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 ¿Cómo ha evolucionado la percepción del futuro a lo largo del siglo xx? ¿Cómo hemos imaginado el futuro, cómo lo han imaginado los artistas, los poetas, los filósofos? ¿Y cómo lo imaginamos ahora? Porque hoy somos capaces de ver los espacios lejanos, pero nadie acaba de ver el tiempo que vendrá. Alguien decretó hace tiempo que ya no hay futuro, pero el futuro no se acaba nunca, simplemente no somos capaces de imaginarlo. Las culturas tradicionales hallaban en el pasado el fundamento de la vida presente, mientras que la modernidad ha orientado toda su energía hacia la expansión del futuro.

Cien años después de la publicación del Manifiesto futurista, el futuro ya no posee aquella fuerza de orientación de las tensiones sociales. Lo que ha colapsado es la ilusión de la energía ilimitada, de los infinitos recursos del planeta. Pero esto no significa que el futuro haya dejado de ser un campo de batalla para otros. Destruir la Europa de la solidaridad y del progreso, «thatcherizar» el continente transformándolo en un desierto de miseria, precariedad e ignorancia es el proyecto que el poder financiero se ha propuesto y está llevando a cabo.

Hoy el futuro parece estar atrapado en un laberinto: si persistimos en identificarlo con la expansión, nos sentiremos cada vez más atrapados por la ausencia de futuro. Si por el contrario queremos acceder a la dimensión que se abre después del futuro, deberemos renunciar al prejuicio del crecimiento ilimitado, de la expansión económica, de la aceleración.

Arte y objetos - Graham Harman
Signos y máquinas - Maurizio Lazzarato
Autómata y caos - Franco Berardi "Bifo"
¿Por qué no ha desaparecido todo aún? - Jean Baudrillard
Fenomenología de la imago - Albano Cruz
Anarqueología - Maite Larrauri

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