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<p>Quan arriba la primavera, la naturalesa desperta lentament i les nits es tornen més càlides. Quan sembla que tots dormen, en realitat passen moltes coses al jardí. Quina gran oportunitat d’observar-les!</p> <p>En aquest àlbum, Anne Crausaz ens guia sigil·losament a través d’una nit de bon temps. Malgrat la foscor, descobrirem moltes coses si encenem una llanterna. I sense l’ajuda d’aquesta, posant una mica d’atenció, veurem aterrar una cuca de llum, que normalment només percebem pel seu petit i brillant ball nocturn, o fins i tot el salt inesperat d’un saltamartí. A mesura que vagi avançant el dia, anirem notant el cansament, però desitjarem la nit que vindrà.</p> <p>En cada pàgina doble d’aquest àlbum, l’autora no només ofereix dades sobre la fauna i flora del jardí, sinó que ens convida a viure en el present i meravellar-nos amb els tresors de la naturalesa.</p>
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<p>Todos somos uno y habitamos el mismo planeta; de esta idea parte el libro, en el que cada doble página ofrece una mirada actual y estimulante de más de una veintena de pueblos originarios, los primeros en habitar territorios hoy día mermados por una «civilización» que solo busca lucrarse con ellos.</p> <p>En estos pueblos prevalece el sentido comunitario de la vida, que se basa en la reciprocidad, la solidaridad y la ayuda mutua, en evitar el exceso y honrar lo que se recibe. Además, los pueblos indígenas custodian el 80 % de la biodiversidad terrestre; son los primeros conservacionistas del entorno natural que habitan.</p> <p>La autora franco-uruguaya Nat Cardozo ha creado un libro único, con hermosas ilustraciones que desdibujan la frontera entre el ser humano y el entorno e identifican una variedad tan amplia de formas de vida como de culturas prácticamente desconocidas.</p> <p>Además de recoger 22 relatos en primera persona, escritos con la dirección literaria de María José Ferrada (Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil 2021), se trata de un libro divulgativo sobre el pasado y el presente de los pueblos originarios, una larga historia de lucha y resistencia; la defensa no solo del propio territorio, sino también de la lengua y la forma de vida tradicional.</p>
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<p>La historia del siglo xx ha producido una innumerable cantidad de figuras fascinantes, de biografías volcadas en los procesos revolucionarios y en las trágicas guerras que atravesaron el siglo. Paul Mattick es sin duda una de ellas. Obrero tornero, desde muy joven implicado en la izquierda comunista alemana, víctima de la violenta represión que siguió a la Revolución de 1918 y siempre volcado en una continua actividad de autoformación y discusión. La singularidad de Mattick se cifra en una fidelidad sin mediaciones al principio que impulsó al movimiento obrero desde la Primera Internacional: que la revolución solo puede ser obra de los trabajadores mismos. Por eso, fue un crítico temprano e implacable no solo del reformismo, sino del leninismo bolchevique. A la vez, defendió la posibilidad de otro tipo de comunismo, resultado de las instituciones democráticas de poder obrero, los soviets, los consejos.</p> <p>Condenado, como tantos otros, a la inactividad política en los años de la Guerra Fría, su esfuerzo se volcó entonces en una tarea que ya había comenzado a desarrollar en la década de 1930: el estudio de la tendencia a la crisis del capitalismo. El análisis de los límites y las contradicciones de la acumulación de capital parecían apuntar, inevitablemente, al colapso del sistema capitalista y con este a la posibilidad de una alternativa revolucionaria. En este sentido, destacan los trabajos teóricos en los que aborda las hipótesis primeras de Marx acerca de la caída de la tasa de ganancia, pero también sobre el New Deal y los límites de la economía mixta (Keynes), además de la discusión acerca de la tesis del capitalismo monopolista de Estado de Baran y Sweezy. Igualmente significativa es su crítica a Marcuse, así como a la conversión del marxismo en una ideología burguesa o el estudio del incipiente ecologismo de los años setenta. Temas, todos ellos, que tienen una abundante representación en los artículos contenidos en este volumen, y que convierten este libro en seguramente la representación más completa de su obra publicada en castellano.</p>
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<p>En <em>El enjambre ardiente</em>, el autor establece un paralelismo entre la lucha de Don, un apicultor que aspira a vivir en armonía con la naturaleza, para salvar a sus abejas de los avispones asiáticos y la invasión del fundamentalismo religioso. Es su manera de abordar la crisis ecológica y el fanatismo, pero también de proponer una solución: la solidaridad, el trabajo colectivo por un objetivo común, como hacen las abejas.</p>
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<p>¿Cómo podemos replantearnos la relación entre los seres humanos y el suelo, en formas abiertas a futuros ecológicos insurgentes, esperanzadores y decoloniales? ¿Cómo pueden contribuir las relaciones entre los seres humanos y el suelo a detener la herencia de explotación de la Tierra?</p> <p>En este volumen, que reúne intervenciones y textos desarrollados durante más de diez años, María Puig de la Bellacasa nos anima a explorar la relación entre los humanos y los suelos que nos sustentan. Al mismo tiempo, nos invita a contarnos otras historias sobre nuestro devenir en la Tierra más allá del capitalismo, y a explorar las formas en que la actual transformación de las relaciones entre lo humano y el suelo podrían reinventar el sentido de pertenencia a una Tierra siempre en conflicto. Aprender de la descomposición elemental de los suelos también nos obliga a desdibujar el relato cosmológico, a convertir los orígenes en ciclos, las líneas en espirales, pero también a impulsar nuevas afinidades elementales para participar en la recirculación de vidas compartidas más-que-humanas.</p> <p>Nos urge una ecopoética que abrace la descomposición, donde los imaginarios científicos, artísticos y activistas se opongan a la visión productivista, explotadora y alienante de los suelos como «recursos», promoviendo en su lugar concepciones que cultiven un resurgimiento transformador y ecocultural de las relaciones materiales y afectivas con el suelo, esa «esencia» animada que, como diría Donna Haraway, evidencia un mundo de «compañeras y compañeros» que comparten el mismo problema.</p> <p>«María Puig de la Bellacasa indaga en una biopolítica transformadora a través del cuidado de los suelos, de la tierra y sus muchas especies (incluyendo las personas).» —Donna Haraway</p> <p>«Los mundos actuales centrados en el suelo contribuyen a la narración colectiva de múltiples historias de cocreación ecológica, descomposición y sanación, representadas por una diversidad de comunidades más-que-humanas, que ojalá permitan mundosmás justos y habitables en esta Tierra. Mundos que quizá aún no tengan una palabra para ser nombrados.» —María Puig de la Bellacasa</p>
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En Urbanismo feminista se concretan y detallan diferentes aspectos relativos a esa ciudad que pone la vida en el centro, desde la clara conciencia de que solamente los procesos impulsados desde abajo, y a partir de la complejidad comunitaria, edificarán una realidad urbana radicalmente distinta a la que conocemos.
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<p>Un operario de jardines avanza cuaderno en mano. Su desbrozadora calla, por fin, abandonada bajo un árbol. Entre sus manos: un cuaderno, algún bolígrafo, quizás un lapicero. Su actividad previa, guiada por ese humano intento de someter espacios y moldearlos a disciplinados deseos de la sociedad, poco a poco se aplaca. Despierta la observación. La empatía. La capacidad de sentir con. Lo mejor de ese humano regresa cuando comienza a secar el sudor de su frente y nuestro particular jardinero abre su sensibilidad al mundo.</p> <p>En ese remanso, breve, furtivo, Gsús Bonilla dibuja y escribe un cuaderno de campo, un poemario, un canto a todas esas plantas que habitan a nuestro lado, que conviven con nuestra increíble arrogancia, un canto a plantas y árboles que componen la base de nuestro mundo, el eje de mil dependencias cuyo reconocimiento limpia nuestras mentes e introduce algo de optimismo en este complicado mundo.</p>