César Lorenzo Rubio: «Las cárceles son uno de esos lugares incómodos que preferiríamos ignorar»

 

Por Julián Vadillo

Cesar Lorenzo Rubio (Barcelona, 1978) es doctor en historia por la Universidad de Barcelona. Cárceles en llamas. El movimiento de presos sociales en la transición es el libro de su tesis doctoral. Especializado en cuestiones penitenciarias ha colaborado en la obra El siglo de los castigos. Prisión y formas carcelarias en la España del siglo XX, junto a varias artículos sobre los mismos temas.

¿Por qué un libro sobre los presos sociales en la Transición?

¿Por qué no antes? Durante tres décadas este tema ha quedado completamente olvidado y creo que le sobra entidad como para merecer un estudio en profundidad. Unos años atrás hubo un pequeño “boom” sobre las prisiones franquistas, pero la práctica totalidad de aquellas obras se centraban en los presos políticos de los años cuarenta. ¿Qué sucedió después? ¿Cómo evolucionaron las prisiones de Franco hasta convertirse en las prisiones de la democracia? Esa es la pregunta inicial que da pie al libro, y para responderla hay que explicar el papel central que tuvo el movimiento de presos sociales a finales de los años setenta y principios de los ochenta.

Últimamente están saliendo a la luz numerosos trabajos críticos del proceso denominado “Transición”. ¿Enmarcarías tu investigación dentro de este grupo?

Sin duda el libro está influenciado por otras obras críticas con el proceso, y si puede ayudar a reforzar esta visión, aportando nuevos argumentos, tanto mejor. Pero no es algo exclusivo de las Ciencias Sociales; a nivel de calle también se están cuestionando dogmas que hasta hace unos años parecían intocables. La cultura de la Transición (CT), como la ha llamado Guillem Martínez, se ha resquebrajado, y por sus grietas escapan las contradicciones y las miserias que el consenso, el miedo, o la autosatisfacción hacia un pasado que muchos consideraban idílico, habían ocultado. Las cárceles son uno de esos lugares incómodos que preferiríamos ignorar, pero una revisión de la Transición y de su legado debe cuestionarse el modelo sin dilación.

Has trabajado e investigado todo lo relativo al sistema penitenciario en aquellos años. ¿Hubo ruptura con el franquismo o el sistema penitenciario fue una mera continuación remozada del régimen franquista?

Hubo una reforma legal relativamente rápida y de considerables proporciones: si se compara el reglamento de prisiones franquista y ley penitenciaria de 1979, las diferencias son notables. Pero esta reforma no estuvo acompañada de los medios para ponerla en práctica y por ello quedó, en la mayoría de ámbitos, reducida a una declaración de intenciones. Todavía hoy, algunas de las mejoras que se introdujeron hace 35 años no se cumplen. Además, fue una reforma incompleta, porque se legisló la vida en prisión pero el Código Penal sólo se reformó de forma muy parcial, hasta que en 1995 se aprobó el llamado Código de la democracia. Y éste, paradójicamente, era más duro en cuanto al cumplimiento de penas que el anterior de época franquista. Y, por supuesto, tampoco hubo depuración de funcionarios. En definitiva, hubo ruptura legal en algunos aspectos, pero no real, en la mayoría; y en todo caso, se mantuvieron intactos los principios universales del encierro carcelario: la segregación del individuo de la sociedad, la opacidad informativa de lo que sucede dentro, el premio-castigo como sistema de regulación de la vida entre rejas, etc.

¿Cómo se podría definir la COPEL?

La Coordinadora de Presos en Lucha (Copel) fue el intento de agruparse de los presos sociales (los encarcelados por delitos de Derecho común) para reivindicar su posición tras las amnistías para presos políticos. Al ver que estas medidas no les beneficiaban, a finales de 1976 un grupo de presos de Carabanchel decidió crear una asociación de reclusos para defender sus derechos: la libertad para todos los encarcelados y una reforma drástica y radical del sistema penal y penitenciario.

¿Qué significó la Copel  para la lucha de los presos en aquellos años?

A pesar de que no fue una organización en sentido estricto (debido a la imposibilidad de estructurarla por los condicionantes a la comunicación), sus siglas y reivindicaciones se difundieron a la mayoría de prisiones, y su nombre está indisolublemente asociado a las protestas carcelarias de la Transición. Fueron apenas dos años, pero muy convulsos, en los que la Copel se convirtió en la portavoz de los presos sociales en su lucha contra la perpetuación del sistema penitenciario franquista. En sus momentos finales, cuando sus líderes estaban sometidos a un severo aislamiento y se había perdido toda esperanza de lograr la libertad, se acusó a la Copel de mafia al servicio de intereses particulares, y probablemente hubo algunos episodios de abusos e instrumentalización. Pero esos casos u otras contradicciones internas, no pueden hacernos obviar el mayor episodio de movilización colectiva entre rejas de la historia.

Aunque se habla de presos sociales muchos de ellos tenían un claro componente político en sus reivindicaciones. ¿En que manera pudieron influir los presos políticos en esa politización?

Durante los años finales de la dictadura los presos sociales habían convivido junto a militantes antifranquistas de todo tipo, y aunque las relaciones no eran demasiado fluidas, debido a la disparidad de perfiles entre un colectivo y otro, los presos sociales aprendieron mucho gracias a este contacto. De ellos observaron los métodos de organización (vida en comunas) y protesta (redacción de informes y cartas a la prensa, huelgas de hambre…); la vinculación con los grupos de apoyo en el exterior y, sobre todo, se dotaron de un lenguaje con una fuerte carga ideológica, que presentaba su lucha contra la cárcel dentro de la propuesta de ruptura democrática con el pasado. La politización que se daba en las calles también penetraba en las prisiones, y los presos sociales, a pesar de no militar en ninguna organización, no eran ajenos a ese clima de reivindicación a favor de la amnistía y las libertades.

Tiene alguna similitud la lucha de los presos en los años 70 y 80 con la que habían desarrollado en los años 20 y 30?

En los años 20 y 30 la represión al movimiento obrero, especialmente de signo anarquista, provocó que el conflicto social que se vivía en las calles se prolongase al interior de las cárceles. Y durante la II República se produjeron importantes protestas de presos comunes (o sociales) en demanda de libertad tras las amnistías para presos políticos. En este sentido, el paralelismo con los años setenta no son descabellados. Pero medio siglo después, se consiguió articular un discurso unitario y una coordinación –aunque precaria– que en los años treinta nunca se logró al mismo nivel.

¿Con que ideologías se sentía más vinculada organizaciones como la Copel o los presos sociales?

Fue especialmente notable la influencia y el apoyo del movimiento libertario, en línea con la histórica oposición a las prisiones de esta corriente de pensamiento. En la calle, la CNT y la gente que se movía a su alrededor constituyeron uno de los puntales del apoyo extramuros a los presos sociales, y de cancelas para dentro, no pocos militantes ácratas detenidos por distintas causas apoyaron las reivindicaciones de Copel.

¿Como Agustín Rueda? ¿Qué significó su muerte para la lucha de los presos y para la Copel?

Rueda era un joven libertario que fue detenido por participar de las acciones de los grupos autónomos que operaban en el sur de Francia. Desde su ingreso en prisión se posicionó a favor de las demandas de los presos sociales y participó junto a éstos en algunas acciones de protesta. En marzo de 1978, en Carabanchel, lo descubrieron cavando un túnel y por ello fue salvajemente torturado hasta que murió sin recibir la debida atención médica. Su muerte, que intentó ocultarse por parte de la Administración, se convirtió en todo un símbolo del estado de dejadez de las prisiones y la demostración incontestable del abuso de la mano dura entre rejas. Tanto la Copel como el movimiento libertario hicieron suya la pérdida e intentaron denunciar el hostigamiento que padecían, pero fue en vano.

¿Qué acciones hacían estos presos?

El repertorio de protestas empezó de forma pacífica, a base de sentadas o plantes en los patios y el envío de centenares de instancias dirigidas al Rey reclamando un indulto o una amnistía. Pero ante la falta de respuesta positiva y la dureza de los métodos empleados para lograr su desmovilización, también aumentó su grado de violencia. En este contexto se han de entender las ocupaciones de los tejados, el envío de manifiestos, las autolesiones colectivas (cortes en los antebrazos, ingestión de objetos metálicos…), las huelgas de hambre y, también, los motines en los que la destrucción de las celdas y los incendios no eran extraños. Los presos recurrieron a todo para dar a conocer su situación en el exterior.

¿Qué apoyos recibían desde fuera de los recintos penitenciarios?

En diversas ciudades se organizaron Comités de Apoyo a Copel: grupos, más bien informales, que editaban boletines y se manifestaban a las puertas de la prisión para mostrar su solidaridad. En estos colectivos, y otros como la Asociación de Familiares y Amigos de Presos y Ex Presos, se integraron abogados, trabajadores sociales y, en general, personas concienciadas sobre la situación de las prisiones y sus ocupantes. Ideológicamente predominaban las ideas libertarias, contrarias a todo tipo de instituciones de control (no sólo cárceles, también manicomios, cuarteles…), o de extrema izquierda, aunque hubo iniciativas reformistas –menos radicales que la Copel– más transversales. Numéricamente fueron pocos, pero jugaron un papel fundamental hacia el interior de los muros.

Háblanos un poco de la figura de Daniel Pont al frente de la COPEL

Pont era un joven preso por atraco que consiguió romper con el círculo vicioso de la marginalidad y dotarse de una fuerte conciencia sobre las circunstancias que lo habían llevado a prisión. Participó en la creación de la COPEL en Madrid y fue uno de sus miembros más destacados, lo que lo llevó a entrevistarse con el director general de Instituciones Penitenciarias en una visita de éste al penal de El Dueso. Fue uno de los pocos presos combativos que no acabó enganchado a las drogas, o muerto por disparos de la policía, a pesar de que se le intentó usar como cabeza de turco en un oscuro montaje policial años después.

¿Qué papel jugaron los directores generales de Instituciones Penitenciarias en el mantenimiento de las estructuras carcelarias? ¿Se hizo algo por modificarlas?

Los directores generales no eran más que la cabeza visible de una administración que había jugado un papel central en la represión durante la dictadura y que, salvo mínimos cambios, permanecía intacta. Por tanto, el nuevo talante democrático que pretendieron darle algunos de estos directores quedó muy diluido por la persistencia de una cultura del castigo, de raíz franquista, muy asentada. Las tímidas innovaciones en sentido aperturista que algunos propusieron, fueron rápidamente revocadas por las resistencias de los funcionarios a aplicarlas, así como por la negativa de los presos a rebajar sus demandas. Y junto a estas medidas liberalizadoras, también aplicaron otras destinadas a endurecer las condiciones de reclusión y evitar la proliferación de protestas.

Casi al final de la obra relatas como muchos presos se quejaban las diferencias de tratamiento a unos presos y otros. Para más detalle la benevolencia con la que se trataba a presos de la extrema derecha (como los asesinos de los abogados laboralistas de Atocha) o a los responsables del 23F. Algo que no era nuevo en la historia de España. ¿Puedes hablar brevemente de esto?

En 1979 diversos militantes de extrema derecha estaban recluidos en la cárcel de Ciudad Real, donde disfrutaban de un régimen enormemente laxo. Uno de los asesinos de la matanza de Atocha aprovechó esta libertad de movimientos para intentar escapar armado con un cuchillo de monte, y aunque no lo logró, retuvo durante horas al director de la prisión y a su familia, sin que se le aplicase apenas correctivo. Otro de los asesinos de los abogados laboralistas aprovechó un insólito permiso de Semana Santa para fugarse: primero a Perpignan y de allí al Chile de Pinochet. En este caso la Junta de Régimen de la prisión, con el beneplácito de la dirección general, informó favorablemente, y el juez de la Audiencia Nacional que antes había formado parte del Tribunal de Orden Público (TOP) franquista, lo autorizó, como ya había hecho antes con los acusados de los asesinatos de Montejurra. Estos hechos, y otros más, muestran la existencia de un doble rasero en el trato jurídico-penitenciario en función de la adscripción ideológica de los reclusos, y ponen de manifiesto la ausencia de depuración alguna de la magistratura o los aparatos de control del Estado.

¿Qué factores vieron a romper la lucha de los presos en la cárcel?

En primer lugar, el aislamiento de sus miembros más preparados y las restricciones a la comunicación, lo que provocó que en cada prisión los presos que se identificaban con la Copel actuaran por su cuenta, sin poder establecer tácticas comunes a otros cárceles. A ello se le unió la pérdida de toda posibilidad de excarcelación masiva, tras el fracaso de la propuesta de Ley de Indulto y la prohibición constitucional de indultos generales. Este hecho, junto a la implantación del tratamiento y la lógica punitivo-premial, o del palo y la zanahoria, que castigaba al que se revelaba y premiaba con permisos y progresión de grado al que obedecía, acabó por dar al traste con la unidad de acción. Y por último, aunque se trata de procesos de implantación paralelos y coetáneos en el tiempo, la extensión del consumo de drogas, particularmente heroína, que desmovilizó masivamente a los jóvenes (también en las calles) y en prisión enfrentó a los presos por el control de su venta.

¿Qué queda de la Copel hoy? ¿Existe en la actualidad algún grupo que luche por los derechos de los presos?

La Copel pertenece al pasado, sólo su recuerdo persiste entre las personas que vivieron el proceso más de cerca; para la mayoría, estas siglas carecen de significado. Desde entonces ha habido movilizaciones puntuales de presos entorno a demandas concretas (excarcelación de presos enfermos o con tres cuartas partes de la condena cumplida, abolición del régimen FIES, etc.), pero su alcance ha sido muy minoritario. Al margen de estos episodios, persiste la actividad –tal vez poco visible, pero fundamental– de diversas organizaciones que trabajan ofreciendo asesoramiento y denunciando los abusos del sistema penitenciario. Salhaketa, Madres contra la Droga, la Coordinadora de Barrios, Asociación PreSOS, Asociación Pro-Derechos Humanos de Andalucía, o ASAPA, entre muchas otras, constituyen el movimiento social anticarcelario actual, que tiene muy poco que ver con aquel de hace tres décadas, porque tampoco la prisión de entonces y la de ahora, tienen mucho que ver.

Para finalizar ¿Cómo definirías la cárcel?

La cárcel es un vertedero humano. Un inmenso depósito donde aislar los que consideramos subproductos de un sistema económico injusto y excluyente: personas pobres, enfermas mentales, migrantes y adictas a las drogas, que nunca encontrarán entre rejas el tratamiento a sus carencias económicas, sanitarias, educativas, afectivas, o de cualquier otro tipo. En España, este depósito es cada vez más grande y cada día es más fácil entrar y más difícil salir. Estamos a la cabeza de Europa occidental en número de encarcelados en función de nuestra población, y el horizonte de expansión sin límites del sistema penal bajo el signo del populismo, la demagogia y el sensacionalismo más descarnado no augura una mejora a corto plazo, todo lo contrario.

 

Entrevista publicada en Diagonal digital el 17/01/2014

 

 

  Cárceles en llamas


17/01/2014 15:46:31 Versió per imprimir

Jaron Rowan: «Hay que pensar en una economía mucho más compleja que los dineros que entran y salen de la cultura»

 

 

Jaron Rowan habla en el programa Mnemos de Radio Almenara de la historia y la actual crisis de la industria cultural, realizando una lectura crítica y conflictiva del concepto. Para Rowan, la economía relacionada con la cultura no puede reducirse a sus aspectos monetarios sino a la riqueza y la complejidad social y cultural que se mueve en torno a la creación, el pensamiento o la investigación.

 

 

 

  La tragedia del copyright


17/01/2014 12:55:43 Versió per imprimir

Egipte: pa, llibertat i justícia social

Per Marc Almodóvar

Segons que publicava recentment el setmanari liberal britànic The Economist, enguany un 42% de la població mundial és cridada a les urnes. Vora cinquanta grups nacionals o regionals convoquen eleccions. La majoria (27) són legislatives, 17 són presidencials i 4 tenen forma de referèndum, en un calendari que tanca la convocatòria del Principat de Catalunya. Un calendari que no fa sinó demostrar que el sil·logisme simplista eleccions-democràcia és molt allunyat de la realitat plausible a tot el planeta.

De fet, el calendari del 2014 el va obrir recentment Bangladeix en un clima de forta tensió, topades violentes i les crides al boicot de l'oposició. La segona cita amb les urnes d'aquest 2014 és a Egipte, on avui i demà poc menys de cinquanta-tres milions i mig de ciutadans són convocats a referendar l'esborrany constitucional. Un esborrany redactat per un comitè de cinquanta persones elegides pel govern interí sorgit de la deposició militar del president islamista Mohamed Mursi, el juliol passat.

El referèndum es fa en un clima viciat d'enorme exaltació militar i crides a la seguretat nacional. No hi ha debat sobre el text i tota discussió pública gira entorn d'una kafkiana dicotomia terrorisme-seguretat. Malgrat que segons una enquesta recent tan sols un 5% de la població admetia haver llegit el text, un 74% dels enquestats no tenien problema a afirmar que de tota manera l'aprovarien. Els Germans Musulmans, ja considerats oficialment pel govern un grup terrorista, criden al boicot mentre les forces que demanen el rebuig al text denuncien assetjament. Set activistes van ser detinguts recentment perquè feien campanya contra el text constitucional mentre el governador de la Vall Nova no tenia problema a afirmar a la premsa que detindria tothom qui fes campanya contrària. A una dotzena d'organitzacions egípcies la Comissió Electoral els ha retirat el permís de seguiment de la votació, acusades de formar part de l'entramat de la germandat. I el Centre Carter, especialitzat a supervisar votacions internacionals, ha denunciat enormes restriccions per a fer la seva feina. De fet, tan sols un centenar d'observadors internacionals ha rebut acreditació oficial per a cobrir més de 352 circumscripcions electorals i 30.000 centres de vot.

Egipte passa per les urnes per cinquena vegada des del febrer del 2011, quan fou deposat el rais Hosni Mubàrak, després de les mobilitzacions multitudinàries al país i l'ocupació de la plaça Tahrir del Caire. De fet, tot just fa un any que els egipcis ja van ésser cridats precisament a aprovar el text constitucional que llavors presentava un altre comitè, aquell de majoria islamista, i que va ésser referendat per un 63,83% de la població. Però les tornes es van girar a l'estiu amb les grans mobilitzacions populars que exigien la caiguda del president Mursi i el 'putsch' militar del general Abd el-Fatah el-Sisi, que posava fi a la curta i fracassada experiència d'un any al poder de la històrica institució dels Germans Musulmans.

Si fa un any el comitè que va redactar la constitució aprovada a les urnes va ésser acusat d'estar sota el monopoli de les forces islamistes i de no reflectir la pluralitat de la societat egípcia, l'actual comitè simplement ha eludit l'existència d'aquestes forces islamistes i no ha comptat ni amb un sol membre de la formació que, malgrat perdre popularitat exponencialment, havia estat proclamada vencedora de totes les eleccions d'ençà de la caiguda de Mubàrak. Si fa un any les forces islamistes eren acusades de fer xantatge i d'afirmar que dir no al text era dir sí al diable, ara els mitjans no paren de repetir que rebutjar el text és obrir la porta al terrorisme, és a dir, als Germans Musulmans convertits en el nou Satan polític del país. Si abans es votava per Al·là, ara es vota pel general Abd el-Fatah el-Sisi, que flirteja amb la idea de presentar-se a les eleccions presidencials i que fa que la premsa i la televisió plantegin la consulta com un plebiscit al capitost militar. La república dels militars, si és que mai havia semblat que perdia corda, és més forta i present que mai.El nou text en manté els privilegis intactes: opacitat i no-supervisió del pressupost militar, control militar del càrrec de ministre de Defensa i fins i tot manteniment dels judicis militars a la població civil. No és que res d'això sigui nou. Tot això era ja present a la constitució dels Germans Musulmans del 2013.I, de fet, aquí hi ha la clau de tot plegat i que miro d'exposar àmpliament en el llibre 'Egipte rere la barricada' (Virus). Poc abans de la caiguda del rais Mubàrak, i preveient-la, islamistes i militars van segellar un pacte de ferro: es tractava de transformar l'ímpetu revolucionari popular, que reclamava canvis estructurals al crit de 'pa, llibertat i justícia social', i convertir-lo en un simple procés de transició política sense gaires sotracs. Així és com els Germans Musulmans i l'exèrcit van encapçalar el primer referèndum de reforma constitucional, el març del 2011, que va marcar el full de ruta del procés de transició. Un pacte avalat per Washington, que no volia més sotracs a la zona, i que convenia tant a uns Germans Musulmans que tan sols aspiraven a tenir cada vegada més ambicioses quotes de poder com a uns militars que tenien por que la força popular pogués posar fi a més pilars de l'estat que controlaven amb mà de ferro des de feia dècades. Al cap i a la fi, quant a les polítiques estructurals tant econòmiques com socials, els punts de vista no eren gaire divergents, com ho demostra el text constitucional mateix, eminentment continuista, o el manteniment dels programes econòmics del govern, que continua anant al dictat de l'FMI. El president Mursi, convençut d'haver atorgat als militars tot allò que li demanaven i tenir-los així sota control, va errar el càlcul, va actuar amb prepotència i despotisme i va passar per alt factors clau de l'estructura política egípcia. Va tocar allò que no havia de tocar i l'exèrcit, al cor de l'antic règim, va aprofitar la millor oportunitat per tornar el cop als islamistes i recuperar tot el poder.

Tres anys després, les urnes no han solucionat a Egipte allò que els carrers reclamaven amb força i determinació aquell gener del 2011. Probablement el principal error ha estat la impaciència i voler precipitar el procés en les aparences electorals abans que afermar els fonaments reformistes. Com sempre, hi ha hagut interessos que han prevalgut. Però, malgrat que els responsables polítics no ho vulguin veure, mentre continuïn sense atendre's les demandes desesperades de la població els carrers no es podran pacificar del tot i es correrà el risc de viure periòdiques insurreccions populars. Egipte segurament aprovarà aquesta constitució, però pot quedar fàcilment en paper mullat si no s'atén el crit de les masses. Pa, llibertat i justícia social.

 

Article publicat a Vilaweb el 14/01/2014

 

 

  Egipte rere la barricada


14/01/2014 15:38:21 Versió per imprimir

Presos a la calle, políticos también *

Por Mario Ortiz

(*) Irónica soflama libertaria de la llamada Transición

Cárceles en llamas recorre la Transición de la mano de la COPEL (Coordinadora de Presos en Lucha), la organización de presos sociales más significativa de la historia penitenciaria española. Forma parte de la tesis doctoral de César Lorenzo Rubio, que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado de la UB en 2011.

Con mano diestra, nos conduce por los tortuosos caminos de esta organización en el ya de por sí confuso y abigarrado paisaje de la Transición. Una historia densa y prolija en la que destaca la etapa que va desde la semana negra de enero de 1977 hasta los asesinatos de Agustín Rueda (preso libertario) en la prisión de Carabanchel y Jesús Haddad (Director General de Instituciones Penitenciarias) en Madrid, el 14 y 22 de marzo de 1978 respectivamente.

La lucha de COPEL es una escalada de acción reacción, de  plataformas reivindicativas, huelgas de hambre y motines, de talegos arrasados, incendios, túneles y fugas, de portadas periodísticas, tejados, ingestas de objetos metálicos y autolesiones, de palizas brutales, cundas y celdas de castigo, de boqueras fascistas y chotas, de negociar de día y cavar de noche. Y, sin embargo, las reivindicaciones de la COPEL eran, en su mayoría, meras reformas de un régimen penitenciario de rigor medieval.

Hasta ahora, las soluciones de nuestra democracia para los presos «revoltosos» han sido las cárceles de alta seguridad, el aislamiento extremo (tortura sin sangre) y el infame régimen FIES (Fichero de Internos de Especial Seguimiento). España es número uno en Europa Occidental en presos y cárceles. Cataluña tenía, a fecha del 8 de febrero del 2013, la friolera de 10.034 reclusos, cuando en España, la población total en 1975 era de 8.840. Estos datos deberían hacernos reflexionar.

En fin -disculpen la disgresión- un libro imprescindible. Un trabajo exhaustivo y riguroso que nos revela la, sin duda, historia más dura y legendaria de nuestra -mal llamada- transición.

 

Reseña publicada en La Veu del Carrer n.º 130, diciembre de 2013

 

 

 

  Cárceles en llamas


10/01/2014 16:34:19 Versió per imprimir

La cosa llibertària

 

per Guillem Martínez

«Tot i ser un llibre ben armat (...), no amagava que era redactat des de l'àmplia classe de Vichy català, és a dir, el col·laboracionisme de les classes autòctones amb la dictadura de caràcter feixista (...). I en aquest sentit, com a bon representant d'una burgesia que havia passat dècades implorant a l'Estat que reprimís la majoria social d'obrers i camperols amb pulsions igualitàries, tractava de deslegitimar-los minimitzant el seu paper històric o atorgant-los un paper secundari».

Aquesta cita, que al·ludeix a Noticia històrica, de Vicens Vives, apareix al colofó de L'anarquisme fet diferencial català, i explica el sentit d'aquest petit llibre, que està tenint certa repercussió: explicar altres eixos de la història de Catalunya, sense recórrer a la Matrix catalana, aquell filtre amb elements del Noucentisme i aportacions de Vives -com el bon fabricant de rousseau- que dibuixa l'autopercepció social del fet català des dels vuitanta, un oasi 2.0 ple de civilitat, amb esporàdics i ja superats atacs de rauxa perpetrats pels espanyols o per una colla de murcians que no volen integrar-se en aquesta regió de Grècia. 

Xavier die explica la vinculació entre l'anarquisme i Catalunya -una relació única al món en la seva precocitat i en la seva culminació. i la situa lluny, en un caràcter col·lectiu antiautoritari, que explicaria el fet que Catalunya sigui des de l'edat mitjana la societat europea amb més revoltes.

El llibre és un recorregut per aquests fets de rebel·lia, per revoltes, per l'enfrontament amb l'absolutisme, pel descobriment dels corrents menys autoritaris del socialisme, del federalisme, de l'internacionalisme, fins al naixement de la CNT i el seu extermini en el franquisme i la Transició. Posteriorment, en tres capítols, organitza l'exposició d'aquesta mena de caràcter a partir dels valors de la llibertat, igualtat i fraternitat. Què en queda, de tot aixó? En un darrer capítol, valora el futur d'aquesta tradició. La veu vigorosa. En el mateix sentit que Torres i Bages unia inexorablement el catolicisme i la catalanitat. Darrerament, però aquesta tradició autòctona antiautoritària està vivint un moment dolç i relaxat en el gènere de l'assaig, amb llibres certaments interessants. Un és el llibre d'Antonio Baños La rebel·lió catalana. Tràiler: «Deslliurar-nos del bipartidisme PPSOE, de la Zarzuela i els seus zoològics bípedes i quadrípedes. Trencar una constitució que fia als militars la decisió última sobre com hem de viure. Acabar amb un model productiu d'oligopoli i de confabulació castissa. Són temes de la rebel·lió catalana que no poden deixar indiferents els espanyols de bona fe. Qui vulgui engegar un procés constituent a la península  ha d'estar amb els catalans. I nosaltres amb ells. La independència entesa no com a separació sinó com a refundació de relacions entre territoris i nacions es troba tant a les formes com en l'esperit col·lectiu de la rebel·lió. Marxem, sí, marxem del Regne podrit i fem la nostra. Però no deixem de banda els germans, la família que també malda per deslliurar-se de La Indisoluble Imperial».

Baños, periodista original en una cultura que fa 35 anys que penalitza l'originalitat i pondera els blocs, és un pensador llibertari singular, que ha escrit dos llibres sobre economia (La economía no existe i Posteconomía, Libros del Lince). La seva Rebel·ió catalana, un llibre àgil, fresc, ràpid, és la seva lectura de la transició catalana. Aposta per la rebel·lió, pel fet que una República catalana és també la possibilitat d'horitzontalitzar la societat, de canviar les elits, de reduir l'autoritat.

 

Ressenya publicada a El País el 28/11/2013

 

 

  L'Anarquisme fet diferencial català


08/01/2014 13:20:22 Versió per imprimir

La memoria colectiva como herramienta militante

Por Paco Marcellán

P. López Sánchez, Rastros de rostros en un prado rojo ( y negro). Las casas baratas de Can Tunis en la revolución social de los años treinta. Colección memoria. Editorial Virus. Barcelona 2013.

Las Casas Baratas del Prat Vermell (Can Tunis) fueron levantadas en 1929 en el marco de la llamada Exposición Internacional de Barcelona con el fin de "dorar" una imagen urbana que perdía su "esplendor imaginario" con la presencia de "tugurios de hojalata y mal ajustada madera" en las faldas de la emblemática montaña de Montjuïc, idea que posteriormente ha sido mantenida en todo evento/fasto con proyección internacional a lo largo de la geografía ibérica (Expo-Sevilla, Olimpiada-Barcelona, entre otros) y en la que, como en el caso tratado en este libro, han aflorado los intereses urbanísticos de los depredadores del ladrillo y la corrupción de los políticos involucrados en esa pretendida "marca España". Pero no hay que olvidar que durante el franquismo, en sintonía con la filosofía caritativa de la Dictadura de Primo de Rivera, las  llamadas "casas baratas", en el marco del Instituto Nacional de la Vivienda, constituyeron un instrumento de "guetización" y control espacial de la clase trabajadora por parte del régimen a la vez que pretendía mostrar su "rostro humano".

El libro de López Sánchez va más allá de la crónica social (evolución del espacio urbano, deficiencias infraestructurales, relaciones internas comunitarias, conflictos de clase) y constituye un magnífico ejercicio de reflexión sobre la memoria colectiva de un núcleo urbano en el contexto no solo de los años treinta (lucha sindical, revolución social, construcción colectiva de espacios vitales) sino también de la larga noche de piedra del franquismo (represión policial, auto-organización obrera, exilios interiores y exteriores, miedo, escasez y marginación) cuya finalización no ha servido para un análisis colectivo corrector para el futuro sino que se ha instalado en la desmemoria consciente para no levantar "ampollas" entre los protagonistas hegemónicos de la dictadura franquista. Una historia social basada en testimonios del pasado, con una exhaustiva labor de investigación documental, pero también con la memoria de los habitantes de Can Tunis, hijos e hijas de aquellos que intentaron llevar un mundo nuevo en sus corazones. La miseria del franquismo pero también de la Transición originó en muchos de ellos una "vergüenza" y miedo por el "qué dirán", asumiendo en muchos casos el pasar "página", fenómeno que constituyó uno de los mantras persistentes de ese momento histórico. La reflexión del autor sobre las dificultades inherentes a conseguir con sus interlocutores una fluidez en el discurso a lo largo de sus entrevistas personales es un testimonio evidente de estos rescoldos.

Resulta emocionante la lectura de "Ellos y Ellas: retales de unas vidas" (Capítulo 21), que comprende esbozos biográficos de algunos de los protagonistas de este impactante relato cuya finalidad explicita el autor indicando que "por ellos y ellas y su mundo igualitario-mal enterrados en las fosas comunes del olvido-, procurando  que no se prolonguen las secuelas de la derrota mediante la ignorancia o la denigración, se cuenta su historia para que la memoria compartida pueda seguir entre nosotros viva y activa". Una cuidada edición con reproducciones documentales y fotográficas da un valor añadido a un exhaustivo análisis.

Querría añadir dos apuntes más a mis comentarios sobre un libro que me parece imprescindible.

El primero de ellos está relacionado con la intrahistoria y elaboración de esta obra y que se refleja en los capítulos 4 (¿Qué haces?) y 8 (A trancas y barrancas) donde aparece la propia pasión del autor inmerso en una dura y seductora tarea de investigación social cuya contrapartida "académica" se ve reflejada en una conversación con una compañera suya de departamento universitario. Esta le espeta "que aquello que no circula por los canales de rigor no existe, no cuenta, no sirve para nada". Es un claro reflejo de la consideración del valor de uso claramente mercantil de una investigación aherrojada, siguiendo pautas canónicas, destinada a la auto-acumulación de méritos dudosos, que contribuye a creación de una historia oficial y oficializada en la que desaparece el protagonismo de los de "abajo" en base a recalcar el de los de" arriba" y que se sustenta en el anonimato de los primeros por esa elección de los historiadores "formales" a favor de una justificación pretendidamente científica basada en la visión hegemónica del Poder.

La coherencia entre la actividad militante del autor y su ejercicio de reflexión sobre el pasado conectan con mi segundo apunte relacionado con el prólogo de Tomás Ibáñez que tiene el estimulante título "La muerte  nunca vence a la primera". Resalta Tomás que "Luego el tiempo hizo su trabajo, las brasas que había dejado la Revolución fueron perdiendo poco a poco su intensidad hasta que la mirada no alcanzara a ver más que cenizas. Este libro es un claro testimonio de que aún no se ha apagado del todo, de que el tiempo de la segunda  y definitiva muerte aún no ha llegado ... sino también porque resulta ser, en su materialidad, un efecto vigente de la gesta revolucionaria de los años treinta. La segunda muerte, la definitiva, deberá esperar  y permanecer pacientemente al acecho mientras haya quien no solo se esfuerce por estirar del hilo rojo y negro para conocer y dar a conocer aquella insurrección, sino que lo haga, además, porque aquella gesta aún ejerce efectos, hoy sobre su sensibilidad y su quehacer". El impacto de esta historia en el presente con concluye con unas  certeras palabras que no me resisto a reproducir:

"Rastros de rostros en un  prado rojo (y negro) nos enseña  que aquellas brasas  aún producen efectos y que cualquier día, si los vientos son favorables, pueden volver a incendiar el horizonte ...  pero mientras  aquella gesta perviva  en nuestra sensibilidad política  sólo dependerá de nosotros  que crezca algún día como lo hacen a veces los torrentes bajo la tormenta".

Recomiendo leer  este libro, compartir con otros y otras  las vivencias y las ideas que despierta y sobre todo, animar a mantener las brasas de una historia colectiva que no debemos dejar desaparecer.

 

Reseña publicada en Libre Pensamiento n.º 76

 

 

  Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)

 


04/12/2013 12:11:37 Versió per imprimir

PRÓXIMAMENTE

Teoría e historia de la revolución noviolenta

Ya está en máquinas nuestro próximo título: Teoría e historia de la revolución noviolenta, de Jesús Castañar. Una rigurosa síntesis de los planteamientos y las prácticas noviolentas asociadas a los movimientos emancipatorios.

Las discusiones entre la izquierda revolucionaria sobre la legitimidad del uso de la violencia y sobre la eficacia de las estrategias noviolentas atraviesan toda la historia del movimiento obrero y de los movimientos sociales.

En el Estado español esa discusión se vio renovada y potenciada con la irrupción de un potente movimiento antimilitarista y la campaña de insumisión, en los años ochenta y noventa.

La capacidad de movilización,  así como  la creatividad y originalidad de sus acciones ayudaron a renovar por completo las herramientas de acción y agitación de los movimientos sociales, y su legado sigue estando muy presente en las movilizaciones del 15M, las diferentes campañas por la sanidad y la educación públicas, y, especialmente, en las acciones de la PAH.

A pesar de las discusiones que sigue provocando la noviolencia entre sus partidarios y detractores, pocos conocen el intrincado camino que han seguido las ideas de la noviolencia, y las diferentes corrientes de las que ha bebido y que se han ido fraguando a partir de las experiencias históricas y las discusiones teóricas de múltiples protagonistas.

Detrás del concepto de noviolencia se esconde una riquísima tradición teórica, que abarca desde corrientes que la entienden como un todo (corriente holista), sobre la base de concepciones filosóficas y/o religiosas, hasta corrientes que la entienden como una praxis integral político-social, de carácter revolucionario, de influencia principalmente anarquista, pasando por aquellas que apuestan por razones meramente pragmáticas por la acción noviolenta para el cambio político.

El presente libro nos hace partícipes de las discusiones y discrepancias existentes entre las corrientes defensoras de la noviolencia, a la hora de definir qué se entiende por acción noviolenta y cuáles son sus límites (el sabotaje o destrucción de bienes, la presión psicológica o la coacción, la violencia a nivel simbólico...), y nos presenta la noviolencia como una herramienta eficaz de la que se han apropiado numerosos movimientos políticos a lo largo de la historia, sin declararse noviolentos y sin renunciar a otras formas de lucha.

 

Ficha


02/12/2013 18:02:18 Versió per imprimir

El sueño igualitario: la utopía concreta de las periferias

 

Por Pere López Sánchez

Hay bar­rios, peda­zos, de las ciu­dades que no cuen­tan. Al no estar en el mapa de la emprende­dora com­pet­i­tivi­dad mejor no mirar­los, y si su pasado, su pat­ri­mo­nio, no se presta a la bal­anza de los ben­efi­cios en boga mejor negar­les su legado. Nada de geografía ni his­to­ria para ellos. Si acaso se les puede glosar como ter­ri­to­rios donde crecieron y se mar­chi­taron las flo­res del mal. Es el des­tino de las ale­jadas per­ife­rias de los nadie y ningunea­dos. Su mar­ginación es, sin embargo, expec­tante. En algún momento, amparada en algún acon­tec­imiento o empu­jada por el pro­ceso «de destruc­ción cre­ativa», puede apare­cer cualquier med­i­c­ina social prodiga en enmen­dar los estrop­i­cios del «desar­rollo geográ­fico desigual» o dis­puesta a cal­mar los estal­li­dos de alarma social.

Ocur­rió así en 1929. Por una Exposi­ción Inter­na­cional, se dis­puso que en la mon­taña de Mon­tjuïc se con­struy­eran, para enno­ble­cer la Gran Barcelona, pala­cios y pabel­lones, paseos, jar­dines y fuentes. A la par, era el con­tra­punto, se pro­cedió a la destruc­ción de la bar­racópo­lis que por aquel sec­tor se expandía. En las pági­nas de la prensa obr­era de la época ya se escribía que aquel «acon­tec­imiento fue el fac­tor deci­sivo para que fueran der­rib­adas aque­l­las bar­ra­cas (tugu­rios de hojalata y mal ajus­tada madera incrus­ta­dos en plena rampa mon­tañosa), por con­sti­tuir éstas un lunar o un bor­rón den­tro de la espec­tac­u­lar­i­dad opu­lenta del bril­lante certamen».

De la proyec­ción de aque­l­las Casas Baratas se encargó un Patronato de la Habitación de Barcelona en cuya junta, nada bené­fica, y pre­si­dida por el gob­er­nador civil y comis­ario regio Joaquín Milans del Bosch, con­cur­rían rep­re­sen­tantes de las dis­tin­tas admin­is­tra­ciones y de las insti­tu­ciones económi­cas y sociales. De la gestión se encargó la empresa Fomento de la Vivienda Pop­u­lar SA, con­sti­tu­ida —aun con ese nom­bre— prin­ci­pal­mente por ban­queros. Las obras cor­rieron a cargo de otro Fomento, el de Con­struc­ciones y Con­tratas. De aque­l­los nego­cios, que se han alardeado como ante­sala de la política munic­i­pal en mate­ria de vivienda, tam­bién se ben­e­fi­cia­ron las propi­etarias de los solares.

En Ras­tros de ros­tros, sin embargo, se ha tratado de seguir la estela de quienes dieron vida a las Casas Baratas de Can Tunis. Sus moradores aunque fueran tilda­dos —estigma­ti­za­dos— de «jor­naleros, inmi­grantes y anal­fa­betos» (o incluso, de “obreros, anar­quis­tas y pis­toleros”), se destac­aron por cul­ti­var en el día a día la lucha por la «mejora mate­r­ial y moral» mien­tras alum­bra­ban su sueño igual­i­tario de la eman­ci­pación. Ellas y ellos, como otros en pare­ci­dos para­jes en situa­ciones y condi­ciones sim­i­lares, fueron los pro­tag­o­nistas del mon­tón que der­ro­taron, primero, a un golpe mil­i­tar y después, rau­dos, se pusieron a fae­nar por la rev­olu­ción social. Suya fue aque­lla utopía conc­reta que parece que no exis­tió —dijeron y siguen diciendo algunos, por más que sean tiem­pos de la denom­i­nada «recu­peración de la memo­ria histórica»—pero que marcó el cal­en­dario de aque­l­los años.

Las gentes de aque­lla bar­ri­ada esta­ban muy lejos de la ciu­dad de los prodi­gios. En aque­l­las casas que «de baratas no tenían nada» el «cuadro era des­gar­rador», decían, y lle­va­dos por sus «ansias de eman­ci­pación y de reivin­di­cación», pronto deci­dieron con­sti­tuir su «Ate­neo Cul­tural de Defensa Obr­era». Lo hicieron el domingo 4 de mayo de 1930, y al mes tam­bién pusieron en fun­cionamiento una sucur­sal de la CNT. Al cabo de un año declararon una huelga de alquil­eres. El encono y duración de la huelga topó, como era de esperar, con la habit­ual repre­sión. Se mul­ti­pli­caron las deman­das y eje­cu­ciones de desahu­cio, se sus­pendieron mítines y asam­bleas, se pro­cedió a deten­ciones guber­na­ti­vas, se cortó el sum­in­istro del agua, se quitaron con­ta­dores de la luz, y padecieron —en dos oca­siones— el asalto poli­cial de la bar­ri­ada. Tam­bién se sig­nifi­caron por su com­pro­miso con la Orga­ni­zación San­i­taria Obr­era —una mutua que con­taba ya con la espe­cial­i­dad de med­i­c­ina natur­ista y home­opatía—. Fueron igual­mente pro­tag­o­nistas de otras muchas luchas en el ter­reno laboral.

Con aquel bagaje a cues­tas par­tic­i­paron acti­va­mente en los acon­tec­imien­tos que se des­en­ca­denaron a par­tir del 19 de julio de 1936. En la bar­ri­ada for­maron su pro­pio Comité Rev­olu­cionario y desde él se entre­garon a las colec­tiviza­ciones: la agrí­cola, la de abas­tos y a la Admin­is­tración Pop­u­lar Urbana y a las de la indus­tria del entorno que cam­biaron la vida del vecin­dario. Tam­bién mar­charon al frente de Aragón como mili­cianos y mili­cianas en las colum­nas confederales.

Después vino la der­rota: la larga y silen­ci­ada noche negra de los ven­ci­dos entre los ven­ci­dos. Estamp­ida al sin futuro en tierra de nadie, sup­li­cios carce­lar­ios aquí y allá, pelo­tones de fusil­amiento, cam­pos de con­cen­tración, cre­ma­to­rios en los cam­pos de exter­minio nazis, cas­ti­gos en los gulags… Ni aun así rene­garon ni se doble­garon. Algunos, con la cabeza bien alta, prosigu­ieron su andadura insum­isa y se man­tu­vieron activos en la brega social.

¿His­to­ria del pasado? Aque­l­los hom­bres y mujeres sin renom­bre, aso­cián­dose direc­ta­mente, plan­taron cara a la explotación que padecían, pararon desahu­cios, se enfrentaron a «la cri­sis de tra­bajo, la carestía de la vivienda, el alza escan­dalosa y crim­i­nal de las sub­sis­ten­cias y el vestido». Pero tam­bién, al mismo tiempo, empa­pa­dos de su cul­tura obr­era y lib­er­taria lle­varon a la prác­tica expe­ri­en­cias de sociedad alter­na­tiva. Sus ras­tros, quizás, nos val­gan para nue­stro pre­sente que a ratos se parece demasi­ado a su ayer.

 

Artículo publicado en GeocritiQ, el 15/10/2013

 

 

  Rastros de rostros


02/12/2013 10:57:07 Versió per imprimir

escribir la historia desde abajo, oponiéndose al rebaño de los que la escriben desde arriba

Por AMF

El libro que publicado por Virus editorial, a cargo de Pere López Sánchez, es mucho más que el enésimo estudio relacionado con la Revolución libertaria de julio del 36. Su título — Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)— anuncia claramente los planteamientos.

Rastros: no se trata de una historia cerrada, con verdades incontrovertibles; a lo sumo, el balance de unas larguísimas investigaciones en torno a un pasado que el tiempo — y la mala leche — están borrando

Rostros:los protagonistas no son héroes ni prohombres; son «hijos del pueblo»; sus apellidos no los conoce la Historia con H mayúscula.

Prado rojo (o Prat vermell): no se pretende abarcar el estado, el país o la ciudad; basta con una parte de un barrio —las Casas baratas de Can Tunis—, basta con el diminuto espacio donde se vive, donde se trabaja, donde se goza y se sufre, donde se fragua la conciencia social.

Rojo (y negro: proletaria y libertaria fue la revolución porque proletarios y libertarios fueron los que la hicieron el paréntesis — rojo (y negro) — sugiere cierta distancia con la llana admiración a lo «rojinegro»; también alude a la leyenda de un barrio «peligroso» que a algunos se les antoja negra.

Ya se ve, Pere López Sánchez ha elegido un camino difícil: escribir la historia desde abajo, oponiéndose al rebaño de los enterados que la escriben desde arriba. Y eso no solo se entiende porque los que el autor arranca de las fosas del olvido eran personas humildes: los que escriben desde arriba suelen considerar a los de abajo con cierta condescendencia…

 

 

  Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)


25/11/2013 11:51:14 Versió per imprimir

Quan els presos vivien com bèsties

Per Sílvia Marimon

La mort de Rafael Sánchez Milla, àlies el Habichuela , a la presó Model de Barcelona, el 19 d'octubre del 1975, va encendre el primer gran motí de la Transició. Segons el metge de la presó, Sánchez tenia hemorràgies i hematomes al cap i a la cara. Va morir, segons el comunicat mèdic, d'un col·lapse cardiovascular. Un pres va explicar als seus companys que el funcionari implicat en la seva mort, al pati, es petava de riure i explicava acudits. La indignació es va convertir en protesta. Hi va haver crits, amenaces i agressions amb pals; es van llançar objectes de tota mena, i es va exhibir una pancarta feta amb un llençol: "Que venga el gobernador y la prensa ".

La resposta de la policia va ser contundent: nombrosos presos van acabar a la infermeria i molts en cel·les d'aïllament. Alguns es van declarar en vaga de fam i d'higiene -s'orinaven al mig de la cel·la-. Aquest motí seria el primer de molts. Entre el 1976 i el 1978, els primers anys de la Transició, hi va haver un centenar d'amotinaments a les presons espanyoles. Algunes galeries de presos van ser incendiades i pràcticament arrasades. Els presos s'autolesionaven de manera col·lectiva amb talls als braços i a l'abdomen, o feien vagues de fam. Hi va haver morts i molts ferits.

Els presos estaven desesperats. Ho explica amb tot detall, i després de vuit anys d'investigació, l'historiador César Lorenzo Rubio a Cárceles en llamas. El movimiento de presos sociales en la Transición (Virus Editorial). Lorenzo està convençut que la història ha passat de puntetes per aquest capítol. "És un tema incòmode. Ens hem desentès de les presons", diu.

Un greuge amb els amnistiats

Amb la mort de Franco i l'amnistia als presos polítics, molts dels que estaven tancats per delictes comuns, perseguits i jutjats per lleis i tribunals dictatorials, van reivindicar també la seva llibertat. Tenien un sentiment de greuge: hi havia un canvi de règim, però s'havien oblidat d'ells. "Van començar de manera pacifista, amb manifestos i centenars d'instàncies, però ningú els va escoltar", explica Lorenzo. Per fer-se visibles van pujar a les teulades i van ocupar els patis. "Els van fer fora a cops de pilotes de goma, van traslladar els més actius i a molts els van castigar", resum Lorenzo. La violència va anar en augment. Hi havia molta ràbia acumulada.

"La situació a les presons era terrible. A Carabanchel havien de treure les escombraries amb una pala excavadora perquè les deixalles s'havien acumulat durant setmanes", detalla Lorenzo. La descripció que feia el senador socialista Rogelio Barrios, després d'una visita al penal d'Ocaña, el desembre del 1977, era colpidora: "Els presos viuen com bèsties". I detallava: "Si abans era inhabitable, ara és el més brut, pestilent i desagradable que es pot imaginar". Barrios reproduïa el text d'una làpida del penal: " S i se visitasen los establecimientos penales de los distintos países y se comparasen sus sistemas y los nuestros, puedo aseguraros sin temor a equivocarme que no se encontraría régimen tan justo, católico y humano (Francisco Franco) ".

El gener del 1977 es va crear la Coordinadora de Presos Españoles en Lucha (COPEL). "La nostra lluita ha de sortir al carrer com una lluita social, contra la injustícia manifesta d'un règim brutal, que ha creat les bases socioeconòmiques de la desigualtat contra la qual ens rebel·lem", deia un dels seus primers manifestos.

La devastació de l'heroïna

El moviment va tenir una vida efímera. L'heroïna, que va entrar amb força i amb sospitosa facilitat a les presons, va devastar la majoria dels seus membres. Per acabar amb la COPEL, es va aplicar la política d'aïllar els líders més importants i la repressió física. Quan el 18 de juliol del 1977 els presos van amotinar-se a Carabanchel en demanda de llibertat i reformes profundes, la policia hi va respondre amb antiavalots, un helicòpter i dinamita.

Sigui com sigui, les mobilitzacions a les presons van aconseguir que el tema penitenciari passés a ser prioritari. Va ser tanta la tensió i la violència, que la primera llei orgànica que va aprovar el nou govern democràtic va ser la llei penitenciària. El canvi legislatiu, però, va trigar anys a notar-se: "Els funcionaris de les presons es van formar sota la dictadura. Hi havia un sentiment molt estès que el millor era la mà dura, que als presos se'ls havia de respondre amb el garrot", lamenta Rodríguez. "El tarannà de la vella guàrdia del funcionariat es va demostrar amb la mort a cops de porra d'Agustín Rueda, un jove anarquista de Sallent simpatitzant de la COPEL, el 14 de març del 1978", afegeix Lorenzo.

La COPEL va desaparèixer el 1979, però van continuar els motins i les vagues de fam. "Decapitat el moviment, era una violència sense un propòsit definit, sovint liderada pels que controlaven el mercat de la droga", opina Lorenzo. L'historiador creu que l'objectiu de la llei penitenciària, que havia de reformar de dalt a baix les presons, més de 30 anys després només s'ha aconseguit parcialment. No creu que els presos tornin a pujar a les teulades: "En aquell moment, molts parlamentaris havien compartit galeria amb els que protestaven, i el canvi de règim polític va facilitar l'expressió pública de les queixes. Les condicions també eren terribles", argumenta l'historiador. "Amb els anys no s'han escatimat recursos en mecanismes de seguretat i vigilància, que fan molt difícil una protesta que vagi més enllà de la vaga de fam o l'autolesió", resumeix.

 

Reportatge publicat al diari Ara el 25/11/2013

 

 

  Cárceles en llamas


25/11/2013 11:05:12 Versió per imprimir

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