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Esta nueva edición rescata un texto en el que se narra la génesis de una de las industrias más revolucionarias de nuestro tiempo. Se trata de un glosa mordaz y muy divertida sobre el mundo del cine que no gustó a las autoridades soviéticas al considerar que no era lo suficientemente «socialista» y, sin duda alguna, tampoco debió de ser del agrado de los magnates capitalistas retratados sin ningún pudor en sus páginas: Adolph Zuckor, Samuel Goldwyn, Alfred Hugenberg, George Eastman y tantos otros.

La vigencia de un texto escrito hace tanto tiempo quizás se explique porque Ehrenburg extrajo las conclusiones correctas: en la fábrica de sueños se imbrican tanto intereses económicos como estrategias políticas, aunque no hay que olvidar un tercer factor crucial: el cine y no la religión, tal y como apunta Ehrenburg, es el verdadero «opio de las masas»,. Estos factores obedecen a una biopolítica dirigida a movilizar, instrumentalizar y neutralizar las nuevas sociedades de masas. Es éste un análisis sin duda trasladable a toda la ingente industria visual y a la del ocio electrónico contemporáneo en general. En La fábrica de sueños simplemente descubrimos los engranajes esenciales de una máquina panóptica que en ese momento todavía está en pañales pero que -tantos son los intereses en juego- no tardará mucho en adquirir la mayoría de edad. Pasen y vean..

Ilya Ehrenburg. Vivió una vida fascinante no exenta de polémicas. Poeta y propagandista soviético, Vladimir Nabokov dijo en una ocasión de él que no existía como escritor, pues era «periodista. Siempre fue un corrupto.» Escritor y cronista lúcido de su tiempo, le tocó vivir una de las épocas más descarnadas de todos los tiempos -el grueso del siglo xx- con sus incompresibles y letales guerras mundiales, el genocidio judío y el auge de los totalitarismos, en particular, el que construyeron los bolcheviques sobre las ascuas de la Rusia de los zares. Amigo de Bujarin, con quien colaboró en actividades subversivas en 1905, emigró a una temprana edad a París y trabó amistad con Picasso, Apollinaire y Ferdinand Léger. Trabajó como corresponsal en el frente durante la Gran Guerra y luego regresó a Rusia, pero volvió a partir en 1921, esta vez hacia Berlín.

Cuando estalló nuestra guerra civil, Ehrenburg no dudó en acudir tras la noticia y trabó amistad con Buenaventura Durruti. Durante la segunda guerra mundial, publicó una serie de artículos incendiarios sobre los soldados alemanes en la revista Estrella Roja que avivaron la ferocidad del Ejército Rojo en su conquista del III Reich. Entre 1943 y 1946, trabajó junto con Vasili Grossman en el Comité antifascista judío. Éste fue el origen del Libro negro, obra de ambos, en el que se documenta el exterminio judío en Europa oriental; el libro no fue publicado hasta 1970 y no en Moscú sino en Jerusalén. Al finalizar la guerra, Ehrenburg se convirtió en una personalidad destacada del régimen soviético. Tras la muerte de Stalin, escribió la novela El deshielo (1954), título generado por el proceso de «desestalinización» que se activó en la Unión Soviética.

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Un ensayo endiabladamente adictivo sobre la industria del cine. Imprescindible.
Fotogramas

Macarras interseculares - Iñaki Domínguez
Reinventa las reglas - Meg-John Barker
Lugares de encuentro vacíos - Dean MacCannell
Las intermitencias del deseo - Michael Amherst
El turista - Dean MacCannell
Matar - Teniente Coronel Dave Grossman

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