Revolución en Egipto: los tres primeros años

Por Librería Muga

Al leer las últimas páginas de Egipto tras la barricada es inevitable que un cierto fatalismo se apodere provisionalmente del lector. No puedes apartar de la cabeza el personaje de la película El gatopardo que declara "Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie", reflejando en la pantalla las ideas políticas del aristócrata Lampedusa ante el empoderamiento de nuevas clases sociales en los años de la unificación italiana. Puedes caer en la tentación de pensar que la revolución egipcia han sido unos años de conflicto y convulsión cuyo resultado final es un retorno a la situación prerrevolucionaria. Sin duda, una lectura de este tipo es posible. Sin duda, también, una lectura de este tipo encubriría el hilo de los acontecimientos y el sentido profundo de lo que ha sucedido en Egipto. Gracias al relato detallado y analítico del periodista, bloguero -egiptebarricada.blogspot.com.es- y activista Marc Almodóvar se puede comprender algo más de la naturaleza de los últimos acontecimientos. Y quizá algo más importante: la comprensión de que la revolución egipcia, a pesar de que parece estar de nuevo donde empezó, en manos del ejército, es todavía un proceso abierto.

Una de las virtudes del planteamiento de Marc Almodovar ―la podríamos llamar virtud del historiador es situar el foco en los años finales de la dictadura liderada por Hosni Mubarak y mostrar la conflictividad social y política, la existencia de unas estructuras políticas obsoletas que reprimían y negaban demandas manifiestas de amplias capas de la población y la presencia de diversos grupos sociales con capacidad y voluntad de ocupar el poder o, al menos, de derrocar el poder vigente. Sin embargo, confirmando las tesis que Steven Pincus desarrolla en 1688. La primera revolución moderna, una de las claves para comprender lo que está pasando en Egipto pasa por comprender la influencia de una serie de reformas estructurales puestas en marcha por el propio régimen. El conflicto, la lucha de clases, por sí sola no basta para comprender una revolución como la que acontece en Egipto. Hace falta reconocer que el catalizador que dio lugar a este proceso fue la puesta en marcha de políticas reformistas del régimen de Mubarak, concretamente su intención de adaptar la economía egipcia a las políticas neoliberales inspiradas por los agentes económicos globales ―FMI, Banco Mundial, etc.― y por los aliados estratégicos de Egipto ―fundamentalmente los Estados Unidos de América―. La revolución se pone en marcha...

Otra de las virtudes de Egipto tras las barricadas ―la que podríamos llamar virtud del sociólogo― es fijar y describir con claridad todos los grupos sociales que protagonizan la revolución egipcia. Por un lado, el Ejército, cuyo poder no había hecho más que crecer desde la toma del poder en los años cincuenta, gracias a su alianza con la potencia mundial y con las potencias regionales (Arabia Saudí, Israel). Un poder de naturaleza política y militar con un inmenso control, también, sobre la economía del país. Por otro lado, los Hermanos Musulmanes y otras organizaciones, como los salafistas, que en el mejor de los casos han sido caracterizados desde Occidente como el Islam político, y en el peor de los casos, ya se sabe como terroristas yihadistas el enemigo fabricado para sostener el choque de civilizaciones―, movimientos que intentan refundar las instituciones políticas para adaptarlas y someterlas a una determinada concepción del Islam y, sobre todo, que tienen como uno de sus objetivos fundamentales enfrentar y derrotar otros modelos vigentes de país basados en concepciones diferentes del Islam y de la tradición religiosa musulmana. Ejército e islamistas son los actores habituales en los medios de comunicación de masas que no han sido capaces de separar el grano de la paja en los años de revolución. Quizá junto a una juventud secularizada, más moderna, capaz de usar las nuevas tecnologías para constituir y organizar movimientos sociales, con un perfil casi siempre difuminda pero partícipe del cambio y la transformación. La descripción de Almodóvar no sólo es capaz de mostrar los conflictos internos de estas organizaciones y su evolución a lo largo del proceso revolucionario, sino que permite visualizar a otros actores no menores de la sociedad egipcia: los sindicatos obreros y las organizaciones profesionales, la oposición "seglar" ―sí, efectivamente, hay socialdemócratas, liberales, comunistas, trotskistas y demás organizaciones políticas de esta naturaleza fuera de Occidente...― o movimientos sociales de naturaleza más autónoma.

La tercera virtud de Marc Almodóvar en este libro ―la que denominamos virtud del periodista― reside en su habilidad para construir un relato verosímil, sobre la base de la información y no de la opinión, que da cuenta de acontecimientos que tendrían difícil explicación sin ese relato. Unos acontecimientos de los que están repletos los tres años de revolución y contrarrevolución en Egipto: ¿qué acontecimientos son significativos y desde dónde se mueven los hilos para que unas manifestaciones ciudadanas, por masivas que sean, derroquen un régimen de treinta años de vigencia que controla aparentemente instituciones como el parlamento, la policía o la judicatura?, ¿qué tipo de alianza se fragua los militares y los islamistas para que se planteen colaborar para realizar una transición suave del proceso revolucionario?, ¿qué errores cometen los Hermanos Musulmanes para perder en menos de un año el apoyo del Ejército?, ¿cómo puede una parte importante de la población creer que el Ejército egipcio es el garante de la revolución cuando derroca al gobierno islamista, democráticamente elegido?, ¿con qué aliados locales, regionales y globales, cuenta el ejército egipcio para haber sido capaz de tutelar, dirigir o reprimir el proceso revolucionario hasta el punto actual de aparente involución? Comprobada la dimisión de la mayor parte de los medios de masas en lengua castellana para acercarse a la complejidad de la situación, esta virtud podría ser considerada la más importante de todas.

Para acabar, una última nota. La comprensión de la revolución egipcia como un proceso abierto obliga a ser precavido en la emisión de juicios de valor. En este sentido, no me atrevería a calificar el siguiente análisis de Almodóvar como un acierto o como un error: en su relato se da por supuesto que existe algo así como el pueblo egipcio (mezclado con ellas, pero diferente de organizaciones como las mencionadas arriba), una figura que actúa como el sujeto revolucionario en esta coyuntura histórica concreta y que garantiza la continuidad del proceso revolucionario puesto que aún no ha dicho su última palabra. Así concluye Egipto tras la barricada. Si este análisis de Almodóvar es acertado o no ―si no es una virtud, al menos diría que es una actitud: la actitud del activista lo dirá el curso de los acontecimientos. Al menos es una esperanza para millones de egipcios que un día como otro cualquiera dijeron basta, salieron a la calle al grito de "pan, libertad y justicia social"... y aún siguen gritando.

 

Reseña publicada en Las calles de Venecia, el 3/02/2014

 

 

  Egipto tras la barricada


04/02/2014 10:51:20 Versió per imprimir

«La revolución egipcia quería romper la dicotomía entre militares y Hermanos Musulmanes»

 

Marc Almodóvar comenta en El Mundo en 24 horas de TVE la situación de Egipto después del golpe militar, analizando los por qués de la ilegalización de los Hermanos Musulmanes, y las relaciones oportunistas del aparato militar con la hermandad religiosa. Durante la entrevista, que puede verse entre los minutos 06:45 y 20:05, Almodóvar ofrece algunas claves históricas sobre la realidad egipcia, que ayudan a entender la situación actual.

 

 

  Egipto tras la barricada


04/02/2014 08:58:45 Versió per imprimir

«El poble egipci sap que, amb la força popular, ha aconseguit tombar dos presidents»

Per Albert Alexandre / Foto, Robert Bonet


Quin és el perquè del llibre?

Durant l’última temporada que vaig ser a Egipte, vaig estar treballant com a freelance periodístic per diversos mitjans. Al cap de sis mesos de dur a terme aquesta feina, vaig sentir una gran frustració per la incapacitat dels grans diaris d’explicar la complexitat del procés polític que s’estava vivint Egipte i a tants altres països: la manca d’espai, la manera d’enfocar les notícies, la banalitat amb què es tracten molts temes... Davant d’aquesta frustració, vaig considerar que s’estava desaprofi tant una gran història i vaig començar a plasmar pel meu compte una realitat polièdrica que no podia escriure als articles de 4.000 caràcters.

 

El llibre surt ara per algun motiu relacionat amb el moment que viu Egipte actualment?

En part, sí. Al tancament del llibre, volia explicar que els Germans Musulmans (GM) representaven una perpetuació de l’antic règim de Mubarak, sobretot pel que fa a les polítiques econòmiques, socials i repressives. Aquest havia de ser el meu fi nal: l’acord entre el govern egipci dels GM i les institucions de l’FMI per l’emissió d’un préstec per valor de 4.800 milions d’euros. Tot i això, quan estava a punt de tancar el llibre, va sorgir el moviment Tamarrod i es va produir la deposició militar de Mursi. No és que les mateixes polítiques tornin, sinó que, de la mà dels militars, tornen els mateixos agents polítics de l’era Mubarak.

 

En algun moment, el llibre planteja la idea que el procés revolucionari podria ser una mena de muntatge de l’exèrcit per derrocar el poder incipient de Gamal, el fill de Hosni Mubarak.

Dins les cúpules del règim, hi havia un gran malestar i disconformitat per la manera com Mubarak estava posicionant el seu fi ll Gamal com a successor. I no només això, sinó que, entre els militars, també hi havia molta preocupació per la manera com Gamal estava introduint els seus amics dins les esferes del poder econòmic. Quan arriba la revolució, els militars veuen l’oportunitat perfecta per carregar-se Gamal. Això no signifi ca que els militars hagin volgut la revolució o l’hagin promoguda, però sí que és cert que, davant els condicionants polítics que s’han anat succeint al llarg de la revolució, sempre han optat per l’opció que més els convenia.

 

Dins aquest entramat de pugnes pel poder, on queda la veu popular?

Des del principi de l’esclat popular, els GM i l’exèrcit van treballar durament i amb moltes presses perquè el que era un procés revolucionari es convertís en un procés de transició. D’aquesta manera, els islamistes i els militars van lliurar una batalla on els revolucionaris del carrer eren titllats d’avalotadors, gamberros i putes i només eren vertaders revolucionaris els que deien coses a favor seu. Què en queda, de la revolució, actualment? Evidentment, s’ha produït un canvi de xip i, avui dia, és quasi impossible tornar a la situació del règim de Mubarak. El poble egipci sap que, amb la força popular, ha aconseguit tombar dos presidents. La revolució ha aconseguit victòries que abans haurien estat totalment impensables: lleis de salaris mínims i salaris màxims, sentències judicials contra les privatitzacions dels anys 90, derogació de la llei d’emergència... Són victòries pírriques i amb poca –o nul·la– capacitat real, però la seva sola existència ja és signifi cativa de la dialèctica que hi ha.

 

Podem parlar d’una revolució democràtica?

Hi ha un intent de convertir el que era una revolució social en una revolució tan sols política. El lema principal de la revolució era Pa, llibertat i justícia social. La gent que es va alçar el 25 de gener de 2011 ho va fer contra la repressió policial, contra l’abús polític i per la dignitat. Quan era al carrer, treia la càmera i la gent feia cua per expressar les seves demandes; hores i hores de gravació durant les quals ni una sola persona em va dir que el que volia fos votar. Amb això no vull dir que no es demanés democràcia, però, a Egipte, un poble on el 40% de la població viu sota el llindar de la pobresa i el 25% sota el de l’extrema pobresa, la revolució anava més enllà. A diferència del que es pensa des d’un Occident neocolonialista, estem parlant d’una societat que demanda moltes coses que, probablement, són molt més essencials per la democràcia que votar.

 

Durant els mesos calents de les primaveres àrabs, es va parlar molt de la importància del ciberactivisme. Quin pes creus que va tenir en el cas egipci?

Es va vendre la revolució com si l’haguessin duta a terme ciberactivistes. La majoria eren nois de classe alta que s’asseien a casa seva i escrivien cròniques sobre el seu malestar a Egipte. El seu paper està molt bé, però allò no era la revolució, era un punt entre milions. Voler creure que la revolució s’ha fet a través de Twitter i Facebook és molt hipòcrita, sobretot perquè Internet, durant els primers divuit dies d’esclat popular, va estar tallat durant deu dies i la gent seguia al carrer; de fet, en va sortir més i tot. Dels 40 milions de persones que viuen sota el llindar de la pobresa, la majoria no tenen Internet a casa.

 

Quin va ser el paper de la dona durant la revolució?

Una de les onades més fortes que van desencadenar la revolució va ser la que va dur a terme el moviment obrer el 2008 a Mahalla El-Kubra. Allà, les dones, davant la passivitat dels seus companys que no s’atrevien a complir l’acord d’anar a la vaga, van sortir i van cridar: “Les dones som aquí, on sou el homes?”. Moltes mobilitzacions obreres van ser liderades per dones, tot i que el percentatge d’ocupació femenina no era majoritari.

 

I com eren vistes les dones acampades?

Trencaven amb els prejudicis socials de molts que creien que aquelles dones havien d’estar a casa tancades cuidant els fi lls. De fet, el paper de la dona era tan preponderant que, poc temps després de la caiguda de Mubarak, els militars van detenir un grup de dones i els van fer el que, de manera eufemística, van batejar com a testos de virginitat. En realitat, es tractava d’agressions sexuals que tenien com a fi nalitat estigmatitzar la participació de la dona i atemorir-la. El militar que va justifi car les violacions era Abd el-Fatah el-Sisi, un home que, a la llarga, ha resultat ser el gran líder de la revolució. Això demostra que les dones tenien una participació preponderant.

 

 

Entrevista publicada al setmanari Directa número 345, el 15/01/2014

 

 

 

Egipte rere la barricada


29/01/2014 16:08:50 Versió per imprimir

Marc Almodóvar: «Si el malestar social i la repressió continuen, la indignació a Egipte tornarà a agafar forma d’insurrecció»

Per Andreu Roses

“Egipte rere la barricada. Revolució i contrarevolució més enllà de Tahrir”, una de les primeres novetats de l’editorial Virus d’aquest any 2014, ha estat una publicació realment oportuna. Mentre sortia d’impremta, el 15 de gener, s’aprovava en referèndum la nova constitució egípcia amb el 98% dels vots i una escassa participació del 38,6%. El resultat, entès com un plebiscit al cop d’Estat del passat 3 de juliol, afirma el full de ruta del nou règim i consolida el protagonisme de l’exèrcit en el procés de transició.

Un nou escenari en la vida política del país del Nil que Marc Almodóvar, periodista i documentalista resident al Caire i autor del llibre, ajuda a comprendre mitjançant un repàs rigorós i exhaustiu de l’evolució política d’Egipte des de l’esclat de l’anomenada Primavera Àrab.

- Hi ha qui té la impressió que Egipte és un cas llunyà…

Només en aparença. En realitat, és un país més proper del que ens pensem. Per començar, les relacions comercials entre Espanya i Egipte són molt importants. L’Estat Espanyol és el tercer importador de productes egipcis, després d’Estats Units i Itàlia. En els últims anys el Ministeri de Defensa espanyol ha venut a l’exèrcit egipci armament per valor de 50 milions d’euros. I, a més, ha estat protegint a Hussein Salem, conegut com “la caixa negra de la corrupció a Egipte”, un dels magnats egipcis més importants, imputat en diversos casos de corrupció. Mentre a Egipte estava en recerca i captura, Espanya el protegia per una nacionalitat que encara no se sap per quin motiu se li va donar. Hi ha qui afirma que la va aconseguir perquè ell havia estat la peça clau perquè Unión Fenosa aconseguís l’explotació del gas natural de Damieta, una de les ciutats del delta del Nil.

- Així, Egipte és al centre de molts interessos.

Sí, l’economia egípcia és la segona més important del continent africà, després de la de Sud-àfrica. És productor de gas, i el canal de Sues el fa ser un pont elemental entre Àfrica i Àsia, pel qual circula prop del 14% del transport marítim internacional. A més a més, fa frontera amb Israel i té molt de pes dins la comunitat musulmana internacional si tenim en compte al-Azhar, una de les institucions més importants del món islàmic, establerta al Caire. També és rellevant per la seva demografia. En definitiva, Egipte és dins dels tres cercles dels quals parlava Abd el-Nasser: “el del món àrab, el del continent africà i el de la comunitat musulmana.” Quan esclata la revolució, aquesta no només té efectes dins del país, sinó que també en té, i de molt importants, a nivell internacional. En els últims anys, Egipte s’ha convertit en un tauler d’escacs en el qual han estat jugant les principals potències.

- Potències com ara els EUA, l’Aràbia Saudita, els Emirats Àrabs i Qatar…

Penso que Estats Units s’ha trobat en una situació que li ha capgirat els esquemes. Primer va donar suport al règim de Hosni Mubarak, com mostren els documents filtrats per Wikileaks i, tot just després de la revolució, van apostar per un pacte entre els militars i els Germans Musulmans. El cop d’Estat del juliol passat (2013) ha evidenciat el fracàs d’aquell pacte, i els EUA han quedat descol·locats.

L’Aràbia Saudita i els Emirats Àrabs, al seu torn, són qui més hi perdia amb la caiguda de Mubarak, perquè feia trontollar el seu propi projecte, que consisteix a assegurar la seva primacia econòmica a nivell regional, vetllant pel manteniment de l’statu quo. Quan va esclatar la revolució, tant l’Àrabia Saudita com els Emirats de seguida es van posar a treballar per reconduir la situació al seu favor. I els hi ha sortit bastant bé.

Qatar i Turquia són la contrapart. Eren els principals defensors dels Germans Musulmans i del seu projecte polític. Qatar, especialment, volia guanyar presència a nivell regional i es va aliar amb la germandat perquè, d’una banda, a Egipte feien de contrapès al règim i, de l’altra, des del punt de vista ideològico-polític i de la doctrina islàmica, feien de contrapès a l’hegemonia d’Aràbia Saudita, gran rival de Qatar a la zona. Cal tenir en compte que l’Aràbia Saudita representa una escola de l’Islam que s’ha estès moltíssim internacionalment, i que els Germans Musulmans, també molt estesos, contraresten una mica aquesta hegemonia.

El govern dels Germans Musulmans

- A Egipte rere la barricada. Revolució i contrarevolució més enllà de Tahrir no t’hi atures massa a tractar el tema de l’islamisme. Per què?

És totalment intencionat. En el llibre no he volgut parlar massa de l’Islam polític, perquè ja se n’ha parlat molt als mitjans i perquè hi ha molts clixés al voltant d’aquest tema. Va generar més portades que Muhammad Mursi, el president electe dels Germans Musulmans, volgués prohibir el ballet a l’Òpera del Caire per raons de moralitat -que és una qüestió greu, no ho negaré-, que les cartes que el mateix dia Mursi enviava a Shimon Peres, president d’Israel, en les quals el tractava de gran amic, i que reafirmava les intencions que tenien els Germans Musulmans de no tocar els acords amb Israel.

- Sovint, quan es parla de la política egípcia, hi ha costum de fer una divisió entre islamistes i seculars…

Qui va posar a la constitució que la xaria era la principal font de legislació no van ser els Germans Musulmans, va ser Anwar al-Sadat, el president que va precedir Mubarak. I tots dos presidents eren considerats seculars.

Sigui com sigui, tot i que l’islamisme és un fenomen present, hi ha elements en els programes polítics de formacions com la dels Germans Musulmans que penso que són més importants i que sovint s’obvien. Al llibre, en part, miro de desmitificar la qüestió de l’Islam polític perquè crec que és una qüestió de folklore i d’imatge, de bandera, i que hi ha moltes altres coses rere aquesta cuirassa.

- Com ara el programa econòmic?

Exacte. Qui dirigeix els Germans Musulmans en la caiguda de Mubarak és Khairat al-Shater, Hassan Malek i tota una colla d’homes de negocis que són islamistes, sí, però que a la política egípcia destaquen molt més el seu paper com a empresaris d’ideologia neoliberal. Són líders capaços de sacrificar alguns dels seus principis a canvi de mantenir el sistema econòmic. En termes econòmics i de política estructural són continuistes. És això el que crec que és rellevant.

- Dins la germandat no hi ha veus que discrepin amb aquests homes de negocis?

Sí, els Germans Musulmans tenen conflictes interns. En el llibre explico els moments en els quals hi ha sortides massives de militants, la major part joves, però també membres d’altres generacions. Abu al-Futuh, per exemple, un militant històric que va ser expulsat de la germandat i que es va presentar a les presidencials pel seu compte, representava un sector reformista, aperturista. També hi ha tot un altre grup de militants històrics que van abandonar la germandat, principalment perquè s’oposaven a què al-Shater i companyia (els homes de negocis) controlessin l’organització, que és el que va acabar passant. Afirmaven que havien segrestat la germandat i la revolució. És innegable que hi ha dissensions internes.

- Una de les tesis principals del llibre és que els Germans Musulmans i l’exèrcit van pactar des del principi per controlar i frenar l’onada revolucionària.

Els Germans tenen una tradició pactista, no són rupturistes. I aquesta tradició s’ha mantingut sempre. El 25 de gener, quan va començar la revolució, la germandat no va convocar la seva gent a sortir al carrer. Es va limitar a autoritzar que les seves bases hi participessin a títol individual, però no en representació de l’organització. Més tard, quan es va començar a veure que les mobilitzacions tenien èxit, els Germans Musulmans s’hi van afegir per provar de reconduir-ho en favor seu. Tampoc en aquell moment van ser rupturistes. És més, quan totes les forces revolucionàries van anunciar que no pactarien amb el règim fins que Mubarak no marxés, ells van trencar aquell consens i van pactar amb el règim. Van negociar amb l’exèrcit la manera de convertir la revolució en una transició política, i això va marcar l’evolució política d’Egipte fins al 30 de juny passat, quan aquest gran pacte es trenca.

El cop d’Estat encobert

- Ara, un cop trencat el pacte, la manera d’actuar de l’exèrcit i el règim, s’assembla molt a la del principi.

Sí, però n’han après. La imatge del 2011, quan la Junta Militar va comunicar públicament que prenia el poder després de la caiguda de Mubarak, era la d’un general amb casaca militar i un discurs molt ranci, que es presentava sol davant les càmeres. La viva imatge d’uns homes de 70 anys dirigint el país amb mà de ferro. Això els va anar en contra.

L’estiu passat, en canvi, això no passa. El general Abd al-Fatah al-Sisi, comandant en cap de l’exèrcit, a banda de ser un general més jove i amb més habilitats retòriques, ofereix la imatge d’un exèrcit aparentment rejovenit, que no s’ha adjudicat càrrecs polítics i que, almenys en aparença, no és al capdavant de l’Estat. Tenen un govern titella, presidit per Adli Mansur, i ells només cal que s’estiguin darrere, controlant-ho, i que s’atorguin les medalles quan fa falta. N’han après i saben fer-ho molt bé. A més, al-Sisi apareix davant dels mitjans envoltat d’altres forces polítiques. Donen al cop d’Estat una aparença de cop consensuat, per dir-ho d’alguna manera. És una imatge molt més neta. Veurem si saben mantenir-la, i si Sisi s’acaba presentant a les presidencials, com es comenta.

- Com s’explica que fins i tot una part important de l’esquerra clàssica i dels sectors tradicionalment progressistes donessin suport al cop d’Estat?

Dins d’aquesta suposada esquerra, o dels sectors progressistes, hem d’incloure-hi el nasserisme. Aquest corrent, en essència, no ha tingut mai cap problema amb la idea que l’exèrcit prengui el poder. Per ells l’exèrcit no és un estament nociu. El líder del nasserisme, Gamal Abd al-Nasser, era militar, i la coneguda revolució nasserista que al 1952 va derrocar la monarquia va consistir en un cop Estat comandat per una part de l’exèrcit. També hi hauríem d’afegir l’odi històric i visceral cap als Germans Musulmans. Una de les grans persecucions de la germandat la va liderar Abd al-Nasser, o sigui que l’odi inoculat dins del propi nasserisme i de molts altres sectors progressistes i d’esquerres, ve de lluny.

Hem de tenir en compte que, durant l’any de govern de la germandat, no hi va haver cap canvi en les principals línies polítiques i econòmiques; va seguir el mateix traçat neoliberal del règim anterior, amb la política de privatitzacions. Tot plegat, en un context de col·lapse econòmic, d’inflació, de devaluació de la moneda; es va mantenir la repressió policial i la persecució de la dissidència i d’alguns mitjans de comunicació… Amb aquest context era fàcil que l’odi envers els Germans Musulmans reviscolés.

I hi ha un altre element que a mi em sembla clau. A la segona volta de les eleccions presidencials de 2012 entre Muhammad Mursi, candidat de la germandat, i Ahmad Shafiq, candidat del règim, una part de les forces revolucionàries -encara que no totes- es van reunir amb Mursi oferint-li suport, a canvi que es comprometés a formar un govern de coalició si guanyava les eleccions. Ell va acceptar. Però al cap d’un mes, un cop Mursi va haver guanyat les eleccions, en formar el nou govern no va posar ni un sol dels representants de les formacions polítiques que s’havien reunit en aquella ocasió. Arran d’això, hi ha tot un sector que es va sentir traït pels Germans Musulmans.

- Per què publiques “Egipte rere la barricada” aquí, a Catalunya? Creus que dins les societats catalana o espanyola hi ha un interés cap a aquest país?

El llibre neix de la frustració que sentia a Egipte quan treballava de periodista freelance per a la premsa catalana i espanyola. Patia una limitació que crec que és pròpia del sistema de la indústria periodística actual. En molt poc espai havia d’embotir el que ja havia explicat tantes vegades, posar en context al lector i seguir la línia del que havien publicat altres mitjans internacionals. Al final sentia que l’únic que feia era reproduir clixés. Uns clixés, a més, marcats per l’orientalisme o el neocolonialisme -digue-ho com vulguis-.

En general, penso que la societat espanyola o catalana s’interessa per Egipte, però la premsa no els proporciona relats coherents. Només se’n donen detalls, sovint poc rellevants, i no hi ha capacitat d’anàlisi. És per això que em vaig plantejar d’escriure un llibre. Vaig començar-lo el març del 2012 amb la idea de repassar els últims anys a Egipte. Buscava un mitjà a través del qual expressar tot allò que el meu ofici no em deixava.

El moviment obrer i el sindicalisme egipci

- Des que vas arribar a Egipte, l’any 2008, un dels temes que t’ha interessat especialment és el moviment obrer.

Sí. La meva arribada va coincidir amb la insurrecció de Mahalla al-Kubra, una ciutat del Delta on hi predomina la indústria tèxtil i on els treballadors han estat especialment combatius des de fa temps. Això em va interessar moltíssim.

- Les vagues han anat creixent en nombre, tal com expliques a l llibre.

L’última dècada del règim Mubarak, abans de la Revolució, va ser el període de vagues més intens des de 1952, i durant el govern dels Germans Musulmans, es van incrementar. Malgrat que els mitjans les van criminalitzar, que es van escriure lleis en contra del dret a vaga i que es va reprimir durament als treballadors.

- Quina és la situació actual del sindicalisme egipci?

D’una banda, hi ha el sindicalisme únic, tradicionalment controlat pel règim, que ha viscut força conflictes interns. Els Germans Musulmans, un cop al govern, tampoc no van apostar per la llibertat sindical, van publicar lleis que obstaculitzaven la creació de nous sindicats, i van dedicar la major part dels seus esforços a provar de controlar el sector.

Per altra banda hi ha les federacions de sindicats independents, dividides en dos grans corrents, que han anat provant de teixir una xarxa a nivell nacional amb un èxit relatiu: encara és feble i no està suficientment estesa. A més, també els passa una mica com en el cas dels partits polítics: tenen dissensions internes i conflictes generacionals.

- Hi ha qui afirma que, durant tot aquest temps, als treballadors i treballadores no se’ls ha atorgat protagonisme polític perquè han quedat desvinculats dels partits majoritaris. És cert?

Aquest és un dels grans problemes dels sectors seculars o no-islamistes, i que no només afecta la seva relació amb el moviment obrer. Als Germans Musulmans se’ls critica el seu populisme, mentre que els dirigents i els partits polítics seculars no han sabut (o no han volgut) acostar-se a les classes populars. Els partits que critiquen la germandat, que generalment orbiten al voltant de la intel·lectualitat urbana i de les classes benestants, es presenten amb uns discursos que són molt poc comprensibles per a la majoria, i que molt sovint no han estat ni tan sols pensats per a aquestes classes populars. Això fa molt difícil que augmentin la seva popularitat.

- Quina és la teva experiència amb el món obrer?

Hi va haver una abans i un després de la revolució. Al principi tot era una mica més senzill. En arribar a Egipte vaig entrar en contacte amb activistes del Caire, com Hossam al-Hamalawi, que és periodista, membre dels Socialistes Revolucionaris, d’inspiració trotskista, i que està molt centrat en el moviment obrer. És qui m’hi va introduir. De fet, l’any 2009 vaig obrir el meu bloc “Rere la barricada” a petició seva. Em va dir: “Si vols fer alguna cosa per Egipte i pel moviment, obre un bloc en el teu idioma perquè la gent pugui assabentar-se del que està passant aquí.” Amb el temps vaig anar coneixent altres activistes, mentre escrivia en el meu bloc. De fet, les setmanes prèvies al 25 de gener i a l’esclat de la revolució estava rodant un reportatge sobre el paper preponderant de la dona en els moviments obrers, en el qual entrevistàvem a noies que havien estat actives o directament encapçalant moviments sindicals a Egipte.

Però tot això va ser abans de la revolució. Després la cosa va canviar. A la caiguda de Mubarak, per exemple hi va haver un moment en què es va començar a estigmatitzar la revolució, sobretot de mà dels Germans Musulmans i de l’exèrcit. S’acusava als manifestants i als vaguistes de ser uns agitadors, de voler trencar la pau social, etc. Fins al punt que una de les maneres de deslegitimar els moviments va ser afirmant que hi havia molts estrangers infiltrats, molts espies. Arrel d’això els periodistes vam començar a tenir problemes. L’estigmatització de l’estranger va dificultar molt la meva aproximació a determinats sectors, sobretot si em presentava sense cap referència. A més, el món obrerista, que ja és un col·lectiu especialment desconfiat, també està molt jerarquitzat. Si no t’adreces des del començament a la persona adequada, no tens res a fer-hi.

El futur de la revolució

- I, malgrat tot, acabes el llibre afirmant que la revolució encara no ha mort del tot.

Avui en dia l’economia egípcia està mantinguda pels Emirats Àrabs i l’Aràbia Saudita. Però aquesta situació no serà per sempre, tard o d’hora es deteriorarà. Al cap i a la fi, ni els preu han baixat, ni la inflació ha desaparegut, i el malestar social es manté. La probabilitat que hi torni a haver insurreccions populars és bastant alta.

A més, la gent ha après una lliçó: les mobilitzacions donen resultats. I aquesta és la part que el règim encara no ha sabut controlar. Fins i tot el cop d’Estat del juliol passat s’ha hagut de legitimar apel·lant a les mobilitzacions del 30 de juny. L’exèrcit diu que ha actuat perquè el poble així li ho ha demanat sortint en massa al carrer. Per tant, la fòrmula que diu “sortir al carrer serveix d’alguna cosa” encara és vàlida, encara que de moment s’estigui utilitzant en favor de la contrarevolució.

Un altre factor important és que tot apunta que estan reconstituint el règim anterior amb els mètodes repressius de sempre. Sense anar més lluny, abans-d’ahir un noi de 14 anys va morir apallissat per la policia davant d’un comitè electoral. Si aquest tipus de coses segueixen succeint, la indignació tornarà a agafar forma. Tot està per veure.

 

Entrevista publicada a Extramurs el 23/01/2014

 

 

 

  Egipte rere la barricada


28/01/2014 15:54:12 Versió per imprimir

Marc Almodóvar: «No s’ha fet cas a les demandes de Tahrir»

Per Adela Genís

Marc Almodóvar (Barcelona, 1984) és periodista i va marxar a Egipte a finals del 2008. Temps més tard hi va tornar com a corresponsal d’El Punt Avui i altres mitjans de comunicació. Presenta el llibre Egipte rere la barricada per explicar amb detall la revolució iniciada el gener del 2011.

 

Per què un llibre sobre Egipte?

És la culminació de la feina que he fet a Egipte. Primer vaig prendre’m un temps per poder aprendre la llengua, la geopolítica, la cultura i la societat. Un temps més tard vaig començar a escriure un blog, Egipte rere la barricada, que té el mateix nom que el llibre. En aquell moment em dedicava a aprendre l’àrab i traduïa articles que considerava interessants sobre temes socials, el moviment obrer i de repressió policial. Aquelles notícies ja eren com una guia del que acabaria succeint el gener del 2011. El març del 2012 vaig començar a escriure una crònica per fer entendre a la gent com s’arribava a la revolució egípcia, què succeïa amb els militars, amb la gent jove...

Per què s’arriba a la desesperació del gener del 2011?

Són un cúmul de circumstàncies. Quan arriba al poder Hosni Mubàrak, accentua l’aliança amb els Estats Units i amb el Banc Mundial i l’FMI (Fons Monetari Internacional). Tot això genera uns grans resultats macroeconòmics, Egipte és lloada internacionalment perquè és un dels països on més de pressa es poden fer negocis. Però aquests resultats no reverteixen en la societat i s’arriba a un nivell d’un 40% de la població que viu per sota del llindar de la pobresa, i un 25% per sota de l’extrema pobresa.

I s’accentua la repressió...

A partir del 2004 hi ha tot un procés de canvi que coincideix amb una repressió contra l’oposició islamista, especialment contra els Germans Musulmans, justificada internacionalment en la lluita contra el terror. Al país hi ha un esgotament econòmic, social, hi ha una manca de dignitat produïda pel control policial, per la repressió. L’estat policial està instal·lat en totes les facetes de la societat. I tot això acaba col·lidint el gener del 2011.

Quina és l’espurna que fa que tot es desencadeni?

El que passa a Tunísia. Ja hi havia manifestacions, però la marxa de Ben Ali el que fa és rellançar les mobilitzacions,. Al principi, els activistes de tota la vida no creuen que hagi de passar res, però aquell 25 de gener la gent sap el que ha passat a Tunísia. Aquestes mobilitzacions “són segrestades” pel poble de les organitzacions clàssiques. Va ser la gent que va dir: “Aquí ens quedem.” Hi ha una insurrecció que el règim no pot controlar.

Però no se’n surt...

El règim intenta contenir la situació. Dies després es crea un gran pacte, que és el d’aquesta transició entre els Germans Musulmans i l’exèrcit. Acorden sacrificar el cap de Mubàrak per mantenir les estructures de l’Estat. Van agafats de la mà islamistes i militars per convertir una revolució que era política en un procés de transició i de reforma mínima, sense tocar les grans estructures. Evidentment, hi ha col·lisions entre islamistes i militars. De fet, és la gran dialèctica històrica de la societat egípcia.

I d’on prové?

L’Estat egipci es crea el segle XIX i sempre ha estat basat en el poder militar, per la mateixa lògica de l’imperi otomà. Els militars han aprofitat les insurreccions populars per aconseguir el poder i aquests moviments de canvi han tingut el guiatge dels moviments islamistes. A la llarga, quan els militars no han necessitat els islamistes, se’ls han tret de sobre i això és el que ha passat ara, una altra vegada. S’acosten als Germans Musulmans per pacificar el carrer i això ho fan amb el vistiplau de Washington, que prefereix tenir a la segona força (a l’oposició) controlada. I així torna a estar tot controlat.

Però ara no se’n surten...

Això fracassa per aquests malentesos i desconfiança històrica, perquè, tot i que els Germans Musulmans van donar als militars tot el que els demanaven, arriba un punt que veuen l’oportunitat perfecte per obtenir un altre cop el control. De fet, però, quan governa Mursi es continuen les mateixes polítiques econòmiques i de repressió. L’objectiu dels Germans Musulmans és optar a les quotes de poder de les velles estructures.

Per quedar-se en el poder?

Els Germans Musulmans i els militars fan un pacte per tapar la revolució. Això s’ha explicat molt poc. Hi va haver una agressió de l’exèrcit als manifestants de la plaça Tahrir i els Germans Musulmans van callar i es va començar a acusar els revolucionaris de ser espies internacionals... Van acusar les dones de putes... Els militars van treure la llei en contra de les vagues, lleis repressives aplaudides pels Germans Musulmans: una reforma estructural de la societat i de l’economia que ha quedat en un canvi aparent i estètic. No s’ha respost a les demandes de la plaça Tahrir.

I en què queda la revolució?

La primavera àrab s’ha convertit en un tauler de joc entre dues superpotències enfrontades com són Qatar i Aràbia Saudita i els Emirats Àrabs. Qatar (amb el suport de Turquia) dóna suport als Germans Musulmans i l’antic règim són els aliats de l’Aràbia Saudita.

Entrevista publicada al suplement Presència d'El Punt-Avui, el 26/01/2014

 

 

  Egipte rere la barricada

 


27/01/2014 16:08:02 Versió per imprimir

«Que tu sangre encienda la chispa de la libertad. COPEL»

Por César Lorenzo Rubio

Escrito en una rudimentaria pancarta, este deseo encabezaba, junto al recuerdo de “Tus compañeros anarquistas”, la comitiva que trasladó el féretro de Agustín Rueda desde el Instituto Anatómico Forense hasta la plaza de Cibeles. Tres días antes, la madrugada del 14 de marzo de 1978, había fallecido víctima de los golpes de un grupo de funcionarios de Carabanchel. De esta forma tan brutal se volvía a poner de manifiesto que los muros de las prisiones a duras penas podían contener la lucha antagónica y sin reglas entre las ansías de libertad de los reos y la voluntad inmovilista de la administración y los carceleros por impedirlo.

Un año antes, en la misma prisión, se habían dado a conocer las siglas de la Coordinadora de Presos en Lucha (COPEL). Desde su creación, esta plataforma se propuso erigirse en la representante de los olvidados tras las rejas. Sus miembros denunciaban la pervivenecia de leyes, tribunales y funcionarios de indudable corte franquista, así como el deplorable régimen de vida a que estaban sometidos y, por encima de todo, la marginación de la amnistía tras la muerte del dictador. Aquellos hijos del extrarradio crecidos a la sombra del desarrollismo, vagos y maleantes que amenazaban el orden público a base de tirones de bolso y robo de vehículos a motor, habían conseguido dotarse de un discurso própio, fuertemente influenciado por la crítica antiautoritaria post-68 y la efervescencia política que se vivía en la calle. Se habían proclamado presos sociales (retomando una denominación que ya habían usado los presos anarquistas en los años veinte y treinta), para reivindicarse víctimas de la dictadura y, por tanto, con derecho al mismo trato que sus compañeros políticos de reclusión.

 

Para darse a conocer, los miembros de COPEL dirigieron centenares de instancias al Rey, redactaron manifiestos e informes a la prensa y se sentaron en los patios reclamando un interlocutor, pero la única respuesta que obtuvieron fue el silencio y la represión. Palizas, aislamiento y traslados no tardaron en empujarlos a los tejados en busca de la visibilidad que la Administración les negaba. Gracias a la dispersión que pretendia acabar con las protestas, las consignas de COPEL se dieron a conocer en la mayoría de prisiones, dónde a su vez otros presos formaron nuevos grupos que multiplicarían las revueltas. Sólo en 1977 hubo más de cincuenta motines, nueve de ellos con grandes destrozos e incendios, por toda la geografía española.

yle:normal;font-variant:normal;text-decoration:none;vertical-align:baseline;">Mientras, en la calle, los Comités de Apoyo a COPEL de diversas ciudades o los miembros de la Asociación de Familiares y Amigos de Presos y Ex Presos (AFAPE), en Madrid, entre cuyos participantes la corriente libertaria era mayoritaria, gritaban “Presos a la calle, comunes también” (o en su versión más radical e irónica, “…políticos también”). El movimiento ácrata fue el principal apoyo organizado de los subidos a los tejados, si por la precaria y recién reconstituida CNT y sus grupos satélites podemos entender una organización más o menos estable. La postura oficial de la Confederación, favorable a una amnistía total, quedó recogida en declaraciones de sus líderes, como las expresadas en los mítines de Mataró (octubre 1976), San Sebastián de los Reyes y Montjuic (marzo y julio de 1977); la de sus militantes de base, en la actividad cotidiana de sus comités pro presos, encargados de la defensa y el apoyo a los muchos simpatizantes (con y sin carné) que cayeron detenidos –a menudo acusados sin pruebas sólidas–, pero también a presos sociales que no tenían más que una relación muy circunstancial con la organización.

yle:normal;font-variant:normal;text-decoration:none;vertical-align:baseline;">La muerte de Agustín Rueda volvió a evidenciar este apoyo, no exento de tensiones internas, y aprovechado por el Estado para ahondar en la criminalización del movimiento libertario. Que Rueda era anarquista se supo la noche del 14, pero faltaba saber si era miembro del sindicato. Además, sus compañeros de infortunio, golpeados como él tras el descubrimiento del túnel en el que trabajan para fugarse, eran todos presos sociales sin ideología política conocida. Un cóctel altamente inflamable cuya deflagración no tardó en producirse. Gómez Casas explica cómo el 15 de marzo, con la noticia en todos los periódicos, desde la redacción del Telediario telefonearon al Comité Nacional para confirmar o desmentir su afiliación. Desde la CNT se les informó que no tenía carné de militante, pero que este detalle resultaba intranscendente en comparación con las circunstancias de su muerte, y que la CNT la asumía como propia por su militancia anarquista, a la vez que acusaba a la Dirección General de Instituciones Penitenciarias de maltratos y torturas. Pero desde los medios, la versión que dieron fue la siguiente: “consultado el secretario general de la CNT, éste afirmó no haber constancia de la militancia confederal de Agustín Rueda en los archivos”. A pesar de la protesta formal el daño ya estaba hecho; a ojos de la opinión pública la CNT era una guarida de terroristas (por lo reciente del caso Scala), y encima, de cara a sus simpatizantes, no reconocía a quienes no hubiesen satisfecho la cuota sindical.

yle:normal;font-variant:normal;text-decoration:none;vertical-align:baseline;">Las revueltas de presos no se detuvieron tras la muerte de Rueda, pero este hecho y su réplica inmediata (el asesinato por parte de los GRAPO del director general de Instituciones Penitenciarias, una semana después) supusieron un punto de inflexión. El gobierno entendió que era urgente pacificar las cárceles, estableciendo medidas que dificultasen la capacidad de organización de los presos (restricciones de movimientos y comunicaciones) y calmaran los ánimos y fomentasen la colaboración (beneficios selectivos). O dicho en roman paladino: palo y zanahoria. La combinación del premio y el castigo provocaría la fragmentación interna y desaparición de facto de la COPEL antes de acabar el año, mientras en los despachos y el hemiciclo empezaba a tomar cuerpo la que un año después se convertiría en la Ley Penitenciaria que ratificaba estos cambios. La irrupción masiva del consumo de heroína haría el resto en el proceso de desmovilización de los presos sociales.

yle:normal;font-variant:normal;text-decoration:none;vertical-align:baseline;">En cuanto a los militantes libertarios –cenetistas o de grupos autónomos– siguieron dando su apoyo a los presos, pero su incidencia también fue menor, debido a la propias vicisitudes que atenazaban a este colectivo y al endurecimiento de la represión. En la calle, las manifestaciones se combinaron con “cocteladas” e incluso no pocas acciones destinadas a facilitar la fuga a través de túneles y rescates a punta de pistola. Y desde dentro, liderando huelgas de hambre, como la de septiembre de 1982, iniciada en Barcelona y que llegó a aglutinar a varios miles de presos en todo el Estado en demanda de una reforma del Código Penal.

Treinta y cinco años después, a penas ya nadie recuerda a la COPEL, a Agustín Rueda y a tantas otras víctimas de la modélica Transición. Las cárceles rebosan pobres, locos y drogadictos (Mercedes Gallizo), pero todavía parece quedar sitio para una nueva ola represiva contra manifestantes y disidentes al dogma constitucional. El leviatán carcelario es insaciable.

 

 

Artículo publicado en Periódico CNT n.º 407, enero 2004

 

 

  Cárceles en llamas


17/01/2014 16:09:24 Versió per imprimir

César Lorenzo Rubio: «Las cárceles son uno de esos lugares incómodos que preferiríamos ignorar»

 

Por Julián Vadillo

Cesar Lorenzo Rubio (Barcelona, 1978) es doctor en historia por la Universidad de Barcelona. Cárceles en llamas. El movimiento de presos sociales en la transición es el libro de su tesis doctoral. Especializado en cuestiones penitenciarias ha colaborado en la obra El siglo de los castigos. Prisión y formas carcelarias en la España del siglo XX, junto a varias artículos sobre los mismos temas.

¿Por qué un libro sobre los presos sociales en la Transición?

¿Por qué no antes? Durante tres décadas este tema ha quedado completamente olvidado y creo que le sobra entidad como para merecer un estudio en profundidad. Unos años atrás hubo un pequeño “boom” sobre las prisiones franquistas, pero la práctica totalidad de aquellas obras se centraban en los presos políticos de los años cuarenta. ¿Qué sucedió después? ¿Cómo evolucionaron las prisiones de Franco hasta convertirse en las prisiones de la democracia? Esa es la pregunta inicial que da pie al libro, y para responderla hay que explicar el papel central que tuvo el movimiento de presos sociales a finales de los años setenta y principios de los ochenta.

Últimamente están saliendo a la luz numerosos trabajos críticos del proceso denominado “Transición”. ¿Enmarcarías tu investigación dentro de este grupo?

Sin duda el libro está influenciado por otras obras críticas con el proceso, y si puede ayudar a reforzar esta visión, aportando nuevos argumentos, tanto mejor. Pero no es algo exclusivo de las Ciencias Sociales; a nivel de calle también se están cuestionando dogmas que hasta hace unos años parecían intocables. La cultura de la Transición (CT), como la ha llamado Guillem Martínez, se ha resquebrajado, y por sus grietas escapan las contradicciones y las miserias que el consenso, el miedo, o la autosatisfacción hacia un pasado que muchos consideraban idílico, habían ocultado. Las cárceles son uno de esos lugares incómodos que preferiríamos ignorar, pero una revisión de la Transición y de su legado debe cuestionarse el modelo sin dilación.

Has trabajado e investigado todo lo relativo al sistema penitenciario en aquellos años. ¿Hubo ruptura con el franquismo o el sistema penitenciario fue una mera continuación remozada del régimen franquista?

Hubo una reforma legal relativamente rápida y de considerables proporciones: si se compara el reglamento de prisiones franquista y ley penitenciaria de 1979, las diferencias son notables. Pero esta reforma no estuvo acompañada de los medios para ponerla en práctica y por ello quedó, en la mayoría de ámbitos, reducida a una declaración de intenciones. Todavía hoy, algunas de las mejoras que se introdujeron hace 35 años no se cumplen. Además, fue una reforma incompleta, porque se legisló la vida en prisión pero el Código Penal sólo se reformó de forma muy parcial, hasta que en 1995 se aprobó el llamado Código de la democracia. Y éste, paradójicamente, era más duro en cuanto al cumplimiento de penas que el anterior de época franquista. Y, por supuesto, tampoco hubo depuración de funcionarios. En definitiva, hubo ruptura legal en algunos aspectos, pero no real, en la mayoría; y en todo caso, se mantuvieron intactos los principios universales del encierro carcelario: la segregación del individuo de la sociedad, la opacidad informativa de lo que sucede dentro, el premio-castigo como sistema de regulación de la vida entre rejas, etc.

¿Cómo se podría definir la COPEL?

La Coordinadora de Presos en Lucha (Copel) fue el intento de agruparse de los presos sociales (los encarcelados por delitos de Derecho común) para reivindicar su posición tras las amnistías para presos políticos. Al ver que estas medidas no les beneficiaban, a finales de 1976 un grupo de presos de Carabanchel decidió crear una asociación de reclusos para defender sus derechos: la libertad para todos los encarcelados y una reforma drástica y radical del sistema penal y penitenciario.

¿Qué significó la Copel  para la lucha de los presos en aquellos años?

A pesar de que no fue una organización en sentido estricto (debido a la imposibilidad de estructurarla por los condicionantes a la comunicación), sus siglas y reivindicaciones se difundieron a la mayoría de prisiones, y su nombre está indisolublemente asociado a las protestas carcelarias de la Transición. Fueron apenas dos años, pero muy convulsos, en los que la Copel se convirtió en la portavoz de los presos sociales en su lucha contra la perpetuación del sistema penitenciario franquista. En sus momentos finales, cuando sus líderes estaban sometidos a un severo aislamiento y se había perdido toda esperanza de lograr la libertad, se acusó a la Copel de mafia al servicio de intereses particulares, y probablemente hubo algunos episodios de abusos e instrumentalización. Pero esos casos u otras contradicciones internas, no pueden hacernos obviar el mayor episodio de movilización colectiva entre rejas de la historia.

Aunque se habla de presos sociales muchos de ellos tenían un claro componente político en sus reivindicaciones. ¿En que manera pudieron influir los presos políticos en esa politización?

Durante los años finales de la dictadura los presos sociales habían convivido junto a militantes antifranquistas de todo tipo, y aunque las relaciones no eran demasiado fluidas, debido a la disparidad de perfiles entre un colectivo y otro, los presos sociales aprendieron mucho gracias a este contacto. De ellos observaron los métodos de organización (vida en comunas) y protesta (redacción de informes y cartas a la prensa, huelgas de hambre…); la vinculación con los grupos de apoyo en el exterior y, sobre todo, se dotaron de un lenguaje con una fuerte carga ideológica, que presentaba su lucha contra la cárcel dentro de la propuesta de ruptura democrática con el pasado. La politización que se daba en las calles también penetraba en las prisiones, y los presos sociales, a pesar de no militar en ninguna organización, no eran ajenos a ese clima de reivindicación a favor de la amnistía y las libertades.

Tiene alguna similitud la lucha de los presos en los años 70 y 80 con la que habían desarrollado en los años 20 y 30?

En los años 20 y 30 la represión al movimiento obrero, especialmente de signo anarquista, provocó que el conflicto social que se vivía en las calles se prolongase al interior de las cárceles. Y durante la II República se produjeron importantes protestas de presos comunes (o sociales) en demanda de libertad tras las amnistías para presos políticos. En este sentido, el paralelismo con los años setenta no son descabellados. Pero medio siglo después, se consiguió articular un discurso unitario y una coordinación –aunque precaria– que en los años treinta nunca se logró al mismo nivel.

¿Con que ideologías se sentía más vinculada organizaciones como la Copel o los presos sociales?

Fue especialmente notable la influencia y el apoyo del movimiento libertario, en línea con la histórica oposición a las prisiones de esta corriente de pensamiento. En la calle, la CNT y la gente que se movía a su alrededor constituyeron uno de los puntales del apoyo extramuros a los presos sociales, y de cancelas para dentro, no pocos militantes ácratas detenidos por distintas causas apoyaron las reivindicaciones de Copel.

¿Como Agustín Rueda? ¿Qué significó su muerte para la lucha de los presos y para la Copel?

Rueda era un joven libertario que fue detenido por participar de las acciones de los grupos autónomos que operaban en el sur de Francia. Desde su ingreso en prisión se posicionó a favor de las demandas de los presos sociales y participó junto a éstos en algunas acciones de protesta. En marzo de 1978, en Carabanchel, lo descubrieron cavando un túnel y por ello fue salvajemente torturado hasta que murió sin recibir la debida atención médica. Su muerte, que intentó ocultarse por parte de la Administración, se convirtió en todo un símbolo del estado de dejadez de las prisiones y la demostración incontestable del abuso de la mano dura entre rejas. Tanto la Copel como el movimiento libertario hicieron suya la pérdida e intentaron denunciar el hostigamiento que padecían, pero fue en vano.

¿Qué acciones hacían estos presos?

El repertorio de protestas empezó de forma pacífica, a base de sentadas o plantes en los patios y el envío de centenares de instancias dirigidas al Rey reclamando un indulto o una amnistía. Pero ante la falta de respuesta positiva y la dureza de los métodos empleados para lograr su desmovilización, también aumentó su grado de violencia. En este contexto se han de entender las ocupaciones de los tejados, el envío de manifiestos, las autolesiones colectivas (cortes en los antebrazos, ingestión de objetos metálicos…), las huelgas de hambre y, también, los motines en los que la destrucción de las celdas y los incendios no eran extraños. Los presos recurrieron a todo para dar a conocer su situación en el exterior.

¿Qué apoyos recibían desde fuera de los recintos penitenciarios?

En diversas ciudades se organizaron Comités de Apoyo a Copel: grupos, más bien informales, que editaban boletines y se manifestaban a las puertas de la prisión para mostrar su solidaridad. En estos colectivos, y otros como la Asociación de Familiares y Amigos de Presos y Ex Presos, se integraron abogados, trabajadores sociales y, en general, personas concienciadas sobre la situación de las prisiones y sus ocupantes. Ideológicamente predominaban las ideas libertarias, contrarias a todo tipo de instituciones de control (no sólo cárceles, también manicomios, cuarteles…), o de extrema izquierda, aunque hubo iniciativas reformistas –menos radicales que la Copel– más transversales. Numéricamente fueron pocos, pero jugaron un papel fundamental hacia el interior de los muros.

Háblanos un poco de la figura de Daniel Pont al frente de la COPEL

Pont era un joven preso por atraco que consiguió romper con el círculo vicioso de la marginalidad y dotarse de una fuerte conciencia sobre las circunstancias que lo habían llevado a prisión. Participó en la creación de la COPEL en Madrid y fue uno de sus miembros más destacados, lo que lo llevó a entrevistarse con el director general de Instituciones Penitenciarias en una visita de éste al penal de El Dueso. Fue uno de los pocos presos combativos que no acabó enganchado a las drogas, o muerto por disparos de la policía, a pesar de que se le intentó usar como cabeza de turco en un oscuro montaje policial años después.

¿Qué papel jugaron los directores generales de Instituciones Penitenciarias en el mantenimiento de las estructuras carcelarias? ¿Se hizo algo por modificarlas?

Los directores generales no eran más que la cabeza visible de una administración que había jugado un papel central en la represión durante la dictadura y que, salvo mínimos cambios, permanecía intacta. Por tanto, el nuevo talante democrático que pretendieron darle algunos de estos directores quedó muy diluido por la persistencia de una cultura del castigo, de raíz franquista, muy asentada. Las tímidas innovaciones en sentido aperturista que algunos propusieron, fueron rápidamente revocadas por las resistencias de los funcionarios a aplicarlas, así como por la negativa de los presos a rebajar sus demandas. Y junto a estas medidas liberalizadoras, también aplicaron otras destinadas a endurecer las condiciones de reclusión y evitar la proliferación de protestas.

Casi al final de la obra relatas como muchos presos se quejaban las diferencias de tratamiento a unos presos y otros. Para más detalle la benevolencia con la que se trataba a presos de la extrema derecha (como los asesinos de los abogados laboralistas de Atocha) o a los responsables del 23F. Algo que no era nuevo en la historia de España. ¿Puedes hablar brevemente de esto?

En 1979 diversos militantes de extrema derecha estaban recluidos en la cárcel de Ciudad Real, donde disfrutaban de un régimen enormemente laxo. Uno de los asesinos de la matanza de Atocha aprovechó esta libertad de movimientos para intentar escapar armado con un cuchillo de monte, y aunque no lo logró, retuvo durante horas al director de la prisión y a su familia, sin que se le aplicase apenas correctivo. Otro de los asesinos de los abogados laboralistas aprovechó un insólito permiso de Semana Santa para fugarse: primero a Perpignan y de allí al Chile de Pinochet. En este caso la Junta de Régimen de la prisión, con el beneplácito de la dirección general, informó favorablemente, y el juez de la Audiencia Nacional que antes había formado parte del Tribunal de Orden Público (TOP) franquista, lo autorizó, como ya había hecho antes con los acusados de los asesinatos de Montejurra. Estos hechos, y otros más, muestran la existencia de un doble rasero en el trato jurídico-penitenciario en función de la adscripción ideológica de los reclusos, y ponen de manifiesto la ausencia de depuración alguna de la magistratura o los aparatos de control del Estado.

¿Qué factores vieron a romper la lucha de los presos en la cárcel?

En primer lugar, el aislamiento de sus miembros más preparados y las restricciones a la comunicación, lo que provocó que en cada prisión los presos que se identificaban con la Copel actuaran por su cuenta, sin poder establecer tácticas comunes a otros cárceles. A ello se le unió la pérdida de toda posibilidad de excarcelación masiva, tras el fracaso de la propuesta de Ley de Indulto y la prohibición constitucional de indultos generales. Este hecho, junto a la implantación del tratamiento y la lógica punitivo-premial, o del palo y la zanahoria, que castigaba al que se revelaba y premiaba con permisos y progresión de grado al que obedecía, acabó por dar al traste con la unidad de acción. Y por último, aunque se trata de procesos de implantación paralelos y coetáneos en el tiempo, la extensión del consumo de drogas, particularmente heroína, que desmovilizó masivamente a los jóvenes (también en las calles) y en prisión enfrentó a los presos por el control de su venta.

¿Qué queda de la Copel hoy? ¿Existe en la actualidad algún grupo que luche por los derechos de los presos?

La Copel pertenece al pasado, sólo su recuerdo persiste entre las personas que vivieron el proceso más de cerca; para la mayoría, estas siglas carecen de significado. Desde entonces ha habido movilizaciones puntuales de presos entorno a demandas concretas (excarcelación de presos enfermos o con tres cuartas partes de la condena cumplida, abolición del régimen FIES, etc.), pero su alcance ha sido muy minoritario. Al margen de estos episodios, persiste la actividad –tal vez poco visible, pero fundamental– de diversas organizaciones que trabajan ofreciendo asesoramiento y denunciando los abusos del sistema penitenciario. Salhaketa, Madres contra la Droga, la Coordinadora de Barrios, Asociación PreSOS, Asociación Pro-Derechos Humanos de Andalucía, o ASAPA, entre muchas otras, constituyen el movimiento social anticarcelario actual, que tiene muy poco que ver con aquel de hace tres décadas, porque tampoco la prisión de entonces y la de ahora, tienen mucho que ver.

Para finalizar ¿Cómo definirías la cárcel?

La cárcel es un vertedero humano. Un inmenso depósito donde aislar los que consideramos subproductos de un sistema económico injusto y excluyente: personas pobres, enfermas mentales, migrantes y adictas a las drogas, que nunca encontrarán entre rejas el tratamiento a sus carencias económicas, sanitarias, educativas, afectivas, o de cualquier otro tipo. En España, este depósito es cada vez más grande y cada día es más fácil entrar y más difícil salir. Estamos a la cabeza de Europa occidental en número de encarcelados en función de nuestra población, y el horizonte de expansión sin límites del sistema penal bajo el signo del populismo, la demagogia y el sensacionalismo más descarnado no augura una mejora a corto plazo, todo lo contrario.

 

Entrevista publicada en Diagonal digital el 17/01/2014

 

 

  Cárceles en llamas


17/01/2014 15:46:31 Versió per imprimir

Jaron Rowan: «Hay que pensar en una economía mucho más compleja que los dineros que entran y salen de la cultura»

 

 

Jaron Rowan habla en el programa Mnemos de Radio Almenara de la historia y la actual crisis de la industria cultural, realizando una lectura crítica y conflictiva del concepto. Para Rowan, la economía relacionada con la cultura no puede reducirse a sus aspectos monetarios sino a la riqueza y la complejidad social y cultural que se mueve en torno a la creación, el pensamiento o la investigación.

 

 

 

  La tragedia del copyright


17/01/2014 12:55:43 Versió per imprimir

Egipte: pa, llibertat i justícia social

Per Marc Almodóvar

Segons que publicava recentment el setmanari liberal britànic The Economist, enguany un 42% de la població mundial és cridada a les urnes. Vora cinquanta grups nacionals o regionals convoquen eleccions. La majoria (27) són legislatives, 17 són presidencials i 4 tenen forma de referèndum, en un calendari que tanca la convocatòria del Principat de Catalunya. Un calendari que no fa sinó demostrar que el sil·logisme simplista eleccions-democràcia és molt allunyat de la realitat plausible a tot el planeta.

De fet, el calendari del 2014 el va obrir recentment Bangladeix en un clima de forta tensió, topades violentes i les crides al boicot de l'oposició. La segona cita amb les urnes d'aquest 2014 és a Egipte, on avui i demà poc menys de cinquanta-tres milions i mig de ciutadans són convocats a referendar l'esborrany constitucional. Un esborrany redactat per un comitè de cinquanta persones elegides pel govern interí sorgit de la deposició militar del president islamista Mohamed Mursi, el juliol passat.

El referèndum es fa en un clima viciat d'enorme exaltació militar i crides a la seguretat nacional. No hi ha debat sobre el text i tota discussió pública gira entorn d'una kafkiana dicotomia terrorisme-seguretat. Malgrat que segons una enquesta recent tan sols un 5% de la població admetia haver llegit el text, un 74% dels enquestats no tenien problema a afirmar que de tota manera l'aprovarien. Els Germans Musulmans, ja considerats oficialment pel govern un grup terrorista, criden al boicot mentre les forces que demanen el rebuig al text denuncien assetjament. Set activistes van ser detinguts recentment perquè feien campanya contra el text constitucional mentre el governador de la Vall Nova no tenia problema a afirmar a la premsa que detindria tothom qui fes campanya contrària. A una dotzena d'organitzacions egípcies la Comissió Electoral els ha retirat el permís de seguiment de la votació, acusades de formar part de l'entramat de la germandat. I el Centre Carter, especialitzat a supervisar votacions internacionals, ha denunciat enormes restriccions per a fer la seva feina. De fet, tan sols un centenar d'observadors internacionals ha rebut acreditació oficial per a cobrir més de 352 circumscripcions electorals i 30.000 centres de vot.

Egipte passa per les urnes per cinquena vegada des del febrer del 2011, quan fou deposat el rais Hosni Mubàrak, després de les mobilitzacions multitudinàries al país i l'ocupació de la plaça Tahrir del Caire. De fet, tot just fa un any que els egipcis ja van ésser cridats precisament a aprovar el text constitucional que llavors presentava un altre comitè, aquell de majoria islamista, i que va ésser referendat per un 63,83% de la població. Però les tornes es van girar a l'estiu amb les grans mobilitzacions populars que exigien la caiguda del president Mursi i el 'putsch' militar del general Abd el-Fatah el-Sisi, que posava fi a la curta i fracassada experiència d'un any al poder de la històrica institució dels Germans Musulmans.

Si fa un any el comitè que va redactar la constitució aprovada a les urnes va ésser acusat d'estar sota el monopoli de les forces islamistes i de no reflectir la pluralitat de la societat egípcia, l'actual comitè simplement ha eludit l'existència d'aquestes forces islamistes i no ha comptat ni amb un sol membre de la formació que, malgrat perdre popularitat exponencialment, havia estat proclamada vencedora de totes les eleccions d'ençà de la caiguda de Mubàrak. Si fa un any les forces islamistes eren acusades de fer xantatge i d'afirmar que dir no al text era dir sí al diable, ara els mitjans no paren de repetir que rebutjar el text és obrir la porta al terrorisme, és a dir, als Germans Musulmans convertits en el nou Satan polític del país. Si abans es votava per Al·là, ara es vota pel general Abd el-Fatah el-Sisi, que flirteja amb la idea de presentar-se a les eleccions presidencials i que fa que la premsa i la televisió plantegin la consulta com un plebiscit al capitost militar. La república dels militars, si és que mai havia semblat que perdia corda, és més forta i present que mai.El nou text en manté els privilegis intactes: opacitat i no-supervisió del pressupost militar, control militar del càrrec de ministre de Defensa i fins i tot manteniment dels judicis militars a la població civil. No és que res d'això sigui nou. Tot això era ja present a la constitució dels Germans Musulmans del 2013.I, de fet, aquí hi ha la clau de tot plegat i que miro d'exposar àmpliament en el llibre 'Egipte rere la barricada' (Virus). Poc abans de la caiguda del rais Mubàrak, i preveient-la, islamistes i militars van segellar un pacte de ferro: es tractava de transformar l'ímpetu revolucionari popular, que reclamava canvis estructurals al crit de 'pa, llibertat i justícia social', i convertir-lo en un simple procés de transició política sense gaires sotracs. Així és com els Germans Musulmans i l'exèrcit van encapçalar el primer referèndum de reforma constitucional, el març del 2011, que va marcar el full de ruta del procés de transició. Un pacte avalat per Washington, que no volia més sotracs a la zona, i que convenia tant a uns Germans Musulmans que tan sols aspiraven a tenir cada vegada més ambicioses quotes de poder com a uns militars que tenien por que la força popular pogués posar fi a més pilars de l'estat que controlaven amb mà de ferro des de feia dècades. Al cap i a la fi, quant a les polítiques estructurals tant econòmiques com socials, els punts de vista no eren gaire divergents, com ho demostra el text constitucional mateix, eminentment continuista, o el manteniment dels programes econòmics del govern, que continua anant al dictat de l'FMI. El president Mursi, convençut d'haver atorgat als militars tot allò que li demanaven i tenir-los així sota control, va errar el càlcul, va actuar amb prepotència i despotisme i va passar per alt factors clau de l'estructura política egípcia. Va tocar allò que no havia de tocar i l'exèrcit, al cor de l'antic règim, va aprofitar la millor oportunitat per tornar el cop als islamistes i recuperar tot el poder.

Tres anys després, les urnes no han solucionat a Egipte allò que els carrers reclamaven amb força i determinació aquell gener del 2011. Probablement el principal error ha estat la impaciència i voler precipitar el procés en les aparences electorals abans que afermar els fonaments reformistes. Com sempre, hi ha hagut interessos que han prevalgut. Però, malgrat que els responsables polítics no ho vulguin veure, mentre continuïn sense atendre's les demandes desesperades de la població els carrers no es podran pacificar del tot i es correrà el risc de viure periòdiques insurreccions populars. Egipte segurament aprovarà aquesta constitució, però pot quedar fàcilment en paper mullat si no s'atén el crit de les masses. Pa, llibertat i justícia social.

 

Article publicat a Vilaweb el 14/01/2014

 

 

  Egipte rere la barricada


14/01/2014 15:38:21 Versió per imprimir

Presos a la calle, políticos también *

Por Mario Ortiz

(*) Irónica soflama libertaria de la llamada Transición

Cárceles en llamas recorre la Transición de la mano de la COPEL (Coordinadora de Presos en Lucha), la organización de presos sociales más significativa de la historia penitenciaria española. Forma parte de la tesis doctoral de César Lorenzo Rubio, que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado de la UB en 2011.

Con mano diestra, nos conduce por los tortuosos caminos de esta organización en el ya de por sí confuso y abigarrado paisaje de la Transición. Una historia densa y prolija en la que destaca la etapa que va desde la semana negra de enero de 1977 hasta los asesinatos de Agustín Rueda (preso libertario) en la prisión de Carabanchel y Jesús Haddad (Director General de Instituciones Penitenciarias) en Madrid, el 14 y 22 de marzo de 1978 respectivamente.

La lucha de COPEL es una escalada de acción reacción, de  plataformas reivindicativas, huelgas de hambre y motines, de talegos arrasados, incendios, túneles y fugas, de portadas periodísticas, tejados, ingestas de objetos metálicos y autolesiones, de palizas brutales, cundas y celdas de castigo, de boqueras fascistas y chotas, de negociar de día y cavar de noche. Y, sin embargo, las reivindicaciones de la COPEL eran, en su mayoría, meras reformas de un régimen penitenciario de rigor medieval.

Hasta ahora, las soluciones de nuestra democracia para los presos «revoltosos» han sido las cárceles de alta seguridad, el aislamiento extremo (tortura sin sangre) y el infame régimen FIES (Fichero de Internos de Especial Seguimiento). España es número uno en Europa Occidental en presos y cárceles. Cataluña tenía, a fecha del 8 de febrero del 2013, la friolera de 10.034 reclusos, cuando en España, la población total en 1975 era de 8.840. Estos datos deberían hacernos reflexionar.

En fin -disculpen la disgresión- un libro imprescindible. Un trabajo exhaustivo y riguroso que nos revela la, sin duda, historia más dura y legendaria de nuestra -mal llamada- transición.

 

Reseña publicada en La Veu del Carrer n.º 130, diciembre de 2013

 

 

 

  Cárceles en llamas


10/01/2014 16:34:19 Versió per imprimir

Nombre de registres trobats: 414