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Inherente al hombre meditabundo, el que desplaza en su huida permanente hacia el horizonte el ansia insuperable de absoluto… Anclado en una larga tradición existencial, de estirpe romántica… el hombre hipnagógico conciliaba, en forma de conmoción, la languidez del noctívago y la lujuria del que se embebe de la luz del día y se abandona a su abrasión. Porque él tenía necesidad de esta, sobre todo de esta, ya que en ella se encarnaba para él, en su exacta completitud, un insaciable sentimiento del todo.

Un cuchillo entre los dientes - José Antonio Forte
Poikilía - Jesús García Rodríguez
Pensar, experimentar la exterioridad - AA. VV.
Clavar limas en la tierra - AA. VV.
El gran boscoso... es eso - Eugenio Castro
Delante de los ojos - Ana Madarro