Editorial: Octaedro

ISBN: 9788480635967

384 págs.

El ladrón

Este relato continúa deparándonos sorpresas, no tanto por sus cualidades literarias, cuanto por su habilidad para trazar la biografía de determinados personajes representativos de nuestra sociedad. Hoy, más de cien años después, estos personajes continúan poblando las instituciones sociales, sin que nada haya cambiado en su porte ni en sus maneras. No cabe duda que Georges Darien supo captar con maestría ese fermento aglutinante de las relaciones sociales autoritarias y el plasma que contribuye a su perpetuación.

19,80

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Categories: Narrativa

 
Georges Darien (1862-1921), espíritu rebelde en una época de rebelión individual, tradujo su anarquismo en una incesante práctica de denuncia de la hipocresía social, incluso la de los ambientes revolucionarios «oficiales». Su incesante actividad como escritor contra esta hipocresía no le reportó ningún éxito en vida, pero le forzó a exiliarse en Londres, junto a un nutrido grupo de revolucionarios franceses. Desde 1909, ya de regreso a París, se interesó por las doctrinas de los fisiócratas, especialmente de Henry George, fundando dos años después la Liga por el Impuesto Único.
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El ladrón

19,80

Este relato continúa deparándonos sorpresas, no tanto por sus cualidades literarias, cuanto por su habilidad para trazar la biografía de determinados personajes representativos de nuestra sociedad. Hoy, más de cien años después, estos personajes continúan poblando las instituciones sociales, sin que nada haya cambiado en su porte ni en sus maneras. No cabe duda que Georges Darien supo captar con maestría ese fermento aglutinante de las relaciones sociales autoritarias y el plasma que contribuye a su perpetuación.

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Editorial: Octaedro

ISBN: 9788480635967

384 págs.

Georges Darien (1862-1921), espíritu rebelde en una época de rebelión individual, tradujo su anarquismo en una incesante práctica de denuncia de la hipocresía social, incluso la de los ambientes revolucionarios «oficiales». Su incesante actividad como escritor contra esta hipocresía no le reportó ningún éxito en vida, pero le forzó a exiliarse en Londres, junto a un nutrido grupo de revolucionarios franceses. Desde 1909, ya de regreso a París, se interesó por las doctrinas de los fisiócratas, especialmente de Henry George, fundando dos años después la Liga por el Impuesto Único.
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