. Diez años fueron suficientes para aturdir a gran parte de su población y dar rienda suelta a un capitalismo tan salvaje como el que explica en parte el estallido de la revolución que nos relata López Sánchez. Este sueño de la Barcelona del orden tendría su primera puesta en evidencia y gran impugnación masiva con el ciclo de protestas que se iniciaría en el 2001 con la masiva ocupación de sus calles contra el Banco Mundial que tenía previsto celebrar la Annual World Bank Conference on Development Economics (ABCDE acrónimo elocuente por otro lado) en Barcelona y que llegaría hasta nuestros días en la variadas formas de ocupación de plazas públicas.

Sus anteriores monografías Un verano con mil julios[6] o El Centro histórico, un lugar para el conflicto[7] son considerados hoy en día como insoslayables para el conocimiento de la historia crítica del gobierno de las ciudades en general y concretamente del de Barcelona. Pues bien, el nuevo libro del geógrafo que aquí se reseña, ha superado todas las expectativas de quien escribe. Se trata del detallado análisis de la revolución social del primer tercio del siglo pasado en el barrio barcelonés de Can Tunis. Pero no es sólo esto. Rastros de rostros contiene una propuesta metodológica tan revolucionaria como pudieron representar los hechos que él mismo trata.

Espero que sirvan estas páginas como síntesis que haga honor a la exhaustiva investigación de López Sánchez y también como homenaje a este conmovedor, innovador e inteligente libro. Quiero destacar en estas líneas dos grandes cuestiones que a mi parecer convierten Rastros de rostros en el último trabajo imprescindible publicado en ciencias sociales en nuestro país: primero –y como se acaba de destacar- su valiosa e irreverente aportación metodológica para el abordaje de problemáticas historiográficas. Segundo, el literal alumbramiento de la lucha de los vecinos y vecinas de las Casas Baratas de Can Tunis. Un puñado de gentes que aquí como en otras obreriadas eran tratados como los piojosos, la chusma, los nadie, los eternos perdedores y perdedoras de la historia. En este sentido es quizás, la obra conocida en castellano que más se aproxima a la octava tesis sobre la historia de Walter Benjamin[8] según la cual, no lo olvidemos, la memoria se construye sobre escombros y que para los oprimidos, los pobres, los extraños... el estado de excepción, constituye la regla de su vida ordinaria. Por ello Rastros de rostros es, no cabe duda, el más incómodo testimonio de lo posible y de sus enemigos.

El estado de excepción ha inundado también el pensamiento producido desde las universidades. Resulta necesario el trabajo de López Sánchez porque impugna los elocuentes olvidos de la historiografía oficial y porque propone un método que desafía las reglas de un establishment académico habituado a observar el mundo social desde muy lejos y desde muy arriba. El trabajo es tan importante porque es el que más claramente escribe contra del estado de excepción académico que se manifiesta estableciendo qué y cómo se puede pensar, investigar o relatar. Una impronta de falsedad e hipocresía que no ha dado justa cuenta de los rastros de las efímeras victorias contra la opresión, las maneras de vivir y organizarse sin dominación de unos sobre otras.

Joan Margarit[9] recita “No és de la història que tinc nostàlgia. És de la geografía”. Y ha tenido que ser un geógrafo el que nos alerte que hoy más que nunca se debe luchar en todos los frentes para que la injusticia no persista en su transmutación en norma. Por último, cabe agradecer también a la editorial Virus la publicación de un texto alejado de las modas historiográficas y de los imponderables académicos.

Cuestión de Método. El método en cuestión

Un título como Rastros de rostros en un prado rojo (y negro) sintetiza, no solo lo que ha descubierto (y no descubierto) el autor sino cómo lo ha hecho. López Sánchez nos da una tremenda lección de cómo aprender, aprehender, descubrir (en los sentidos de destapar lo que estaba tapado y hallar lo que estaba ignorado). Él dirá a lo largo del texto “he preferido interrogantes, a interrogatorios”, dejando de lado “el papel de depredador en favor del de recolector” (p.196). Cuando no tiene datos, ofrece posibilidades y deja bien claras que son las que a él se le ocurre. Lo que sucedió es una cosa y lo que pudo suceder otra bien distinta; lo primero se pliega a los hechos, lo segundo a los deseos o a los temores. Es una postura ética pero también metodológica porque es él el primero en interrogarse sobre el valor de los datos: ¿Vale más el material de archivo o acaso son más verdad las locuciones de los protagonistas o sus conocidos? Partiendo de este respeto por lo acaecido y por la flaqueza de la memoria, escudriña el autor con total honestidad la ingente documentación de la que se ha proveído para esbozar qué pudo ocurrir y con especial ahínco, qué rastros han podido ser borrados para que todo se mantenga igual. Porque, otra premisa que supura por las páginas de Rastros de rostros es que cuesta tanto dejar huella como fácil es borrarla.

Qué se ha visto tiene que ver con cómo se ha visto y cómo se explica. Para nada es gratuito el ensayo sobre las maneras de conocer. En este sentido, las reflexiones metodológicas que destellan de un renglón a otro del libro tienen un momento especialmente valioso en la página 202.

“Las monedas tienen dos caras. Los propósitos no tienen por qué ser pretensiones. Los papeles impresos por más que estampen nombres no son de fiar, al menos del todo. Siempre han sido escritos, a menudo al dictado, arrastrando una autoría pomposa o gris, con sello o sin él. De la mirada a la escritura hay un paso: la una y la otra escarban en la realidad de los hechos —de unos hechos—, y cuentan y se fijan en lo que parece oportuno, después de lo que se alcanza a conocer, de lo que se quiere saber. Esa doble, como mínimo, reducción de realidades huidizas debería servirnos para no encumbrar unas fuentes que, aunque pasen por primarias, no dejan de ser secundarias; es decir, construidas y amañadas. Las cosas, y más los actos, dependen de los ojos que miran, o se tapan; de las bocas que hablan, o se callan. La acción siempre representará algo muy distinto para quien la hace y para quien la observa. Demasiado lejos queda cualquier pretensión absurda de rozar la verdad, si se escribe en mayúscula, por descontado. Propósito de saber qué pudo pasar, puede ser. No es mucho, pero tampoco nada” (p.202).

Sirva este párrafo como una buena muestra de la honestidad brutal del trabajo de López Sánchez. Un relato historiográfico que no inventa nada, que supone algo y dejando bien claro su componente propositivo, no lo convierte en su verdad. Expone, relaciona, analiza y no engaña. Dice lo que sabe, lo que le han dicho y todo lo sitúa en el plano correspondiente. No pretende reconstruir una verdad que nunca existió, no insiste en imponer una lectura tangencial e interesada. Y eso lo hace tomando partido claro, pero desentendiéndose de su opinión para tergiversar. Lo que él sabe que ha sucedido es lo que escribe. El resto lo supone y esta franqueza que otros autores encontrarían flaqueza es el corazón mismo del valor de su imponente trabajo de investigación.

López Sánchez se sumerge entre documentos y fuentes orales sin fiarse nunca de unos ni de otros. Quiere entender el autor, cómo la gente corriente vivió y se implicó intensamente en un proceso revolucionario. Sus datos los extrae de aquí y de allá, desde reseñas policiales hasta fichas de pensiones de viudedad de caídos en combate que utiliza para dar cuenta de la historia de las gentes de las Casas Baratas de Can Tunis. Al final, con la intención de impugnar frontalmente el silencio sobre estas gentes las nombra y las enumera: 186 hombres y mujeres que “no son tantos, pero esas huellas testimonian que quisieron y supieron estar juntos en sus presentes adversos, haciendo por y pensando en un futuro próximo” (p.206)

Tampoco y para nada el despliegue de los capítulos ni el desarrollo de la narración es canónico. No hay evolución, no hay -siempre- una secuencia correcta y unívoca de los hechos -principio que nos recordaba insistentemente el gran cineasta Joaquim Jordà- vienen y van y con el vaivén nos introduce López Sánchez y desde el principio en los intestinales resortes de los interrogantes de la historia, la personal y la colectiva, la oficial, pero sobre todo la olvidada -y masacrada.

Recuerdos de una revolución que fue una guerra (de clases)

Ahora es el subtítulo el que nos pone sobre la pista de qué se narra. Las Casas baratas de Can Tunis en la revolución social de los años treinta congrega los resultados de una mayúscula indagación sobre los hechos, las personas, los lugares y las prácticas que protagonizaron la primera y quizás única revolución libertaria en Europa. Para ello concentra su campo de observación en un barrio, eso sí, periférico en toda la amplitud del término, Can Tunis. La obra quiere recuperar un hilo roto de la historia. Un hilo que no sólo se rompió por la derrota, también porque estos derrotados y derrotadas nacieron, crecieron y murieron en el margen aún siendo mayoría. Para ello reconstruye “trazos hechos trizas” (p. 56) añorando la ciudad que hubo pero sin condescendencia ni nada parecido ya que el retrato “miserabilista le asquea”(p. 114). Es ante todo un relato sobre lo incógnito, una especie de micromemoria del dolor, del sufrimiento de los pobres, de los eternos perdedores, de sus esperanzas y de las prácticas para colmarlas. Ahora sí, ¿por qué es tan difícil conocer la memoria de los desposeídos, de los derrotados? ¿Qué nos dirá de nuevo Walter Benjamin? Los efectos de la derrota no son solo barridos, sino también ilegalizados, maltratados hasta tal punto que algunos de sus protagonistas vivos -o sus familiares- no quieran recordar lo oscuro y doloroso de aquel acaecer. Es en este sentido que entendemos a Benjamin y que tanto López Sánchez como quien escribe, subscriben que “en aquellos barrios, rasgar la memoria es ingrato, incómodo, cuando no un suplicio” (p.207).

Propone él que el modelo de análisis que ha resultado del examen del inmenso volumen de material con el que ha trabajado sirva para comprender lo que ocurrió en el resto de la ciudad. Es el mismo autor quien nos lo hace notar: “Aunque sólo fuese esbozando lo ocurrido en aquel prado rojo y sus alrededores, salta a la vista que sus aconteceres se asemejan demasiado a los devaneos que sacudieron el resto de la ciudad. Allá pasó de todo lo que tenía que pasar, aunque no tanto o en mayor medida que en otros sitios” (p.294).

La historia oculta de los desarrapados comienza con los efectos de uno de los pilares fundamentales de lo que luego sería el Model Barcelona[10], es decir, la propulsión pública para la producción intensiva de plusvalías para oligopolios que ha significado la promoción de megaeventos. En este caso de estudio, es la celebración de la Exposición Internacional de 1929. Barcelona se dispone a adecuar la ciudad para este acontecimiento. La anterior exposición de 1888, así como el decidido empuje de la élite barcelonesa para sacar tajada del capital que contenía el precio del suelo de la Ciudad de los prodigios y su flamane Ensanche, va a convertir el acontecimiento en una nueva etapa de la típica acumulación capitalista, más que original, reincidente. Primero, la importación de mano de obra del resto del Estado a precios coloniales como primer aliciente para la concentración de capital. Luego, hacer la “ciudad atractiva”, ya en este momento, supone apartar de la vista el sufrimiento y la pobreza -precisamente encarnada en los cuerpos movilizados para ser duramente explotados en Barcelona- que afearían cualquier postal. Lo siguiente será disponer la ciudad para el consumo –o mejor dicho, para ser consumida, tal como ha llegado a nuestros días en la feria de las salvajadas de un capitalismo contrahumanista que muestra hoy, a principios del siglo XXI tanta violencia como en aquel primer tercio del pasado.

Las Casas Baratas de Can Tunis se construyen en este contexto. Su objetivo oficial será eliminar de la vista de visitantes las chabolas de la montaña de Montjuïc. “Todo debía estar a punto o aparentarlo”(p. 64). La corrupción urbanística ya galopaba en esta Barcelona post-prodigiosa. El plan se elaboró para alojar 6500 familias que vivían en barracas, pero acabó construyendo solamente 2329 casas baratas. Parece ser que, ayer como hoy, el dinero destinado a la construcción de las casas fue a los bolsillos de los especuladores de las buenas familias de Barcelona.

La indisciplina no es espontánea

La capacidad creadora de un movimiento revolucionario está basada en la abundancia de iniciativas, y especialmente, en la rapidez de su realización (p.219). Los protagonistas de esta historia son, no lo olvidemos los obreros, y un obrero es “aquel al que no le queda otro remedio que ponerse a trabajar para otro”, que por otro lado, era los que vivían en las obreriadas, de las cuales, el Prat Vermell era una entre tantas. Un motivo no siempre argüido y casi siempre determinante para dar cuenta del estallido revolucionario lo encontramos en el hartazgo de los sometidos: “no aguantábamos a tanto señoritingo nuevo o viejo” (p.48). “Tan insoportable resulta la miseria como la tiranía” (p.82). Afirmación que cruza todo el libro de una manera u otra.

Pere López Sánchez ahonda en la vida cotidiana, en las reflexiones que elaboraban aquellos vecinos y vecinas periféricos. Los personajes de la historia definían las elecciones como superstición, su convencimiento de la “imposibilidad absoluta que tenía la política para resolver los problemas obreros” (162).

“El nosotros suyo -que respetaba las individualidades pero denostaba los individualismos- se fraguaba a través de los contactos que mantenían en idas y vueltas del trabajo, en la estancia en el barrio, en las complicidades derivadas de renegar juntos de la miseria y la opresión que padecían, y de apostar, aunque fuera a tientas, por otro presente y futuro. Estaban aislados de la ciudad pero juntos por las ansias de reivindicación y emancipación. Por conveniencia quizás” (p.164).

Por ello, por conveniencia quizás allí también emergió la realización cultural de los principios autodidactas populares en la forma del Ateneo de defensa obrera. Con fines declarados de bastión moral, donde se llevaban a cabo jornadas poéticas o teatrales, y conferencias  (una de ellas sobre la futura sociedad sin dinero), festivales pro presos y en general con una actitud resuelta para abordar cualquier faceta de la vida que les afectara.

El autor recoge historias olvidadas como la variedad de huelgas desatadas: por solidaridad con un compañero despedido, “huelgas por la dignidad colectiva”, en solidaridad internacional (con los mártires de Chicago por ejemplo), o las de brazos caídos. A éstas se añade la de alquileres y las múltiples protestas contra los desahucios o las cláusulas abusivas de los contratos de las Casas Baratas. Cantidad de notas nos ofrece López Sánchez para encontrar las similitudes -idénticas, en su presente y en el nuestro- entre las formas de responder a los desalojos en los barrios de Sants, Hostafrancs o La Magoria. La huelga afectará a más de 90.000 viviendas y llegará -con variada intensidad- hasta 1942. “Porqué no iban a dejarse robar para vivir y más, con tanto lujo desbocado a su alrededor” (p.176). De hecho, a los desalojos se les respondía con realojos, como los masivos que se produjeron en la noche de Sant Joan de 1931 (p.182). Sin lugar a duda, el preámbulo de nuestra emocionante y guerrera PAH (Plataforma d'Afectats per la Hipoteca). En este importante hecho que hoy tenemos tan presente se hace manifiesto en el mitin que generaliza la huelga el primer julio del 1931 y se demanda que los parados no paguen, que se eliminen los depósitos y la reducción del 40% para los trabajadores. Por entonces la huelga de alquileres habría adquirido brío. El gobernador civil Esplá Rizo y el presidente de la Cámara de la propiedad Pich i Pon (quien será alcalde de la ciudad en 1935) se alían para “imponer la paz civil”. Mientras, los inquilinos se organizan para impedir los desahucios.

Y es que, estos hombres, mujeres, mayores y niños, antes y durante la revolución “iban a por el todo” partiendo de que eran los del montón, los que no querían ser más que uno más, los que, al fin, revindicaban que la “civilización también les alcanzase a ellos”.

Esta obra, cabe insistir, es ante todo un arma para ruborizar a quienes tildaron la revolución de los años treinta de “resultado de la silvestrada”. Y no se rehúyen las acusaciones: “¿Acaso se puede hacer una revolución sin gota de violencia?” (p.283). “En la justicia de los revolucionarios, policía, juez y verdugo se confundían en una. Esa metamorfosis de la justa justicia tampoco era tan novedosa. La conocían de antaño, tanto como para saber, por desgracia, que la única verdad jurídica era ésa” (p.290). Aun así la investigación sirve igualmente para desmentir el estigma del asilvestramiento sobre las gentes de aquellas casas: en el Prat Vermell hubieron apenas cuatro muertos represaliados por los obreros.

Todo el libro es una impugnación directa a los que han encontrado  que la eclosión anarquista del 1936 resultó una espontaneidad, para sonrojarlos se dice que de espontaneidad ninguna, que todo lo contrario, que “al acecho a la coyuntura se le ha llamado espontaneidad” (p.232) […] “ebulliciones subterráneas que a borbotones remueven las calamidades de la supervivencia […] “Los piojosos de aquel barrio y otros similares se apuntaron de golpe y porrazo, sin ninguna preparación, a aquella revolución social que desbarató muchas vidas, las primeras las suyas” (p.92-93) o “el asombro dejará de ser sorpresa y como bulo quedarán las manidas argucias que pontifican su irrupción por ensalmo, que de la nada arremetieron los nadie, que con nada quisieron comérselo todo y de malos modos” (p.201). Porque salió la fachanderia a darles reacción y se llevaron revolución. “En los extremos de la ciudad de los prodigios, cuando la tortilla se giró bruscamente se atrevieron con desparpajo -algunos dirán que incontrolado- a lucir el mango de la sartén. Las periferias pasaron, al menos durante un buen trecho a ser centro. Arrastraron a los márgenes a sus eternos rivales” (p.159).

Y llega al “domingo sin festival”. Recoge el famoso santo y seña del 18 de julio, Fernando, Furriel, Ferrol. Enumera los planes golpistas bajo la clave de “operar al niño” que fueron seis: tres de ellos programados para antes, dos después e incluso uno el mismo día de las elecciones que dieron la victoria al Frente Popular el 14 de abril de 1936 (p.211).

Recupera también como aquella mañana de domingo, hubieron actos de confraternización entre el pueblo en armas y, por ejemplo, durante el asedio al cuartel de Lepanto, unos militares, después de ondear la bandera blanca, abrieron las puertas del cuartel y se abrazaron a los revolucionarios (p.217). Y durante las siguientes páginas, establece el recorrido de las gentes armadas contra la reacción -el que fue y el que pudo ser- de los que creyeron que era el momento de ir a por el todo.

Por momentos parece que existe un convencimiento general de la inminencia de la instauración del comunismo libertario. Esto no fue así pero la atmósfera lo recogía y obligaba a dignos dignatarios a no poder disociar en su vocabulario público las palabras “orden” y “revolucionario”. Fue el momento de “puesta de largo de las patrullas de control” (p.220). Se declaró la guerra a los parásitos sociales, se imponían multas a los industriales, éstas funcionaban a modo de impuesto revolucionario […] “se les hizo la vida imposible, acosándolos a capricho con tropelías varias (p.223). Porque tampoco esto oculta el autor cuando recoge otro testimonio que reconoce “de todo hubo, como en la viña del señor, no podía ser de otro modo” (p. 227)

Guerras subterráneas

En Rastros de rostros se expone cantidad de ejemplos detallados y probados de estrategias de criminalización y sus efectos que se esperaban amedrentadores. A los vecinos de Can Tunis, se les acusaba falsamente, se infligían castigos gratuitos, se les encarcelaba sin condena y un largo etcétera. La criminalización de aquellos años - que tan familiar nos resulta hoy- se cocía con las triadas escogidas e hirientes “obrero, anarquista, pistolero” o la tan infame de “inmigrantes, jornaleros y analfabetos” que eran la manera “correcta” cuando esta corrección les impedía decir “malhechores, maleantes y ladrones”. Como toda criminalización su principal función era distraer la atención que se tenía sobre los delitos que se cometían en las “altas esferas”, para que allí como aquí hoy y ayer, los grandes criminales, queden indemnes:

“En aquellas fechas, para atracos —decían ellos— los de guante blanco, que se prodigaban sin impedimentos ni censuras; para celo en el mantenimiento del orden el descarado locaut del paro forzoso impuesto por una burguesía, cuyas preferencias —rojigualdas, cuatribarradas o con tintes violetas republicanos— eran pura tramoya, ya que sin distinción de banderas se aunaban todos a una en la defensa —como fuese— de sus beneficios, pues sólo profesaban, en el fondo, devoción y entrega por el color del dinero. En la prensa obrera ya ironizaban: «un piso modesto cuesta diez, quince, veinte duros al mes; un pan cuesta setenta y cinco céntimos; un par de zapatos, veinte pesetas. Decididamente, señor Ametlla —el entonces gobernador— hay que acabar con los atracadores» (p.200)

Hoy la estructura del menosprecio contra “los de abajo” se mantiene intacta, cambian, quizás los epítetos, adaptados a la corrección política de cada época.

La violencia adquiría los tintes clásicos más allá de las corrientes escaramuzas o de la clásica y por ello a veces invisible violencia objetiva o estructural. Concretamente ésta se dio en la forma de una resurrección del pistolerismo en los años treinta que se creyó enterrado en 1923 según la historiografía al uso[11]. Un inventario de somatenes o de Bandas negras hasta bien entrada la década de los años 30, organizaciones paramilitares y criminales pagadas por la patronal, protegidas por los gobernantes, civiles, militares y jefes supremos de la policía cuando no, directamente sicarios del Sindicato Libre que provocaron numerosas muertes de obreros (p.102). Se trataba, al fin, de una “sorda guerra social” […] “un mar de fuego subterráneo” [...] “en una Barcelona que seguía siendo un volcán” (pp. 124, 145, 125 respectivamente). El repertorio de acciones insurrectas pasaba por la destrucción del iluminado de las fábricas hasta la lucha de los maquis (donde participaron un puñado de aquellos vecinos), pasando por los boicots a quienes, por ejemplo, acaparaban productos además de un sinfín de refriegas cotidianas en los lugares de trabajo.

“Con la huelga se pretendía destacar los modos que tomaba esta contundente forma de lucha. La acción directa -nos recuerda el autor- cuando es expresión sin mediaciones, de una base numerosa decidida a agarrar unas botas, unas pesetas, un descanso en el plano material y a no perder la dignidad en lo que ellos, manumisos o insumisos de nuestro tiempo denominaban mejora o emancipación moral” (p.105). Sabemos de huelgas de hambre en prisión y también de la dura represión republicana, comandada en Catalunya por Lluís Companys (p. 120). López Sánchez sitúa durante unas páginas el centro del debate en las formas de control social no burguesas, es decir replanteando la máxima marxista según la cual, la seguridad es el supremo concepto burgués. Para ello, recupera también el control social que el mismo anarcosindicalismo llevaba a cabo, cuando por ejemplo, consideraban los robos de obreros como “actos de rebeldía mal encaminados […] y por tanto dignos de reprobación” (p.123).  “¡Nobleza sí, pillaje no!, ¡justicieros conscientes sí! “asesinos nunca”, clamaran desde Solidaridad Obrera (p. 291).

El silenciado e ignorado cual tabú papel de la “chiquillada” en la revolución, su participación en las barricadas “amontonando adoquines durante el día, ensanchando los boquetes en la calle y haciendo los montones más grandes” (p.126). Lo mismo recupera las diversas formas de lucha de las mujeres, por ejemplo, las vendedoras ambulantes, duramente perseguidas por la República, “revoltosas que no se achicaban ante las medidas represivas y hasta pudieron ser revolucionarias”. Y es imposible que uno no le venga a la mente las actuales y demasiado recurrentes imágenes de “manteros” corriendo frente a la policía o incluso enfrentándose a ella como aquel plante en Calafell en agosto del 2012, el más reciente de julio de 2013 en Torrevieja o en mayo de 2012, en el madrileño barrio de Lavapies que, obligó a un policía a disparar con su arma por la respuesta que encontraron de éstos y de los vecinos. O la reivindicación del derecho -ya no a la ciudad- a la vida, a que no se les “apartara de la civilización”. La síntesis expresada con el título del capítulo X “Mal de muchos, remedio de todos” recoge las sanciones obreras a los que no acataban por ejemplo, el boicot a un tendero acaparador. Las luchas aglutinaron porque el sufrimiento era transversal entre obreros y demás fuerzas productivas y reproductivas. “Ir a por el todo”, los asaltos al economato, los esfuerzos por distinguir a los “esquiroles por necesidad” de los “revienta huelgas profesionales” (142), las exigencias -aún hoy revolucionarias- de la jornada laboral de 6 horas.

Se narra con sumo detalle el conflicto con la fábrica ALENA. Al despedir a los obreros, éstos ocupan la fábrica. Se detalla los enfrentamientos entre obreros cenetistas -a los que se les prohibió trabajar- y falsos trabajadores de la UGT (Unió General de Treballadors) armados -que resultaron ser del Sindicato Libre. La cobertura de la República se realizó sin pudor y a Lluís Companys no le tembló la mano ni para firmar un ajusticiamiento a un libertario ni para “enviar la fuerza necesaria para garantizar el orden y la libertad de trabajo” (p.152). La cosa acabó con disparos y 13 heridos, 4 de ellos graves, las condenas de muerte a población del barrió fueron 3 en diciembre de 1938.

Detalles claros también de partes olvidadas de la historia. Como el sangriento 1º de mayo de 1931: Se produjo un mitin en el Palacio de Bellas Artes donde se reclamaba la libertad de -todos- los presos, el desarme y la disolución de la Guardia Civil, la incautación de los capitales del clero o la rebaja de los precios de los alquileres. Después de la primera proclama se produjeron unos disparos y el ejército ocupó lugares estratégicos. Companys alabó la “ponderación” de las fuerzas de seguridad y afirmó que Barcelona era ingobernable y que se debía deportar a los “elementos perturbadores” para así también poder atender a “los arraigados” (p.174).

También recoge las reuniones entre militares leales a la República y Francisco Ascaso, Buenaventura Durruti y Joan García Oliver -Los Solidarios primero, y más tarde Nosotros- en el restaurante Las Siete Puertas. Mientras en el gobierno, la inocencia se mezclaba con el interés, en las obreriadas “los bríos, más que achicarse se multiplicaban” y un testimonio directo recuerda la confianza que tenían y afirma que “aquellos fachas esta vez se llevarían su merecido y que tras acabar con ellos empezaría la revolución” (pp. 213-215).

Los asaltos al barrio por parte de las fuerzas del orden eran comunes y tenían como finalidad sembrar el pánico y amedrentar a sus gentes.

“Es una incógnita si medraron ateniéndose a los tres caminos que, desde los círculos obreros, se abrían para los que no disponían de un céntimo, para los que ni venderse podían por un exiguo jornal. A escoger había, decían, entre morirse de hambre y de frío por las calles, pedir limosna extendiendo la mano a la caridad pública o afirmar los fueros de la vida por la fuerza tomando el pan donde lo hubiera. El Cangrio, en uno de sus poemas quejándose de que por más que sembraran flores ellos recogían espinas, le recitaba a su hijo, tras días deambulando en busca de faena y ver sus lloros por hambre —«por qué se ponen las nubes si tus ojos son soles»—, que «esta noche ten por seguro que pan tendrás, que no te habrá de faltar» (p.201).

Después del domingo entonces, el ensayo de una sociedad libre. “Vivir la utopía no era un señuelo” [...] “palpaban otro mundo, parido de sus culturas prácticas” (p.232), “no se contentaban con promesas aplazables, no pensaban en renunciar a nada, costara lo que costara” (p.231). Se pensó en abolir el dinero y se hizo lo propio con la usura. Los líderes eran de quita y pon. Se funcionaba mediante intercambios, y colectivizaciones -una de las más importantes de la zona, fue la misma fábrica el Prat Vermell. Se encontraron soluciones al gravísimo problema de la vivienda y una organización eficiente mediante la autogestión y la disciplina. Porque era amantes de la disciplina, “pero no de esa disciplina cuartelaria o conventual que les pretendían imponer, sino de la disciplina del deber entregada a encauzar la revolución” (p.253). Y después, muy pronto y para medio centenar de años -al menos- el antes en el que estamos hoy.

El asedio a la revolución

Un lugar y unas gentes como las que participaron en la revolución social de los años treinta desde las Casas Baratas de Can Tunis, fueron y han sido “el aparador de la leyenda negra de los márgenes” (280), una estigma este trabajo finalmente corrige. Y es aquí donde nos encontramos de nuevo con lo que parecen los fines latentes de esta obra: Abochornar a los que “han hablado hasta la extenuación de crímenes y castigos para tapar las aportaciones constructivas en que se empeñaron tantos anónimos que trabajaron, como proclamaban, para la eternidad labrando el sueño igualitario” (p.282).

Se estableció una falsa disyuntiva: claudicar o perder la guerra, se trataba de un sólido golpe a la Revolución (239). Aun así, la huelga de alquileres no se detuvo y el rechazo a la movilización se extendió. Fascistas y republicanos se unieron contra la revolución libertaria. Una guerra a la utopía hecha realidad empezó -o mejor dicho, continuó- en este lado del Ebro. Se intentó borrar de un plumazo la administración popular urbana, el gobierno se puso en contra de las colectivizaciones y de las patrullas de control que se querían desmantelar, momento en que UGT se desmarca de las mismas (p.257), en definitiva, un acecho en toda regla al proceso revolucionario. 

Els Fets de Maig del 37 fueron el colofón de este giro contrarevolucionario. Un clímax al que se llegó después de innumerables colisiones esporádicas, de diversos altercados en las calles, cuando la rivalidad entre el gobierno y los y las ingobernables era ya un antagonismo irreductible. Se prohibió la circulación de armas, disolviéronse los tribunales populares. Este mayo sangriento acabó con la vida de 500 personas y con más de 1500 heridos. Comportó la disolución inmediata de las patrullas que aumentaron a 900 el número de cenetistas confinados (p.267). Los destellos de dignidad alcanzaban la prisión, donde se multiplicaban los motines.

Existía la sospecha que las élites comunistas promovieron los disturbios previos als Fets de maig. Y durante unos días, semanas tal vez, planeó la posibilidad de un golpe de Estado al Estado (p.269). El mismo denostado -aún hoy- barrio del Raval, se convirtió en una fortaleza estratégica en pleno corazón de la ciudad.

Describe el autor -con sumo detalle- la guerra sucia contra la Revolución iniciada prácticamente después de aquel corto verano de la anarquía. Toma nota de un complot de “nacionalistas catalanes de postín que estaban fraguando en contra de la misma Generalitat” (285). El texto recuerda que militantes de ERC formaron parte de las Patrullas de Control, aunque sea bien sabido como el mismo partido se desentendió de ellas y las demonizó.

La represión en Can Tunis fue esperpéntica. Y luego de la guerra, la derrota: represión, muerte, fusilamientos, campos de trabajo, de concentración, de exterminio. Muchos de los vecinos de las Casas Baratas acabaron en lo que fue un campo de exterminio avant la lettre, un experimento nazi, en Colliure. “Una desmoralización a raudales, sueños por tierra, abandonados por los ideales, rechazos a proseguir con más sacrificios, penurias y estómagos vacios”. El cálculo que realiza López Sánchez es aterrador.: Por activa o por pasiva la represión -fusilamientos, detenciones, encarcelamientos, exilios forzados o confinamiento en campos de concentración franceses o españoles- apartó del barrio a un 25% de su población (p.305).

Mientras y durante, los apresados. No hubo ninguna familia en el barrio que no tuviera alguno de sus miembros en la cárcel. Las calles, eran otro enorme presidio (p.309), hasta el punto que según López Sánchez, la prisión se inauguraría en este momento como modelo de ciudad (p.326).

Los Rastros de rostros han tenido papel ahora, escrito y que se ha plasmado en esta obra como “el lamento, a veces grito sordo de las gentes de las barriadas extremas”. Lugar de excepción permanente como nos explicaba donde un salvajismo infundado ha justificado todo tipo de abusos contra aquellas gentes. Vecinos y vecinas de Can Tunis que no pudieron ver florecer el nuevo mundo que soñaron y cultivaron. Dejaron, eso sí rastros que no se han podido borrar. López Sánchez los ha recuperado, al fin, para combustible de la actual dignidad en acción.

 

Notas

[1] López Sánchez, Pere, 1991.

[2] López Sánchez, Pere, 1986, 1993a

[3] Las críticas han sido masivas desde principios del presente siglo, momento en que se acuña la célebre formulación del Modelo Barcelona para referirse a las trasformaciones urbanísticas desde que Barcelona es escogida como sede de los JJOO de 1992. Quizás haya llegado el momento de reconocer con más ahínco la trascendental aportación de López Sánchez (1986, 1991, 1993a, 1993b) a la crítica al modelo de ciudad incluso antes que existiera la exitosa denominación. Ver  Capel, 2005, 2007, 2009, 2010; Degen, García, & Cavalcanti, 2008; Delgado, 2007; Montaner, Álvarez, & Muxí, 2011; Ter Minassian, 2009; Von Heeren, 2002.

[4]  Uno de los más notables precursores y ahora críticos con el modelo es Jordi Borja. Sus últimas apariciones públicas ya sea mediante libros, artículos, capítulos de libro o conferencias se distancia de lo que él contempla como una traición al modelo original, el que personas como él diseñaron. Aunque ahora se haya transubstanciado en uno de los críticos de dicho modelo, es, al mismo tiempo uno de sus más importantes exportadores en varias ciudades latinoamericanas. Ver Borja, 2009, 2013.

[5] López Sánchez, Pere, 1993b

[6] López Sánchez, Pere, 1993c

[7] López Sánchez, Pere, 1986

[8] Benjamin, Walter, [1959] 2008.

[9] Margarit, Joan, 2010

[10] O la Barcelona- Model, expresión con la que algunos críticos del conocido como Pla Macià evocaban la infausta prisión, presagiando en qué se convertiría la ciudad postolímpica y particularmente, sus barrios más irredentos

[11] González Calleja & del Rey Reguillo, 1995; León-Ignacio, 1981; Pradas, 2003; Tavera, 1995.

 

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  Rastros de rostros


24/03/2014 18:04:01 Versió per imprimir

«La información sobre Egipto ha estado condicionada por grandes medios como Al Jazeera o CNN, con sus propios intereses»

Roge Blasco entrevista en el programa La Casa de la Palabra de Radio Euskadi, a Marc Almodóvar, que aborda, entre otras cuestiones, el papel de los medios de comunicación occidentales y en concreto el de grandes aparatos como CNN o Al Jazeera, en la creación de una imagen sobre Egipto y la revuelta.

 

  Egipto tras la barricada


24/03/2014 17:45:24 Versió per imprimir

 «Nos vendieron que Tarhir fue una revolución pacífica cuando murieron 800 personas en 18 días»

Entrevista de Carlos Pérez Cruz a Marc Almodóvar con motivo de la presentación de Egipto tras la barricada. Revolución y contrarrevolución más allá de Tahrir en Euskadi. Marc aborda el papel distorsionador de los medios de comunicación occidentales y en concreto de aquellos periodistas que, sin saber árabe, tenían como fuentes únicas sectores de las clases altas que hablaban inglés o castellano. 

 

 

 

 

  Egipto tras la barricada

 


24/03/2014 17:09:41 Versió per imprimir

«Ez dakit Tahrirreko eskaera guztiak beteko diren, baina ikusteko anitz gelditzen da»

Mikel Rodríguez

Bartzelona utzi nahi zuelako joan zen Marc Almodovar kazetaria (Bartzelona, 1984) Egiptora, 2008an. Niloko Deltako Mahalla al-Kubra hiriko langileen matxinadak erakarri zuen. «Ikusi nuen gauza anitz gertatzen ari zirela Egipton, eta inork ez zuela haiei buruz hitz egiten». Arabiera ikasten eta bertako kultura ezagutzen eman zituen lehenbiziko urteak. «Orduan Egiptok ez zuen hainbertzeko arreta bereganatzen, eta lasai zentratu ahal izan nintzen ikasketan». 2011ko urtarrilean aldatu zen dena. Matxinada bertatik bertara ezagutu izan zuen Almodovarrek, eta ordutik, hainbat hedabiderentzat idatzi du Egiptotik, horien artean BERRIArentzat. Bizitakoaren, ikusitakoaren eta aztertutakoaren emaitzatzat, Egipto tras la barricada (Virus editorial) liburua argitaratu du aurten. Euskal Herrian izan da aste honetan aurkezpena egiten, Gasteizen, Bilbon, Errenterian eta Iruñean, hurrenez hurren.

Matxinada piztu baino hiru urte lehenago ailegatu zinen Egiptora. Zer ari zen gertatzen urte horietan?

Kanpotik begiratuta, hasieran bazirudien [2011ko urtarrilean] bat-bateko leherketa bat gertatu zela, baina dena prozesu baten ondorio da. II. Mundu Gerratik herrialdean izandako langile mobilizazio olatu handienak gertatu ziren, AEBek Iraken egindako esku hartzearen aurka edo palestinarren Bigarren Intifadaren alde Tahrir plaza okupatu zen 2011 baino lehen, eta horietan erregimenari kolaborazionismoa egotzi zitzaion. Asaldura bat zegoen, eta gero, 2004-2005 aldian, ikusi zen Hosni Mubarak haren seme Gamalen eskuetan hasi zela boterea uzten. Gamalen eskutik, politikari ultraliberalak sartu ziren boterean, eta liberalizazio eta pribatizazio prozesua azkartu zuten. Eta azkenik, Tunisiako ereduak erreakzio bat eragin zuen. Tunisiak beldurrarekin haustea ekarri zuen, egiptoarrak hainbertze denboraz geldirik mantendu zituen beldur horrekin.

Eguneroko kontakizunean, agian, galdu egiten da arazoen erroen perspektiba hori.

Horregatik eragiten zidaten frustrazioa kazetaritzako artikuluek. Produkzioaren errutinak eta hedabideen logikak aunitz zailtzen zidaten nire artikuluen bidez jendeak ideia bat hartzea Egipton egiaz gertatzen ari zenaren inguruan. Horregatik, berebiziko behar bat neukan azaltzeko Egipton gertatzen ari zenaren inguruan zein ziren nire ustez puntu erabakigarrienak. Eta orduan hasi nintzen liburua idazten.

Mendebaldean, oro har, Egiptoko matxinadaren aldeko jarrera nagusitu zen, baina liburuan azaldu duzu Mendebaldeko erakundeek Egipto goraipatzen zutela 2011 baino lehen.

Gamal Mubaraken klana liberalizazio politika masiboak egiten hasi zenean, finantza erakundeek txalotu egin zuten. 2007an, Munduko Bankuak herrialde erreformistenaren saria eman zion Egiptori. Barne Produktu Gordina hazi egin zen, eta datu makroekonomikoak hagitz onak ziren. Baina diru hori hagitz esku gutxitan pilatu zen, eta gizartean haustura bat ekarri zuen horrek. Pobre bizi zen herritarren kopurua —bi dolar baino gutxiagorekin egunean—, %20tik %40ra igaro zen, eta muturreko pobrezian, berriz, —dolar bat baino gutxiago egunean—, herritarren %30 bizi ziren. Eta nazioarteko finantza erakundeek hori dena zuzendu zuten think tank-ak lagundu zituzten.

Zein talde izan zen erabakigarria matxinadan?

Zaila da katalogatzea. Herria bera izan zen. Urtarrilaren 25ean, hasieran alderdi bakoitza bere banderarekin atera zen, baina ordu batzuen buruan erretiratu ziren, eta masak uko egin zion karrikak husteari. «Honat etorri gara, hemen gelditzeko», erran zuen masa handi horrek. Gero, noski, masa hori erabili egin zuten batzuek eta bertzeek.

Anaia Musulmanek eta militarrek akordio bat egin zutela diozu.

Anaia Musulmanak ez ziren egon hasierako mobilizazioetan. Historikoki, anaidiak eta militarrek gorroto-amodiozko harreman bat eduki dute. 2011ko iraultzan, indar iraultzaileen aldarria hautsi, eta Anaia Musulmanak erregimenarekin eseri ziren negoziatzeko —Omar Suleiman presidenteordearekin—. Anaia Musulmanak indartzen ari ziren, eta erregimenak karriketan bakea beharra zuen, bereziki Mendebaldea lasaitzeko. Orduan, trantsiziorako akordioa itxi zuten: Mubarak sakrifikatu, iraultzak irabazi zuela erran, jendeari etxera itzultzeko eskatu, eta hauteskundeetara deitu zuten.

Anaia Musulmanak gizartean hagitz errotuta daude, ezta? Babes handia daukate.

Tira, baina ikus dezakegu 2011ko parlamenturako hauteskundeetatik 2012ko presidentetzarakoak arte igarotako bortz hilabeteetan botoen %50 galdu zituztela. Egia da hagitz egitura militantea daukatela, eta haien proiektuarekin konbentzituta dagoen inguru bat. Zenbait eskualdetan ere babes handia dauka islamismoak, baita Anaia Musulmanetatik eskuinerago dauden taldeek ere, baina egoera hagitz aldakorra da.

Zergatik?

Adibidez, militarren ospea ere Dragon Khan-a bezala mugitu da: gorenean 2011ko urtarrilean, eta gutxienean Junta Militarrarekin. Orain berriz ere herritarrak karrikara atera dira militarrak kritikatzera, eta hori pentsaezina zen iazko udan.

Nola hautsi zen anaidiaren eta militarren arteko akordioa?

Mohamed Mursik ia urtebete agintean egin ondoren, Anaia Musulmanen ospea gutxieneko historikotan zegoen. Aitzineko aldiaren jarraipen politika bat egin zuten, batez ere, arlo ekonomikoan —Nazioarteko Diru Funtsari mailegu bat eskatu zioten, adibidez—, eta horrek herritarren bizi-maila okertu zuen. Militarrek une hori baliatu zuten boterea erabat berreskuratzeko.

2011n hasi zen matxinada hura bukatu al da? Hau da emaitza?

Ez, ez da bukatu. Nahiz eta nik liburuan bukaera paratu diodan, epilogoan zehaztu egiten dut. Trantsizio prozesuak dira, eta ezin dugu pentsatu 60 urteko erregimen militarra egun batetik bertzera bukatuko dela. Inboluzio une batean gaude orain, eta arriskua dago hori indartzeko. Badirudi Abdel Fattah al-Sisi jenerala hauteskundeetara aurkeztuko dela, baina nik uste dut militarrak berriz ere lehen lerroan nabarmenki jartzen badira, berriz ere karrikak lehertu eginen direla. Ez dakit Tahrirreko eskaera guztiak beteko diren, baina ikusteko anitz gelditzen da.

 

Entrevista publicada en Berria, el 23/03/2003

 

 

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24/03/2014 16:42:02 Versió per imprimir

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