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¿Por qué tiene que ser traumático el aborto? ¿Por qué frente a la interrupción voluntaria del embarazo solo resultan admisibles socialmente las emociones negativas? A partir de su experiencia personal, Elisabeth Falomir Archambault señala una realidad que existe, la del aborto feliz, y propone una conversación natural y sin culpa sobre la libre decisión de poner fn a la gestación. «A quien aborta le está permitida una estrecha selección de sentimientos: alivio, culpa, vergüenza. Si vas feliz a abortar, sin duda eres una mala persona. La representación cultural del aborto muestra invariablemente a alguien sometido a una decisión difícil: traumática en el peor de los casos, un mal menor en el mejor. Los abortos son posibles a condición de que se hagan de forma discreta y excepcional: solo así se podrá pasar por alto que se trata de un proceso aún reprobable. Pero abortamos, independientemente del contexto legislativo, y necesitamos una reinterpretación del acto de libertad radical que supone decidir interrumpir un embarazo». El aspecto de Abortos felices acompaña la intimidad y la franqueza de su contenido. El fanzine ha sido históricamente un espacio de expresión feminista, el medio autogestionado en el que se defendían posiciones y se abrían debates que no cabían en los círculos literarios formales. En Abortos felices, los textos están escritos a mano por la propia autora, que también elabora los collages que lo acompañan, como una forma de abrazar ese ejercicio de escritura libre y sin intermediarios. El papel pautado, reproducción del original, recuerda a los cuadernos escolares, esos en los que las niñas aprenden lo que el mundo espera de ellas, y también donde escriben por primera vez sus propias historias, aquellas que lo acabarán cambiando.

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